«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 11 de marzo de 2015

La lucha de fracciones y líneas: la espada de Damocles en los partidos de este tipo; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Gerardo Iglesias y Santiago Carrillo, las dos cabezas principales de la lucha fraccionaria del PCE en los 80

«
A consecuencia de los dos puntos anteriores: 1) la no necesidad de una unión ideológica entre sus miembros; y 2) la no necesidad de un partido proletario que hegemonice el proceso para enfrentar las tareas correspondientes según el país, se da vía libre a otra caracterización y peligro interno en estos partidos: la libre  actuación de fracciones y líneas en el partido.

Hay que recordar que el eurocomunismo precisamente pereció –en el plano oficial claro– en los partidos revisionistas occidentales entre otros factores, porque debido a sus características no prohibía la proliferación de fracciones y líneas lo que acarreó una constante lucha de poder:

«El surgimiento del eurocomunismo fue anunciado con gran ruido por la burguesía, que se forjó ilusiones de que su ideología reformista eclipsaría la ideología revolucionaria del marxismo-leninismo. Esperaba que el eurocomunismo alcanzaría una gran difusión y se convertiría en una bandera que uniría a todos los revisionistas, del Oeste y del Este. Pero el fracaso fue rotundo. En los propios partidos eurocomunistas proliferaron las fracciones y divisiones; entre los diversos partidos eurocomunistas comenzó la lucha por el liderazgo. Las disputas y las divergencias con el resto de los partidos revisionistas pasaron a ser aún mayores. El partido de Marchais abandonó el campo eurocomunista y se aproxima cada vez más a los revisionistas soviéticos. El Partido Comunista de España se ha dividido en diversas fracciones, en eurocomunistas ortodoxos y heréticos, en prosoviéticos y antisoviéticos. Por su parte el partido de Berlinguer está atravesando una grave crisis ideológica y política. Y lo que es más importante, los partidos eurocomunistas han perdido gran parte de la influencia que tenían entre las masas, cosa que puede verse en sus sucesivas derrotas en las elecciones, a las que consideran su caballo de batalla». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

El mismo Partido Comunista de Italia de Enrico Berlinguer, igual que el Partido Comunista Francés de Georges Marchais o el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo, se tuvo que enfrentar constantemente a varias fracciones, sobre todo pro soviéticas, por culpa de su concepto de partido. Decimos que sobre todo de corte pro revisionismo soviético porque los miembros marxista-leninistas en su mayoría ya se habían marchado a título individual o escindido en grupo anteriormente, cuando en los 70 llega la institucionalización del eurocomunismo en estos partidos se puede decir que no existían marxista-leninistas en estos partidos, y los que se daban cuenta de la política traidora del eurocomunismo rápidamente abandonaban el partido. Tampoco sería extraño en los 80, 90 y después, el retorno de viejos escindidos revisionistas a estos partidos si sucedía que la cabeza del partido eurocomunista era relevada –Marchais, Carrillo– o fallecía –Berlinguer–, creían que con que el jefe de partido perdiera cuotas de poder, o directamente con que fuera expulsado del partido, el revisionismo se terminaba en todo el partido y en todos sus miembros, algo así como la falsa creencia de los 60 de que «ahora sin Jruschov y con la llegada de Brézhnev en el puesto de Secretario General, el PCUS se había librado del revisionismo», no hace falta decir que solo pensaban así los metafísicos y oportunistas. Analicemos ahora, las luchas fraccionarias en estos partidos.

Mientras el Partido Comunista Italiano de Berlinguer logró mantener a raya a la fracción pro soviética de Armando Cossutta, no sin dificultades, a la muerte de Berlinguer en 1984 empezaría un verdadero caos por el control del partido, poco después, la corriente pro Berlinguer de Achille Occhetto disolvió el partido y fundó el socialdemócrata Partido Democrático de la Izquierda en 1991 mientras que Armando Cossutta respondería fundando el Partido de la Refundación Comunista, ambos partidos de corte extremadamente revisionista. En el caso del Partido Comunista Francés de Georges Marchais jamás tuvo una posición firme sobre nada de calado ya desde la época de Maurice Thorez, e iba reaccionando tarde y dando tumbos en sus posiciones: la posición eurocomunista distante hacia los revisionistas soviéticos de George Marchais en los 70 era la menos distante dentro de los partidos revisionistas occidentales, finalmente en el XXIVº Congreso del Partido Comunista Francés de 1982 se caracterizaría por un giro pro soviético del propio Marchais y el partido, en 1991 Marchais resistiría a los llamados renovadores que querían disolver el partido como había pasado en Italia y oficializar un nuevo partido como socialdemócrata; finalmente cuando en el XXVº Congreso del Partido Comunista Francés de 1994 Georges Marchais abandona el partido, sus sucesores, Robert Hue y siguientes, abandonarían lo que ellos llamaban «los errores y dogmas stalinistas del eurocomunismo de Marchais». En el caso del Partido Comunista de España las diferentes fracciones lograrían poner en aprietos a Carrillo durante muchos años, hasta que a la entrada de los 80 por sus diferentes fracasos en las elecciones generales –que para ellos era lo importante para ver el éxito de la agrupación– Carrillo cediera ante los renovadores de Gerardo Iglesias el puesto de Secretario General en 1982, poco a poco se sucederían más escisiones como la del pro soviético Partido Comunista de los Pueblos de España de Ignacio Gallego en 1984, que era «una más» a la larga lista de escisiones en los 60 y 70, ya para 1985 se vería la propia expulsión de Santiago Carrillo del partido. En 1986 el Partido Comunista de España se integraría en la coalición de partidos que conocemos como Izquierda Unida, una unión de varios partidos de variopinta procedencia donde se respetaba la autonomía de cada partido comandada por Gerardo Iglesias, partido que a día de hoy no se diferencia en su programa de su competidor Podemos, y que siempre ha guardado una estrecha relación de amistad y apoyo a SYRIZA incluyendo la unión de ambos en el Parlamento Europeo bajo el conocido como Partido de la Izquierda Europea.

Por supuesto eso no significaba que el eurocomunismo no expulsara a miembros, fracciones y líneas de su partido si la cúpula eurocomunista lo veía necesario para su propia subsistencia el problema para sus intereses es que no siempre veían esto a  tiempo, aunque no es menos cierto que en estos partidos dominados por los eurocomunistas como en los partidos socialdemócratas de sus mismos países no estaba prohibido ni las fracciones ni las líneas, e incluso eran bienvenidas como escaparate de «pluralidad y democracia interna» mientras no se opusieran con vehemencia a las decisiones de los jefes de partido eurocomunistas ni intentaran suplantarlos. Esto es lo que sería catalogado por los marxista-leninistas muy correctamente, ya en años del Partido Comunista Italiano de Togliatti, como «luchas entre clanes»:

«Por más esfuerzos que hagan los revisionistas, jamás podrá haber unidad entre ellos. Nunca hasta hoy se ha podido establecer unidad alguna sobre la base de la traición a la revolución y al marxismo- leninismo, o sobre la base de la lucha contra ellos. Y esto es así tanto en lo que se refiere a las relaciones entre diversos partidos revisionistas, como a la unidad entre el seno de cada uno de ellos. Esto ha sido perfectamente confirmado por el último congreso del partido revisionista italiano. Siguiendo el ejemplo de los partidos burgueses especialmente de los partidos socialdemócratas, el partido revisionista italiano se ha dividido en las más diversas fracciones, cada una con su propia plataforma ideológica y política, con sus simpatizantes y sostenedores dentro y fuera del partido y que disputan y pelean entre sí por lograr el predominio y posiciones privilegiadas. En esta situación, la línea y las actitudes del partido tendrán cada vez menos en cuenta la opinión de las masas y de los militantes de base, e irán adaptándose progresivamente a la correlación de fuerzas, a los compromisos y concesiones mutuas entre dichas fracciones». (Enver Hoxha; La integración en la burguesía, nuevo rumbo del XIIº Congreso de los revisionistas italianos, 2 de marzo de 1969)

Y es debido a esta política liberal de permisión de «luchas entre clanes» que a gran parte de estos partidos eurocomunistas les suplantaran otras fracciones no eurocomunistas –del tipo que fueran– en la cúpula del partido, claro estaba, que los eurocomunistas intentaban cortar de raíz esto antes de que tal cosa pasara, pero como hemos visto en muchos no pudieron evitar que la Espada de Damocles les pillara de lleno. Pese al derribo de las camarillas eurocomunistas en estos partidos revisionistas: como es el caso de la expulsión del grupo carrillista-eurocomunista del Partido Comunista de España, luego integrado en Izquierda Unida, no supuso ni mucho menos que el partido dejara de practicar el eurocomunismo consciente o inconscientemente, aunque se criticara al carrillismo eurocomunista y que poco después se dijera que el partido se había liberado de sus errores, se seguían adoptando las teorías y prácticas no sólo de Santiago Carrillo sino de otros ex líderes eurocomunistas como Berlinguer o Marchais.

Obviamente en un partido marxista-leninista como no está aislado de los fenómenos de su propia sociedad y del cerco imperialista-revisionista existe el peligro de la creación de fracciones y líneas, pero precisamente el deber de los revolucionarios marxista-leninistas es impedir las manifestaciones de la ideología burguesa y pequeño burguesa y la cristalización de fracciones y líneas en el partido en base a estas ideologías:

«La lucha entre el camino socialista y el camino capitalista de desarrollo, que incluye la lucha entre la ideología proletaria y la ideología revisionista, es una ley objetiva, mientras que la lucha entre líneas políticas opuestas es un fenómeno subjetivo, que surge y se desarrolla sólo en ciertas condiciones, cuando el Partido permite que se creen tendencias fraccionalistas y líneas antimarxistas en su seno. Estas tendencias y líneas revisionistas oposicionistas, por lo general, logran cristalizar cuando el partido de la clase obrera no emprende una correcta, resuelta y consecuente lucha de clase en sus filas, en todo momento». (Ndreçi Plasari; La lucha de clases en el seno del Partido: Una garantía de que el Partido seguirá siendo siempre un partido revolucionario de la clase obrera, 1978)

Ya en las primeras semanas de su mandato en el gobierno, hemos podido ser testigos de la crítica interna de varios miembros de SYRIZA a la cúpula, los cuales están descontentos con su organización y con la actuación de Alexis Tsipras. Algunos personajes que habían apoyado la formación se han indignado apoyándose en que el gobierno de SYRIZA ha rebajado el lenguaje contra las instituciones que decía luchar, y que ha renunciado a cumplir con su programa a cambio de conseguir un nuevo rescate. Entre ellos Manolis Glezos quién es considerado héroe antifascista en la lucha contra el nazismo, decía hace poco:

«Renombrar a la Troika como «instituciones» y al memorándum como «acuerdo», y a los prestamistas como «socios», de la misma forma que llamas pescado a la carne, no cambia la situación anterior. Tampoco cambia desde luego el sentido del voto del pueblo griego en las elecciones del 25 de enero de 2015. El pueblo votó lo que Syriza había prometido. Anulamos el statu quo de la austeridad, que no es sólo la estrategia de la oligarquía alemana y de los prestamistas europeos, sino también de la oligarquía griega. Anulamos el memorándum y la troika, así como todas las leyes de la austeridad. Al día siguiente de las elecciones, con una sola ley anulamos la Troika y sus consecuencias. Sin embargo, ha pasado un mes y esto no se ha convertido aún en realidad. Una pena, una auténtica pena. Por mi parte, PIDO DISCULPAS al pueblo griego, porque yo también tomé parte en la creación de esta ilusión». (Manolis Glezos; Artículo, 22 de febrero de 2015)

Con estos reclamos nadie debería asustarse si SYRIZA, como «partido multitendencia», le pasa como a otros partidos revisionistas que en su proceso de degeneración hacia la institución oficial como partido reformista socialdemócrata y el devenir de los acontecimientos hace que dicho partido se comprima el solo en una lucha de fracciones y líneas que de pie a que el partido: 1) se autodisuelva; 2) que se disuelva en un partido oficialmente socialdemócrata; 3) que veamos al viejo partido revisionista refundando en un nuevo partido bajo la oficialidad socialdemócrata; 4) o que seamos testigos de una nueva unión de partidos.

Una crisis por la mala gestión gubernamental, o la pérdida del poder en las próximas elecciones, o la no vuelta al poder y la sucesión de años en la oposición podría azuzar la lucha interior en SYRIZA y derivar en lo ya expresado». (Equipo de Bitácora (M-L)¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?2015)

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