«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 23 de octubre de 2014

¿Por qué tanto escepticismo de Stalin sobre el revisionista Mao Zedong?


«Incluso para estos ideólogos burgueses, se dieron cuenta «de las reservas de Stalin sobre la revolución China». Algo que coincide con la propia impresión de Mao Zedong de 1956:

«Al triunfo de la guerra [Stalin], tuvo la sospecha de que la nuestra era una victoria al estilo Tito y ejerció, en los años 1949 y 1950, una presión muy grande sobre nosotros». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones: Obras escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

¿Por qué tanto escepticismo? [1] En primer lugar, es esencial recordar que en 1927 Stalin denomina de desviación dañina en el movimiento revolucionario chino al:

«Liquidacionismo de derecha que ignora los objetivos de clase independiente del proletariado chino que lleva a la fusión con el amorfo movimiento nacional democrático general». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional y colonial, 1934)

Esta desviación fue, como hemos mostrado, la línea general de la «nueva democracia». Debemos de recordar también las luchas de Iósif Stalin contra Nikolái Bujarin, quién también abogó en su momento por la «integración de los elementos burgueses en el socialismo»:

«Stalin: Bujarin no dice «un cuerpo extraño», sino «hasta cierto punto, un cuerpo extraño». Es decir, que los kulaks y los concesionarios son, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño dentro del sistema del socialismo. Pero el error de Bujarin consiste, precisamente, en esto, en creer que los kulaks y los concesionarios se integran en el socialismo a pesar de ser, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño. He ahí a qué estupideces lleva la teoría de Bujarin. Los capitalistas de la ciudad y del campo, los kulaks y los concesionarios, integrándose en el socialismo: hasta esa estupidez ha llegado Bujarin. No, camaradas, no es ése el «socialismo» que nosotros necesitamos. Que se quede con él Bujarin. Hasta ahora, los marxistas-leninistas habíamos pensado que entre los capitalistas de la ciudad y del campo, de una parte, y, de otra parte, la clase obrera, existe un antagonismo irreconciliable de intereses. En ello, precisamente, descansa la teoría marxista de la lucha de clases. Pero ahora, según la teoría de Bujarin acerca de la integración pacífica de los capitalistas en el socialismo, todo esto se trastoca, desaparece el antagonismo irreconciliable entre los intereses de clase de los explotadores y de los explotados, y los explotadores se integran en el socialismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

Para Iósif Stalin, el concepto de la «integración de elementos burgueses en el socialismo», era la antítesis de la lucha de clases, ¿y qué marxista se atreve a reclamar lo contrario? Stalin llegó a la conclusión:

«Pero si los capitalistas de la ciudad y del campo, si el kulak y el concesionario se van integrando en el socialismo, ¿para qué falta hace la dictadura del proletariado?; y si hace falta, ¿para aplastar a qué clase?». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la desviación derechista en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1929)

Esta es precisamente toda la línea general que constituye la base del maoísmo, es la esencia que hace a Mao Zedong un revisionista y a la revolución china de 1949, una revolución democrático-burguesa anticolonial y antifeudal. Ver allí «socialismo», es no haber comprendido nada de marxismo, es descender al nivel de nacionalismo burgués y al nivel del bujarinismo, es mitificar al proletariado y en primer lugar el proletariado chino. En cuanto a qué clase reprime y qué clase es reprimida desde 1949 en China, la respuesta debería ser obvia para cualquier marxista: sólo la clase que tiene los medios de producción detenta realmente el poder económico y político. ¿El Estado chino de «nueva democracia» podía ser otra cosa que una dictadura de la burguesía nacional sobre el proletariado chino?». (Vincent Gouysse; El socialismo de características china: ¿socialismo o nacionalismo burgués; 2007)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Si se quiere obtener más información sobre la desconfianza de Stalin sobre Mao Zedong, recomendamos leer la obra de este blog: 
«Desmontando mitos: Mao Zedong ese liberal pro estadounidense e ídolo de Earl Browder» de 2014.

Stalin diría al propio Mao Zedong:

«Usted habla de «chinificación del socialismo». No existe de esa naturaleza. No existe el socialismo inglés, francés, alemán, italiano, ruso, como no existe el socialismo chino. Otra cosa es, que en la construcción del socialismo, es necesario tener en cuenta las características específicas de un determinado país. El socialismo es una ciencia, y necesariamente tiene como toda ciencia, ciertas leyes generales, y uno solo necesita ignorar tales leyes para que la construcción del socialismo esté destinada al fracaso. (...) Si usted entiende todo esto con la construcción del socialismo en China la cosa irá bien. Si usted no lo entiende va a hacer mucho daño al movimiento comunista internacional. Por lo que yo sé, en el Partido Comunista de China hay una capa delgada de proletarios y los sentimientos nacionalistas son muy fuertes y si no llevan a cabo estas políticas de clase genuinamente marxista-leninistas y no llevan a cabo la lucha contra el nacionalismo burgués, los nacionalistas los estrangularan. Entonces no solo se dará por terminada la construcción socialista, sino que China puede que se convierta en un peligroso juguete en manos de los imperialistas estadounidenses. Os recomiendo encarecidamente a utilizar la espléndida obra de Lenin: «Las tareas inmediatas del poder soviético» de 1918. Esto aseguraría el éxito». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Obras Completas, Tomo 18, Anotaciones en la obra «De la conversación con la delegación del Comité Central del PCCh en Moscú el 11 de julio 1949», conversación entre Stalin y Mao Zedong, 1949)

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