«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 30 de octubre de 2011

La indiscutible presencia de la red terrorista Al-Qaeda en la conspiración contra Libia


Al comienzo de la revuelta en Libia, febrero 17, 2011, los dirigentes de ese país señalaron del peligro de la presencia de miembros de la red terrorista Al-Qaeda en el conflicto. Los medios internacionales consideraron que aquello era una maniobra de dispersión por parte de Gaddafi, que se trataba de una revuelta popular. Hoy los elementos son otros, reconocimiento de parte de ONG's (Amnistía Internacional -que sufre de una verdadera amnesia cuando se trata de condenar regímenes pro capitalistas-, Human Rights Watch) que jamás existió los "bombardeos" de Gaddafi a la población indefensa. Hubo enfrentamientos entre facciones armadas en la perecieron cerca de 250 personas, la MITAD, miembros de las fuerzas de orden. ¿Se imaginan ustedes manifestaciones pacíficas en occidente que terminen con la mitad de muertos entre las fuerzas de orden?

Todo ha obedecido a un plan concertado, una vez más el imperialismo norteamericano, tal como lo hiciera en Afganistán, apoyando a los Talibanes y creando la red terrorista Al-Qaeda, para vencer a los soviéticos y asesinar a Najiboulá. La historia se repite, en el pasado la DGSE francesa bajo Mitterrand apoyó la creación de Al-Qaeda y las nefastas fuerzas opositoras a la intervención soviética en Afganistán. Han reeditado, con mayor descaro y desprolijo aquella historia, esta vez a algunos kilómetros de Europa. El mismo día que Libia fue declarada "libre", hace una semana, el 23/10/2011, el renegado mayor Mustafá Abdel Jalil, Ministro de Justicia de una "abominable tiranía" donde NO existía justicia, hoy "presidente" del CNT, dio el tono de lo que quieren que venga en Libia, "Nosotros, como país musulmán, hemos adoptado la 'sharia' (ley islámica) como principal fuente de legislación y toda ley que se contradiga con ella será nula".

Volvemos a los fantasmas "inventados" por Gaddafi, la presencia de los fundamentalistas islámicos en el conflicto libio. ¿Era verdad o simplemente una estratagema de parte del líder libio?, el discurso del renegado fue una ducha fría para occidente, pero hay más, las banderas de Al-Qaeda ya comienzan a aparecer en los techos oficiales de Bengazi. La guerra en Libia nos deparará muchas alternativas, pero de una si estamos convencidos, el pueblo libio ganará esta guerra, y el pueblo libio no es un pueblo fundamentalista islámico y mucho menos racista, xenófobo y fascista como lo han demostrado ser los renegados de Bengazi. Veamos las pruebas de la presencia de Al-Qaeda (no hay que olvidar al actual gobernador militar de Trípoli, Abdelhakim Belhadj, conocido alto miembro de Al-Qaeda, "perseguido" por los EEUU).

*La bandera de Al Qaeda, compañeros de fechorías de la OTAN, ondea sobre los juzgados de Bengazi






La voz de la resistencia libia

¿África ahora? ¿Por qué no?


No terminaba de apagarse el estruendo de la última bomba que la OTAN arrojó en Libia cuando el presidente Obama anunció la decisión de intervenir militarmente en otro país africano: Uganda. “Esto es necesario –dijo– porque el Ejército de Resistencia del Señor (ERS) representa una amenaza para a la seguridad regional” (www.whitehouse.gov, 14-10-11). En cierto sentido, el argumento es novedoso: hasta el presente, la Casa Blanca invadía países “en defensa de la seguridad nacional”, la de EE.UU. Esta explicación del operativo Uganda –al que ya se destinaron 40 millones de dólares– pone de manifiesto la capacidad de cambio que caracteriza al mandatario estadounidense y la amplitud de su preocupación por el mundo entero.

Washington enviará un centenar de “asesores militares” para contribuir al aniquilamiento del ERS, una miniguerrilla de vaga orientación cristiana sin base social alguna que ha cometido atentados terroristas en la zona. Opera desde hace 20 años, pero el Departamento de Estado le presta ahora una repentina atención. Ese cuerpo de élite “permanecerá en el país todo el tiempo que sea necesario”, precisó Obama y la historia se conoce: la intervención de EE.UU. en Afganistán comenzó con personal militar escaso y hoy asciende a 100.000 el número de sus efectivos en el país asiático. La generosidad del jefe de la Casa Blanca asomó en otro ofrecimiento: está dispuesto a intervenir en el Congo y en la República Centroafricana “si esos Estados lo solicitan”.

El 16 de octubre, dos días después del anuncio de Obama, tropas de Kenia invadieron el sur de la vecina Somalia por tierra, mar y aire con el propósito declarado de impedir que presuntos miembros de la organización islamita al Shabaab siguieran violando la frontera. La Casa Blanca manifestó su sorpresa por el hecho y negó que estuviera involucrada, pero los misiles que causaron la muerte de centenares de civiles somalíes “parecen haber sido disparados desde aviones no tripulados o submarinos estadounidenses”, según The Economist (www.economist.com, 29-10-11).

Francia negó asimismo su participación en el operativo y fue desmentida por un vocero militar de Kenya, el mayor Emmanuel Chirchir, quien manifestó que la marina de guerra francesa había bombardeado poblaciones somalíes (The New York Times, 23-12-11). Libia quedó atrás, pero la OTAN es incesante.

Todo parece indicar que, en realidad, avanza la aplicación de la estrategia del comando de EE.UU. para África (Africom, por sus siglas en inglés): EE.UU. persigue el control militar de las zonas estratégicas del continente negro: Libia, en el cruce del Mediterráneo que baña a Medio Oriente y África; el Cuerno de África y la región central africana, que facilitan el control del océano Indico y el Atlántico. Se puede pensar que la razón de este designio es apoderarse de las riquezas de la región, el petróleo libio, por ejemplo, y las reservas de oro negro de Somalia, al parecer cuantiosas. No deja de ser así, pero el juego es más amplio: se trata del sueño imperial de colonizar al mundo entero.

El Pentágono entrena febrilmente a los militares de Mali, Chad, Níger, Benin, Botswana, Camerún, la República Centroafricana, Etiopía, Gabón, Zambia, Uganda, Senegal, Mozambique, Ghana, Malawi y Mauritania y realiza con frecuencia maniobras conjuntas con las fuerzas armadas de esos países (www.blackagendareport.com, 18-10-11). Ejerce así una notoria influencia en los mandos militares de la región y, en consecuencia, en sus gobiernos. EE.UU. ha convertido en “socios” a Etiopía y a los cinco Estados de la Comunidad del África Oriental. Cualquier nación africana que, como Eritrea, no mantiene una relación con el Pentágono, es blanco de un cambio de régimen.

La Casa Blanca justifica actualmente la invasión keniana de Somalia como parte necesaria de la llamada guerra antiterrorista en razón de la insurgencia de la organización islamita al-Shabaab, que se alzó contra el gobierno federal de transición de Mogadiscio impuesto en 2009 con el apoyo de EE.UU. y otros países de Europa para combatirla. Washington acusa a los insurgentes de mantener lazos con al-Qaida, pero “la mayoría de los analistas considera que esos lazos son débiles”, según el Council on Foreign Relations, el think-tank no partidista con sede en Nueva York (www.cfr.org, 10-8-11). El CFR estima que el número de combatientes islamitas ideológicamente convencidos de su lucha oscila entre 300 y 800 individuos. No obstante, al-Shabaab controla buena parte del sur de Somalia y obstaculiza así el dominio geopolítico estadounidense del estratégico territorio marítimo de África oriental.

Hay unos 12 millones de personas con hambre en la región, castigada por la sequía más dura de las últimas seis décadas. Decenas de miles han muerto y en los próximos meses centenares de miles conocerían el mismo destino en Somalia, advirtió la ONU. La invasión militar de Kenia ahonda, y mucho, la gravedad de esta situación humanitaria.

Juan Gelman
Página 12

domingo, 23 de octubre de 2011

De cómo occidente ganó en Libia


Se pelean como los buitres sobre los cadáveres. El ministro francés de defensa dijo que le habían agarrado con un avión de combate Rafale que disparó contra el convoy en el que iba- (...) El Pentágono dijo que le habían agarrado disparando un misil Hellfire desde un Predator.

Después, un herido coronel Muamar Gadafi buscó refugio en una mugrienta alcantarilla por debajo de una autopista –un eco espeluznante del «agujero» de Sadam Husein- donde fue encontrado por los «rebeldes» del Consejo Nacional Transitorio (CNT), quienes, como era de esperar, le ejecutaron.

Abdel-Jalil Abdel-Aziz, un doctor libio que acompañó el cadáver de Gadafi en una ambulancia y que le examinó, dijo que murió de dos balas, una en el pecho y otra en la cabeza.

El CNT –que ha estado vendiendo mentiras, mentiras y más mentiras durante meses- jura que murió en un «fuego cruzado». Puede que fuera una turba. Puede que fuera Mohammad al-Bibi, que ostentaba una gorra de baseball de los Yankees de Nueva York y quien posó para el mundo entero blandiendo la pistola dorada de Gadafi, su billete quizá para recoger la considerable suma de 20 millones de dólares ofrecidos como botín por Gadafi «vivo o muerto».

Todo resulta cada vez más curioso si uno recuerda que eso es exactamente lo que la secretaria de estado de EEUU, Hillary Clinton, había anunciado en su meteórica visita a Trípoli cuarenta y ocho horas antes, que Gadafi sería «capturado o asesinado». El Hada Queenie [1] satisfizo los deseos de Clinton, que se enteró de los hechos observando la pantalla de una BlackBerry, y reaccionando con el terremoto semántico «¡GUAU!».

Para los ganadores, el botín. Todos ellos lo hicieron: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el Pentágono y el CNT. En el momento en que una resolución de las Naciones Unidas imponiendo una zona de exclusión aérea sobre Libia se convirtió en un permiso para cambiar el régimen, el plan A fue siempre capturarle y matarle. Asesinato selectivo, esa es la política oficial de la administración Obama. No había plan B.

Deja que te proteja bombardeándote

En cuanto a la R2P («responsabilidad para proteger» a los civiles), cualquier escéptico debería aferrarse a la explicación del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen: «La OTAN y nuestros socios han puesto en marcha con éxito un mandato histórico de las Naciones Unidas para proteger al pueblo de Libia».

Cualquiera que quiera revisar la protección de la OTAN a los civiles sólo necesita saltar a una camioneta y llegarse hasta Sirte, la nueva Faluya.

Las reacciones han sido muy instructivas. El burócrata del CNT Abdel Ghoga se fue al Coliseo del Imperio Romano y dijo: «Los revolucionarios tienen la cabeza del tirano».

El presidente de EEUU Barack Obama dijo que la muerte de Gadafi significa que «estamos viendo la fortaleza del liderazgo estadounidense por todo el mundo». Eso es como lo de «le agarramos», todo lo que uno podía esperar, considerando también que Washington pagó no menos del 80% del coste de la operación de esos ceporros de la OTAN (alrededor de 1.000 millones de dólares, que los Ocupas de Wall Street harían bien en denunciar porque ya podían haberse dedicado a crear empleo en EEUU). Qué extraño decir ahora «lo hicimos», porque la Casa Blanca dijo siempre que esto no era una guerra, que era algo «cinético». Y que ellos no iban a encargarse.

Parece que fue ese mayestático estratega de la política exterior, el vicepresidente estadounidense Jo Biden, quien resultó ser más descarnadamente instructivo que Obama: «En este caso, EEUU ha gastado 2.000 millones de dólares y no ha perdido ni una sola vida. Esta es una buena receta sobre cómo tratar con el mundo para avanzar con más rapidez que lo hicimos en el pasado».

Mundo, ya estás advertido, así es como el imperio va a tratarte a partir de ahora.

Siente de cerca mi tan humanitario amor

Por tanto, felicitaciones a la «comunidad internacional», que como todo el mundo sabe se compone de Washington, unos cuantos miembros inútiles de la OTAN y los tan democráticos centros neurálgicos del Golfo Pérsico como Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Esa comunidad, al menos, adora los resultados. La Unión Europea (UE) saludó «el fin de una era de despotismo», cuando hasta prácticamente el jueves estaban acariciando el casquete que coronaba las túnicas de Gadafi y ahora están en un sin vivir fabricando editoriales sobre el reinado de 42 años del «bufón».

Gadafi habría sido sobre todo un huésped molesto de la Corte Penal Internacional en La Haya, porque habría disfrutado recordándoles a todos los besamanos, los cálidos abrazos y los acuerdos jugosos que Occidente estaba mendigando cerrar después de que fuera promovido de «Perro Loco» (Ronald Reagan) a «nuestro hijo de puta». También iba a deleitarse detallando todos los turbios antecedentes de esos oportunistas que ahora intentan pasar por «revolucionarios» y «demócratas».

En cuanto a los conceptos del derecho internacional, yacen en una alcantarilla tan inmunda como esa en la que se refugió Gadafi. Al menos, el dictador Sadamconsiguió un remedo de juicio ante un tribunal arbitrario e irregular antes de reunirse con el verdugo. Osama bin Laden fue sencillamente finiquitado, estilo asesinato, tras una invasión territorial de Pakistán. A Gadafi se lo cargaron con una mezcla de guerra aérea y asesinato.

Los buitres del poder están congestionando los cielos. Mohammed El Senusi, que vive en Londres, el heredero del trono libio (el rey Idris fue derrocado en 1969) está listo para pasar a primer plano y ha dejado bien claro ya que «es un servidor del pueblo libio y que son ellos quienes deciden lo que quieren». Traducción: Quiero el trono. Obviamente es el candidato favorito de la contrarrevolucionaria Casa de los Saud.

¿Y qué hay de todos esos burros de los think tank de Washington farfullando que este ha sido como el «momento Ceausescu» de la Primavera Árabe?

Si tan solo el dictador rumano hubiera mejorado los niveles de vida de su país –en términos de sanidad gratuita, educación gratuita, incentivos para los recién casados, etc.- en una fracción de lo que Gadafi hizo en Libia… Más el hecho de que Nicolae Ceausescu no fue depuesto con un bombardeo «humanitario» de la OTAN. Solo un idiota podía haberse tragado la propaganda de las más de 40.000 bombas «humanitarias» de la OTAN que han devastado la infraestructura de Libia hasta devolverla a la Edad de la Piedra (Conmoción y Pavor a cámara lenta). Esto nunca tuvo nada que ver con la R2P, el inmisericorde bombardeo de civiles en Sirte así lo demuestra.

Como los cuatro miembros importantes del BRIC sabían incluso antes de que se votara la Resolución 1973 de la ONU, iba de que la OTAN controlara el Mediterráneo como si fuera su lago, iba de la guerra del AFRICOM contra China y de levantar una base estratégica clave, iba de los franceses y los británicos consiguiendo jugosos contratos para explotar los recursos naturales de Libia en su beneficio, iba de Occidente ajustando la narrativa de la Primavera Árabe después de que les hubieran pillado desprevenidos en Túnez y en Egipto.

Escuchen los brutales quejidos

Bienvenidos a la nueva Libia, donde intolerantes milicias islamistas convertirán las vidas de las mujeres libias en un infierno viviente. Cientos de miles de africanos subsaharianos –todos los que no hayan podido escapar- serán perseguidos sin piedad. Se saqueará toda la riqueza natural del país. Toda la colección de misiles antiaéreos de los que se han apropiado los islamistas será una razón sumamente convincente para la «guerra contra el terror» en el norte de África se eternice. Habrá sangre, sangre fruto de guerra civil, porque Tripolitania se negará a quedarse subdesarrollada como se quedó Cirenaica.

En cuanto a todos los dictadores que quedan por todas partes, ya pueden conseguirse una póliza de seguro de vida de la OTAN S.A.; Hosni Mubarak de Egipto, Zine al-Abidine Ben Ali de Túnez y Ali Abdullah Saleh del Yemen fueron lo suficientemente listos como para agenciársela. Todos sabemos que nunca habrá R2P para liberar a los tibetanos o los uygures, ni al pueblo del GULAG monstruoso que es Myammar, o al pueblo de Uzbekistán, o a los kurdos en Turquía, o a los pastunes a ambos lados de la imperialmente trazada Línea Durand.

Sabemos también que cambiar a un mundo en el que podamos creer será el día en que la OTAN haga respetar una zona de exclusión aérea sobre Arabia Saudí para proteger a los chiíes en la provincia oriental, con el Pentágono lanzando una alfombra de Hellfire sobre esos miles de medievales y corruptos príncipes de la Casa de los Saud.

No habrá tal. Mientras tanto, es el modo habitual de acabar de Occidente, con un golpe violento de la OTAN y mil brutales e ilegales quejidos.

¿Asqueados acaso? Consigan una máscara a lo Guy Fawkes y armen la de Dios es Cristo.

Pepe Escobar
Red Voltaire

viernes, 21 de octubre de 2011

Una década con 225 mil muertes por guerras de EEUU


225 mil muertes, 365 mil heridos y 7.8 millones de refugiados, es el saldo que ha dejado la carrera bélica dirigida por Estados Unidos durante la última década, según el Instituto Watson para Estudios Internacionales de la Universidad de Brown.

Neta Crawford y Catherine Lutz realizaron el estudio de las guerras emprendidas por EEUU en Afganistán e Irak, y Paquistán, según La Radio del Sur.

El Gobierno del entonces presidente George W. Bush invadió Irak bajo el pretexto de buscar armas químicas; puso en su mira a Afganistán, tras los eventos del 11/S y ataca zonas tribales de Paquistán en su denominada "lucha antiterrorista".

Las cifras de esta investigación muestran que los civiles son los más afectados por estas incursiones. Así, 125 mil personas murieron en Irak (esta cifra es una evaluación mínima, la actualizada da la cifra de un millón de civiles muertos a consecuencia de la invasión de EEUU en Irak ndlr); 56 mil en Paquistán y 12 mil en Afganistán.

En cuanto a las bajas militares, el documento menciona que EE.UU. perdió 6 mil soldados mientras sus aliados tuvieron 1.200 bajas mortales. Los iraquíes perdieron 9.900 soldados; los paquistaníes, 3.500 y los afganos, 8.800. El saldo mortal continúa con las bajas de 2.300 agentes de seguridad privados.

En estos diez años también 168 reporteros y 266 colaboradores de Organizaciones No Gubernamentales (ONG) humanitarias perdieron la vida.

Cabe agregar que el Gobierno estadounidense ha incurrido en un gasto de hasta cuatro billones de dólares en estas guerras.

“Hay muchos costos y consecuencias de la guerra que no pueden ser cuantificados, y las consecuencias de las guerras no terminan cuando se detienen las hostilidades”, dijo Crawford, profesora de la Universidad de Boston.

Red Voltaire