«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

viernes, 20 de junio de 2014

Desmontando mitos: Mao Zedong ese liberal pro estadounidense e ídolo de Earl Browder; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

Hoy analizaremos las desviaciones del revisionismo chino de mediados de los años 40. Las desviaciones más evidentes del Partido Comunista de China repetidas tiempo antes y después por sus homólogos revisionistas son; sus estrechas relaciones con los Estados Unidos –y resto de países occidentales siendo primordiales y anteponiéndolas a la Unión Soviética–, su programa de posguerra para China –que proponen un Estado intermedio entre clases explotadoras y explotados–, el concepto económico a seguir –una visión menchevique que aboga por desarrollar el capitalismo, y una industrialización basas en grandes inversiones del capital extranjero– contrario al de la Komintern, la visión utópica y oportunista de la política exterior –creyendo en un entendimiento entre los países socialistas y países capitalistas–. Rasgos cercanos al browderismo y al titoismo.

Un punto clave será ver la interrelación, entendimiento e influencia entre revisionistas y oportunistas de toda calaña en sus teorías –en este caso Earl Browder y Mao Zedong, pero existen ejemplos históricos similares: Jruschov-Tito o Bujarin-Trotski–.

Este texto demostrará que no es el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China celebrado en 1956, el que implanta la línea revisionista en ese partido como se suele pensar comúnmente, sino que existen congresos previos donde ya se pueden captar la misma esencia oportunista y vacilante con resultados desastrosa. En este caso; el VIIº Congreso del PCCh de 1945 –el segundo con Mao Zedong a la cabeza del liderazgo–, es el congreso donde se implanta oficialmente como línea en los estatutos del partido el «Pensamiento Mao Zedong», con las consecuencias que eso supuso.

Durante el texto y las citas, nos será fácil observar el trabajo clásico de los antimarxistas, que bajo el culto al líder, evitan, esconden y reeditan sus escritos –en este caso, los de Mao Zedong de sus primeros años– para tapar sus debilidades teóricas. En el caso del revisionismo chino, la prueba será el propio informe del VIIº Congreso del PCCh de 1945 ya aquí citado, el cual luego se presentaría oficialmente reeditado para las obras escogidas de Mao Zedong con menos dosis de revisionismo. También se apreciarán, como decíamos, los nexos con Earl Browder pese a que Mao Zedong intentará limpiarlos tiempo después.

Para este trabajo nos basaremos en tres textos claves: el primero del Partido Marxista-Leninista de los Estados Unidos llamado: «Mao Zedong, Browder y la socialdemocracia» de 1979; y el segundo; el libro de Earl Browder: «Lecciones chinas para los marxistas americanos», escrito en 1949 y por último, el libro de memorias de Jhon Service: «La oportunidad perdida en China», publicado en 1974. Pedimos que ante cualquier duda que pudiera surgir, como podrían ser las relaciones entre Yugoslavia y China, se consulten los documentos ya disponibles en nuestro blog.

El documento:


Desmontando mitos: Mao Zedong; ese liberal, pro estadounidense e ídolo de Earl Browder


Earl Browder, fue un gran admirador de la obra revisionista que Mao Zedong escribió durante los años 40. En sus diferentes libros fue poniendo de ejemplo a Mao Zedong y a los revisionistas chinos como arquetipo «de lucha contra el sectarismo», obviamente no hacía esto por gusto, sino que por el contrario, la ideología de Mao Zedong era la rosca que cerraba el tornillo de la ideología de sumisión a la otra ideología imperialista de Earl Browder. Pero para entender los lazos entre Earl Browder y Mao Zedong, debemos explicar un poco al lector las bases teóricas del revisionismo chino, sobre todo de sus inicios, ya que como iremos explicando, muchas de sus desviaciones iniciales, las recuperarían, y las harían axiomas oficiales tras el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1956, cuando vieron que corrían peligro de ser acusados de oportunistas.

Si analizamos la famosa teoría antileninista de la nueva democracia, veremos lo siguiente. Según Mao Zedong esta nueva democracia consistía en la unión del proletariado, campesinado, pequeña burguesía y burguesía nacional en el Estado:

«¿Qué se entiende por pueblo? En China, en la presente etapa, por pueblo se entiende a la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional». (1) (Mao Zedong; Sobre la dictadura democrático popular, 1949)

Téngase en cuenta que esta frase no corresponde ya al periodo de frente único antijaponés, sino al salir de la guerra civil con el Kuomintang. Por si fuera poco, además de esta grave identificación de burguesía nacional como parte del pueblo, si revisamos la teoría de la nueva democracia desde sus inicios, se ve como se renunciaba a hablar del papel de la clase obrera en la etapa democrático-burguesa, y basándose en teorías sacadas de figuras nacionalistas chinas, Mao Zedong diría que «es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura» durante la etapa democrático-burguesa, por lo tanto se renunciaba al papel de la clase obrera y su partido:

«¿Qué es el régimen constitucional de nueva democracia? Es la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias sobre los colaboracionistas y reaccionarios. Alguien dijo una vez: «Si hay comida, que la compartan todos». Me parece que esto puede servir de metáfora ilustrativa de la nueva democracia. Puesto que la comida debe ser compartida por todos, es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura». (2) (Mao Zedong; Sobre el régimen constitucional de nueva democracia, 1940)

Este es un claro indicador de una ideología que renuncia al papel de la clase obrera en la etapa democrático-burguesa bajo la idea de que si no comparte el papel de vanguardia con otras clases sociales, incluidas la burguesía nacional, pueden hacer que estas desertes, pero Lenin ya advirtió que en la etapa democrático-burguesa de los países semifeudales y semicoloniales, la clase obrera debe preocuparse sobre todo de la posición del campesinado, y como orden de segunda importancia, del papel de otras clases y capas, no estableciendo como prioridad y a cualquier precio la alianza con la burguesía nacional, mucho menos era necesaria esta concesión en un país como China, donde como indicaba Stalin, su poder era incluso menor que en el de la Rusia de 1917, y también de nuevo el ejemplo de Albania y otros países poco desarrollados pueden confirmar esta afirmación de Lenin sobre la burguesía nacional; que lo primordial es buscar la alianza con el campesinado, en ningún caso vender la hegemonía de la clase obrera para que la burguesía nacional entre en la alianza de esa etapa:

«A la burguesía le conviene que la revolución burguesa no barra demasiado resueltamente todas las supervivencias del viejo régimen, sino que deje en pie algunas de ellas; es decir, que esta revolución no sea del todo consecuente, no se lleve hasta el final, no sea decidida e implacable. A la burguesía le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democrático-burgués se establezcan lentamente, gradualmente, prudentemente, de un modo cauto, por medio de reformas y no por la vía de la revolución; que estos cambios desarrollen lo menos posible la independencia, la iniciativa y la energía revolucionarias del pueblo sencillo, es decir, de los campesinos y principalmente de los obreros. (...) ¿De qué fuerzas sociales reales depende el «alcance de la revolución»? ¿Habéis pensado en ello, señores? (...) La burguesía, en su conjunto, está ahora por la revolución, y prueba su celo pronunciando discursos sobre la libertad, hablando cada vez con mayor frecuencia en nombre del pueblo e incluso en nombre de la revolución. Pero todos nosotros, marxistas, sabemos por la teoría y observamos cada día y a cada hora, en el ejemplo de nuestros liberales, de las gentes de los «zemstvos» y de Osvobozhdenie, que la burguesía está por la revolución de una manera inconsecuente, egoísta y cobarde. La burguesía en su inmensa mayoría se volverá inevitablemente del lado de la contrarrevolución, del lado de la autocracia contra la revolución, contra el pueblo, en cuanto sean satisfechos sus intereses estrechos y egoístas, en cuanto «dé la espalda» al democratismo consecuente –¡y ya ahora le da la espalda!–. Queda «el pueblo», es decir, el proletariado y los campesinos: sólo el proletariado es capaz de ir seguro hasta el fin, pues va mucho más allá de la revolución democrática. Por eso, el proletariado lucha en vanguardia por la república, rechazando con desprecio los consejos necios e indignos de quienes le dicen que tenga cuidado de no asustar a la burguesía. (...) Quien comprende verdaderamente cuál es el papel de los campesinos en la revolución rusa victoriosa, será incapaz de decir que el alcance de la revolución se reduce si la burguesía le vuelve la espalda, pues, en realidad, la revolución rusa no comenzará a adquirir su verdadero alcance, no comenzará a adquirir realmente la mayor envergadura posible en la época de la revolución democrático-burguesa, hasta que la burguesía no le vuelva la espalda y el elemento revolucionario activo sea la masa campesina, en unión con el proletariado. Para ser llevada consecuentemente hasta su término, nuestra revolución democrática debe apoyarse en fuerzas capaces de contrarrestar la inevitable inconsecuencia de la burguesía –es decir, capaces precisamente de «obligarla a volver la espalda», lo que temen, en su simplicidad, los partidarios caucasianos de Iskra–». (3) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, 1902)

Por lo tanto, la clase obrera debe buscar siempre a los campesinos como principal aliado, y respecto a la burguesía nacional, es aceptable una alianza temporal con la burguesía durante la etapa antifascista, antiimperialista, anticolonial, antifeudal, pero no al precio de que la clase obrera sea eliminada del puesto de vanguardia como anuncia la nueva democracia, ni de cosechar teorías que preparen el terreno para engañar tiempo después a las masas trabajadores tratando a la burguesía nacional como «pueblo». Lenin decía sobre la hegemonía de la clase obrera, en cualquier tipo de revolución:

«La renuncia de la idea de la hegemonía, sin embargo, es la forma más cruda del reformismo». (4) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El reformismo en el movimiento socialdemócrata ruso, 1911)

Es de conocimiento generalizado que tiempo después Mao Zedong –en los años 50–, tomaría la teoría de tratar como «parte del pueblo» a la burguesía nacional y la establecería como axioma de su teoría revisionista; ya no era una desviación «particular» que se quedara en la etapa en que el país transitaba la revolución democrático-burguesa y la etapa de liberación nacional contra el imperialismo japonés, sino que en el paso a la siguiente etapa, la socialista, su mente incluía mantener la burguesía como parte del pueblo, como si fuera una clase no antagónica:

«La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos». (5) (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957)

Esta grave distorsión del rol de la burguesía nacional, como casi siempre, fue presentado bajo el paraguas de la aplicación a las condiciones específicas nacionales. Esta «especificidad», de hecho, fue explotada arduamente por los revisionistas yugoslavos, chinos, etc. y sería explotado luego por muchos otros, Mao Zedong por tanto no sería menos y también utilizaría este as. Earl Browder en su libro: «Lecciones chinas para los marxistas americanos» de 1949, insiste en que todo el mundo vea lo beneficioso de la famosa «chinificación» del marxismo realizada por los revisionistas chinos. Earl Browder, por tanto hizo mucha propaganda para que el resto de comunistas adoptaran este marxismo «cabal», «creador», «nacional», «no dogmático». Pero la realidad es que nadie, sino un desconocedor del marxismo, podría hablar así de la burguesía nacional, de tratarla de clase del pueblo, de que sus contradicciones con la clase obrera no son antagónicas, y mucho menos creer que cuando toque pasar a la etapa socialista suicidará sus privilegios como clase.

Como hemos explicado muchas otras veces, y como los varios documentos publicados por nosotros lo demuestran, los métodos revisionistas chinos para tratar a la burguesía nacional no expropiaban la propiedad, sino que se le ofrecía establecer al capitalista una empresa mixta estatal-privada, donde se le otorgaba al burgués su cuota de los beneficios de la empresa y se le mantenía en el puesto. Por lo tanto no terminaba ni la usurpación de la plusvalía ni el poder económico de dicha clase social. Muchos burgueses interesados en la experiencia china como Arthur A. Cohen felicitaron al revisionismo chino y a sus métodos que santificaban el «tránsito pacífico», ¡algo que incluso los propios chinos llegaban a atribuirlo como una contribución del revisionista de Mao Zedong al marxismo-leninismo! Veamos como hablaba un representante del revisionismo chino:

«En un Estado que tomó el poder político bajo las condiciones históricas y sociales concretas, el establecimiento del principio por el cual los capitalistas podían ser transformados para aceptar y seguir el socialismo, es otra brillante contribución del camarada Mao Zedong para el baúl del tesoro del marxismo-leninismo. Esta teoría nunca apareció en ningún otro clásico del marxismo-leninismo, y ningún otro país del mundo ha atravesado este tipo de experiencia. En la Unión Soviética y en el resto de las democracias populares fueron usados métodos forzados y violentos para hacer desaparecer a la burguesía como clase. Pero, bajo las condiciones de China, el mismo camino de eliminación de la burguesía puede ser conseguido a través de la transformación pacífica». (6) (Shu Wei-kuang; El paso gradual en el periodo de transición chino, 1955. Citado en la obra de Arthur A. Cohen; El comunismo de Mao Zedong; 1964)

En la cita no dice nada cuerdo, resulta que ni siquiera la afirmación de la presunta «brillante contribución»: o sea tal estupidez, tal ilusión reformista, de que la burguesía se ofrezca a perder su carácter de clase privilegiado tiene veracidad, ya que antes que Mao Zedong los Bernstein, Bujarin, Tito, y un sin fin de oportunistas habían planteado tal teoría bajo la bandera del marxismo o el marxismo-leninismo, pero para mal de todos ellos el marxismo-leninismo y sus figuras ilustres siempre refutaron este sofismo, ya que todos ellos siempre han declarado que:

«En la historia no se ha dado jamás el caso de que las clases moribundas se retirasen voluntariamente de la escena. No se ha dado jamás en la historia el caso de que la burguesía agonizante no apelase a sus últimas fuerzas para defender su existencia». (7) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

Por ello como estamos viendo, años después de las primeras y evidentes desviaciones del revisionismo chino, una vez llegado la época del jruschovismo, éste se atrevería a hablar abiertamente de lograr el tránsito al socialismo de «modo pacífico», he aquí otra de las obras de Mao Zedong que no aparece en sus obras escogidas y que tan bien guardaron bajo llave sus fanáticos admiradores:

«Nuestro método para llevar a cabo la revolución socialista es el método pacífico. En el pasado, mucha gente, tanto dentro como fuera del partido comunista, expresaban dudas acerca de este método. (...) Dadas las condiciones que prevalecen en nuestro país, es posible usar métodos pacíficos –estos son, el método de persuasión y educación– no sólo en lograr la transformación del sistema de propiedad individual en propiedad colectiva socialista, sino también en lograr la transformación del sistema capitalista al sistema socialista». (8) (Mao Zedong; Discurso en la Conferencia Suprema de Estado, 1956)

Analizando las etapas de la revolución china, y las tareas de la clase obrera china, Stalin comentaba que una vez resueltas las tareas de la etapa anterior, el querer evitar pasar a la etapa socialista y por tanto llegar a cabo la eliminación de las clases explotadoras como clase, no podía ser calificado sino como pura charlatanería y oportunismo:

«Los obreros dirán a los comunistas –y con razón–: si tenemos soviets, y los soviets son órganos de poder, ¿no se podría estrechar a la burguesía y expropiarla «un poquito»? Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan soviets de diputados obreros y campesinos. (...) ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe». (9) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La revolución en china y las tareas de la Komintern, 1927)

Esta era además una desviación predeterminada por el esquema de la nueva democracia y el hecho de considerar a la burguesía como pueblo, pero era además una desviación clara del bujarinismo, del titoismo, o a posteriori del eurocomunismo, pero una idea que en vida de Stalin como vemos, Mao Zedong no se atrevió a pronunciar; ya que por un lado como hemos visto contradecía los consejos de Stalin y la Komintern, y por otro lado, si hubiera pronunciado tales frases podría haber sido denunciado como derechista por su similitud con las ideas de Tito, en un momento en que la dirigencia soviética y todos los comunistas internacionalistas denunciaban las teorías del «tránsito pacífico» de las clases explotadoras al socialismo:

«En el Partido Comunista de Yugoslavia el espíritu de la política de la lucha de clases está ausente. El aumento del número de los elementos capitalistas tanto en el campo como en la ciudad prosigue rápidamente, y la dirección del Partido no toma medidas para limitar a estos elementos. El Partido Comunista de Yugoslavia se adormece con la podrida teoría oportunista de la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo, tomada prestado de Bernstein, Vollmar, Bujarin». (10) (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al camarada Tito y otros miembros del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia; 27 de marzo, 1948)

Kao Kang, quizás una de las únicas piezas marxista-leninistas reseñables en todo el engranaje revisionista del Partido Comunista de China, denunció tales métodos que empezaban a oficializarse después de 1953 y que recordaban a los teorizados por Bujarin y a los utilizados por Tito:

«En toda esta política, Kao Kang fue el único en discordia. Cuando los otros expresaron su apoyo incondicional al método pacífico, él permaneció en silencio. Mientras que él no dijo nada, su silencio fue percibido en el Partido Comunista de China correctamente como un desacuerdo. Mao Zedong, según una fuente oral autorizada, sintió que Kao Kang era un izquierdista sobre este tema, pero optó por no enfrentarse a él. En vez sin embargo, Mao probó a enviar a Li Weihan, que había trabajado con Kao Kang durante los años 30, para persuadirle de las virtudes de tal política heterodoxa. Kao Kang muy a diferencia de lo que esperaba obtener Mao Zedong de esa conversación, no atendió a los argumentos presentados pese hacer un esfuerzo en escuchar a Li Weihan, e ironicamente intentó revelar la ignorancia teórica del grupo que apoyaba tal política, comentó a Li Weihan; «¿Has oído hablar algo de la oposición derechista en la Unión Soviética? ¿No estás al tanto que Bujarin fue el que abogaba por el tránsito pacífico al socialismo?». (11) (Políticas en la corte de Mao Zedong; Kao Kang y el fraccionalismo de mediados de los 50, 1990)

El Partido Comunista de China, como vemos, al no estar bien pertrechado de la teoría de la clase obrera; el marxismo-leninismo, y por lo tanto habiendo dejado a sus cuadros a merced de una miscelánea de todo tipo conceptos revisionistas, y por lo tanto de una influencia de ideas burguesas, pues el revisionismo no es sino agencia de la ideología burguesa, los pseudocomunistas chinos, como no podía ser de otra manera, cosecharon graves conceptos nacionalistas y antisoviéticos. Una vez más, como haría años después en el caso de Yugoslavia y Tito, el búlgaro Georgi Dimitrov denunciaría tales prácticas antimarxistas en el partido comunista que se manifestara:

«Me preocupa la circunstancia de que una sección de los cuadros del partido tienen actitudes poco saludables en relación con la Unión Soviética». (12) (Carta de Georgi Dimitrov a Mao Zedong sobre la situación en el Partido Comunista de China, 22 de diciembre, 1943)

Estas manifestaciones nacionalistas y antisoviéticas, eran el mismo caldo de cultivo que igualmente habían presentado los soviéticos con los revisionistas yugoslavos, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial:

«Estamos al tanto de los rumores antisoviéticos que circulan entre los camaradas líderes en Yugoslavia, por ejemplo sobre que «la Unión Soviética ha degenerado», que «un gran poder chovinista ha rampado en la Unión Soviética» que la «Unión Soviética está tratando de dominar económicamente a Yugoslavia» y que «la Kominform es un medio del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética para controlar a otros partidos» etc. Estas declaraciones antisoviéticas son normalmente camufladas bajo frases izquierdistas, como que «el socialismo en la Unión Soviética ha dejado de ser revolucionario». Fue naturalmente risible oír estas declaraciones sobre el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética de parte de cuestionables marxistas como Milovan Đilas, Svetozar Vukmanović, Aleksandar Ranković, Boris Kidrič y otros». (13) (Carta del Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética al camarada Tito y otros miembros del Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia, 27 de marzo, 1948)

Y fueron, unas de las causas además, de la desconfianza de los marxista-leninistas soviéticos sobre Mao Zedong y el resto de miembros de la dirigencia china:

«La evidencia de las dudas de Stalin sobre lo confiable que consideraba a Mao Zedong, podía ser visto en la cultivación del líder soviético de una especial amistad con Kao Kang, el líder comunista del Noreste de China. Moscú trataba a Kao Kang como un «verdadero internacionalista». (...) Después de la guerra, los representantes soviéticos estuvieron en contacto regular con Kao Kang en Manchuria. En julio de 1947, él hizo un viaje secreto a Khabarovsk en el lejano Este para hablar con el Mariscal Malinoskii, comandante del lejano distrito del Este. Allí confidencialmente Kao Kang informó sobre las actitudes «nacionalistas y antisoviéticas» del liderazgo de los comunistas chinos». (14) (Sergeĭ Nikolaevich Goncharov; Socios inciertos; Stalin, Mao Zedong y la guerra de Corea, 1993)

Estamos viendo el nacionalismo de Tito y Mao Zedong, pero en el caso de Earl Browder, su visión nacionalista e incluso pro imperialista, podrá ser vista durante el transcurso de toda esta obra, por lo que no nos pararemos a citar nada.

Como íbamos diciendo, todas las fuentes apuntan a que había una fuerte desconfianza del lado soviético sobre Mao Zedong y sus teorías antimarxistas que era muy sonada:

«Stalin no consideró Mao Zedong como un verdadero marxista y siempre sospechó que la revolución china podría mutar «en otra cosa», o sea en algo antimarxista y antisoviético». (15) (Sergeĭ Nikolaevich Goncharov; Socios inciertos; Stalin, Mao Zedong y la guerra de Corea, 1993)

Otro ejemplo de otra fuente sobre esta desconfianza de Stalin sobre Mao Zedong:

«Stalin también alegó tener dudas sobre en qué medida los chinos eran realmente comunistas. Se refirió a ellos como «rábanos comunistas»; rojos por fuera pero blancos por dentro». (16) (Alvin Z. Rubinstein; La política exterior soviética desde la Segunda Guerra Mundial, 1985)

Con razón, el propio Mao Zedong confesó que Stalin le consideraba como un Tito al estilo asiático. En el Tomo V de las obras escogidas, aparecidas en 1977, vemos escritos donde Mao Zedong confiesa tal cosa:

«Al triunfo de la guerra, [Stalin] tuvo la sospecha de que la nuestra era una victoria al estilo Tito y ejerció, en los años 1949 y 1950, una presión muy grande sobre nosotros». (17) (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones, 1956)

Volviendo al tema de la alianza con la burguesía en los países semifeudales y semicoloniales, debemos citar esta simple pero contundente cita sobre la burguesía nacional y las alianzas con ella de los comunistas, para que los genuinos marxista-leninistas comprendan bien las tácticas comunistas sobre este tema y no caigan en confusión:

«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y el reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyaran la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede lograr tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá acabar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte. El proletariado solo establece acuerdos temporales con la burguesía cuando esta puede ayudarle a lograr sus objetivos como en este caso con el movimiento nacional de liberación. Si el proletariado ve que es capaz perfectamente de derrotar al imperialismo y al feudalismo sin la necesidad de aliarse con la burguesía nacional, seguramente lo hará de ese modo, ya que de todos modos el objetivo final frente a la burguesía nacional siempre será el de aniquilarla como clase. Pero por otro lado, si el proletariado falla en establecer los compromisos y alianzas necesarios con la burguesía, puede quedarse aislado de sus aliados alargo plazo quedando rodeado por las clases explotadas, la revolución democrático-nacional podrá entonces ser rota, y los esfuerzos del proletariado para establecer su dominio pueden ser rotos por la reacción local y extranjera». (18) (Jim Washington; El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980)

Si analizamos el informe original de Mao Zedong en el VIIº Congreso del Partido Comunista de China celebrado en 1945. Observamos, que el programa de Mao Zedong se basa en el mero desarrollo de la propiedad privada bajo la excusa menchevique de que se necesita el desarrollo del capitalismo para transitar al socialismo, y que por tanto los países poco desarrollados estarían obligados a pasar por esta etapa:

«La lucha por la democracia en china requiere de un prolongado periodo. Sin una nueva democracia, un Estado unido, sin un desarrollo de la nación democrática, sin un libre desarrollo de la economía privada capitalista y la economía cooperativa, sin un desarrollo nacional, científica y popular cultura de nueva democracia, sin la emancipación y desarrollo de miles de millones de personas, en breve tiempo, sin ser cuidadosos con la nueva revolución democrático-burguesa, el tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal sería un sueño utópico». (19) (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Aquí, como vemos, el objetivo y programa de Mao Zedong es el desarrollo en sus palabras de «un libre desarrollo de la economía privada capitalista y la economía cooperativa», sin referencia alguna al sector estatal del socialismo. En posteriores ediciones oficiales, en sus obras escogidas más exactamente, este informe de reeditaría haciendo creer al lector que en China se desarrollaba el sector estatal presuntamente socialista a la vez que «la economía privada capitalista y la economía cooperativa». Veamos, como se modificó ese texto años después:

«Sería pura quimera tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal, sin un Estado unificado de nueva democracia, sin el desenvolvimiento del sector estatal de la economía de nueva democracia, sin el desarrollo del sector privado capitalista y del sector cooperativo». (20) (Mao Zedong Sobre el gobierno de coalición; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Earl Browder, sobra decir, que como buen heredero de Karl Kautsky, estaba de acuerdo con el libre desarrollo de la economía privada durante un largo periodo en los países poco desarrollados, hablando del concepto de Mao Zedong, decía:

«El juicio fundamental en este caso es correcto. (...) Sólo un «periodo prolongado» de «libre desarrollo de la economía privada» puede producir el material requerido para la transición al socialismo». (21) (Earl Browder; Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

Y se basaba, como muchos seguidores de la II Internacional como Kautsky, en la teoría de las fuerzas productivas y en el número de la clase obrera:

«En China el proletariado, portador, del socialismo, está maduro para el socialismo «subjetivamente», en sus aspiraciones, pero el proletariado es una pequeña fracción de la nación, que además materialmente no está preparada». (22) (Earl Browder; Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

Estas ideas, ya fueron refutadas hace largo tiempo por Lenin:

«En tales países casi no hay proletariado industrial. No obstante, también en ellos hemos asumido y debemos asumir el papel de dirigente». (23) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial, 1920)

Por tanto, con esas viejas ideas de la socialdemocracia del siglo XIX y XX, Mao Zedong y Earl Browder pretendían decir que China debía desarrollar el capitalismo durante un largo periodo, a diferencia de que lo harían los países de democracia popular como Albania, Hungría, o Polonia, que instaron en cuanto resolvieron las tareas democrático-burguesas, a la edificación del socialismo.

Pero a todo esto, y yendo a lo importante, ¿esto acaso era lo que había pronosticado Lenin y Stalin, o la Komintern para China? Obviamente no. Primero, respecto al comentario de Mao Zedong, de que la lucha por la revolución democrático-burguesa durará décadas:

«Levantar un muro artificial entre la revolución democrático burguesa y la revolución socialista es la mayor tergiversación del marxismo, es adocenarlo, reemplazarlo por el liberalismo». (24) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La revolución proletaria y el renegado Kautsky, 1918)

Iósif Stalin lo comentó de igual forma:

«Además, los héroes de la II Internacional afirmaban –y siguen afirmando– que entre la revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo». (25) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin, Fundamentos del leninismo, 1924)

Y esto, lo demostró como decíamos, la experiencia albanesa:

«La conquista de la independencia económica junto a la política, la garantía de la defensa del país por nuestro propio pueblo, la educación y el temple de las masas trabajadoras en la ideología marxista-leninista, son los firmes e inconmovibles pilares sobre los que se levanta nuestra fortaleza socialista, son los rasgos fundamentales que carac¬terizan a un Estado verdaderamente socialista. Es¬tas realizaciones, tomadas en su conjunto, consti¬tuyen a su vez la experiencia histórica del socia¬lismo en Albania. La experiencia de Albania mues¬tra que también un país pequeño, con una base material-técnica atrasada, puede alcanzar un desa¬rrollo económico y cultural muy rápido y multila¬teral, puede garantizar su independencia y hacer frente a los ataques del capitalismo y del imperia¬lismo mundial, cuando está dirigido por un autén¬tico partido marxista-leninista, cuando está dispues¬to a luchar hasta el fin por sus ideales y cuando tiene confianza en que puede realizarlos». (26) (Enver Hoxha; Informe al VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1981)

Por tanto la teoría de Mao Zedong, de estancarse en la primera etapa, es una concepción oportunista digna de los socialistas de la II Internacional como decía Stalin. Segundo, sobre la teoría de Mao Zedong sobre que el desarrollo del capitalismo es necesario en los países semicoloniales y semifeudales, Lenin ya rompió ese viejo esquematismo de Kautsky:

«La cuestión ha sido planteada en los siguientes términos: ¿podemos considerar justa la afirmación de que la fase capitalista de desarrollo de la economía nacional es inevitable para los pueblos atrasados que se encuentran en proceso de liberación y entre los cuales ahora, después de la guerra, se observa un movimiento en dirección al progreso? Nuestra respuesta ha sido negativa. Si el proletariado revolucionario victorioso realiza entre esos pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros propios de luchadores y organizaciones propias de partido, no sólo debemos realizar una propaganda inmediata en pro de la creación de Soviets campesinos, tratando de adaptarlos a las condiciones precapitalistas, sino que la Komintern habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista». (27) (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Informe de la comisión para los problemas nacional y colonial, 1920)

Volvemos a exponer también la réplica de la Komintern de la época de Stalin a los argumentos de Mao Zedong:

«En los países todavía más atrasados –como en algunas partes de África–, en los cuales no existen apenas o no existen en general obreros asariados, en que la mayoría de la población vive en las condiciones de existencia de las hordas y se han conservado todavía los vestigios de las formas primitivas –en que no existe casi una burguesía nacional y el imperialismo extranjero desempeña el papel de ocupante militar que ha arrebatado la tierra–, en esos países la lucha por la emancipación nacional tiene una importancia central. La insurrección nacional y su triunfo pueden en este caso desbrozar el camino que conduce al desarrollo socialista, sin pasar en general por el estadio capitalista si, en efecto, los países de la dictadura del proletariado conceden su poderosa ayuda». (28) (Programa y estatutos de la Komintern aprobados en el VIº Congreso celebrado en Moscú; 1 de septiembre, 1928)

Por tanto Mao Zedong estaba ignorando la ayuda industrial que podía proporcionar –y que proporcionó efectivamente– la Unión Soviética a China para desarrollar sus fuerzas productivas, estaba así mismo ignorando la ayuda de los cuadros chinos que podían –y así fue– ir a la Unión Soviética e instruirse, para Mao Zedong esto es «sueño utópico» o una «quimera», y prefirió fomentar el sector privado pese a la ayuda de la Unión Soviética. Es más, si miramos exactamente los documentos de Stalin sobre China, él hace énfasis en no desarrollar libremente el capitalismo y en que China puede superar su atraso por el factor de la ayuda soviética:

«El futuro poder revolucionario en china guardara un parecido, en general, es decir, será una especie de dictadura democrática del proletariado y del campesinado, si bien con la diferencia de que, primordialmente, será un poder antiimperialista. Será un Poder transitorio hacia un desarrollo no capitalista, hacia un desarrollo socialista de China. Esta es la dirección que deberá seguir la revolución China. Tres circunstancias facilita este camino de desarrollo de la revolución: Primero: que la revolución en China, como revolución de liberación nacional, estará enfilada contra el imperialismo y sus agentes en China; Segunda: que la burguesía nacional en China es débil, más débil que la burguesía nacional de Rusia de 1905, lo que facilita la hegemonía del proletariado, la dirección del campesinado por el partido proletario; Tercero: que la revolución China se desarrollará en circunstancias que le permitirán utilizar la experiencia y la ayuda de la revolución victoriosa de la Unión Soviética». (29) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Las perspectivas de la revolución en China, 1926)

Pongamos otra cita, donde el análisis es más claro si cabe:

«Hechos principales que determinan el carácter de la revolución china: a) situación semicolonial de China y dominio económico y financiero del imperialismo; b) yugo de las supervivencias feudales, acentuado por el yugo del militarismo y la burocracia; c) creciente lucha revolucionaria de las masas de millones de obreros y de campesinos contra la opresión ejercida por los feudales y los funcionarios, contra el militarismo, contra el imperialismo; d) debilidad política de la burguesía nacional, su dependencia del imperialismo, su temor ante las proporciones del movimiento revolucionario; e) creciente actividad revolucionaria del proletariado, aumento de su prestigio entre las masas de millones de trabajadores; f) existencia de la dictadura proletaria en un país vecino de China. De ahí dos posibles caminos de desarrollo de los acontecimientos en China: o bien la burguesía nacional destrozará al proletariado, cerrará un trato con el imperialismo y se pondrá a su lado en campaña contra la revolución, para terminar ésta con el establecimiento de la dominación del capitalismo; o bien el proletariado apartará del camino a la burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo completo de la revolución democrático-burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden. Una de dos. La crisis del capitalismo mundial y la existencia de la dictadura proletaria en la Unión Soviética, cuya experiencia puede ser bien aprovechada por el proletariado chino, facilitan considerablemente la posibilidad de que la revolución china siga el segundo camino». (30) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas de la revolución china, 1927)

Lo cierto es, por tanto, que los consejos de la Komintern no estaban errados, la revolución en Albania demostró que era posible evitar la etapa del capitalismo siempre y cuando se contara con la ayuda industrial y técnica de un país socialista consolidado que contara con una buena salud económica –como la Unión Soviética-, lo mismo se puede decir de Mongolia, o de las experiencias de las repúblicas asiáticas en la Unión Soviética y su éxito en el ámbito de la industria y la colectivización.

En Albania, por supuesto, también salieron al paso desviacionistas que pedían desarrollar el capitalismo en Albania, e incluso bajo la excusa de que tan sólo se otorgaran los mismos créditos al sector privado de la burguesía nacional como al sector estatal socialista, instando a una «sana competición» en beneficio del pueblo, fue el caso de gente como Sejfulla Malëshova, de quién se decía que era un viejo admirador de Bujarin cuando estuvo en la Unión Soviética, el propuso que Albania como país atrasado, no podía sino desarrollar el capitalismo si quería llegar al socialismo:

«Junto con la creación del sector socialista y su fortalecimiento, luchábamos por la transformación socialista de los pequeños productores de la ciudad. El oportunista Sejfulla Malëshova intentó desviar este justo proceso, pretendiendo que «debe concederse ayuda en créditos y materiales al sector privado a cargo del sector socialista, del Estado, y el sector socialista debe entrar en competencia con el sector privado, de este modo se producirá la integración pacífica del capitalismo en el socialismo». Su teoría antimarxista fue rechazada por el partido, fue desenmascarada ante el pueblo y Sejfulla Malëshova expulsado del Buró Político del Comité Central y del partido». (31) (Enver Hoxha; Nuestro partido desarrollará como siempre con consecuencia, audacia y madurez la lucha de clases, 1966)

Esto fue bastante común entre los pro titoistas de toda Europa del Este:

«Ciertos errores han sido cometidos igualmente en la dirección del Partido de los Trabajadores Búlgaros (comunistas), principalmente por la subestimación de la necesidad de intensificar la lucha de clases en el período de transición que va del capitalismo al socialismo. Se ha hablado en Bulgaria –como también en Polonia y Rumanía– de las relaciones armónicas que serían posibles entre los tres sectores de la economía nacional –sector del Estado, sector capitalista, sector del pequeño comercio y de los tenderos–. Esta teoría de las relaciones armónicas entre los tres sectores era de hecho equivalente a la teoría del equilibrio» fustigada por Iósif Stalin en 1929 en su discurso conocido como: «En torno a las cuestiones de política agraria en la Unión Soviética». (32) (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Veamos por ejemplo, como comenta el albanés Enver Hoxha esta ayuda de la Unión Soviética para el desarrollo de sus fuerzas productivas sin la necesidad del desarrollo y estímulo de la propiedad privada. Él explicó varias veces que Albania recibió muchas ayudas en materia militar, industrial, y sobre todo de técnicos soviéticos que pusieron en marcha todo ello, así como las becas para los estudiantes albaneses para que fueran allí a empaparse de eso mismo para que en el futuro no dependieran de los soviéticos sabiendo manejar esas mismas técnicas en los diversos campos, muchas de las veces como recalcó Enver Hoxha, incluso esa ayuda era una ayuda gratuita e internacionalista:

«Por nuestra parte no vamos a dejar de ayudarles, pero las armas y demás medios de defensa que les vamos a abastecer tienen que ser manejados por los albaneses y no por los soviéticos. El mecanismo de algunos de ellos es realmente complicado, por eso deben enviar gente a nuestro país para que aprenda a manejarlos. (...) La economía albanesa se encuentra, actualmente, en una situación de atraso. Ustedes, camaradas, casi parten de cero. Por eso, a la par de su lucha y de sus esfuerzos, también nosotros vamos a ayudarles en la medida de lo posible a enderezar su economía y a reforzar su ejército. Hemos examinado sus demandas de ayuda y hemos acordado satisfacerlas todas. Vamos a ayudarles a equipar su industria y su agricultura con la maquinaria necesaria, a reforzar su ejército, a desarrollar la enseñanza y cultura. Les proporcionaremos a crédito fábricas y demás maquinaria y las pagarán cuando puedan, en cuanto a los armamentos les serán suministrados gratuitamente y nunca tendrán que pagarlos. Sabemos que sus necesidades son aún mayores, pero por el momento es todo lo que podemos hacer, nosotros mismos todavía seguimos siendo pobres debido a las devastaciones causadas por la guerra. Al mismo tiempo, les ayudaremos con especialistas a fin de acelerar el desarrollo de la economía y de la cultura albanesas. Por lo que se refiere al petróleo pensamos enviarles especialistas azerbaiyanos, que son maestros en la materia. Por su parte, Albania debe enviar hijos de obreros y campesinos a la Unión Soviética para que estudien y se instruyan a fin de promover el progreso en su país. (...) Es nuestro deber, proveer a los países de democracia popular con la tecnología que poseemos y con la ayuda económica que podamos darles, y siempre estaremos prestos a ayudarles. Así pensaba Stalin y así actuó». (33) (Enver Hoxha; Con Stalin, 1981)

Pero este no era el concepto económico de Mao Zedong para China, porque como tal, nunca fue marxista-leninista como estamos demostrando en el transcurso de este documento. Muy por el contrario Mao Zedong estaba enfrentado a las tesis de Lenin y Stalin, y de acuerdo con Earl Browder; pensaba que primero se debía desarrollar la propiedad privada y la propiedad cooperativa –luego como vimos en posteriores ediciones de su informe se metió la frase de «y el sector estatal socialista»–. El estadounidense admiraba el hecho que Mao Zedong comprendía el carácter «progresista» de las formas económicas capitalistas «como preparación para el socialismo» –inclusive manteniendo la propiedad privada en el socialismo–. Para él, Mao Zedong supo crear concepto de un «nuevo capitalismo» en China, en el cual:

«No dudó en hablar de la necesidad de la «armonía» en la lucha entre los trabajadores y los empresarios capitalistas chinos privados». (34) (Earl Browder; Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

Para Earl Browder, el mayor descubrimiento de Mao Zedong, fue la nueva democracia, ya que:

«Formó el concepto de la «nueva democracia» bajo un nuevo frente que no sólo ocupa las particularidades de la etapa y momento, sino para el momento histórico del desarrollo y transición hacia el socialismo». (35) (Earl Browder; Lecciones chinas para los marxistas americanos, 1949)

Por lo tanto, uno de las primeras figuras que supo desbrozar el revisionismo de Mao Zedong, fue Earl Browder, quién en 1949 como vemos, una vez expulsado del Partido Comunista de los Estados Unidos por sus desviaciones que pretendían liquidar el partido y que por otro parte apoyaban el imperialismo estadounidense, seguía hablando y promocionando a Mao Zedong y su nueva democracia, quién como el propio Mao Zedong dice en su esquema de nuevo Estado de nueva democracia, predominaría la alianza entre clase obrera, campesinado, pequeña burguesía y burguesía nacional, un frente donde «es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura», un frente donde como Earl Browder dice, no sólo ocupaba «las particularidades de la etapa y momento, sino para el momento histórico del desarrollo y transición hacia el socialismo». A estas alturas, ese socialismo, como sabemos es un «socialismo» de cualquier otro tipo pero no marxista-leninista.

Estas desviaciones de la nueva democracia y la burguesía nacional, llevaría a que el revisionismo chino justificara el multipartidismo «ad infinitum», e incluso que otros partidos burgueses y pequeño burgueses controlasen al partido obrero, el partido comunista:

«¿Qué es mejor: que haya un solo partido o varios partidos? Por lo que hoy parece, es preferible que haya varios. Esto no sólo es válido para el pasado, sino que puede serlo también para el futuro; significa coexistencia duradera y supervisión mutua. (...) Tanto el Partido Comunista como los partidos democráticos surgieron en el proceso histórico. Todo lo que surge en el proceso histórico desaparece en el mismo proceso. Así, tarde o temprano desaparecerá el Partido Comunista y, de igual modo, los partidos democráticos». (36) (Mao Zedong; Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, 1957)

Este tipo de conceptos sobre el multipartidismo y por lo tanto multiclasismo «en el socialismo», serían para el revisionismo chino otra herencia legada por Mao Zedong hacía sus sucesores como Deng Xiaoping o Hua Kuo-feng:

«La construcción y desarrollo del socialismo se ha convertido en unos intereses y aspiraciones comunes de todos los partidos democráticos, las federaciones de la industria y el comercio y de nuestro partido. Durante este nuevo periodo histórico, los partidos democráticos y las federaciones de industria y comercio continúan jugando un importante rol que no puede ser ignorado. Creemos que en el futuro los partidos democráticos y federaciones de industria y comercio harán aún mayores contribuciones al desarrollo y consolidación de la situación política de estabilidad y unidad, aceleración de la modernización socialista, promoción de la democracia, fortalecimiento del sistema legal, conducta de autoeducación y lucha por la reunificación de la patria. (...) La cooperación multipartidista bajo el liderazgo del Partido Comunista de China sobreviene de las condiciones históricas específicas y reales de nuestro país, y esto también es una característica y una ventaja de nuestro sistema político. (...) El camarada Mao Zedong propuso el principio de: «coexistencia duradera y supervisión mutua» con todos los partidos democráticos, el cual ha sido una constante política desde hace mucho tiempo hasta ahora». (37) (Deng Xiaoping; Todos los partidos democráticos y federaciones de industria y comercio son fuerzas políticas que sirven al socialismo, 19 de octubre, 1979)

Earl Browder también era partidario del multipartidismo, en especial del bipartidismo, porque según él también era acorde a las condiciones específicas de su país –obviamente no se detiene a analizar qué es lo que representa un partido y a que clase representa, y qué significado tiene el multipartidismo en una sociedad sin clases explotadoras–:

«Nuestros objetivos políticos, que son idénticos a los de la mayoría de los estadounidenses, trataremos de presentarlos a través de la estructura existente de los partidos de nuestro país, que es, en su conjunto, el «sistema bipartito» específicamente estadounidense». (38) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Pero todos estos conceptos sobre la sociedad socialista no tienen nada que ver, con el concepto marxista-leninista de sociedad socialista:

«Un partido es una parte de una clase, su parte de vanguardia. Varios partidos y, por consecuencia, la libertad de partidos, sólo pueden existir en una sociedad en la que existen clases antagónicas, cuyos intereses son hostiles e irreconciliables. (...) En la Unión Soviética sólo hay base para un solo partido: el partido comunista. En la Unión Soviética sólo puede existir un partido, el partido comunista, que defiende valientemente y con toda consecuencia los intereses de los obreros y los campesinos». (39) (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre el proyecto de constitución de la Unión Soviética , 1936)

Existen muchas otras similitudes entre la visión clásica socialdemócrata, reformista y burguesa del mundo de Earl Browder y Mao Zedong. Y si ya lo hemos comprobado los conceptos antimarxistas relacionados con el partido, podríamos citar sin duda otros también relacionados con el partido, como la desviación también socialdemócrata de tomar al partido comunista como un partido de intereses multiclasista, donde no hay normas, donde puede entrar y salir quién lo desee. Así reprendía el búlgaro Georgi Dimitrov las desviaciones de los revisionistas chinos:

«Hacemos mención especial que la línea correcta en la creación del frente unido antijaponés significa el fortalecimiento general del partido y el ejército rojo. Por lo tanto, estamos muy preocupados por su decisión de que todo el que desee puede ser aceptado en el partido, sin ninguna consideración de su origen social, que el partido no tema que algunos arribistas busquen su camino en el partido, así como de su mensaje sobre las intenciones de aceptar incluso a Zhang Xueliang en el partido. En la actualidad, más que en cualquier otro momento, es necesario para mantener la pureza de las filas y el carácter monolítico del partido. Mientras conducimos el alistamiento sistemático de personas en el partido y así lo reforzamos, especialmente en el territorio del Kuomintang, es necesario que al mismo tiempo evitemos la inscripción masiva en el partido, aceptemos sólo a las mejores y probadas personas de entre los obreros, campesinos y estudiantes». (40) (Georgi Dimitrov; Telegrama de la Secretaria del Comité Ejecutivo de la Komintern al Secretariado del Partido Comunista de China, 15 de agosto de 1936)

Los conceptos de Earl Browder llegaron al punto de sostener las mismas desviaciones, bajo la excusa de que los intereses de la mayoría de la población coincidían con los supuestos intereses de los comunistas estadounidenses, esto hizo llegar al punto de incluso afirmar que ya no era necesario el partido comunista como tal:

«Los comunistas prevén que sus objetivos políticos prácticos serán por un largo tiempo y en todas las cuestiones fundamentales, idénticos a los objetivos de una mayor masa de no comunistas, por tanto nuestros actos políticos se fundirán en movimientos de mayor envergadura. Es por esto que la existencia de un partido político específico de los comunistas ya no sirve a un objetivo práctico, sino que por el contrario, podría convertirse en un obstáculo para conseguir una más amplia unidad. Por eso, los comunistas disolverán su propio partido político y encontrarán una forma organizativa diferente y nueva, y un nuevo nombre que se adapte mejor a las tareas del día y a la estructura política a través de la cual deben llevarse a cabo dichas tareas». (41) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Está bastante claro que Mao Zedong era un auxiliar perfecto en general para el revisionismo browderista en apogeo. Pero ¿por qué era tan importante para Earl Browder la figura de Mao Zedong para sus planes? Por el ya comentado hecho, de que Earl Browder no sólo supo captar la esencia del revisionismo chino de sus políticas internas como la nueva democracia, sino también sus políticas exteriores, sobre todo respecto a su posición oportunista sobre los Estados Unidos:

«Se necesitan grandes cantidades de capital para el desarrollo de nuestras industrias. Ellos vendrán principalmente de la riqueza acumulada por el pueblo chino, y al mismo tiempo de la asistencia extranjera. Damos la bienvenida a las inversiones extranjeras si tales son beneficiosos para la economía de China y se realizan de acuerdo con las leyes de China. Se pueden expandir rápidamente y a gran escala empresas rentables tanto para el pueblo chino como para los extranjeros, siendo la industria pesada y la modernización de la agricultura, una realidad cuando lo que hay es una firme e interna paz internacional, y cuando dichas reformas políticas y agrarias se realizan a fondo. Sobre esta base, hemos de ser capaces de absorber grandes cantidades de inversiones extranjeras. Una política regresiva y económicamente empobrecida para China no será rentable ni para el pueblo chino ni para los extranjeros». (42) (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Quizás si Mao Zedong, hubiera pronunciado estas declaraciones dos o tres años después, durante el Plan Marshall, el descubrimiento del revisionismo de Tito y el gran prestigio de la Kominform hubieran hecho que Mao Zedong hubiera sido denunciado efectivamente en público como el Tito asiático, que es como él mismo reconocía que Stalin y muchos marxista-leninistas sospechaban verle. Pero la guerra civil china de 1946 a 1949, el ostracismo de Yugoslavia del campo socialista por su revisionismo, y la guerra de Corea, fueron factores que hicieron a China reservar estos pensamientos, hasta que la tormenta amainara, o sea, hasta la muerte de Iósif Stalin, y la subida al poder de Nikita Jruschov, y con ello de un revisionismo que hablara el mismo idioma respecto a los Estados Unidos, los créditos, la coexistencia pacífica, etc. El propio Mao Zedong confesó de nuevo, esta vez, intentando justificarse ante los revisionistas yugoslavos, que la razón de la adhesión de China a la denuncia del revisionismo yugoslavo en los años 40, no fue porque realmente pensaran que eran unos antimarxistas los yugoslavos, sino porque según Mao Zedong era un acto necesario para quitarse esa sospecha de Stalin de que Mao Zedong era la repetición del caso de Tito en China, no por cuestiones de principios por tanto, sino por puro oportunismo, alegando que se alegraba además, de la rehabilitación del revisionismo yugoslavo de la mano de Jruschov:

«Mis camaradas, cuando la Unión Soviética nos pidió seguirlos en ese momento [se refiere a la condena del revisionismo yugoslavo - Anotación B.N.], fue difícil para nosotros oponernos. Se hizo eso porque en ese entonces había algunas personas que decían que había dos Titos en el mundo: uno en Yugoslavia y el otro en China. (...) Jruschov ya corrigió en relación con Yugoslavia [se refiere a la rehabilitación del revisionismo yugoslavo - Anotación de B.N.]». (43) (Mao Zedong; Conversación de Mao Zedong con la delegación de la Liga Comunista de Yugoslavia, 1956)

La política china de recibir capital extranjero, fue una política de Mao Zedong a la cual el revisionismo chino acabaría recurriendo de nuevo cuando tras crear sus propias teorías en el ámbito económico, y ante el desastre creado que entre otras cosas imposibilitó la creación de una fuerte industria –por la teoría de que el campo era la base de la economía–, pidió ayuda económica en forma de créditos y otras ayudas a los países y organismos capitalistas. La política de Mao Zedong coincidía con la que Earl Browder quería promocionar para el resto de países del mundo:

«Nos declaramos de antemano la comprensión de que el campo democrático-progresista a la que nos adherimos adoptará la defensa de la «libre empresa», entendemos este término como sinónimo del capitalismo tal como existe en nuestro país, y que no nos oponemos a él, ni presentamos ningún contraeslogan». (44) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Y además, el punto fundamental: iba en consonancia con la idea de supremacía estadounidense que Earl Browder tenía de los Estados Unidos:

«Los Estados Unidos debe de tener unos enormes mercados de posguerra para sus productos, por lo que Asia se abre como el potencial número uno. Estos mercados deben estar en una escala nunca antes soñado, y la incautación de estos mercados es precisamente una necesidad de vida o muerte para la forma de vida dominante estadounidense». (45) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Por eso Earl Browder no dudó en ningún momento de que los pseudocomunistas chinos liderados por Mao Zedong eran:

«Los amigos de Estados Unidos más confiables dentro de China». (41) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Ya que por entonces:

«Es un hecho demostrado que las políticas económicas propias del Kuomintang en la China de hoy en día están operando para derrotar a los intereses de Estados Unidos en un mercado chino en expansión, mientras que las políticas económicas de los comunistas en China son las más favorables y propicias para un mercado en expansión». (46) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Esto no se decía de la nada, Earl Browder, que había trabajado en China con el Partido Comunista de China y que siempre mantuvo una especial preocupación por la situación de China, era muy consciente de la naturaleza política de los comunistas chinos. Como Browder había asegurado a los imperialistas de Estados Unidos en 1942:

«El Partido Comunista de China acepta la perspectiva de un desarrollo capitalista de China, no sólo ahora, sino también para un futuro indefinido». (47) (Earl Browder, Victoria y después, 1942)

Esta impresión personal, constatada por Earl Browder, es repetida por John Service, un diplomático estadounidense amigo personal de Mao Zedong, el cual estuvo en Yen'an entrevistando a los miembros del Partido Comunista de China durante los años 40:

«Su concepción del mundo te da la impresión de que es una concepción moderna. Su manera de comprender las cuestiones económicas, por ejemplo, es muy similar a la nuestras». (48) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Jhon Service también afirma que Mao Zedong personalmente le intentó convencer de los beneficios que su política revisionista podían reportar a los Estados Unidos; esto escribía Jhon Service que le dijo Mao Zedong persuadiéndole:

«Las políticas del Partido Comunista de China son más que liberales. Incluso los más conservadores hombres de negocios estadounidenses no podrán encontrar nada en nuestro programa que les pueda ofender. China debe industrializarse. Esto sólo se podrá lograr a través de la iniciativa privada y la ayuda del capital extranjero. Los intereses estadounidenses y chinos están entrelazados y son similares». (49) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Jhon Service también subraya, que para Mao Zedong, el modelo genuino de democracia es la democracia estadounidense, o sea la democracia burguesa:

«Cada soldado estadounidense en su camino en China debe ser un escaparate y hablar por la democracia. Ya que por encima de todo, los chinos les consideramos a ustedes, los estadounidenses, como el ideal de la democracias». (50) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Estas declaraciones, coinciden con las impresiones recogidas por Earl Browder de los miembros del Partido Comunista de China, en sus interrelaciones con ellos:

«El que se denomina campo «comunista» en China, porque está dirigido por miembros destacados del Partido Comunista de China está más próximo a la noción estadounidense de la democracia, que el denominado campo del Kuomintang. Está más próximo desde cualquier punto de vista, incluso en el de dar mayor campo de acción a la «libre iniciativa» en la vida económica». (51) (Earl Browder; Teherán: nuestro camino en la guerra y la paz, 1944)

Esas declaraciones, jamás fueron desmentidas, y son de hecho similares a las ya documentadas por el estadounidense Edgar Snow en sus investigaciones en China. Muchos de estos libros como: «Estrella roja sobre China» de Edgar Snow en 1937, sirvieron para crear una opinión favorable de Mao Zedong y del resto de revisionistas chinos en Occidente, para dejar claro que no eran unos «comunistas convencionales», que no eran como los «dogmaticos comunistas soviéticos», y que podían ser útiles para las relaciones con los países interesados en China. Hay que tener en cuenta además, que estamos hablando de reconocidos antisoviéticos y antistalinistas como Edgar Snow. La proliferación de estos libros aumentó enormemente durante el periodo del nuevo acercamiento sino-estadounidense entre Mao Zedong y Nixon de los 70. Precisamente en este tiempo, estos diplomáticos y periodistas estadounidenses como Jhon Service y Edgar Snow siguieron siendo vistos con buenos ojos por la dirección china e incluso eran bienvenidos en la propia China, quizás como un medio para acelerar el acercamiento sino-estadounidense. ¿Y quién invita con tales honores a quién presuntamente te habría calumniado?

Pero el oportunismo del revisionismo chino no acaba ahí. Si leemos el concepto de Mao Zedong sobre la situación internacional en 1945, tras la posguerra, veremos unas repeticiones de las tesis browderistas sobre la coexistencia pacífica entre los países de la alianza antifascista, antesala de la coexistencia pacífica de Nikita Jruschov:

«¿Cuál es la actual situación internacional? Contrariamente a las expectativas de los reaccionarios chinos y extranjeros, las tres grandes democracias de Gran Bretaña, Estados Unidos, y la Unión Soviética se mantienen unidos. Las disputas entre estas democracias han existido y pueden existir en el futuro, pero la unidad a largo plazo va a reinar. Esta condición decisiva, ha sido finalmente demostrada en la Conferencia de Crimea. (...) Estamos en una situación totalmente nueva. Los problemas internacionales deben ser resueltos por conferencias a cargo de los tres o cinco naciones principales: los problemas internos de las distintas naciones tendrán que resolverse sin excepción, de conformidad con los principios democráticos». (52) (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Como punto inicial, vemos que Mao Zedong, como buen liberal, iguala la democracia burguesa de Gran Bretaña o Estados Unidos a la democracia proletaria de la Unión Soviética. Sólo un antimarxista escribiría así sin especificar. Y sólo un iluso pensaría que la alianza temporal, y ocasional, como de hecho fue, la alianza entre esos dos países capitalistas e imperialistas y un país socialista de la Segunda Guerra Mundial, podría prolongarse durante mucho tiempo sin conflictos tras el fin de ésta. Tampoco hay que dejar pasar por alto, el tono chovinista de gran Estado con que dice aquello de que los problemas internacionales deben resolverse por conferencias «a cargo de los tres o cinco naciones principales», ya que él pone entre esas naciones por supuesto a la China de Mao Zedong:

«Tal es el nuevo aspecto del mundo. Pero el que no puede ver las posibilidades de ciertas vicisitudes transitorias o incluso graves en la historia, o no entiende la aún considerable fuerza de los reaccionarios aislacionistas, quienes odian ver la unidad, el progreso y la liberación en su propio pueblo y otros pueblos y que no les gusta el nuevo orden mundial dirigido conjuntamente por Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética Unión, Francia y China, incurrirá en un error político. Sin embargo, la tendencia general de la historia está fijada y no puede ser cambiada. El mundo tiene un nuevo aspecto». (53) (Mao Zedong; La lucha por la nueva china; informe al VIIº Congreso del Partido Comunista de China, 1945)

Entendemos que a este chovinista, ese concepto en su cabeza quizás le agradaba, pero a ninguna nación le gusta que otras le lleven la política exterior de su Estado y defiendan –y definan– las cuestiones de las relaciones exterior como la paz «delegando en alguno de esos tres o cinco» países en «conferencias».

Recordemos, por si fuera poco, que durante la Segunda Guerra Mundial, y siempre según su amigo Jhon Service, Mao Zedong le habría comentado que:

«Creemos que los estadounidenses deben arribar a China». (54) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Puntualizando que:

«Cualquier contacto que los estadounidenses tengan con nosotros los comunistas es bueno». (55) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

En cuanto a la Unión Soviética socialista, Mao Zedong comentaba por entonces a los estadounidenses:

«Los rusos han sufrido mucho en la guerra y tendrá las manos llenas con su propio trabajo de reconstrucción. No esperamos la ayuda rusa. Además, el Kuomintang debido a su fobia anticomunista es antiruso. Por lo tanto, la cooperación kuomintang-soviética es imposible. Y para nosotros buscar dicha ayuda rusa sólo haría que la situación en China se pusiera peor. China ya está desunida y ya basta». (56) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Por todo esto, Jhon Service escribió que:

«El paralelismo con Yugoslavia que se ha elaborado antes, ahora es cada vez más posible y apto». (57) (John Service; La oportunidad perdida en China, 1974)

Si China y el Partido Comunista de China realmente hubiera tenido la ocasión de recibir y aceptar una ocupación estadounidense del carácter de Corea, Filipinas, Japón y otros, obviamente no hubiera escapado de la órbita estadounidense. Hay que tener en cuenta, que estas ilusiones sobre el desembarco de tropas del bando de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, exceptuando el caso de las tropas de la Unión Soviética, supusieron siempre la represión y el fin de los movimientos partisanos comunistas dónde se hallaran: el hecho de que Georgios Siantos –más tarde denunciado como un provocador–, Secretario General del Partido Comunista Griego, permitiera arribar al Ejército Británico, supuso la reactivación y financiación del monarco-fascismo, la represión del frente antifascista liderado por los comunistas, y el inicio de la guerra civil griega entre 1946 y 1949 lo que nos sirve como un claro ejemplo.

Todo esto no es raro, esta desmovilización y falta de vigilancia frente al imperialismo estadounidense eran común en el revisionismo chino incluso después de la Segunda Guerra Mundial, ya que Mao Zedong, seducido por las ideas browderistas, seguiría diciendo que los países imperialistas no querían conflictos, no querían una guerra civil en China:

«En la actualidad, la Unión Soviética, Estados Unidos e Inglaterra desaprueban una guerra civil en China». (58) (Mao Zedong; Circular del Comité Central del Partido Comunista de China sobre las negociaciones de paz con el Kuomintang, 1945)

En China, si bien no sufrió una directa y total ocupación estadounidense, que financiara en tierra a la reacción local, también sufriría una guerra civil a causa de estas ideas políticas claudicadoras que ponían en bandeja el reinicio y rearmamento de la reacción local en China, presentaba en este caso por el Kuomintang:

«Durante las negociaciones, el Kuomintang exigirá sin duda que reduzcamos considerablemente la extensión de las regiones liberadas y los efectivos del Ejército de Liberación y que suspendamos la emisión de papel moneda. Por nuestra parte, estamos dispuestos a hacer las concesiones que sean necesarias y que no perjudiquen los intereses fundamentales del pueblo. Sin tales concesiones no podríamos desbaratar las maquinaciones del Kuomintang para desatar una guerra civil, ni conquistar la iniciativa política, ni granjeamos la simpatía de la opinión pública mundial y de los elementos intermedios en el país, ni conseguir la legalidad para nuestro partido y una situación de paz. (...) Después que nuestro partido haya dado dichos pasos, si el Kuomintang desata, a pesar de todo, la guerra civil, aparecerá carente de razón ante los ojos de toda la nación y del mundo entero, y nuestro partido quedará justificado para librar una guerra en defensa propia a fin de aplastar los ataques del Kuomintang». (59) (Mao Zedong; Circular del Comité Central del Partido Comunista de China sobre las negociaciones de paz con el Kuomintang, 1945)

Bajo esta premisa de que era mejor ceder territorios y rebajar el nivel de sus tropas, para contentar al Kuomintang y además ganarse a la opinión pública nacional y extranjera, Mao Zedong es capaz de decir lo siguiente:

«Algunos camaradas han preguntado por qué tenemos que ceder ocho regiones liberadas. Es una gran lástima ceder estas ocho regiones, pero es mejor hacerlo. (...) Nuestra concesión en este punto nos ayudará a frustrar la maquinación del Kuomintang para desatar la guerra civil y a ganarnos la simpatía de los numerosos elementos intermedios nacionales y extranjeros. (...) El Kuomintang ha dicho en su propaganda que el partido comunista simplemente se empeña en disputar las armas. Hemos dicho que estamos dispuestos a hacer concesiones. Primero, propusimos reducir nuestras actuales fuerzas a 48 divisiones. Como el Kuomintang tiene 263 divisiones, esto significa que nuestras fuerzas serían un sexto más o menos del total del país. Más tarde, propusimos una reducción a 43 divisiones, es decir, un séptimo del total. El Kuomintang dijo entonces que reduciría las suyas a 120 divisiones. Nosotros dijimos que podríamos reducir las nuestras, en la misma proporción, a 24 ó hasta 20 divisiones, lo que aún sería un séptimo del total». (60) (Mao Zedong; Circular del Comité Central del Partido Comunista de China sobre las negociaciones de paz con el Kuomintang, 1945)

Hay que recordar además, que esas mismas ideas que innecesariamente reforzaban al Kuomintang, estaba ligadas quiérase o no al hecho de la asistencia que de por sí recibía de los Estados Unidos el Kuomintang, pero que según Mao Zedong no tenía nada que ver con los Estados Unidos quisiera nada hostil, pero lo que finalmente, como era predecible pasó, es que pese a estas concesiones se desembocó de nuevo en la guerra civil de 1946 a 1949 y desmontó la teoría de Mao Zedong tanto sobre el Kuomintang como sobre los Estados imperialistas como los Estados Unidos.

Volviendo al tema del imperialismo y la necedad de los revisionistas. A diferencia de Mao Zedong, los verdaderos marxista-leninistas si eran consciente del imperialismo y su naturaleza en cualquier momento, y no guardaban tales necias ilusiones sobre el imperialismo, eran conscientes de la definición leninista del imperialismo como tal:

«Llegando a las raíces mismas de la economía y la política del capitalismo moderno. Lenin definió al imperialismo como un sistema socio-económico en una etapa de decadencia, un sistema en el que las contradicciones internas se han agudizado a un grado sin precedentes, y donde se ha llegado a la etapa en que el mundo capitalista se puede comparar a un volcán en constante amenaza de entrar en erupción». (61) (Bolesław Bierut; Dos mundos, dos caminos, 1949)

Stalin responde, de igual manera: sin eliminar al imperialismo, no puede desaparecer el peligro de nuevas guerras, ya sea entre países capitalistas, o de países capitalistas contra países socialistas:

«Se dice que la tesis de Lenin relativa a que el imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe considerarse caducada, por cuanto en el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actúan en defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto. (...) Lo más probable es que el actual movimiento pro paz, como movimiento para mantener la paz, conduzca, en caso de éxito, a conjurar una guerra concreta, a aplazarla temporalmente, a mantener temporalmente una paz concreta, a que dimitan los gobiernos belicistas y sean sustituidos por otros gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la paz. Eso, claro es, está bien. Eso incluso está muy bien. Pero todo ello no basta para suprimir la inevitabilidad de las guerras en general entre los países capitalistas. No basta, porque, aun con todos los éxitos del movimiento en defensa de la paz, el imperialismo se mantiene, continúa existiendo, y, por consiguiente, continúa existiendo también la inevitabilidad de las guerras». (62) (Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo, 1952)

Precisamente, las concepciones de este tipo, que equilibraban a los Estados capitalistas con los Estados socialistas, o que promulgaban ilusiones sobre el imperialismo y su agresividad, eran la carta de presentación de distintos desviacionistas de derecha de las democracias populares, hablamos de elementos como: Sejfulla Malëshova, Władysław Gomułka, etc., todos ellos denunciados como titoistas en sus respectivos partidos:

«Observamos dentro de estos graves errores, que el camarada Gomułka falla en la comprensión de la esencia de las relaciones que unen a los países de democracia popular con la tierra del socialismo victorioso de la Unión Soviética, y que la profunda solidaridad permanente de intereses en sus relaciones que difieren sustancialmente de las existentes entre las democracias populares y los países capitalistas. Y también de camino, vemos la falta de comprensión de la esencia de la lucha por la soberanía polaca que se ve amenazada por la expansión por parte del imperialismo estadounidense y su agencia alemana. (...) Debemos prestar atención a que hay una analogía sorprendente en los fenómenos similares que no han sido frenados y que acabaron en un degeneración total para Yugoslavia. Los lazos de parentesco entre estos fenómenos no son fortuitos, porque son del mismo origen». (63) (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

Nosotros entendemos, que como una vez más se diría por boca del propio autor, Mao Zedong no estaba capacitado para conocer ni comprender ni la mitad de citas y autores aquí citados, ya que como él dice sin ninguna vergüenza, por ejemplo no había leído casi nada de Stalin, y lo que había leído le desagradaba, en especial, sus tesis sobre la revolución china; de nuevo agradecía a Jruschov por quitarse tal carga de tener que disimularlo:

«Antes de mi encuentro con Stalin, yo no tenía buenos sentimientos hacía el. No me gustaba leer sus obras: he leído solamente «Sobre los fundamentos del leninismo», un largo artículo criticando a Trotski, y «Los éxitos se nos suben a la cabeza», menos aún me gustaban sus artículos sobre la revolución china. (...) He escrito tres artículos elogiando a Stalin. El primero fue escrito en Yen'an para celebrar el 60 aniversario de su nacimiento –el 21 de diciembre de 1939–, el segundo fue un discurso de felicitación –que pronuncié– en Moscú y el tercero fue un artículo a solicitud de Pravda después de su muerte –en marzo de 1953–. Nunca me gustó felicitar a otros ni que otros me felicitaran. Cuando estuve en Moscú para celebrar su cumpleaños, ¿qué podría haber hecho si decidía no felicitarlo? ¿Insultarlo? Después de su muerte, la Unión Soviética necesitaba nuestro apoyo y nosotros también queríamos apoyar a la Unión Soviética. Por eso escribí ese artículo elogiando las virtudes y logros de Stalin. Ese artículo no fue para Stalin sino para el Partido Comunista de la Unión Soviética En cuanto al artículo que escribí en Yen'an, tuve que dejar de lado mis sentimientos personales y tratarlo como al líder de un país socialista. De ahí que ese artículo fuera vigoroso mientras que los otros dos tuvieron su origen en la necesidad –política–, no en mi corazón ni en mi voluntad. La vida es contradictoria: tus emociones te dicen no escribas esos artículos pero tu racionalidad te obliga a hacerlo. Ahora que Moscú a criticado a Stalin, somos libres de hablar de estos temas». (64) (Mao Zedong; Conversación de Mao Zedong con la delegación de la Liga Comunista de Yugoslavia, 1956)

Como conclusión, hay que decir, que Mao Zedong años después, cuando el browderismo era una corriente revisionista reconocida por todos diría que Earl Browder era un revisionista. También, en el libro de Earl Browder: «Lecciones chinas para los marxistas americanos» de 1949, Browder denuncia como revisionista a Tito. Pero lo cierto es que los oportunistas se apuñalan y abrazan verbalmente constantemente según les convengan, es como ellos comprenden la política: con el pragmatismo del que hacer en ese momento.

Mao Zedong como decíamos, denunció años después a Earl Browder como un revisionista. Pero también dijo eso de Tito en la época de Stalin y la Kominform y tiempo después, con la llegada del jruschovismo se reconcilio con Tito, le llamaba marxista-leninista, y justificaba su condena previa como hecha bajo presiones. Más tarde en los años 70 también el revisionismo chino y el revisionismo yugoslavo tuvieron otro idilio de piropos recíprocos de nuevo por mero pragmatismo: Mao Zedong reconocía la «teoría de los países no alineados», y Tito la «teoría de los tres mundos». En el caso de Browder y Mao, hay fuentes que escriben que Mao Zedong estuvo muy agradecido del papel de Earl Browder con China por sus viajes y escritos. En el diario «Liberación» Mao Zedong diría:

«En su actividad pasada. El camarada Browder ha prestado muchos servicios a la lucha del pueblo chino que merecen nuestra gratitud». (65) (Stuart R. Schram; Mao Zedong, 1966)

Tiempo después los sucesores de Mao Zedong dejarían de denunciar el pensamiento de Earl Browder.

Claro queda que la relación existente entre Earl Browder y Mao Zedong, dos anti marxista-leninistas, dos antistalinistas, dos oportunistas, que pese al influjo de la propaganda de sus respectivas ramas revisionistas y seguidores, pueden ser desmontados teóricamente de modo fácil y sencillo al poco leer sus obras.

Estamos al tanto igualmente, que cada vez existen más revolucionarios que aportan más y más materiales a internet que desmontan la poca consistencia de estas doctrinas, lo que nos alegra y felicitamos.

Notas

[1] Lectura Online AQUÍ ó Descarga en PDF AQUÍ.

[2] Todos los documentos –opúsculo y folletos– del Equipo de Bitácora (M-L). AQUÍ.

[3] Todos los documentos editados por el equipo del Blog en el apartado BIBLIOTECA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

«¡Pedimos que se evite el insulto y el subjetivismo!»