«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 26 de abril de 2017

Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china; Reflexiones sobre China; Enver Hoxha, 1966

Este informe de Enver Hoxha, presentado ante el XVIIIº Pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania el 14 de octubre de 1966, fue examinado por el Comité Central y puso las bases del Informe del Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de ese año. También fue incluida en la obra publicada en 1979: «Reflexiones sobre China».

Enver Hoxha elaboro dicho informe con enorme urgencia en el que examinaría los últimos acontecimientos que se sucedían en China; no obstante, se puede apreciar en el transcurso del mismo, que el albanés se muestra cuidadoso en el abordaje de la por entonces actual «revolución cultural proletaria» china, y admite que es debido a que los revisionistas chinos no estaban proveyendo de suficiente información que permitiera sacar conclusiones en un periodo tan temprano; de hecho, pone de preaviso al respecto a los camaradas que estaban leyendo el informe; aunque sin duda, y pese a ello, «refresca la memoria» con los irrefutables hechos que mostraban y demostraban el oportunismo chino previo a la cacareada «revolución cultural proletaria» de 1966.

El objetivo del documento en si era demostrar que las «nuevas desviaciones» que se estaban dando en la «revolución cultural proletaria», tales como: 1) la débil lucha contra el titoismo y el jruschovismo; 2) el culto religioso a Mao Zedong oficializado desde el VIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1945; 3) el concepto de unión y concesión de puestos a conocidos desviacionistas en el partido; 4) el considerar como parte del «pueblo» y limitar dentro de las «contradicción no antagónica» a la burguesía nacional; 5) la negación del papel de la clase obrera en el partido; (6) el estado paralizado de la vida de partido sin celebraciones de plenos o congresos. Y no se trataba de hechos casuales sino de una sucesión de las «viejas y profundas desviaciones».

Entre las «nuevas desviaciones» que se estaban produciendo durante la «revolución cultural proletaria» se encontraban: 1) el apoyo a regímenes revisionistas como el rumano basándose en la «especificidad»; 2) hacer tabla rasa con toda la cultura anterior al triunfo del Partido Comunista de China de 1949 y calificarla de reaccionaria; 3) el mantenimiento de los desviacionistas ampliamente denunciados dentro del Partido y el Estado, o su pronta rehabilitación; 4) el mantenimiento de las tesis económicas revisionistas que mantenían intacto el sistema económico capitalista, luego reflejadas en el «Manual de economía política de Shanghái» de 1974; 5) la promoción de las capas del estudiantado como vanguardia de la revolución; 6) la vociferación de que las masas «se deben liberar ellas solas», incluso por encima del partido y sus miembros. Por supuesto había muchas otras.

Este es por tanto un documento que muestra la denuncia del revisionismo chino realizada por el Partido del Trabajo de Albania. Sumado a otros como: «Nada puede ser resuelto correctamente sin el partido» del 23 de octubre de 1966, «La anarquía no se puede combatir con la anarquía» del 28 de abril de 1967,  etc., que en conjunto conforman críticas tempranas a la «revolución cultural proletaria» china y sus desviaciones.

Pero como decíamos en otros documentos, los marxista-leninistas albaneses cuando escribían estas críticas no estaban seguros del cariz revisionista de los chinos, y de hecho guardaban cierta esperanza de que los revisionistas chinos se redimieran del camino incorrecto; por ello, si queremos ver las conclusiones finales de los albaneses al respecto de la pseudorevolución cultural proletaria de 1966, debemos de echar un ojo al documento «El imperialismo y la revolución» de 1978, donde ya con suficiente información, y más tiempo para reflexiones, se esgrimen conclusiones más sólidas; en el Enver Hoxha sentencia con toda razón que: «el curso de los acontecimientos demostró que la gran revolución cultural proletaria no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria».

El documento:


«Quiero, camaradas, expresar algunas opiniones previas acerca de la «revolución cultural proletaria» que se está desarrollando en China durante estos meses. Digo opiniones previas, porque esta revolución es un problema grande y serio, que exige de nosotros una mayor profundización, análisis más detallados basados en hechos más completos, en lo posible pidiendo aclaraciones a los camaradas chinos y todo esto analizarlo atentamente bajo el prisma del marxismo-leninismo. Muchas cosas no las tenemos claras, podemos hacer y hacemos suposiciones, pero no pasan de ser suposiciones, que deben ser confirmadas por los hechos, por la vida.

Pero a pesar de no contar con muchos datos, el Comité Central debe juzgar a partir de los que disponemos y formarse una opinión interna más o menos clara. No se descarta la posibilidad de que en algunos juicios o definiciones no seamos muy precisos debido, a las razones arriba mencionadas. Pero el primer análisis previo y breve –porque en esta reunión del Pleno del Comité Central este problema no está en el orden del día– y las críticas que podemos hacer a los principios y a las formas de esta revolución china, son movidos por buenos fines camaraderiles, por los correctos principios marxista-leninistas, por la necesidad urgente, por el imperativo de la unidad marxista-leninista entre nuestros dos partidos y por las repercusiones que puede tener esta, revolución en el Movimiento Comunista Internacional.

La «revolución cultural proletaria», tal como ha sido planteada y como la están desarrollando los dirigentes chinos, contiene dos aspectos en un solo problema: el aspecto nacional y el aspecto internacional. Tanto uno como el otro, o ambos en su conjunto, interesan a nuestro partido, al resto de los partidos marxista-leninistas y a todo el mundo.

Esta «revolución cultural proletaria» es vista, analizada, interpretada, elogiada o criticada desde distintas posiciones, se hacen numerosas especulaciones en torno a ella, pero podemos afirmar que la interpretación se efectúa principalmente en tres direcciones: la interpretación desde las posiciones de la burguesía capitalista, la interpretación desde las posiciones burgués-revisionistas y la interpretación partiendo de las verdaderas posiciones constructivas marxista-leninistas.

Sería un gran error por parte de los camaradas chinos, si confundieran estas actitudes y las metieran en un mismo saco, teniendo en cuenta que las dos primeras son diametralmente opuestas a la tercera. En ese caso carecerían de objetividad marxista-leninista.

Por tanto, camaradas, comprenderéis lo difícil, por no decir imposible, que resulta para nosotros hacer una crítica justa, abierta y camaraderil a los camaradas chinos en estas complicadas circunstancias que mencionamos, así coma la crítica a lo que voy a mencionar a continuación, y sobre todo al desenfrenado culto a Mao Zedong. Pero nuestro partido como siempre, defenderá los principios con valentía, con justeza, sin temor, y sabrá encontrar no sólo la audacia, sino también la sabiduría y la sangre fría que nunca le han faltado y que ha conquistado en difícil lucha, para expresar su opinión al Partido Comunista de China, para discutir con paciencia, camaraderilmente con los camaradas chinos, por el bien común, por el bien del marxismo-leninismo.

Las opiniones que vamos a plantear más adelante están basadas en datos, de los que estáis plenamente al corriente, desde las relaciones entre nuestro Partido y el Partido Comunista de China durante largos años, hasta los puntos de vista del Partido Comunista de China acerca de los grandes problemas internacionales y del comunismo internacional, del intercambio de opiniones mediante cartas y delegaciones por ambas partes, del intercambio de experiencia en el terreno partidario y estatal, etc. Así mismo en lo que se refiere al desarrollo de la «revolución cultural proletaria» china, estáis plenamente al tanto a través de nuestra prensa y más detalladamente del voluminoso material de la ATA que se os ha estado enviando a diario, por eso no voy a referirme a su historia, sino a recordaros brevemente algunos momentos que considero de particular importancia:

1) Los camaradas chinos, en su congreso, hace diez años, no sólo no tenían clara la traición de Tito, sino que culpaban a Stalin y justificaban a Tito. Respecto a esta posición disponemos de hechos, ya que la plantearon como algo esencial en sus conversaciones con nosotros. Posteriormente, como sabéis, corrigieron esta actitud, pero, incluso más tarde, frente al gran peligro jruschovista continuaron subestimando la peligrosidad titoista.

2) Los camaradas chinos no valoraron debidamente y en la medida necesaria la peligrosidad de los jruschovistas. No aceptaron abiertamente las acusaciones y las calumnias jruschovistas contra Stalin, pero creyeron una gran parte de ellas, reafirmaron sus opiniones sobre Stalin de los tiempos del Komintern y más tarde, respecto a los supuestos errores cometidos por Stalin en relación con China, «errores» que nos planteó intencionadamente Chou En-lai para «convencernos» durante su última visita a nuestro país, aunque sin lograrlo. Incluso si aceptáramos por un momento lo que nos dijo Chou En-lai sobre Stalin, en nuestra opinión no se trata de culpas y errores de principio, como mucho son actitudes tácticas ante diversas situaciones políticas y militares que, sin disponer de documentos y sin verificarlos, y sobre todo habiendo transcurrido tan largo tiempo desde los acontecimientos y no existir documentos al menos para nosotros, pueden ser fácilmente interpretadas de modo unilateral.

Más tarde los camaradas, chinos comprendieron la peligrosidad de los jruschovistas, pero su táctica fue nuevamente blanda, especialmente al comienzo, e incluso en el XXIIº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1961, y también después de el cuando nosotros fuimos atacados abiertamente y el fuego revisionista se dirigió solo contra nuestro partido, el Partido Comunista de China pretendía que cesara la polémica.

No obstante, los camaradas chinos, inmediatamente después de la caída de Jruschov, tuvieron una cierta vacilación, abrigaron algunas ilusiones erróneas y llevaron a cabo algunas acciones incorrectas. Vosotros conocéis el episodio de Chou En-lai con el embajador albanés [2] y la actitud de nuestro partido.

Otra posición errónea de los chinos, que también tuvo consecuencias sobre todo en algunos partidos como los de Corea y Japón, fue la propuesta de «crear el frente antiimperialista con los revisionistas». Nosotros rechazamos enérgicamente y con insistencia esta propuesta y los camaradas chinos retrocedieron. Ahora los coreanos y los japoneses han enarbolado esta idea como bandera. Todo esto lo visteis en el material que habéis leído.

3) Como sabéis, hemos tenido con los camaradas chinos una controversia de principios, no principalmente sobre la lucha de clases, sino sobre la existencia de la clase feudal-burguesa como tal, como entidad que nos combate incluso desde posiciones de poder, cuando en nuestros países quien está en el poder es la dictadura del proletariado. Conocemos nuestra tesis, que basamos en la lucha, en los hechos, en el análisis marxista-leninista. Los camaradas chinos han pretendido lo contrario. Como sabéis les hemos, dicho que eso puede ocurrir en su país pero no en el nuestro, porque nosotros hemos emprendido y continuado consecuentemente la lucha de clases desde los tiempos de la Lucha de Liberación Nacional, después de la guerra, y hasta hoy, la continuaremos contra las reminiscencias de la clase feudal-burguesa etc. En nuestro país no hay burguesía en el poder. Los camaradas chinos intentaban que hiciéramos nuestro su punto de vista extraído quizás tras un análisis de la situación en China. Pero en vano, frente a nuestro análisis se vieron obligados a bajar el tono, aunque nosotros dudamos de que se hayan convencido y no continúen pensando que «los albaneses se equivocan en sus análisis». Y bien, hicieron la última tentativa para imponernos su conclusión en la declaración conjunta, cuando nuestra delegación viajó a China –en mayo de 1966–.

Pero fracasaron de nuevo.

4) El análisis de las causas de la llegada al poder del revisionismo en la Unión Soviética, cuestión ésta de gran importancia para el comunismo internacional, en nuestra opinión no ha sido realizada con plena objetividad por los camaradas chinos. Culpan únicamente a Stalin. Esto tiene una importancia especial y si no nos equivocamos se hace con cierta tendenciosidad. Nuestro partido tiene otro punto de vista, nuestro análisis acerca de este importante problema tiene coincidencias con el del Comité Central del Partido Comunista de China, pero también hay aspectos, en los que no coinciden y están en oposición. El intercambio de opiniones, las críticas y las observaciones mutuas son naturales, pero son constructivas cuando se desarrollan por el camino marxista-leninista.

He planteado, las cuestiones arriba mencionadas no porque, se hayan convertido en un obstáculo en nuestras relaciones con los camaradas chinos, sino para poder en la medida de lo posible, ver más claramente a través de ellas los últimos acontecimientos que se desarrollan en China, porque además de lo que he subrayado, pueden existir otras cosas que desconocemos.

Hemos conocido y seguimos el desarrollo de los últimos acontecimientos en China únicamente por medio de la prensa china y de la Hsinhua. El Partido Comunista de China y su Comité Central no han dicho camaraderilmente nada concreto a nuestro partido y al Comité Central. Opinamos, que ellos, de manera internacionalista sobre la base de nuestros estrechos vínculos y de estar tan próximo a nuestro partido debían ponernos al corriente de modo especial en estos últimos meses.

Estáis, al tanto de la exposición que nos hizo Chou En-lai. No dijo más que lo que nos había informado hasta entonces la prensa china, pero respecto a lo que pasó después y a lo que va a pasar más tarde no sabemos más que lo que ha escrito la prensa. Comprenderéis por tanto camaradas la prudencia que debemos observar para extraer conclusiones completas y bien argumentadas, ya que nos faltan numerosos datos internos de su partido. Conocemos en cierta medida la fisonomía externa de los acontecimientos, su desarrollo exterior así como la orientación del desarrollo de los acontecimientos, pero sus causas, sus razones básicas no las conocemos, podemos imaginar, hacer conjeturas, hipótesis, pero la gran seriedad del problema y la propia seriedad de nuestro partido no permiten que mostremos imprudencia y premura.

Si no nos equivocamos en la cronología de los acontecimientos las cosas empezaron con un artículo de Lin Piao sobre el ejército, que podemos afirmar que no daba a entender nada especial, excepto el propio fortalecimiento del ejército y la lógica propaganda de éste en estas circunstancias internacionales. El asunto prosiguió con la crítica de algunas novelas y artículos y fue creciendo en las universidades de Pekín, en los rectorados, entre los profesores, el ataque pasó al comité del partido de Pekín –sin que se mencione incluso ahora, el nombre de Peng Cheng–, llegó a algunos miembros del Buró, como Lu Din-yi, el del ejército, lugarteniente de Lin Piao, y así sucesivamente hasta la creación de la «guardia roja» y sus actividades. Durante este período apareció asimismo el segundo artículo de Lin Piao que inflaba el culto a Mao Zedong y recomendaba de nuevo la lectura de sus obras. Este artículo fue, por así decirlo, la señal de alarma, etc.

Hay algunas cosas que nos llaman la atención. En el periódico chino, resulta que el comité del partido de Pekín, naturalmente también Peng Cheng, aunque sin mencionar su nombre –Chou En-lai sí nos lo mencionó–, Lu Din-yi, Lo Jui ching, etc. eran «revisionistas» antipartido, agentes de la burguesía», etc., apoyaban a los elementos burgueses, literarios, universitarios, etc.; en los periódicos fueron publicados también críticas a muchas otras obras literarias. Por tanto según ellos, esta actividad hostil tiene lugar en el campo de la cultura y de la escuela. Pero estos tres y otros eran miembros del Buró Político del Comité Central. ¿Sólo en este terreno habían traicionado? En este sentido no podemos adelantar nada porque los chinos guardan un silencio absoluto. ¿Cuándo fue descubierto este «gran complot» como dicen ellos? Según afirman fue analizado todo el trabajo, toda la línea, toda la actuación colectiva e individual de la dirección, como se hace habitualmente en tiempos normales y especialmente en momentos anormales. Respecto a eso no podemos decir nada, porque es una cuestión interna de ellos, nosotros no sabemos, sólo podemos decir: ¿cómo no se descubrió anteriormente esa actividad hostil que se manifestaba de hecho abiertamente?

Es un hecho que el último congreso del Partido Comunista de China se celebró hace 10 años y el nuevo plan quinquenal está pasando sin ser analizado por un congreso. Esto es anormal, irregular, una violación de los estatutos y por lo que podemos juzgar desde el exterior no han existido razones objetivas que impidieran su celebración. Eso no es algo simplemente organizativo, sino en primer lugar de principios: la dirección máxima del partido, ni toma decisiones ni se le rinden cuentas, es decir no se le consulta. ¿Por qué? Eso no podemos saberlo, pero podemos afirmar que se trata de una violación muy seria y de aquí pueden derivarse muchas cosas peligrosas.

Bien el congreso ¿pero el pleno del Comité Central? ¡Cuatro años sin reunirse! ¿Cómo es posible? Los hechos son los hechos. Se ha hecho caso omiso de las principales instancias del partido. ¿Cómo han sido juzgadas las cosas, con unanimidad o no? ¿Correcta o incorrectamente? Eso no podemos decirlo, nada podemos decir porque no sabemos, pero sí afirmamos que eso es irregular, ilegal, inadmisible, condenable y acarrea graves y peligrosas consecuencias para el partido y el país. En ningún partido marxista-leninista se puede encontrar semejante práctica.

¿Qué ha movido a los camaradas chinos a violar los reglamentos más elementales y más vitales para el partido? Podemos imaginar muchas cosas.

Apoyándonos en la experiencia y en las normas de nuestro partido, nosotros condenaríamos severamente estas acciones, en tanto que acciones hostiles, las golpearíamos desde la raíz y no permitiríamos que crecieran bajo ningún concepto, porque el ejemplo de la dirección se refleja en la base, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Puede imaginarse cómo es dirigido todo el partido chino, grande en número, en comités y territorios y con numerosos y complicados problemas.

Veamos algunas cuestiones. Tras cuatro años se celebró el XIº Pleno del Comité Central del Partido Comunista de China. Qué se hizo en él, qué se discutió, qué se decidió, nada sabemos sobre ello, excepto el comunicado sobre la lucha contra el imperialismo y el revisionismo soviético y algunas cosas de que hablaré más adelante. Pero ¿fue analizada la línea del partido, se pusieron de relieve los lados positivos y los errores, fueron puestos o no frente a su responsabilidad los que habían cometido errores, individual y colectivamente, qué medidas se adoptaron para poner las cosas en su sitio, etc.? Se trata de cuestiones internas y hay un silencio absoluto. Tampoco fue anunciada la fecha de celebración del congreso, lo que quiere decir que van a continuar caminando sin congreso y esto da a entender que las cuestiones internas no están aún muy en regla, que no han sido allanadas ni aclaradas. Podemos equivocarnos, mas puede haber incluso fracciones en el seno de la dirección. En el caso de que las haya habido, las divergencias deben ser todavía profundas y, según la opinión y la práctica de nuestro partido, es difícil liquidarlas con esos métodos y formas que han utilizado hasta hoy los camaradas chinos quienes continúan manteniendo no sólo en el partido, sino también en el Comité Central y en el Buró Político a los elementos fraccionalistas y a los enemigos abiertos del partido.

¿Qué salió oficialmente de la reunión del Comité Central? Vosotros lo sabéis, sobre todo la declaración de 16 puntos sobre la «revolución cultural proletaria» [3], surgió Lin Piao como el segundo después de Mao Zedong, fue publicada una nueva lista de los principales dirigentes chinos, en la que pasan a primer plano nuevos camaradas y Liu Shao-chí, Chu Teh, etc. pasan al octavo y al noveno lugar y aún más abajo. De aquí se desprende, que hubo discusiones. En la reunión y que se adoptaron medidas, pero no sabemos nada en concreto.

Sabemos que antes de la celebración del pleno había sido creada y había entrado en acción la «guardia roja», es decir que la «revolución cultural proletaria» había estallado y el culto a Mao Zedong subió con ella al cielo de modo repugnante y artificial tal como sabéis. Todo fue identificado con Mao Zedong; el partido y el Comité Central casi no son mencionados y aparece claramente que «el partido subsiste, lucha gracias a Mao Zedong, el pueblo vive, lucha, respira solo gracias a Mao Zedong, gracias a los pensamientos de Mao Zedong». Y lo peor es que el propio Mao Zedong no pone ningún freno a este culto. ¿Acaso han llegado a la conclusión de que el partido está corroído y solo la autoridad de Mao Zedong puede reforzar la situación? Naturalmente, la autoridad de Mao Zedong tiene importancia, pero toda acción de los camaradas chinos debe llevarse a cabo en el correcto camino marxista-leninista.

Es natural que esto nos inquiete mucho y existen razones para que nos preocupemos por los destinos del comunismo internacional, por los destinos de la República Popular China, del socialismo y de las relaciones marxista-leninistas entre nuestros dos partidos y países.

Los camaradas chinos están dando una importancia sin precedentes a esta «revolución», pero nosotros todavía no vemos que junto a «esta importancia colosal» haya orientaciones claras respecto a dicha «revolución». En los 16 puntos, si son leídos con atención, encontraremos algunas directrices lacónicas y ciertas alusiones generales sobre cuestiones políticas y organizativas de partido, que deben haber sido objeto de discusiones en el pleno y que se entregan a las masas para que las tengan en cuenta. Sobre la base de la clasificación de los comunistas o de los comités que se hace en estos 16 puntos, Lin Piao habla ante la «guardia roja» diciendo que «en la dirección hay un puñado de capitalistas», etc. Pero en lo que respecta a cómo debe desarrollarse esta «revolución cultural proletaria», por qué senderos debe caminar, qué objetivos tiene y a dónde debe llegar, eso por lo menos para nosotros no está muy claro, porque resumirla en la «destrucción de las cuatro viejas» y su sustitución por las «cuatro nuevas» no puede ser una explicación completa, ni clara, pero además si te centras en esas «cuatro viejas» se puede llegar a la conclusión de que los camaradas chinos no piensan tan correctamente sobre la revolución cultural y el desarrollo de la cultura socialista; se crea la impresión de que todo lo viejo, sin distinción, en la cultura china y en la mundial, debe ser rechazado y debe ser creada una nueva cultura, la cultura que ellos llaman proletaria. Por tanto, se trata de la teoría cartesiana de hacer tabla rasa del pasado para construir la nueva cultura, y eso se llevará a cabo con las solas «ideas de Mao Zedong», leyendo sus obras y sus citas que hoy en China lo sustituyen todo.

Voy a leeros ahora una cita de Lenin, pero os recomiendo que estudiéis una vez más el libro suyo publicado en albanés hace 10 años bajo el nombre: «Sobre la cultura y el arte». Se debe buscar continuamente en las obras de Lenin y Stalin y estudiar cómo han atado ellos uno u otro problema. He aquí lo que dice Lenin sobre la cultura socialista:

«Si no nos damos perfecta cuenta de que sólo se puede crear esta cultura proletaria conociendo exactamente la cultura que ha creado la humanidad en todo su desarrollo y transformándola, si no nos damos cuenta de esto, jamás podremos resolver este problema. La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. La cultura proletaria tiene que ser el desarrollo lógico, del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad de los terratenientes y los burócratas. Estos son los caminos y los senderos que han conducido y continúan conduciendo hacia la cultura proletaria, del mismo modo que la economía política, transformada por Marx, nos ha mostrado a dónde tiene que llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de clases, al comienzo de la revolución proletaria.

Cuando con frecuencia oímos, tanto a algunos representantes de la juventud como a ciertos defensores de los nuevos métodos de enseñanza, atacar la vieja escuela diciendo que solo hacía aprender de memoria los textos, les respondemos que, sin embargo es preciso tomar de esta vieja escuela todo lo que tenía de bueno. No hay que imitarla sobrecargando la memoria de los jóvenes con un peso desmesurado de conocimientos, inútiles en sus nueve décimas partes y desvirtuados el resto; pero de aquí no se sigue en modo alguno que podamos contentarnos con conclusiones comunistas y limitarnos a aprender de memoria consignas comunistas. De este modo no llegaríamos jamás al comunismo. Para llegar a ser comunista, hay que enriquecer indefectiblemente la memoria con los conocimientos de todas las riquezas creadas por la humanidad.

No queremos una enseñanza mecánica, pero necesitamos desarrollar y perfeccionar la memoria de cada estudiante dándole hechos esenciales, porque el comunismo sería una vaciedad, quedaría reducido a una fachada vacía, el comunista no sería más que un fanfarrón si no comprendiese y asimilase todos los conocimientos adquiridos. No sólo deben ustedes asimilarlos, sino asimilarlos en forma crítica, con el fin de no amontonar en el cerebro un fárrago inútil, sino de enriquecerlo con el conocimiento de todos los hechos, sin los cuáles no es posible ser un hombre culto en la época en que vivimos. El comunista que se vanagloriase de serlo, simplemente por haber recibido conclusiones ya establecidas, sin haber realizado un trabajo muy serio, difícil y grande, sin analizar los hechos frente a los que está obligado a adoptar una actitud crítica, sería un comunista lamentable. Nada podría ser tan funesto como una actitud tan superficial. Si sé que sé poco, me esforzaré por saber más, pero si un hombre dice que es comunista, y que no tiene necesidad de conocimientos sólidos, jamás saldrá de él nada que se parezca a un comunista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)

En la misma obra Lenin asimismo dice:

«El marxismo adquirió importancia histórica como ideología del proletariado revolucionario debido a que, lejos de desechar las más valiosas conquistas de la época burguesa, aprendió y reelaboró por el contrario, todo lo que había de precioso en el desarrollo más de dos veces milenario del pensamiento y la cultura humanos. Solo la labor efectuada sobre esta base y en este sentido, animada por la experiencia de la dictadura del proletariado, que es la etapa última de su lucha contra toda explotación, puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de las ligas juveniles, 1920)

Esto está claro, mientras que el camino chino, como se difunde a bombo y platillos, no está muy claro, por lo menos para nosotros no está claro.

¿En qué consiste esta revolución cultural tal como se está desarrollando de hecho en China?

La «guardia roja» está cambiando los rótulos de las calles y los restaurantes porque eran reaccionarios, escribe Dazibaos y critica a cualquiera y con todos los métodos, registra domicilios y pone capirotes a los kulaks y reaccionarios, paseándoles por las calles y las plazas; se dice que destruyen las tumbas de los extranjeros imperialistas y, lo que es más peligroso, que atacan las sedes de los comités del partido, queman bibliotecas, pinturas, destruyen antiguos monumentos, etc.

Resulta difícil para nosotros llamar a esta revolución, tal como la desarrolla la «guardia roja» con el nombre de «revolución cultural proletaria». Pueden quitarse los rótulos de los municipios, los enemigos pueden y deben ser capturados por los órganos de la dictadura sobre la base de las leyes, sí los enemigos se han infiltrado en los comités del partido, que sean depurados por el camino del partido. O bien, a fin de cuentas, armar a la clase obrera y atacar a los comités, pero no con críos [4]. ¿Por qué se realizan de ese modo tan bullicioso semejantes acciones, que tienen un carácter más político que cultural? Y a todos los que participan en esa actividad se les han cerrado las escuelas y se quedarán un año sin estudiar y sin recibir cultura, se les ha dado un pequeño libro rojo con citas de Mao Zedong, un brazalete rojo y se les ha dejado que griten.

¿Quiénes son los pioneros de la «revolución cultural proletaria»? Son los estudiantes y los alumnos de las escuelas y, según los comunicados chinos, están apoyados por los obreros, los soldados y los campesinos. Esto a nuestro entender, puede hacerse, pero no está en un correcto camino de principios, es peligroso y no es serio. Con esos principios, con estos métodos no se puede desarrollar por el verdadero camino marxista-leninista la revolución cultural socialista o proletaria, como desean llamarla los camaradas chinos.

La revolución cultural socialista es un problema muy serio, muy complicado, y esto lo saben también los camaradas chinos –así lo afirman–. Debe ser dirigida por el partido con la mayor seriedad, y éste debe mantenerse vigilante en todo momento para controlar la línea, verificar su aplicación, corregir los errores, guardarse del izquierdismo y del derechismo, más que posibles en este sector tan amplio y delicado.

Da la impresión de que los camaradas chinos, al descubrir «una grave corriente hostil en la literatura» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han adoptado medidas?–, al descubrir que «hay cuadros dirigentes del partido y del Estado que están en el camino capitalista» –y esto ¿por qué no lo han visto antes y no han tomado medidas?–, al despertarse de su pasado sueño y constatar que los capitalistas y los kulaks han engordado y se han reforzado, llegando a la conclusión que tienen todavía, poder –esto ¿por qué se ha permitido?–, los camaradas chinos, pues, pueden haber llegado a la conclusión de que todos estos males serán resueltos por la «revolución cultural proletaria», por la «guardia roja», integrada por los jóvenes, y por la elevación a un grado fantástico el culto a Mao Zedong.

Esta es una cuestión que no nos resulta muy clara» se ha apoyado aparentemente en la correcta consigna de la «línea de masas», pero una línea de masas que rebasa las normas, los principios, que deja de lado al partido, su justeza y se basa en el culto al individuo, en la exaltación de los jóvenes no proletarios, que se aprovechan incorrectamente de todos los éxitos logrados por el partido y el pueblo en todos los terrenos. Un camino semejante puede fomentar la anarquía, rebajar la confianza de las masas en la línea del partido.

Pensamos que esta «revolución cultural proletaria» puede ser una rectificación de toda la línea del partido, pero una rectificación emprendida fuera de las normas leninistas del partido y de las leyes de la dictadura del proletariado, sobre la base del culto a Mao Zedong y poniendo en acción en primer lugar a la capa del pueblo más exaltada, más ruidosa, más delicada y más mudable en tanto que capa, y no madurada ni curtida por las dificultades de la vida.

Si los camaradas chinos no corrigen estos errores comprobados, esto puede traer consigo graves consecuencias, sea inmediatamente, sea más tarde. La experiencia de la Unión Soviética, tras la muerte de Stalin, nos ha enseñado muchas cosas.

Como resultará evidente para vosotros, muchas de las cuestiones que he planteada, sobre las que intenté hacer una apreciación que también puede ser equivocada, ya que carecemos de datos, son cuestiones internas de China, del Partido Comunista de China, en las que nosotros no tenemos derecho a intervenir, ni a expresar nuestra opinión, si no nos es solicitada. Pero que no tengamos una opinión interna propia, orientadora, aunque sea provisional, con puntos sin esclarecer, e incluso es posible que con algunas conclusiones no correctas, eso no nos está permitido. Asimismo, no nos está permitido que no seamos prudentes y maduros en semejantes cuestiones de tan gran importancia para la causa del marxismo-leninismo.

Nuestro objetivo y cuidado mayor es y debe ser, por nuestra parte, no cometer errores y esforzarnos por ver más claramente en esta cuestión, y, cuando tengamos la oportunidad, de manera camaraderil, intercambiar opiniones con los camaradas chinos, en favor del gran interés general.

Mas todo lo que sucede en China no es únicamente una cuestión interna de China y del Partido Comunista de China. Es al mismo tiempo de carácter internacional e internacionalista, puesto que China es un gran país, de gran peso en el Movimiento Comunista Internacional [5].

Los dirigentes chinos y la propaganda china dicen que «la revolución cultural ha estremecido a todo el mundo». Esto es un hecho.

El 1 de octubre Chou En-lai dijo aproximadamente:

«El mundo se ha dividido en dos partes respecto a la revolución cultural, en enemigos que nos combaten y en amigos que están con nosotros y nos defienden». (Chou En-lai; Declaraciones, 1 de octubre de 1966)

Ahora quiero tratar precisamente este aspecto internacional e internacionalista de la «revolución cultural proletaria», después de haber tratado el aspecto nacional.

En la actualidad los camaradas chinos y la propaganda china plantean así el problema: «La época actual es la época del pensamiento de Mao Zedong, Mao Zedong es el más grande marxista de nuestro tiempo. Es el heredero de todos los clásicos del marxismo-leninismo, de la ciencia marxista-leninista y de la ciencia mundial, es el sol» etc. Por tanto el pensamiento de Mao Zedong debería dirigir el mundo y remitiéndonos a la «revolución cultural proletaria», ésta se desarrolla bajo la guía personal de Mao Zedong. Esto jamás se ha visto en la historia mundial.

El que los camaradas chinos planteen o auto planteen de esta forma este gran problema no es correcto, no es marxista y no peca que digamos de sencillez. Pero lo que es más grave, más peligroso, es que quieren y utilizan también en el extranjero las formas y los métodos que utilizan dentro de su país, es decir que reclaman a los demás que reconozcan y apliquen sin discusión este planteamiento incorrecto y erróneo del problema en formas tan demagógicas, porque en caso contrario para los camaradas chinos, te pasas al otro lado de la barricada, al de los enemigos.

Ahora algunas orientaciones para nosotros mismos:

a) Quiero subrayar algunas cosas que el partido debe tener bien en cuenta, para que cada comunista trabaje con prudencia y no espere directrices desde arriba sobre cada posición. Las posiciones del partido, de los comunistas y los cuadros deben orientarse por las directrices del Congreso, del Comité Central, del Buró Político y del Gobierno. Se expresan claramente en los documentos y en nuestra prensa diaria, por tanto asimilémoslas y guiémonos por ellas.

b) La línea de lucha contra el imperialismo y el revisionismo moderno por parte de nuestro partido es correcta, de modo que hay que marchar con firmeza por ese camino, porque es decisivo.

c) Las relaciones económicas y de amistad se mantendrán y se desarrollarán por nuestra parte únicamente en el correcto camino marxista-leninista.

d) El culto a Mao Zedong, a quienquiera que sea, debe ser combatido y en nuestro país todo debe marchar como antes, por el camino marxista-leninista. En esto ni la más mínima concesión, ni el más mínimo oportunismo. Ante las justas posiciones de nuestro partido, los camaradas chinos deben tener clara esta cuestión. Incluso, sino la tienen clara o si les molesta, nosotros no podemos actuar de otro modo, porque esta es una cuestión de principios. Respetamos a Mao Zedong en el camino y en las normas marxista-leninistas. Utilizaremos respecto a él sólo las definiciones oficiales de nuestro partido.

e) Como habéis constatado, nuestra prensa no habla de la «revolución cultural proletaria» china de la manera y en las formas en que lo hace la propaganda china, pues nosotros, camaraderilmente, sin exacerbar nada, hemos evitado esto por las razones arriba mencionadas. Es posible e incluso probable que a los camaradas chinos no les haya gustado esto, pero nosotros no podemos actuar de otra manera hasta que todo sea más claro y justo en nuestra opinión.

f) La propaganda sobre China en nuestro país, sobre sus éxitos en todos los aspectos, incluida la cultura, las obras de Mao Zedong, etc., debe desarrollarse sobre la base de normas justas como hasta hoy y debe evitar con tacto toda demanda de exceso por parte de los camaradas chinos, evitar las concesiones y los sectarismos, porque ni las primeras ni los segundos sirven a nuestra gran causa, que, en bien del comunismo tenemos el deber de templar por el justo camino marxista-leninista.

Con el informe que vamos a presentar ante el congreso, pienso que al determinar nuestra línea respecto a numerosas cuestiones, determinamos indirectamente también algunas de estas posiciones sobre los puntos de vista de los camaradas chinos, quienes por decirlo así, deben tomar esas posiciones como objeciones nuestras sobre todo respecto al culto y a la «revolución cultural proletaria» tal como los concebimos nosotros. Vendrá a nuestro Congreso una delegación del Partido Comunista de China y tenemos la esperanza de aclarar aún más estos problemas en tanto que camaradas». (Enver HoxhaAlgunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» china; Reflexiones sobre China, Tomo I, 14 de octubre de 1966)

Anotaciones de Enver Hoxha:

[1] Este pleno se desarrolló con el fin de examinar y aprobar el informe que sería presentado ante el Vº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1966, pero el camarada Enver Hoxha fuera del orden del día pronunció ante el pleno el discurso: «Algunas opiniones previas sobre la «revolución cultural proletaria» China» acerca del que había recibido también la aprobación del Buró Político del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, en la reunión del 10 y 11 de octubre de 1966.

[2] Los dirigentes chinos calificaron la destitución de Nikita Jruschov como un «cambio radical», saludaron este cambio a través de un telegrama dirigido a la nueva dirección revisionista soviética y decidieron, enviar a Moscú una delegación de partido y gubernamental para asistir a los festejos del 7 de noviembre. Trataron de imponer esta misma actitud al Partido del Trabajo de Albania a través de Chou En-lai, quien solicitó al embajador de la República Popular de Albania en Pekín que informara de que «había propuesto a los soviéticos que invitaran también a Albania a los festejos del 7 de noviembre». Insistió en que «los camaradas albaneses» enviasen allí una delegación de partido y gubernamental. El Partido del Trabajo de Albania rechazó esta propuesta mediante una carta especial dirigida al Comité Central del Partido Comunista de China:

«Opinamos –se señalaba en la carta– que no es permisible para nosotros que en estas condiciones en las que el gobierno soviético ha roto por propia iniciativa las relaciones diplomáticas y ha perpetrado contra nosotros monstruosos actos antimarxistas, ignorar estas cosas, solo por el hecho de que fue eliminada la persona de Jruschov». (Carta del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania al Comité Central del Partido Comunista de China, 1964)

Chou En-lai fue a Moscú con la misión de unirse con los nuevos dirigentes soviéticos, pero sufrió un vergonzoso fracaso. Véase en el libro de Enver Hoxha: «Reflexiones sobre China», en el Tomo I los escritos: «De ninguna manera podemos reconciliarnos con estos puntos de vista de Chou En-lai» del 31 de octubre de 1964, y «La derrota de Chou En-lai en Moscú» del 21 de noviembre de 1964.

[3] Véase en el libro de Enver Hoxha: «Reflexiones sobre China», en el Tomo I el escrito: «Un documento de dieciséis puntos sobre la revolución cultural ha sido aprobado» del 26 de agosto de 1966.

[4] Se trata de los guardias rojos, que eran escolares.

[5] Así se la consideraba en esa época.

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