«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Guantánamo: Versión moderna y refinada del terror impuesto por EEUU


Por Miguel Fernández Martínez
Periodista de la Redacción Norteamérica de Prensa Latina 

Desde hace más de una década, la Base Naval norteamericana en Guantánamo se convirtió en una prisión militar que, al amparo de una supuesta guerra contra el terrorismo internacional, devino en moderno campo de concentración.

Enclavada en un territorio arbitrariamente ocupado a Cuba desde hace más de un siglo, el enclave de las fuerzas armadas estadounidenses es un centro de torturas donde, en la más absoluta impunidad, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con el beneplácito de la Casa Blanca y el Pentágono, viola los derechos humanos más elementales de cientos de personas.

Centenares de prisioneros extranjeros se mantienen encerrados tras las alambradas de la base-prisión, rigurosamente aislados del resto del mundo, bajo un absoluto desamparo legal y expuestos a las más impresionantes vejaciones, incluidas crueles torturas.

El mundo ha podido conocer los horrores cometidos en ese campo de concentración, a través de los testimonios ofrecidos por algunos de los que lograron salir de ese infierno, quienes coinciden en narrar las maneras repudiables en que son tratados los prisioneros, las diferentes modalidades de tortura y los tratos crueles, degradantes e inhumanos a que son sometidos.

Guantánamo es, sin dudas, una versión moderna y refinada del terror contra la especie humana, al estilo de los métodos empleados por los nazis en Auschwitz, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen y Ravensbrück.

Un engendro “jurídico” donde cortes militares podrán imponer condenas de muerte y sus decisiones serían inapelables, aceptando como pruebas creíbles, las “confesiones” conseguidas bajo coacción o tortura.

La creación de la prisión militar en la Base Naval de Guantánamo fue el resultado de un amplio plan gestado y aprobado durante la administración del entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, como una alternativa para asumir y aislar del centro de operaciones militares a los prisioneros de guerra capturados durante la cruzada emprendida por las fuerzas norteamericanas de ocupación contra los territorios de Irak y Afganistán.

Violando los códigos establecidos por la Convención de Ginebra, Washington clasificó a estos prisioneros como “combatientes enemigos ilegales”, acusados de formar parte de grupos extremistas talibanes o de Al-Qaeda, decidiendo su retención indefinida, y de hecho, decretando la ausencia total de derechos para su defensa legal.

A través de documentos filtrados por Wikileaks en Internet, se han conocido detalles de la situación en que se encuentran aún muchos de los prisioneros hacinados en la Base Naval de Guantánamo, y hasta dónde llegaban las prácticas violentas de los interrogadores de la CIA, obsesionados por conseguir confesiones que les aportaran datos acerca del líder de Al-Qaeda, Osama Bin Laden.

Wikileaks reveló la existencia de presos aquejados de enfermedades psiquiátricas y los intentos de suicidio que se sucedieron detrás de las alambradas.

La arrogancia de los militares norteamericanos y el irrespeto total hacia la vida humana llevó a los psiquiatras militares de la Base a afirmar que la enfermedad mental de algunos presos se “transforma en peligro de militancia en los grupos extremistas”.

Los documentos secretos del Pentágono dados a la luz a través de Wikileaks demostraron que muchos de estos reos, a pesar de su enfermedad, pasaron años encerrados antes de ser trasladados a sus países de origen.

El mundo conoció el caso del afgano Modulá Abdul Raziq, detenido en Afganistán por fuerzas antitalibanes y recluido en Guantánamo en enero de 2002, a quien se le diagnosticaron síntomas de esquizofrenia y otras anomalías psicóticas.

Durante su traslado en avión hasta el penal tuvo que ser sedado y maniatado y desde su llegada a la Base demostró extremos comportamientos psicóticos como romper su uniforme, atar trozos de ropa en sus extremidades, consumir sus heces fecales, beber champú, orinar en su cantimplora, arrojar agua sucia y escupir a los guardianes.

Juma Muhamed Abd al Latif al Dosari, de 38 años, natural de Bahréin, estuvo involucrado en una docena de intentos de suicidio, llegando incluso a cortarse el cuello, según recoge una ficha de julio de 2006.

El saudí Mishal Awad Sayaf Alhabiri, de 31 años, intentó suicidarse colgándose en su celda y sufrió severos daños cerebrales por la pérdida de oxígeno, terminando en una silla de ruedas.

Estos casos son solo una muestra de hasta dónde llega la degradación humana de los carceleros y el sufrimiento provocado en sus víctimas, que roza el límite de la tolerancia ante el dolor y la tortura.

En un reciente informe divulgado por la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU, por sus siglas en inglés), reveló el empleo de duros métodos de interrogatorios por parte de la CIA y de otros servicios estadounidenses, personal militar y de inteligencia, y de contratistas de empresas privadas de seguridad en la prisión.

El informe de ACLU demuestra cómo los prisioneros eran atados de manos y pies en posición fetal en el piso de la sala de interrogatorios durante 18, 24 o más horas, sin recibir alimentos o agua, y a menudo debían estar tumbados sobre su propia orina o excrementos.

Se conoció además que otros prisioneros fueron encerrados en habitaciones con bajas temperaturas generadas por sistemas de aire acondicionado en las que temblaban de frío u otras sin aire y muy calurosas.

Uno de los casos más crueles de tortura fue el de un detenido cuya cabeza y barba fueron envueltas con cinta adhesiva como castigo por recitar versos del Corán, mientras que a otro le cubrieron la cara con una bandera israelí.

También se denunciaron ofensas a los practicantes de la religión islámica, detallando incidentes que involucraron a una militar estadounidense en prácticas de índole sexual, y a un agente del Buró Federal de Investigaciones (FBI), disfrazado como sacerdote católico, para ”bautizar” prisioneros, en otra afrenta de carácter confesional.

Muchas de estas prácticas ilegales y degradantes, y las crueles técnicas de interrogatorio, fueron aprobadas por el ex secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, y por el ex Fiscal General Alberto Gonzales, ambos cercanos colaboradores del equipo de gobierno del expresidente George W. Bush.

A pesar de la gran repulsa internacional y la denuncia permanente de las atrocidades cometidas por la CIA y las fuerzas militares estadounidenses en la base, más de diez años le tomó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) impugnar por primera vez al gobierno de Estados Unidos a favor del argelino Djamel Ameziane, uno de los prisioneros.

Tanto tiempo después, la CIDH, de cuestionable credibilidad y con un largo historial de injerencia en asuntos internos de Latinoamérica, junto al Centro de Derechos Constitucionales (CCR por sus siglas en inglés) y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) decidieron solicitar a la Casa Blanca poner fin al injusto cautiverio de Ameziane.

El prisionero argelino, uno entre muchos presos que carecen de acusaciones formales, con más de 10 años encerrado sin cargos y sin derecho a un juicio justo, logró que se interpusiera un recurso de habeas corpus a su favor, ante la flagrante violación de sus derechos humanos.

Las crueles torturas a que se ha sometido a los prisioneros en Guantánamo fueron excusadas por altos funcionarios de las administraciones de Bush y del actual presidente Barack Obama, incluso las aplicadas contra Khalid Sheikh Mohammed, supuesto cerebro de los atentados terroristas en New York, Washington y Pennsylvania, el 11 de septiembre de 2001, quien fue sometido a ahogamientos simulados en 183 ocasiones y alojado en celdas frías, sin ventanas y privado de sueño durante 180 horas seguidas.

Similares técnicas fueron aplicadas a Abu Zubaydah, el tercero de más alto rango de la organización talibán y Abd al-Rahim al Nashiri, acusado de planear el atentado contra el barco de la Marina de Guerra estadounidense USS Cole, en 2002.

Aunque el propio presidente Obama reconoció que el llamado “submarino” y otras técnicas mejoradas resultan métodos de tortura, similares a los practicados por los japoneses y alemanes nazis durante la Segunda Guerra Mundial, oficiales de la CIA, el FBI y el Pentágono opinan lo contrario.

La Base Naval norteamericana de Guantánamo sigue siendo, como afirman especialistas en el tema, un “agujero negro” en materia de respeto a la integridad humana, y, aunque el gobierno de Estados Unidos insista en erigirse en paladín de los derechos del hombre, solo está contribuyendo a seguir llenando de vergüenza la historia, con las manos sucias de sangre.


Diario Octubre

domingo, 20 de mayo de 2012

Una carta muy reveladora de una Doctora de Urgencias


Por Dra. Anónima

Estado Español: La Verdad sobre los incentivos a los médicos en los hospitales de gestión privada o cómo se degrada la calidad y la ética profesional para asegurar el negocio.

Soy médico de urgencias y trabajo en el cada vez más reducido sistema público de salud. Por diversas circunstancias, durante un periodo de mi vida, me vi obligada a trabajar en un hospital de gestión privada, y supongo que, por eso, me han pedido que aporte algunos datos sobre ese tipo de sanidad que parece abocada a implantarse en todo el territorio nacional.

Antes de comenzar, quisiera explicar en qué consiste el sistema de triaje en urgencias. Cuando un paciente entra por la puerta de urgencias de un hospital es evaluado por un profesional sanitario, normalmente un enfermero/a, que toma las constantes vitales y cuestiona al enfermo para, según la gravedad de su patología, adjudicarle un color. De esta forma, por un código específico de colores, se atenderá con mayor celeridad al paciente que más grave esté. En mi comunidad autónoma, por ejemplo, se utiliza el sistema Manchester que funciona parecido a los semáforos de tráfico: el rojo (muy grave) se atiende antes que el verde (leve). Este sistema se creó para optimizar la atención de todos los pacientes, y me parece que funciona bastante bien.

Ahora bien, ¿qué es lo que pasa si a ese mismo código se le asocia un valor económico? ¿Qué pasaría si por cada paciente atendido con un código rojo se cobrase una productividad 10 o 20 veces superior a la de otro paciente con código verde?

En el hospital de gestión privada donde trabajé, el 50% del sueldo de los facultativos era variable y basado directamente de la productividad, productividad dependiente de si se había atendido a pacientes rojos, naranjas o amarillos...por lo que es fácil deducir qué tipo de pacientes era mejor atendido que otro.

Otra variante en el dividendo de la productividad consistía en el hecho de que un paciente acabara hospitalizado o fuera dado de alta a su domicilio. Aportaban mayor cantidad de dinero los que se marchaban que los que ingresaban. Dato éste que por sí solo me parece suficientemente gráfico, y pienso no necesite más comentarios.

Además, me di cuenta de que algunos facultativos no atendían a los pacientes que no estaban acreditados. Por acreditado se entiende al individuo con su tarjeta sanitaria en regla y que, por lo tanto, el hospital de gestión privada cobraría al Estado una cantidad X por tratarlo.

¿Y por qué? Pues porque el hospital, al no poder facturar por su asistencia, tampoco pagaba al profesional que lo había atendido.

Salí espantada huyendo de un sistema sanitario que cosificaba a los enfermos y los convertía en mercancías; pero desgraciadamente, estos últimos meses están ocurriendo alarmantes cambios en el sistema público de salud.

En estos momentos, el sistema informático con el que recetamos la medicación, se bloquea en los pacientes sin acreditación. Población ésta de las más vulnerables, y a la cual se nos impide ni siquiera prescribirle un antibiótico.

Pero esto no solo ocurre a inmigrantes. En estos momentos también se nos bloquea el sistema con españoles con todos sus papeles en regla y que han cotizado toda su vida en la Seguridad Social, pero que se encuentran en una comunidad autónoma distinta de la de su lugar habitual de residencia. A esos pacientes que quizás hayan salido de casa durante un fin de semana, tampoco podemos prescribirles fármaco alguno.

Y por último, quiero explicar lo que sucede con los especialistas en los hospitales de gestión privada. Alguien muy cercano a mí, desgraciadamente, sufre una de las enfermedades que podrían etiquetarse como raras. Dicha persona tenía un seguro privado y, al inicio de los síntomas, se le atendió en un precioso hospital privado con habitación individual con 2 camas, baño, TV y un catering con suculentas comidas. Hasta ahí todo iba bien. Confort, mucho confort. Pero ¿qué ocurre en los hospitales de gestión privada? Pues que te atiende un internista. ¿y quién es un internista? Pues un médico que sabe de todo. Sabe de todo, pero no es especialista de nada. Sería algo parecido al médico de familia, pero a nivel hospitalario. En principio y en la mayoría de los casos, un internista podrá atenderte correctamente. Ellos se ocupan de todos los pacientes con patología médica y el especialista solo está como consultor o para realizar pruebas complementarias. Por ejemplo, si tienes una neumonía, el internista te pautará un antibiótico, y solo en el caso de que necesites una broncoscopia, vendrá un neumólogo para realizarte dicha prueba y nada más.

Pero ¿qué pasa si tus síntomas no encajan con ninguna enfermedad conocida? ¿Qué ocurre si tu médico no sabe qué tratamiento ponerte? Podrá consultar a dicho especialista que probablemente tampoco conozca la citada patología, y empezarás un largo peregrinaje de un especialista a otro, esperando toparte algún día con el iluminado que pueda ayudarte.

Y eso hicimos nosotros, buscar y buscar hasta que convencimos a nuestro enfermo para que se cambiase de sistema sanitario y fuera atendido en la Seguridad Social. A diferencia de los hospitales privados, en los públicos no tienes una habitación individual ni una selecta cocina, pero hay facultativos de todas las especialidades. Médicos especialistas que además se reúnen entre ellos y hacen sesiones clínicas. Sesiones interdisciplinarias donde no solo estarán los neumólogos, por ejemplo, sino que estos se juntarán también con los cardiólogos o digestólogos para discutir esos casos raros que difícilmente una sola persona podrá resolver. Muchas mentes pensantes, reunidas y trabajando juntas por un mismo paciente, tienen siempre muchas más probabilidades de acertar que una sola pensando en solitario.

Me siento profundamente agradecida a todos mis compañeros del sistema público de salud que dedicaron su tiempo y esfuerzos a estudiar la enfermedad de mi familiar. Trabajo y horas de estudio no remuneradas económicamente, pero que seguro les aportaron una gran satisfacción personal por su carácter altruista y humano.

Expongo estos datos de mi experiencia personal esperando que sirvan de punto de reflexión a los escépticos y a los aletargados que todavía piensan que los cambios que ya sufrimos y los que se avecinan en nuestro sistema público de salud no son tan graves.

Por razones obvias, guardamos el anonimato de la doctora que nos envía esta denuncia.


Insurgente

martes, 15 de mayo de 2012

EEUU: Una nación subdesarrollada

Quizás para muchos sea una sorpresa la calificación “subdesarrollada” que hemos adoptado para este escrito. Tal vez se deba a que se nos ha acostumbrado a calificar a “subdesarrollados” a un gran número de países pobres de Latinoamérica y el Caribe, África y Asia. EEUU, es un país altamente industrializado y rico pero presenta contradictoriamente rasgos muy parecidos a los países pobres, en asuntos vitales como la economía, salud, alimentos, empleo y vivienda.


Por Roberto Torres Collazo

El economista chileno, experto en economía internacional, Manfred Max-Neff en su investigación ética-económica, trabajado conjuntamente con el físico Philip B. Smith, en: “Economics Unmasked” (2011) [La Economía Desenmascarada] recoge unos datos que muestran realidad actual de EEUU.

La realidad es que 50 millones de estadounidenses necesitan sellos gubernamentales de alimentos para poder comer, 45 millones no tienen seguro médico y tiene el sistema de salud más caro del mundo. La Dra. Marcia Angell ex-editora en jefe de The New England Journal of Medicine, de la Universidad de Harvard, nos dice que los estadounidenses han llegado al extremo de comprar medicinas en Canadá: “Los fármacos en Canadá cuestan la mitad o dos tercios menos que en los EEUU. Esto explica el que en el año 2002 más de un millón estadounidenses compraban medicamentos en Canadá”. 5 Millones de familias los bancos le han embargado sus casas y otras 13 millones están en proceso para el 2014. En el país más rico del mundo, hay 3 millones de personas que no tienen casa (homeless), viven literalmente en las calles y los albergues no dan abasto para el número creciente de de-ambulantes. El desempleo es 8.1 %, según cifras del gobierno.

Llama la atención que las cifras que se presentan generalmente en la prensa declaran que ha aumentado el empleo, pero no dicen que son empleos temporales, pero la gente quieren empleos permanentes debido al alto costo de vida, no mencionan muchos que son trabajos de bajos salarios, no mencionan tampoco que son empleos especializados, no mencionan los que todavía están buscando trabajo o simplemente se cansaron de buscar por esto no aparecen en las estadísticas. Casi todas las cifras antes mencionadas se duplican cuando se trata de latinos, afroamericanos y asiáticos. La realidad que vive EEUU explica en parte que la inmigración indocumentada a través de la frontera de México hacia EEUU ha disminuido drásticamente en años recientes.

A esta realidad se suma el hecho de que en EEUU, con una población de 300 millones, 400 familias solamente, del total combinado de riquezas e ingresos han acumulado la enorme cifra de $1.57 trillones de dólares. Poseen más del 50% de la riqueza de toda la población. Los altos ejecutivos de las grandes corporaciones-multinacionales para el año 2000 vieron sus salarios aumentar con una diferencia de $90 sobre un $1 que hacía en promedio un trabajador. Esto sin contar los bonos y otros beneficios de los super-ricos y millonarios. Una élite del 1% se ha quedado con los ingresos del 99% de la población. Sería ingenuo creer que las riquezas que acumularon los millonarios fueron por su educación, sacrificios y trabajo.

El modelo neoliberal que cobró fuerzas con el ex-Presidente Ronald Reagan de EEUU y la ex-Primera Ministra Margaret Thatcher de Inglaterra a comienzos de los años 80′ explica, a nuestro juicio, a donde ha llegado el pueblo estadounidense y sus minorías actualmente. La ideología del neoliberalismo postula que todo tiene que privatizarse, la tecnología está por encima de los trabajadores, los sindicatos (en EEUU, Uniones) son atacados, la desregulación de los mercados beneficia a todos, en la práctica las corporaciones-multinacionales y bancos, no el gobierno, dirigen el país. Los ataques a las ayudas sociales son algunos de sus principales postulados con resultados nefastos. Esta radiografía muestra que EEUU se ha convertido en una nación subdesarrollada llena de pobres y desigualdades. Aún así, creemos que otro EEUU es posible.


Rebelión

domingo, 13 de mayo de 2012

España: Rajoy permite a los agentes de la CIA operar y controlar libremente a los pasajeros en los aeropuertos


El domingo 6 de mayo pasado, al registrarme en el aeropuerto de París me dijeron que había un problema informático con el vuelo de Air Europa, que cubría Madrid-La Habana. Por tanto, apenas llegara a la capital española se me entregaría la tarjeta para abordar.

Llegué al aeropuerto de Madrid, Terminal 3. Fui al punto de información de Air Europa. Ahí, después de una llamada, me dijeron que debía ir hasta la Terminal 1, donde me darían la tarjeta. Caminé hasta allá. Me presenté a una taquilla.

Me enviaron donde una joven, la cual realizó dos llamadas. Faltaban 40 minutos para las tres de la tarde. El mismo tiempo para que el avión partiera.

Al insistirle a la mujer por mi tarjeta de embarque, me dijo que yo debía «esperar a la persona de la embajada». Extrañado, le pregunté qué persona, de qué embajada. Sin mirarme y sin amabilidad, me repitió que debía esperar «a la persona de la embajada». Esperé.

Al fin la vi llegar con un hombre alto, de lentes, un poco grueso, trigueño, de más de cincuenta años. Me dijo, él, en voz baja, que le permitiera el pasaporte. Al creerlo parte de Air Europa se lo entregué. Pero inmediatamente noté que tenía acento latino, y le pregunté: «¿quién es usted? ¿Se puede identificar?». Me mostró rápidamente un carnet que llevaba agarrado en la cintura, pero que una especie de chaqueta escondía. El nombre que me dio era castellano. «Soy de la embajada de Estados Unidos de América», me precisó. Sorprendido ante esa frase, le dije que me devolviera mi documento porque él no tenía ese derecho estando en España. Con una voz calmada, me pidió el favor de no discutirle, o hacerle un escándalo porque yo podía crearme un problema innecesario. La mujer de Air Europa se había retirado desde el comienzo.

Sabiendo en qué arena me estaba moviendo, lo dejé ver y «re-ver» mi pasaporte. Se hizo aparte, llamó y, en inglés, dio mis datos. Luego, amablemente, me llamó para preguntarme dónde estaba mi pasaporte colombiano. Le respondí que hacía 30 años que no viajaba con un documento de mi país de origen. Y que si ese documento que tenía en sus manos era francés, era porque Francia me lo había otorgado. Seguidamente quiso saber cuántos años tenía de casado, el nombre de mi esposa e hijos. Le contesté, con mucha cortesía, que él no tenía autoridad para que yo le respondiera eso. Que no se olvidara de que él estaba en España. Y que lo mejor era que llamara a su embajada en París, donde sabían más de mi vida que yo mismo.

Después de hablar otros minutos más por teléfono, escribir algo en el mismo y hacer anotaciones en un viejo cuaderno, vino hacia mí. Poniendo cara de apenado, me dijo que no podía irme en ese vuelo porque el avión sobrevolaría, por unos minutos, territorio estadounidense. Y yo estaba «en una lista de personas peligrosas para la seguridad de su país». Sencillamente, y con una sonrisa, le agradecí la información y hasta la decisión. Aunque poco de novedosas tenían [1].

Quise preguntarle por qué su gran impero siente temor ante mí, un simple periodista y escritor, cuando ni una escopeta de caza sé manejar y le tengo temor al estallido de un «buscapiés». Pero preferí volverlo a mirar a los ojos y seguir con mi sonrisa en los labios. ¡El no podía imaginar cómo su gobierno me hace sentir de importante!

Seguidamente, con gentileza, me preguntó si yo tenía una tarjeta de presentación para que se la diera. Le respondí que no tenía problema para ello, pues ya se la había entregado a colegas suyos en París. Y que, como esos colegas habían hecho, podía llamarme algún día para invitarme a tomar vino, y entre copas volverme a proponer de trabajar para su gobierno. «Me encanta conversar con ustedes. Aprendo mucho», le dije antes de verlo partir como cualquier otro visitante de ese aeropuerto.

Después realicé los reclamos pertinentes a la empresa Air Europa, en particular para que se solucionara mi viaje a Cuba. Atónito, les oí decir que era mi responsabilidad, ¡por no saber el trayecto de ese vuelo! De nada sirvió decirles que en octubre 2011 no había tenido problema. Uno de ellos me dijo, casi en confesión, que ese paso de «unos minutos» sobre el espacio estadounidense hacia Cuba, se había hecho por presión de Washington: así se obtenía la lista de pasajeros que iban a la Isla, en tiempo real.

Aunque traté de no demostrarlo, sentí rabia e impotencia. Más lo segundo.

¿Cómo era posible que un funcionario de la seguridad estadounidense pudiera pedirme el pasaporte, confiscármelo e interrogarme en pleno territorio español? ¿Quién le entregó ese derecho soberano? ¿Por qué no se envió a un aduanero o a un humilde agente de tránsito, pero de nacionalidad española?¿Y por qué me dejaron ir hasta Madrid, cuando, muy seguramente, desde el momento que compré el pasaje, diez días antes, los servicios de seguridad de Estados Unidos y Francia supieron mi recorrido?

Estoy casi convencido que ellos lo sabían: unos y otros me han dicho que mis teléfonos, computadoras y pasos, regularmente se escudriñan. Algunas veces lo he comprobado.

Durante el vuelo de regreso a París, pensé en mis tantas amistades españolas.
Como son personas dignas, se asombrarán al saber de esto, pues no logran acostumbrarse a que la soberanía del país siga cayendo tan bajo.

Ah, y la única alternativa que me dejan para viajar a Cuba, desde Europa, es Cubana de Aviación. Ahí tienen dignidad.







Red Voltaire