«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 9 de noviembre de 2014

A los marxista-leninistas no nos es indiferente el régimen político que impere

Manifestaciones en Inglaterra contra el encarcelamiento de Georgi Dimitrov por el Incendio del Reichstag de 1933

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Pero hoy millones de trabajadores, que viven bajo las condiciones del capitalismo, tienen necesariamente que determinar su actitud ante las formas que adquiere en los diversos países la dominación de la burguesía. Nosotros no somos anarquistas, y no puede en modo alguno sernos indiferente qué régimen político impera en un país dado: si la dictadura burguesa, aunque sea con los derechos y las libertades más restringidos, o la dictadura burguesa, en su forma descarada, fascista. Sin dejar de ser partidarios de la democracia soviética, defenderemos palmo a palmo las condiciones democráticas arrancadas por la clase obrera en años de lucha tenaz, y nos batiremos decididamente por ampliarlas.

¡Cuántas víctimas costó a la clase obrera de Inglaterra conseguir el derecho de huelga, la existencia legal de sus tradeuniones, la libertad de reunión y de prensa, la ampliación al derecho al sufragio, etc.! ¡Cuántas decenas de miles de obreros dieron su vida en los combates revolucionarios de Francia, a lo largo del siglo XIX, hasta conseguir arrancar los derechos elementales y la posibilidad legal de organizar sus fuerzas para lucha contra sus explotadores! El proletariado de todos los países derramó mucha sangre para conquistar las libertades democrático-burguesas, y se comprende que luche con todas sus fuerzas para conservarlas.

Nuestra actitud ante la democracia burguesa no es la misma en todas las circunstancias. Así por ejemplo, durante la Revolución de Octubre de 1917 los bolcheviques rusos libraron una lucha, a vida o muerte, contra todos los partidos políticos que se alzaban contra la instauración de la dictadura del proletariado, bajo la bandera de la defensa de la democracia burguesa. Los bolcheviques luchaban contra estos partidos, porque la bandera de la democracia burguesa era entonces el banderín de enganche de todas las fuerzas contrarrevolucionarias para luchar contra el triunfo del proletariado. Otra es hoy la situación en los países capitalistas. Hoy, la contrarrevolución fascista ataca a la democracia burguesa, esforzándose por someter a los trabajadores al régimen más bárbaro de explotación y de aplastamiento. Hoy las masas trabajadoras de  una serie de países capitalistas se ven obligados a escoger, concretamente para el día de hoy, no entre la dictadura del proletariado y la democracia burguesa, sino entre la democracia burguesa y el fascismo.

Además, hoy la situación no es la que existía por ejemplo, en la época de estabilización del capitalismo. En ese momento no había un peligro tan inminente de fascismo como en los tiempos presentes. En aquella época, los obreros revolucionarios tenían entre sí, en una serie de países, la dictadura burguesa en forma de democracia burguesa, contra la cual concentraban su fuego principal. En Alemania luchaban contra la República de Weimar, no porque fuese una república, sino porque era una república burguesa que aplastaba el movimiento revolucionario del proletariado, particularmente en los años 1918-1920, 1923.

¿Pero podían los comunistas seguir manteniéndose en esa posición cuando el movimiento fascista empezaba a levantar su cabeza; cuando, por ejemplo, en 1932, en Alemania, los fascistas organizaban y armaban a cientos de miles de individuos de las secciones de asalto contra la clase obrera? Claro que no. El error de los comunistas, en una serie de países y en particular en Alemania, consistió en que no tuvieron en cuenta los cambios que se operaban, sino que continuaban repitiendo consignas y se aferraban a posiciones tácticas que habían sido justas unos años antes, sobre todo en momentos en que la lucha por la dictadura proletaria adquiría un carácter de actualidad y en que, bajo la bandera de la República de Weimar, se agrupaba, como ocurrió en 1918-1920, toda la contrarrevolución alemana.

Y el hecho de que todavía hoy se manifieste en nuestras filas el miedo que existe ante el planteamiento positivo de reivindicaciones democráticas, sólo confirma una cosa: hasta qué punto nuestras camaradas no han asimilado todavía el método marxista-leninista en el modo de abordar un problema tan importante de nuestra táctica». (Georgi DimitrovPor la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern13 de agosto de 1935)

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