«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 18 de abril de 2015

El «Pensamiento Mao Zedong», teoría antimarxista; Enver Hoxha, 1978


«La situación actual en el Partido Comunista de China, sus numerosos zigzags y sus posturas tambaleantes, oportunistas, los frecuentes cambios en la estrategia, la política que ha seguido y sigue su dirección para hacer de China una superpotencia, plantean de manera completamente natural el problema del lugar y del papel de Mao Zedong y de sus ideas, del llamado «Pensamiento Mao Zedong» en la revolución china.

El «Pensamiento Mao Zedong» es una «teoría» desprovista de los rasgos del marxismo-leninismo. Todos los dirigentes chinos, tanto los que estuvieron antes en el poder, como quienes lo han tomado actualmente, para llevar a la práctica sus planes contrarrevolucionarios, han especulado y especulan con el «Pensamiento Mao Zedong» en las formas de organización y los métodos de acción, en los fines estratégicos y tácticos.

Nuestras opiniones y nuestra convicción sobre el peligro que representa el «Pensamiento Mao Zedong», nosotros, los comunistas albaneses, las hemos formado gradualmente viendo la actividad sospechosa, las actitudes vacilantes y contradictorias, la ausencia de los principios y el pragmatismo de la política interior y exterior china, la desviación del marxismo-leninismo y la utilización de frases izquierdistas para disfrazarse. Cuando se fundó nuestro partido, durante la Lucha de Liberación Nacional, así como después de la Liberación, nuestra gente tenía conocimientos muy escasos sobre China. Pero, al igual que todos los revolucionarios del mundo, también nosotros habíamos formado una opinión progresista acerca de ella: «China es un gran continente, China lucha, en China bulle la revolución contra el imperialismo extranjero, contra las concesiones», etc., etc. En general, sabíamos algo sobre la actividad de Sun Yat-sen, sobre sus vínculos y su amistad con la Unión Soviética y con Lenin; por último sabíamos algo sobre el Kuomintang, conocíamos la lucha del pueblo chino contra los japoneses y la existencia del Partido Comunista de China, que era considerado como un partido grande, con un marxista-leninista a la cabeza, Mao Zedong. Y eso era todo.

Sólo después de 1956, nuestro partido tuvo los contactos más estrechos con los chinos. Estos contactos vinieron multiplicándose a causa de la lucha que nuestro partido desarrolló contra el revisionismo moderno jruschovista. En aquel entonces nuestros contactos con el Partido Comunista de China o, más exactamente, con sus cuadros dirigentes, se hicieron más frecuentes y más cercanos, sobre todo cuando el mismo Partido Comunista de China entró en abierto conflicto con los revisionistas jruschovistas. Pero debemos reconocer que, en las entrevistas que hemos mantenido con los dirigentes chinos, a pesar de que han sido buenas y camaraderiles, China, Mao Zedong y el Partido Comunista de China quedaban, en cierta medida, como un gran enigma para nosotros.

Pero, ¿por qué China, su Partido Comunista y Mao Zedong eran un enigma? Lo eran porque muchas posturas, no sólo generales, sino también personales de los dirigentes chinos sobre una serie de grandes problemas políticos, ideológicos, militares y organizativos, oscilaban unas veces hacia la derecha y otras hacia la izquierda. En unas ocasiones se mostraban decididos, en otras indecisos, de cuando en cuando también mantenían posiciones correctas, pero en la mayoría de los casos saltaban a la vista sus actitudes oportunistas. La política china, en general, a lo largo de todo el período en que vivió Mao Zedong, ha sido vacilante, era una política de coyunturas, carecía de la columna vertebral marxista-leninista. Un día se hablaba de una manera acerca de un problema político importante, y al día siguiente se hacía de otra. En la política china no se podía encontrar un hilo conductor estable y consecuente.

Naturalmente, todas estas posturas llamaban nuestra atención y no las aprobábamos, sin embargo, en la medida en que conocíamos la actividad de Mao Zedong, participábamos de la opinión general de que era un marxista-leninista. Sobre muchas tesis de Mao Zedong, tales como la de tratar las contradicciones entre el proletariado y la burguesía como contradicciones no antagónicas, la tesis de la existencia de las clases antagónicas durante todo el período del socialismo [véase la obra de Enver Hoxha: «Nuestro partido desarrollará como siempre con consecuencia, audacia y madurez la lucha de clases»; De una conversación con Chou En-lai; Obras Escogidas, Tomo IV, 24 de junio de 1966 - Anotación de E. H.], la tesis de que «el campo debe asediar la ciudad», que da carácter absoluto al papel del campesinado en la revolución, etc., teníamos nuestras reservas y nuestros puntos de vista marxista-leninistas, que, cuando se ha presentado la ocasión, hemos manifestado a los dirigentes chinos. En tanto que otras concepciones y posiciones políticas de Mao Zedong y del Partido Comunista de China, incompatibles con las concepciones y las posiciones marxista-leninistas de nuestro partido, las considerábamos como tácticas provisionales de un gran Estado dictadas por determinadas situaciones. Pero, con el tiempo, se hacía cada vez más evidente que las actitudes del Partido Comunista de China no eran sólo tácticas.

Nuestro partido, analizando los hechos, llegó a algunas conclusiones generales y particulares, que lo indujeron a estar vigilante, pero evitaba la polémica con el Partido Comunista de China y con los dirigentes chinos, no porque temiese polemizar, sino porque los datos de que disponía sobre el camino erróneo, antimarxista, de este partido y del propio Mao Zedong no eran completos, estos datos no permitían aún sacar conclusiones rotundas. Por otro lado, durante un tiempo el Partido Comunista de China se opuso al imperialismo estadounidense y a la reacción. Asimismo se puso en contra del revisionismo jruschovista soviético, a pesar de que ahora está claro que su lucha contra este revisionismo no estaba dictada por correctas posiciones de principio marxista-leninistas.

Además, no hemos tenido datos completos sobre la vida interna política, económica, cultural, social, etc., de China. La organización del partido y del Estado chinos siempre ha permanecido cerrada para nosotros. Por su parte, el Partido Comunista del China no nos ha dado ninguna posibilidad de estudiar las formas de organización del partido y del Estado chinos. Los comunistas albaneses estábamos al corriente únicamente de cierta organización estatal general de China y nada más, porque no se nos daba la oportunidad de conocer la experiencia del partido en China, de ver cómo actuaba, cómo estaba organizado, qué direcciones había tomado el desarrollo del trabajo en diversos sectores y cuáles eran en concreto estas direcciones.

Los dirigentes chinos han obrado astutamente. No han hecho públicos muchos documentos necesarios para conocer la actividad del partido y del Estado. Se guardaban y se guardan mucho de publicar sus documentos. Incluso los escasos documentos publicados de que se dispone, son fragmentarios. Mientras que los cuatro tomos con las obras de Mao Zedong, que pueden considerarse oficiales, no sólo contienen materiales escritos hasta 1949, sino que además han sido compuestos cuidadosamente, de manera que no aparecen con exactitud las situaciones reales que se han desarrollado en China.

La presentación política y teórica de los problemas en la prensa china, por no hablar de la literatura, que era totalmente confusa, sólo tenía carácter propagandístico. Los artículos estaban repletos de fórmulas estereotipadas típicamente chinas, enunciadas aritméticamente, tales como «las tres cosas buenas y las cinco malas», «las cuatro cosas viejas y las cuatro nuevas», «las dos advertencias y los cinco controles de sí mismo», «las tres cosas verdaderas y las siete falsas», etc., etc. El enjuiciamiento desde el punto de vista «teórico» de estas cifras aritméticas era difícil para nosotros que estamos acostumbrados a pensar, actuar y escribir según la teoría y la cultura marxista-leninista tradicional.

Los dirigentes chinos nunca invitaron a nuestro partido para que enviase alguna delegación a estudiar su experiencia. Incluso cuando alguna delegación, a petición de nuestro partido, ha viajado a China, más que darle alguna explicación o experiencia sobre el trabajo del partido se han dedicado a hacerle propaganda y a llevarla de un sitio a otro visitando comunas y fábricas. Y ¿con quiénes mantenían esta actitud rara? Con nosotros los albaneses, sus amigos, que les hemos defendido en las más difíciles situaciones. Para nosotros, todos estos actos eran incomprensibles, pero a la vez eran una señal de que el Partido Comunista de China no quería darnos una imagen clara de su situación.

Pero lo que más llamó la atención de nuestro partido fue la «Revolución Cultural», sobre la cual se nos presentaron varias grandes interrogantes. A lo largo de la «Revolución Cultural», que desencadenó Mao Zedong, en la actividad del Partido Comunista de China y del Estado chino se observaron ideas y hechos políticos, ideológicos y organizativos extraños que no estaban fundados en las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin. La apreciación de los actos dudosos habidos anteriormente, así como de los que se constataron durante la Revolución Cultural», pero sobre todo de los acontecimientos registrados después de esta revolución hasta el presente, los cambios en la dirección, la subida y la bajada de uno y otro grupo, hoy del grupo de Lin Piao, mañana del de Deng Xiaoping, o de un Hua Kuo-feng, etc., cada uno con su propia plataforma opuesta a la del otro, la apreciación de todo esto indujo a nuestro partido a profundizar todavía más en las concepciones y la práctica de Mao Zedong y del Partido Comunista de China, a adquirir un conocimiento más completo del «Pensamiento Mao Zedong». No nos parecía una conducta revolucionaría el que esta «Revolución Cultural» no estuviese dirigida por el partido, sino que fuese una explosión caótica tras un llamamiento que hizo Mao Zedong. La autoridad de Mao Zedong en China hizo que se levantasen millones de jóvenes no organizados, estudiantes y escolares, que marcharan hacia Pekín, hacía los comités del partido y del poder, disolviéndolos. Se decía que estos jóvenes representaban en aquel entonces en China la «ideología proletaria» y que ¡enseñarían al partido y a los proletarios el «verdadero» camino!

Una revolución de este tipo, de acentuado carácter político, fue llamada cultural. Para nuestro partido esta denominación era inexacta, porque en realidad en China se había desatado un movimiento político y no cultural. Pero lo principal era que esta «gran revolución proletaria» no estaba dirigida ni por el partido, ni por el proletariado. Esta grave situación tenía su origen en los viejos conceptos antimarxistas de Mao Zedong que subestiman el papel dirigente del proletariado y sobreestiman a la juventud en la revolución. Mao Zedong había escrito: 

«¿Qué papel ha desempeñado la juventud china a partir de entonces? En cierta medida, un papel de vanguardia, que, salvo los recalcitrantes, todo el país reconoce. ¿En qué consiste ese papel de vanguardia? En tomar la cabeza, en marchar al frente de las filas revolucionarias». (Mao Zedong; La orientación del movimiento juvenil; Obras Escogidas, Tomo II, 4 de mayo de 1939)

Así la clase obrera fue dejada de lado y hubo numerosos casos en que se opuso a los guardias rojos, e incluso se enfrentó con ellos. Nuestros camaradas, que en aquel entonces se encontraban en China, han visto con sus propios ojos a los obreros de las fábricas luchar contra los jóvenes. El partido fue disuelto, fue liquidado, y los comunistas y el proletariado no eran tenidos en cuenta. Esta situación era muy grave.

Nuestro partido apoyó la «Revolución Cultural», porque en China estaban en peligro las conquistas de la revolución. Personalmente Mao Zedong nos dijo que allí el partido y el Estado habían sido usurpados por el grupo renegado de Liu Shao-chi y Deng Xiaoping y que las victorias de la revolución china corrían peligro. En estas condiciones, independientemente de quién era el responsable de que las cosas hubiesen ido tan lejos, nuestro partido apoyó la «Revolución Cultural». Nuestro partido defendió al hermano pueblo chino, la causa de la revolución y del socialismo en China y no la lucha fraccionalista de los grupos antimarxistas que chocaban entre sí y que llegaban incluso a enfrentamientos armados para tomar el poder.

El curso de los acontecimientos demostró que la «Gran Revolución Cultural Proletaria» no era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto proletaria [véase la obra de Enver Hoxha: «¿Puede calificarse la revolución china de revolución proletaria?»; Reflexiones sobre China, Tomo II, 26 de diciembre de 1977 - Anotación de E. H.]. Era un putsch de palacio a nivel «panchino» para liquidar a un puñado de reaccionarios que habían tomado el poder.

Naturalmente, dicha «Revolución Cultural» era una mistificación. Liquidó al mismo Partido Comunista de China e incluso a las organizaciones de masas, y hundió a China en un nuevo caos. Esta revolución fue dirigida por elementos no marxistas, que a su vez fueron liquidados por medio de un putsch militar por otros elementos antimarxistas y fascistas.

En nuestra prensa Mao Zedong ha sido calificado de gran marxista-leninista, pero nunca hemos empleado ni aprobado las definiciones de la propaganda china que llamaba a Mao Zedong clásico del marxismo-leninismo y al «Pensamiento Mao Zedong» su tercera y más alta etapa. Nuestro partido ha considerado incompatible con el marxismo-leninismo el culto desmesurado a Mao Zedong en China.

El desarrollo caótico de la «Revolución Cultural» y sus resultados reforzaron aún más nuestra opinión, todavía no bien cristalizada, de que en China el marxismo-leninismo no era conocido ni aplicado, de que, en el fondo, el Partido Comunista de China y Mao Zedong no sostenían puntos de vista marxista-leninistas, independientemente de su fachada y de los eslóganes que solían emplear, como «por el proletariado, por su dictadura y por la alianza con el campesinado pobre» y muchas más fórmulas análogas.

A la luz de estos acontecimientos nuestro partido empezó a ver más profundamente las causas de las vacilaciones que se habían observado en la actitud de la dirección china hacia el revisionismo jruschovista, como por ejemplo en 1962 cuando buscaba la reconciliación y la unión con los revisionistas soviéticos en nombre de un pretendido frente común contra el imperialismo estadounidense [véase las obras de Enver Hoxha: «Los chinos tienden la mano a Jruschov»; Reflexiones sobre China, Tomo I, 6 de abril de 1962; «China marcha por una vía centrista»; Reflexiones sobre China, Tomo I, 13 de julio de 1962; «Los chinos van hacia la conciliación con los jruschovistas»; Reflexiones sobre China, Tomo I, 2 de julio de 1962; «En la línea china se observan marcadas tendencias a la moderación, a la aprensión y a la pasividad»; Reflexiones sobre China, Tomo I, 10 de julio de 1962; «Los chinos dicen hoy de Jruschov lo que Jruschov decía ayer de Tito»; Reflexiones sobre China, Tomo I, 11 de julio de 1962 más la obra: «Los jruschovistas» de 1980 - Anotación de E. H.].

O en 1964 cuando Chou En-lai, reanudando sus esfuerzos por reconciliarse con los soviéticos, fue a Moscú para saludar la llegada al poder del grupo de Brézhnev [véase las obras de Enver Hoxha: «¿Qué resultados obtuvo Chou En-lai en Moscú?»; Reflexiones sobre China; Tomo I, 15 de noviembre de 1964 y «Derrota de Chou En-lai en Moscú; Reflexiones sobre China, Tomo I, 21 de noviembre de 1964» - Anotación de E. H.]

Estas fluctuaciones no eran casuales, reflejaban la ausencia de los principios y de la consecuencia revolucionaria.

Cuando Richard Nixon fue invitado a China y la dirección china, con Mao Zedong a la cabeza, proclamó la política de aproximarse y unirse al imperialismo estadounidense, quedó patente que la línea y la política chinas estaban en completa oposición al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario. Después, comenzaron a ser más evidentes los objetivos chovinistas y hegemonistas de China. La dirección china empezó a oponerse más abiertamente a las luchas revolucionarias y de liberación de los pueblos, al proletariado mundial y al auténtico movimiento marxista-leninista. Desplegó la llamada teoría de los «tres mundos», que estaba esforzándose por imponer a todo el movimiento marxista-leninista como línea general.

El Partido del Trabajo de Albania, partiendo de los intereses de la revolución y del socialismo, y pensando que los errores que se constataban en la línea del Partido Comunista de China se debían a apreciaciones incorrectas de las situaciones y a una serie de dificultades, más de una vez ha intentado ayudar a la dirección china a corregir y superar estos errores. Nuestro partido ha manifestado abiertamente, de manera sincera y camaraderil, sus puntos de vista a Mao Zedong y a los otras dirigentes chinos, y, sobre una serie de actos de China, que perjudicaban directamente la línea general del movimiento marxista-leninista, los intereses de los pueblos y de la revolución, ha manifestado oficialmente y por escrito sus observaciones y su disconformidad al Comité Central del Partido Comunista de China [véase la obra de Enver Hoxha: «El recibimiento de Nixon en Pekín no es justo, nosotros no lo apoyamos; Carta dirigida al Comité Central del Partido Comunista de China»; Obras Escogidas, Tomo IV, 6 de agosto de 1971 - Anotación de E. H.]

Pero, por parte de la dirección china jamás han sido bien acogidas las justas observaciones de principio de nuestro partido. Nunca nos ha contestado y jamás ha aceptado discutir sobre ellas.

Mientras tanto los actos antimarxistas de la dirección china, tanto en el interior como en el exterior, pasaron a ser más abiertos y evidentes. Todo esto obligó a nuestro partido, así como a todos los demás marxista-leninistas, a reconsiderar la línea del Partido Comunista de China, las concepciones políticas e ideológicas por las que se ha guiado, la actividad concreta y sus consecuencias. Debido a ello, vimos que el «Pensamiento Mao Zedong», que es el que ha guiado y guía al Partido Comunista de China, representa una peligrosa variante del revisionismo moderno, contra la cual es preciso desarrollar una lucha multilateral en el plano teórico y político.


El «Pensamiento Mao Zedong» es una variante del revisionismo


El «Pensamiento Mao Zedong» es una variante del revisionismo, que comenzó a tomar cuerpo ya antes de la Segunda Guerra Mundial, y de manera particular después del 1935, cuando Mao Zedong se afirmó en el poder. En este período Mao Zedong, con sus secuaces, desencadenó una campaña «teórica» bajo la consigna de la lucha contra el «dogmatismo», los «esquemas hechos», los «estereotipos extranjeros», etc., y planteó el problema de elaborar el marxismo nacional, negando el carácter universal del marxismo-leninismo. En lugar del marxismo-leninismo, predicaba la «manera china» de tratar los problemas:

«Dando paso al estilo y espíritu chinos llenos de vida y lozanía; que gustan a la gente sencilla de nuestro país». (Mao Zedong; El papel del Partido Comunista Chino en la guerra nacional; Obras Escogidas, Tomo II, octubre de 1938)

Propagando así la tesis revisionista de que el marxismo debe tener en cada país un contenido peculiar, específico.

El «Pensamiento Mao Zedong» fue proclamado como el grado sumo del marxismo-leninismo en la época actual. Los dirigentes chinos han declarado que «Mao Zedong ha hecho más que Marx, Engels y Lenin». En los Estatutos del Partido Comunista de China, aprobados en su IXº Congreso de 1969, que desarrolló sus trabajas bajo la dirección de Mao Zedong, se dice que:

«El Pensamiento Mao Zedong es el marxismo-leninismo de la era en que el imperialismo se dirige a un colapso total y el socialismo avanza a todo el mundo la victoria. (...) El camarada Mao Zedong ha integrado la verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución, ha heredado, defendido y desarrollado el marxismo-leninismo y la ha llevado a una etapa superior y completamente nueva». (Partido Comunista de China; Estatutos del Partido Comunista de China; Adoptados en el ºIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, 14 de abril de 1969)

El que la actividad del partido se basara no en los principias y las normas del marxismo-leninismo, sino en el «Pensamiento Mao Zedong», abrió aún más las puertas al oportunismo y a la lucha fraccionalista en las filas del Partido Comunista de China.

El «Pensamiento Mao Zedong» es una amalgama de concepciones que mezcla ideas y tesis tomadas de prestado del marxismo con otros principias filosóficos, idealistas, pragmáticos y revisionistas. Sus raíces se remontan a la antigua filosofía china y al pasado político e ideológico de China, a su práctica estatal y militarista.

Todos los dirigentes chinos, tanto los que actualmente han tomado el poder, como aquellas que han estado en él y han sido derrocados, pero que han maniobrado para materializar sus planes contrarrevolucionarios, han tenido y tienen por base ideológica el «Pensamiento Mao Zedong». El propio Mao Zedong ha admitido que su pensamiento puede ser aprovechado por todos, tanto por los de izquierda como por los de derecha, como él llama a los diversos grupos que constituyen la dirección china. En la carta dirigida a Chiang Ching el 8 julio de 1966, Mao Zedong admite que:

«La derecha en el poder puede utilizar mis palabras para hacerse fuerte durante un cierto tiempo, pero la izquierda puede utilizar otras palabras mías y organizarse para derrocar a los de derecha». (Carta de Mao Zedong a Chiang Ching, 8 de julio de 1966. Publicada en «Le Monde», 2 de diciembre de 1972)

Esto demuestra que Mao Zedong no ha sido un marxista-leninista, que sus puntos de vista son eclécticos. Esto resalta en todas las «obras teóricas» de Mao Zedong, que a pesar de estar disfrazadas con fraseología y eslóganes «revolucionarios», no pueden ocultar que el «Pensamiento Mao Zedong» no tiene nada en común con el marxismo-leninismo.

Un vistazo crítico, aunque sea parcial, a los escritos de Mao Zedong, a su manera de tratar los problemas fundamentales relativos al papel del partido comunista, a las cuestiones de la revolución, de la edificación del socialismo, etc., pone completamente al desnudo la diferencia radical entre el «Pensamiento Mao Zedong» y el marxismo-leninismo.


La cuestión de la organización del partido y de su papel dirigente


Tomemos en un comienzo la cuestión de la organización del partido y de su papel dirigente. Mao Zedong pretendía hacer creer que estaba por la aplicación de los principios leninistas acerca del partido, pero si se analizan en concreto sus ideas sobre el partido, y especialmente la práctica diaria de éste, se ve a todas luces que ha substituido los principios y las normas leninistas con tesis revisionistas.

Mao Zedong no ha organizado el Partido Comunista de China sobre la base de los principios de Marx, Engels, Lenin y Stalin. No ha trabajado para hacer de él un partido de tipo leninista, un partido bolchevique. Mao Zedong no estaba por un partido de clase proletario, sino por un partido sin fronteras de clase. Ha utilizado la consigna de hacer masivo el partido para borrar la línea de demarcación entre el partido y la clase. Por consiguiente, en este partido podía entrar y salir cualquiera y cuando quisiera. En este aspecto las concepciones del «Pensamiento Mao Zedong» son idénticas a las de los revisionistas yugoslavos y de los «eurocomunistas».

Paralelamente a esto, Mao Zedong, siempre ha subordinado la construcción, los principios y las normas del partido a sus posiciones y a sus intereses políticos, a su política aventurera, oportunista, unas veces de derecha y otras de izquierda, a la lucha entre las fracciones, etc.

En el Partido Comunista de China no ha existido ni existe la verdadera unidad marxista-leninista de pensamiento y de acción. La lucha entre las fracciones, que ha existido desde la fundación del Partido Comunista de China, ha hecho que en este partido no se instaurara una correcta línea marxista-leninista, que no se guiara por el Pensamiento marxista-leninista. Las diversas tendencias que se manifestaban en los principales dirigentes del partido, unas veces eran de izquierda, otras oportunistas de derecha, algunas veces centristas e incluso llegaban a ser puntos de vista abiertamente anarquistas, chovinistas y racistas. Mientras Mao Zedong y su grupo estuvieron a la cabeza del partido, estas tendencias fueron una de las características distintivas del Partido Comunista de China. El propio Mao Zedong ha predicado la necesidad de la existencia de las «dos líneas» en el partido. Según él, la existencia de ambas líneas y la lucha entre ellas es algo natural, es una expresión de la unidad de los contrarios, es una política elástica que conjuga en sí misma el espíritu de principios y el compromiso:

«Así, actuamos con dos manos: una para la lucha con los camaradas que incurren en errores y la otra para la unidad con ellos. El propósito de la lucha es perseverar en los principios marxistas, lo cual supone la fidelidad a los principios. Esta es una mano; la otra es para velar por la unidad. El propósito de la unidad es dar una salida a esos camaradas, contrayendo compromisos con ellos, lo que significa flexibilidad. La integración de la fidelidad a los principios con la flexibilidad constituye un principio marxista-leninista y es una unidad de contrarios». (Mao Zedong; Método dialéctico para la unidad interna del partido; Parte de una intervención del Camarada Mao Zedong en la Conferencia de Representantes de Partidos Comunistas y Obreros celebrado en Moscú; Obras Escogidas, Tomo IV, 18 de noviembre de 1957)

Estos puntos de vista son diametralmente opuestos a las enseñanzas leninistas sobre el partido comunista como destacamento organizado y de vanguardia, que debe tener una sola línea y una férrea unidad de pensamiento y de acción.

La lucha de clases en el seno del partido, como reflejo de la lucha de clases que se desarrolla fuera del mismo, no tiene nada en común con las concepciones de Mao Zedong sobre las «dos líneas en el partido». El partido no es arena de las diversas clases y de la lucha de las clases antagónicas, no es una reunión de personas con objetivos opuestos. El verdadero partido marxista-leninista es únicamente partido de la clase obrera y se basa en los intereses de esta clase. Este es el factor decisivo para el triunfo de la revolución y la edificación del socialismo. Iósif Stalin, defendiendo los principios leninistas acerca del partido, que no permiten la existencia de numerosas líneas, de corrientes opuestas en el seno del partido comunista, señalaba que:

«El partido comunista es el partido monolítico del proletariado y no el partido de un bloque de elementos de las diversas clases». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre la industrialización del país y la desviación de derecha en el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 28 de noviembre de 1928)

En tanto que Mao Zedong concibe el partido como una unión de clases con intereses opuestos, como una organización en que están enfrentadas y luchan dos fuerzas, el proletariado y la burguesía, el «cuartel general proletario» y el «cuartel general burgués», los cuales deben tener sus representantes en todo el partido, desde la base hasta los más altos órganos dirigentes. Así, en 1956 exigía que fueran elegidos al Comité Central los dirigentes de las fracciones de izquierda y de derecha, presentando a este efecto argumentos tan ingenuos como ridículos:

«Ellos son famosos en el país y en el mundo entero por los errores de línea que cometieron. La razón por la cual los elegimos estriba precisamente en que ellos son famosos. ¡Qué otro remedio hay si gozan de fama y la fama de los que no han cometido errores o sólo han cometido pequeños errores no puede compararse con la suya! En nuestro país, que tiene una gran masa de pequeño burgueses, ellos son sus banderas». (Mao Zedong; Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones, Obras Escogidas, Tomo V,  30 de agosto de 1956)

Renunciando a la lucha de principios en las filas del partido, Mao Zedong hacía el juego a las fracciones, buscaba concertar compromisos con algunas de ellas para oponerse a otras y reforzar así sus posiciones.

Con tal plataforma organizativa, el Partido Comunista de China nunca ha sido ni podía ser un partido marxista-leninista. En él no se respetaban los principios y las normas leninistas. El congreso del partido, en tanto que órgano supremo de dirección colectiva del mismo, no ha sido convocado regularmente. Así, por ejemplo, entre el VIIº Congreso de 1945 y el VIIIº de 1956 trascurrieron 11 años, y 13 años desde el VIIIº de 1956 al IXº de 1969, realizados después de la guerra. Además, los congresos desarrollados han sido, a su vez, formales, más bien reuniones de exhibición que de trabajo. Los delegados a los congresos no eran elegidos con arreglo a los principios y las normas marxista-leninistas de la vida del partido, sino que eran designados por los órganos dirigentes y actuaban según el sistema de representación permanente [durante un período de más de 40 años, de 1928 a 1969, el Partido Comunista de China no celebró más que 4 congresos: el VIº Congreso tuvo lugar en 1928, el VIIº Congreso en 1945, el VIIIº Congreso en 1956 y el IXº Congreso en 1969 - Anotación de E. H.].

Últimamente el diario «Renmin Ribao» publicó un artículo escrito por un denominado grupo teórico del «Gabinete General» del Comité Central del Partido Comunista de China [véase el artículo de «Renmin Ribao» llamado: «Tengamos siempre en la mente las enseñanzas del presidente Mao Zedong» del 8 septiembre de 1977. Los puntos de vista manifestados en este artículo, han sido analizados por el camarada Enver Hoxha en su obra: «¿Que es el Gabinete General en China?»; Reflexiones sobre China, Tomo II, 7 se septiembre de 1977 - Anotación de E. H.]

El artículo afirma que, bajo el nombre de «Gabinete General», Mao Zedong había creado en torno suyo un aparato especial que vigilaba y controlaba al Buró Político, al Comité Central del partido, a los cuadros del Estado, del ejército, de la seguridad, etc. Todos ellos, incluidos los miembros del Comité Central y del Buró Político, tenían prohibida la entrada en este gabinete y conocer su trabajo. En él eran trazados los proyectos para derrocar o llevar a la dirección a este o aquel grupo fraccionalista. El personal de este gabinete se encontraba en todos lados, vigilaba, espiaba e informaba de manera independiente y fuera del control del partido. Además, el gabinete tenía a su disposición toda una serie de destacamentos armados, que se ocultaban tras el nombre de «guardia del presidente Mao Zedong». Esta guardia pretoriana integrada por más de 50.000 hombres entraba en acción cuando el presidente decidía «actuar de un solo golpe», como ha ocurrido a menudo en la historia del Partido Comunista de China y como sucedió recientemente con la detención de los «cuatro» y sus partidarios por Hua Kuo-feng.

So pretexto de mantener contacto con las masas, Mao Zedong había creado al mismo tiempo una red especial de informadores sobre el terreno, a los cuales se les había asignado la tarea de vigilar a los cuadros de la base y de indagar el estado de ánimo y la psicología de las masas, sin que nadie se enterase de ello. Esta red informaba directa y únicamente a Mao Zedong, quien había interrumpido todos los contactos con las masas y veía el mundo a través de los datos que le proporcionaban los agentes del «Gabinete General». Mao Zedong ha dicho: 

«En lo que a mí se refiere, no escucho las radios; ni las extranjeras ni las de China, sólo transmito». (Archivos Centrales del Partido del Trabajo de Albania; (De la conversación de Mao Zedong con camaradas de nuestro partido, 3 de febrero de 1967)

También ha afirmado: 

«He declarado públicamente que no voy a leer más el diario «Renmin Ribao». Lo mismo le dije a su redactor jefe: no leo tu diario». (Archivos Centrales del Partido del Trabajo de Albania; (De la conversación de Mao Zedong con camaradas de nuestro partido, 3 de febrero de 1967)

El mencionado artículo de «Renmin Ribao» ofrece nuevos datos para comprender aún mejor el rumbo antimarxista que Mao Zedong había impreso al partido y al Estado chinos y el poder personal que ejercía sobre ellos. Mao Zedong no ha tenido la menor consideración hacia el Comité Central y el congreso del partido, y no hablemos ya del partido en su conjunto y de sus comités de base. Los comités del partido, los cuadros dirigentes e incluso el propio Comité Central recibían órdenes del «Gabinete General», de este «cuartel general especial», que consultaba únicamente a Mao Zedong. Las instancias del partido, sus órganos electos no tenían ninguna competencia. En el artículo de «Renmin Ribao» se dice que «ningún telegrama, ninguna carta, ningún papel, ninguna orden podían despacharse por nadie sin ser controlados y aprobados previamente por Mao Zedong». Resulta que desde el año 1953 Mao Zedong había dado la siguiente orden categórica:

«De hoy en adelante, cualquier documento o telegrama que se haya de expedir en nombre del Comité Central, sólo podrá ser despachado después que yo lo haya leído; de otra manera, no tendrá validez». (Mao Zedong; Crítica a Liu Shaoqi y Yang Shangkun por su infracción disciplinaria cometida al expedir abiertamente documentos en nombre del Comité Central; Obras Escogidas, Tomo IV, 19 de mayo de 1953)

En estas condiciones no se puede hablar de dirección colectiva, ni de democracia interna en el partido, ni de normas leninistas.

El poder ilimitado de Mao Zedong llegaba al extremo de que designaba a sus herederos. En un tiempo nombró a Liu Shao-chi como sustituto suyo. Más tarde proclamó que el heredero del poder y del partido, tras su muerte, sería Lin Piao. Esto, que era algo sin precedentes en la práctica de los partidos marxista-leninistas, fue sancionado incluso en los estatutos del partido. También fue Mao Zedong quien designó a Hua Kuo-feng para presidente del partido, después de su muerte. El propio Mao Zedong, teniendo en sus manos los resortes del poder, criticaba, juzgaba, castigaba y después rehabilitaba a altos dirigentes del partido y del Estado. Así ocurrió con Deng Xiaoping, que, en su llamada autocrítica del 23 de octubre de 1966, ha afirmado:

«Liu Shao-chi y yo somos auténticos monárquicos.  (...) La esencia de mis errores radica en que no confío en las masas, no apoyo a las masas revolucionarias, sino que estoy en contra de ellas, he seguido una línea reaccionaria para aplastar la revolución, en la lucha de clases no he permanecido al lado del proletariado, sino de la burguesía. (...) Todo esto demuestra que (...) no soy apto para ocupar puestos de responsabilidad». (Deng Xiaoping; Autocrítica en la Conferencia de Trabajo del Comité Central, 23 de octubre de 1966)

Y a pesar de todos estos crímenes, este revisionista de marca mayor volvió a la poltrona en que estaba.


Las relaciones entre el partido y el ejército


La esencia antimarxista del «Pensamiento Mao Zedong» acerca del partido y de su papel, se ve también en la forma de concebir teóricamente y de aplicar en la práctica las relaciones entre el partido y el ejército. Dejando aparte las fórmulas utilizadas por Mao Zedong de que «el partido está por encima del ejército», «la política por encima del fusil», etc., en la práctica concedía al ejército el papel político principal en la vida del país. Ya en los tiempos de la guerra decía: 

«Todos los cuadros del ejército deben aprender cómo tomar posesión de las ciudades y cómo administrarlas. (…) Dirigir a los obreros y organizar sindicatos, movilizar y organizar a la juventud, unirse con los cuadros de las regiones liberadas nuevas e instruirlos, administrar la industria y el comercio, dirigir escuelas, periódicos, agencias de noticias y radiodifusoras, conducir los asuntos extranjeros, arreglar los problemas relativos a los partidos democráticos y a las organizaciones populares, coordinar las relaciones entre la ciudad y el campo, resolver los problemas de víveres, carbón y otros artículos de primera necesidad y arreglar los problemas bancarios y financieros». (Mao Zedong; Hacer del ejército un destacamento de trabajo; Obras Escogidas, Tomo IV, 8 de febrero de 1949)

Por lo tanto, el ejército estaba por encima del partido, por encima de los órganos estatales, por encima de todo. De esto se desprende que las palabras de Mao Zedong acerca del papel del partido, como factor decisivo para la dirección de la revolución y la edificación socialista no han sido más que eslóganes. Tanto en el periodo de la guerra de liberación, como después de la creación de la República Popular China, en todas las luchas que de continuo se han desatado para la toma del poder por parte de una u otra fracción, el ejército ha jugado el papel decisivo. Asimismo, durante la «Revolución Cultural» el ejército desempeñó el papel principal, fue la última reserva de Mao Zedong:

«Nosotros, nos apoyamos en la fuerza del ejército. En Beijing teníamos únicamente dos divisiones, pero en mayo trajimos otras dos, para saldar las cuentas con el ex comité de Beijing del partido». (Archivos Centrales del Partido del Trabajo de Albania; Extracto de la conversación de Mao Zedong con la delegación de Amistad de la República Popular de Albania, 18 de diciembre de 1967)

Para liquidar a sus adversarios ideológicos, Mao Zedong siempre ha movilizado al ejército. Levantó al ejército con Lin Piao a la cabeza para actuar contra el grupo de Liu Shao-chi y Deng Xiaoping. Más tarde, junto con Chou En-lai, organizó y lanzó al ejército contra Lin Piao. También después de la muerte de Mao Zedong, el ejército, inspirado en el «Pensamiento Mao Zedong», ha desempeñado el mismo papel. Al igual que todos los que han llegado al poder en China, Hua Kuo-feng se apoyó en el ejército y actuó por medio de él. Éste, nada más morir Mao Zedong, levantó al ejército, y organizó, junto con los militares Ye Chien-ying, Wang Tung-sing y otros, el putsch, deteniendo a sus adversarios.

En China el poder sigue estando en manos del ejército, mientras que el partido va a su zaga. Esto es una característica general de los países dominados por el revisionismo. Los países verdaderamente socialistas refuerzan el ejército, como poderosa arma de la dictadura del proletariado, para aplastar a los enemigos del socialismo, en caso de que se sublevaran, así como para defender el país frente a un posible ataque por parte de los imperialistas y la reacción externa. Pero para que el ejército desempeñe en todo momento este papel, debe estar siempre, como nos enseña el marxismo-leninismo, bajo la dirección del partido y no ser el partido quien esté bajo la dirección del ejército.

Actualmente en China la ley es dictada por las fracciones más poderosas del ejército, precisamente las más reaccionarias, las cuales tienen como meta transformar a China en un país socialimperialista.

En el futuro, a la par que China se convierte en una superpotencia imperialista, crecerán cada vez más el papel y la fuerza del ejército en la vida del país. Se reforzará como una guardia pretoriana armada hasta los dientes para defender un régimen y una economía capitalistas. Será el instrumento de una dictadura burguesa capitalista, de una dictadura que, en caso de que la resistencia popular sea fuerte, podrá adquirir formas fascistas abiertas.


Preconizar la necesidad de que existan muchos partidos en la dirección del país, de que exista el llamado pluralismo político


El «Pensamiento Mao Zedong», al preconizar la necesidad de que existan muchos partidos en la dirección del país, de que exista el llamado pluralismo político, está en oposición total a la doctrina marxista-leninista sobre el papel incompartible del partido comunista en la revolución y en la edificación socialista. El que un país estuviese dirigido por varios partidos políticos, según el modelo estadounidense, era calificado por Mao Zedong, como ha declarado a Edgar Snow, como la forma más democrática de gobierno:

«¿Qué es mejor: que haya un solo partido o varios partidos? Por lo que hoy parece, es preferible que haya varios. Esto no sólo es válido para el pasado, sino que puede serlo también para el futuro; significa coexistencia duradera y supervisión mutua». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Mao Zedong ha considerado indispensable la participación de los partidos burgueses en el poder y en el gobierno del país con los mismos derechos y prerrogativas que el Partido Comunista de China. Y no sólo esto, sino que, estos partidos de la burguesía, según él «históricos», no pueden desaparecer hasta que no desaparezca el partido comunista de China, es decir, coexistirán hasta el comunismo.

Según el «Pensamiento Mao Zedong» un régimen democrático nuevo sólo puede existir sobre la base de la colaboración de todas las clases y de todos los partidos, y sólo así se puede construir el socialismo. Este concepto de la democracia socialista, del sistema político socialista, concepto que está fundado en «la coexistencia duradera y el control recíproco» de todos los partidos y que es muy parecido a lo que pregonan actualmente los revisionistas italianos, franceses, españoles, etc., es una negación abierta del papel dirigente y exclusivo del partido marxista-leninista en la revolución y la construcción socialistas. La experiencia histórica ya ha confirmado que sin el papel dirigente e incompartible del partido marxista-leninista no puede existir la dictadura del proletariado, es imposible la construcción y la defensa del socialismo.

«El dirigente en el sistema de la dictadura del proletariado, es un solo partido, el partido del proletariado, el partido comunista, que no comparte ni puede compartir la dirección con otros partidos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Cuestiones del leninismo, 1926)


Las concepciones revisionistas de Mao Zedong tienen su base en la política de colaboración y de alianza con la burguesía


Las concepciones revisionistas de Mao Zedong tienen su base en la política de colaboración y de alianza con la burguesía, que ha aplicado constantemente el Partido Comunista de China. También la línea antimarxista y antileninista de que «se abran 100 flores y compitan 100 escuelas» tiene su origen en esta política y es manifestación directa de la coexistencia de ideologías opuestas.

Según Mao Zedong, en la sociedad socialista, paralelamente a la ideología proletaria, al materialismo y al ateísmo, hay que permitir la existencia de la ideología burguesa, el idealismo y la religión, hay que permitir que crezcan las «hierbas venenosas» a la par de las «flores fragantes», etc. Esta línea, según él, es indispensable para el desarrollo del marxismo, para abrir camino a los debates, a la libertad de opinión, pero en realidad, por medio de ella, él trata de echar los cimientos teóricos de la política de colaborar con la burguesía y de la coexistencia con su ideología. Mao Zedong dice:

«Es peligrosa la política de prohibir a la gente entrar en contacto con lo falso, lo feo y lo hostil, con lo idealista y lo metafísico, con las cosas de Confucio, Lao-Tsé y Chiang Kai-shek. Tal política conduciría a la gente a la involución ideológica y al simplismo mental y la dejaría incapacitada para enfrentar el mundo y encarar coros opuestos». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

Es así como Mao Zedong concluye que el idealismo, la metafísica y la ideología burguesa existirán eternamente, y por tanto, no sólo no hay que impedirlos, sino que se les debe dar la posibilidad de brotar, salir a la superficie y competir. Esta actitud conciliadora con todo lo reaccionario va tan lejos, que considera irremediables los desórdenes en la sociedad socialista y errónea la prohibición de la actividad de los enemigos:

«Mi opinión es que a todos los que deseen promover desórdenes se les permita esta actividad y que continúen en ella todo el tiempo que les dé la gana. Si no les basta un mes, que dispongan de dos; y, en fin, no se rematará el asunto hasta que sus promotores se consideren saciados. Si, en cambio, nos precipitamos a poner punto final al asunto, tarde o temprano los desórdenes estallarán de nuevo». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

Aquí no estamos ante discusiones académicas «científicas», sino ante una línea política oportunista contrarrevolucionaria que se ha opuesto al marxismo-leninismo, que ha desorientado al Partido Comunista de China, en cuyo seno han circulado ciento y pico puntos de vista e ideas y hoy existen en verdad «100 escuelas compitiendo». Esto ha hecho que las avispas burguesas revoloteen libremente por el jardín de las «100 flores» y viertan su veneno.

Tal actitud oportunista en lo tocante a los problemas ideológicos tiene sus raíces, aparte de otras cosas, en que el Partido Comunista de China, a lo largo de todo el periodo que va desde su fundación hasta la liberación del país y de ahí en adelante, no se ha esforzado por consolidarse ideológicamente, no ha trabajado por inculcar la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin en la mente y en el corazón de sus miembros, no ha luchado por asimilar las cuestiones fundamentales de la ideología marxista-leninista y aplicarlas consecuentemente, paso a paso, a las condiciones concretas de China.


El «Pensamiento Mao Zedong» está en oposición a la teoría marxista-leninista de la revolución


En los escritos de Mao Zedong se habla frecuentemente del papel de las revoluciones en el proceso del desarrollo de la sociedad, pero en esencia él se atiene a una concepción metafísica, evolucionista. Contrariamente a la dialéctica materialista, que argumenta el desarrollo progresivo en forma de espiral, Mao Zedong predica el desarrollo en forma cíclica, giratoria, como un proceso ondulatorio que pasa del equilibrio al desequilibrio y nuevamente al equilibrio, del movimiento a la inmovilidad y de nuevo al movimiento, del ascenso al descenso y del descenso al ascenso, de la progresión a la regresión y seguidamente a la progresión, etc. Así, ateniéndose al concepto de la antigua filosofía sobre el papel purificador del fuego, Mao Zedong escribe: 

«Es preciso «prender fuego» en forma periódica. ¿Cómo proceder en adelante? ¿Prefieren ustedes encender el fuego cada año o cada tres años? A mi juicio, debemos hacerlo por lo menos dos veces durante cada plan quinquenal, a semejanza de lo que ocurre con el mes intercalar que en los años bisiestos del calendario lunar se repite una vez al tercer año y otra al quinto». (Mao Zedong, Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses; Obras Escogidas, Tomo V, 8 de julio de 1957)

Así pues, al igual que los viejos astrólogos, obtiene del calendario lunar la ley sobre el encendido periódico del fuego, sobre el desarrollo que va de la «gran armonía» al «gran desorden» y de nuevo a la «gran armonía», y así los ciclos se repiten periódicamente. De este modo se opone a la concepción materialista-dialéctica sobre el desarrollo que, como dice Lenin:

«Nos proporciona la clave del «automovimiento» de todo lo existente; nos da la clave de los «saltos», la «ruptura de la continuidad», la «transformación en el contrario», la «destrucción de lo viejo y el surgimiento de lo nuevo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; En torno a la cuestión de la dialéctica, 1915)

El «Pensamiento Mao Zedong» le contrapone la concepción metafísica «sin vida, pálida, árida».

Esto se ve con mayor claridad cuando Mao Zedong trata el problema de las contradicciones, dominio donde, según la propaganda china, Mao Zedong habría dado «una contribución especial» y habría desarrollado aún más la dialéctica materialista. Es cierto que Mao Zedong en muchos de sus escritos habla frecuentemente de los contrarios, de las contradicciones, de la unidad de los contrarios, emplea incluso citas y frases marxistas, pero, con todo esto, está muy lejos de la comprensión materialista dialéctica de estas cuestiones. Al tratar las contradicciones no parte de las tesis marxistas, sino de las tesis de los antiguos filósofos chinos, considerando los contrarios de manera mecánica como fenómenos externos e imaginando la transformación de los mismos como una simple inversión de los dos términos. Operando con algunos de esos contrarios eternos que coge de la filosofía antigua como arriba-abajo, detrás-delante, derecha-izquierda, fácil-difícil, etc. Mao Zedong en el fondo, niega las contradicciones internas en los mismos objetos y fenómenos, y trata el desarrollo como una mera repetición, como una sucesión de estados intangibles donde se observan los mismos contrarios y la misma correlación entre ellos. 

Mao Zedong interpreta la transformación de cada uno de los dos términos de una contradicción en su contrario como un esquema formal al cual todo debe estar subordinado, como una simple inversión y no como la solución de la contradicción ni como un cambio cualitativo del propio fenómeno que comporta estos contrarios. Partiendo de este esquema Mao Zedong llega a declarar: 

«Al transformarse en una cosa que le es contraria, el dogmatismo se convierte bien en marxismo, bien en revisionismo». (Mao Zedong; Las cosas empiezan a cambiar; Obras Escogidas, Tomo V, 15 de mayo de 1957)

«La metafísica se transforma en dialéctica y la dialéctica en metafísica», etc. Detrás de estas afirmaciones absurdas y tras el juego sofisticado de los contrarios se ocultan los conceptos oportunistas y antirrevolucionarios de Mao Zedong. Así, la revolución socialista no es vista por él como un cambio cualitativo de la sociedad, donde desaparecen las clases antagónicas y la opresión y la explotación del hombre por el hombre, sino que es imaginada como una simple inversión de papeles entre la burguesía y el proletariado. Para probar este «descubrimiento».

Mao Zedong escribe: 

«En el proceso total de la existencia, vida y muerte incesantemente luchan entre sí y se transforman la una en la otra. Si la burguesía y el proletariado no pudieran transformarse el uno en el otro, ¿cómo se explicaría que el proletariado se transforme, por medio de la revolución, en clase dominante y la burguesía pase a ser clase dominada? Por ejemplo, nosotros y el Kuomintang de Chiang Kai-shek estábamos en posiciones diametralmente opuestas. Como resultado de la lucha y la exclusión mutuas de los contrarios, nosotros y el Kuomintang cambiamos de posición: Este pasó de dominante a dominado y nosotros, de dominados a dominantes». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

Esta misma lógica ha conducido a Mao Zedong también a revisar la teoría marxista-leninista sobre las dos fases de la sociedad comunista:

«Según la dialéctica, del mismo modo que el hombre tiene que morir tarde o temprano, también el sistema socialista, como fenómeno histórico que es, ha de desaparecer un día, ha de ser negado por el sistema Comunista. Si uno afirmase que nunca desaparecerá el sistema socialista, ni las relaciones de producción y la superestructura socialistas, ¿en dónde habría dejado el marxismo? ¿No equivaldría esto a un dogma religioso, a la teología, que predica la eternidad de Dios?» . (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Discurso del 27 de enero, Obras Escogidas, Tomo V, 1957)

De este modo Mao Zedong, al revisar abiertamente la concepción marxista-leninista sobre el socialismo y el comunismo, que en el fondo son dos fases de un mismo tipo, de un mismo orden económico-social, y que se diferencian únicamente por su grado de desarrollo y madurez, presenta el socialismo como algo diametralmente opuesto al comunismo.

De tales conceptos metafísicos y antimarxistas parte Mao Zedong cuando trata en general la cuestión de la revolución, que contempla como un proceso sin fin que se repetirá periódicamente mientras exista el ser humano sobre la tierra, como un proceso que pasa de la derrota a la victoria, de la victoria a la derrota y así sucesivamente. Las concepciones antimarxistas, unas veces evolucionistas y otras anarquistas de Mao Zedong sobre la revolución, aparecen con mayor claridad cuando habla de los problemas de la revolución en China.

Según se desprende de sus escritos, Mao Zedong no se ha apoyado en la teoría marxista-leninista para analizar los problemas y determinar las tareas de la revolución china. El mismo afirma en el discurso que pronunció en la Conferencia ampliada de trabajo convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China en enero de 1962, que:

«El trabajo revolucionario que durante muchos años hemos realizado ha sido a ciegas (...) Sin saber cómo debía llevarse a cabo la revolución, contra quién había que dirigir su punta de lanza, sin imaginar sus etapas, a saber, quién debía ser derrocado en un comienzo y quién más tarde, etc». (Mao Zedong; Conferencia de trabajo ampliada convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China, 30 de enero de 1962)

Esto ha hecho que el Partido Comunista de China fuese incapaz de asegurar la dirección del proletariado en la revolución democrática y transformarla en revolución socialista. Todo el desarrollo de la revolución china es prueba de la trayectoria caótica del Partido Comunista de China, el cual no se guiaba por el marxismo-leninismo, sino por las concepciones antimarxistas del «Pensamiento Mao Zedong» sobre el carácter de la revolución, sobre sus etapas, sobre las fuerzas motrices, etc.


Mao Zedong nunca ha podido comprender y explicar correctamente los estrechos vínculos que existen entre la revolución democrático-burguesa y la revolución proletaria


En oposición a la teoría marxista-leninista, que ha argumentado científicamente que entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista no se levanta una muralla china, que ambas revoluciones no deben estar separadas por un largo período de tiempo, Mao Zedong afirmaba:

«La transformación de la revolución se efectuará en el futuro. La revolución democrática se transformará indefectiblemente en una revolución socialista. ¿Cuándo se producirá esta transformación? Eso depende de la presencia de las condiciones necesarias y puede requerir un tiempo bastante largo. No debemos plantear a la ligera esta transformación antes de que estén dadas todas las condiciones políticas y económicas necesarias y de que tal transformación sea beneficiosa y no perjudicial para la aplastante mayoría del pueblo». (Mao Zedong; Sobre la táctica de la lucha contra el imperialismo japonés; Obras Escogidas, Tomo I, 27 de diciembre de 1935)

A esta concepción antimarxista, que no está por la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista, se ha atenido Mao Zedong a lo largo de toda la revolución, inclusive después de la liberación. Así, en 1940 Mao Zedong dice:

«La revolución china pasará forzosamente por dos etapas: primero, la de la nueva democracia, y luego, la del socialismo. Además, la primera llevará bastante tiempo, no puede consumarse de la noche a la mañana». (Mao Zedong; Sobre la nueva democracia; Obras Escogidas, Tomo II, enero de 1940)

En marzo de 1949, en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de China, en el que Mao Zedong presentó el programa para el desarrollo de China después de la liberación, dice: 

«Será necesario, durante un período bastante largo después de la victoria de la revolución, aprovechar hasta donde sea posible los factores positivos del capitalismo privado de la ciudad y del campo, en interés del desarrollo de la economía nacional». (Mao Zedong; Informe ante la II Sesión Plenaria del Comité Central elegido en el VIIº Congreso Nacional del Partido Comunista de China; Obras Escogidas, Tomo IV, 5 de marzo de 1949)

Estos puntos de vista y «teorías» han hecho que el Partido Comunista de China y Mao Zedong no luchen por elevar la revolución china a revolución socialista, que dejen el campo libre al desarrollo de la burguesía y a las relaciones sociales capitalistas.

En la cuestión de la correlación entre la revolución democrática y la socialista, Mao Zedong se mantiene en las posiciones de los cabecillas de la II Internacional, que fueron los primeros que atacaron y tergiversaron la teoría marxista-leninista sobre el ascenso de la revolución y aparecieron con la tesis de que entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista media un periodo largo, durante el cual la burguesía desarrolla el capitalismo y crea condiciones para pasar a la revolución proletaria. La transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista, sin dar al capitalismo la posibilidad de desarrollarse ulteriormente, la consideraban como alga imposible, como quemar etapas. También Mao Zedong se atiene por completo a esta concepción cuando afirma:

«Sería pura quimera tratar de construir una sociedad socialista sobre las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal, sin un Estado unificado de nueva democracia, sin el desenvolvimiento del sector estatal de la economía de nueva democracia, sin el desarrollo del sector privado capitalista y del sector cooperativo, sin el desarrollo de una cultura nacional, científica y de masas –la cultura de nueva democracia–, sin la liberación y el desarrollo de la iniciativa individual de los centenares de millones de seres del pueblo». (Mao Zedong; Sobre el gobierno de coalición; Obras Escogidas, Tomo III, 24 de abril de 1945)


Las concepciones antimarxistas del «Pensamiento Mao Zedong» sobre la revolución aparecen aún más claras cuando Mao Zedong enfoca las fuerzas motrices de la revolución


Mao Zedong no reconocía el papel hegemónico del proletariado. Lenin ha dicho que en el período del imperialismo, en toda revolución, por lo tanta en la revolución democrática, en la revolución antiimperialista de liberación nacional y en la revolución socialista, la dirección debe corresponder al proletariado. En tanto que Mao Zedong, pese a que hablaba sobre el papel del proletariado, en la práctica subestimaba su hegemonía en la revolución y ha elevada el papel del campesinado [es significativo el hecho que mientras en 1927 el Partido Comunista de China contaba con 64.500 miembros, el 65% de los cuales eran obreros, el 20% intelectuales y el 15% campesinos, en 1928 cuando el partido contaba con 130.194 miembros, sólo el 10.9% eran obreros y 76.6% campesinos - Anotación de E. H.].

Mao Zedong ha dicho que:

«La actual resistencia al Japón, una resistencia campesina. La política de nueva democracia significa, en esencia, colocar a los campesinos en el poder». (Mao Zedong; Sobre la nueva democracia; Obras Escogidas, Tomo II, enero de 1940)

Mao Zedong expresaba esta teoría pequeño burguesa en la tesis global «el campo debe asediar la ciudad»:

«El camarada Mao Zedong señaló también que las vastas áreas rurales habitadas por las grandes masas de campesinos son indispensables, que son posiciones vitales de la revolución china –donde el pueblo revolucionario puede rodear las ciudades–. (...) El trabajo en el campo debe desempeñar el papel principal en el movimiento revolucionario chino, mientras que el trabajo en la ciudad debe desempeñar un papel de segundo orden». (Partido Comunista de China; Resoluciones sobre algunas cuestiones de la historia del partido, 20 de abril de 1945)

Mao Zedong ha expuesto esta misma idea cuando ha escrito sobre el papel del campesinado en el poder. Ha indicado que todos los partidos y demás fuerzas políticas deben someterse al campesinado y a sus puntos de vista:

«Dentro de poco, centenares de millones de campesinos en las provincias del centro, el Sur y el Norte de China se levantarán como una tempestad, un huracán, con una fuerza tan impetuosa y violenta que nada, por poderoso que sea, los podrá contener. (...) Todos los partidos y camaradas revolucionarios serán sometidos a prueba ante los campesinos y tendrán que decidir a qué lado colocarse». (Mao Zedong; Informe sobre una investigación del movimiento campesino en Yen'an; Obras Escogidas, Tomo I, marzo de 1927)

Según Mao Zedong resulta que es el campesinado y no la clase obrera quien debe ejercer la hegemonía en la revolución.

La tesis sobre el papel hegemónico del campesinado en la revolución ha sido preconizada por Mao Zedong también como la vía de la revolución mundial. De aquí parte la concepción antimarxista que considera al llamado tercer mundo, que en la literatura política china se denomina entre otras cosas el «campo mundial», como «la fuerza motriz principal para la transformación de la sociedad contemporánea». Según los puntos de vista chinos, el proletariado es una fuerza social secundaria, que no puede jugar el papel que prevén Marx y Lenin en la lucha contra el capitalismo y en el triunfo de la revolución, en alianza con todas las fuerzas oprimidas por el capital.

En la revolución china ha predominado la pequeña y media burguesía. Es esta amplia capa de la pequeña burguesía la que ha influido en todo el desarrollo de China.

Mao Zedong no se basaba en la teoría marxista-leninista que nos enseña que el campesinado, y en general la pequeña burguesía, es vacilante. Naturalmente, el campesinado pobre y medio desempeñan un papel importante en la revolución y deben ser los aliados íntimos del proletariado. Pero la clase campesina, la pequeño burguesía, no pueden dirigir al proletariado en la revolución. Concebir y propagar lo contrario significa estar en contra del marxismo-leninismo. Aquí radica asimismo una de las fuentes principales de los puntos de vista antimarxistas de Mao Zedong, que han influido negativamente en toda la revolución china.

El Partido Comunista de China no ha tenido teóricamente claro el principio revolucionario y rector básico sobre el papel hegemónico del proletariado en la revolución, y por consiguiente tampoco lo aplicaba como es debido y de manera consecuente en la práctica. La experiencia demuestra que el campesinado puede desempeñar su papel revolucionario sólo si actúa en alianza con el proletariado y bajo su dirección. Esto ha sido confirmado también en nuestro país durante la Lucha de Liberación Nacional. El campesinado albanés era la fuerza principal de nuestra revolución, sin embargo nuestra clase obrera, pese a ser numéricamente muy pequeña, dirigió al campesinado porque la ideología marxista-leninista, la ideología del proletariado, encarnada en el partido comunista, hoy partido del Trabajo, vanguardia de la clase obrera, era la guía de la revolución. Por eso vencimos no sólo en la Lucha de Liberación Nacional, sino también en la construcción del socialismo.

A pesar de las innumerables dificultades con que chocamos en nuestro camino, hemos alcanzado un éxito tras otro. Y estos éxitos los hemos alcanzado, en primer lugar, porque el partido asimiló bien la esencia de la teoría de Marx y Lenin, comprendió lo que era la revolución, quién la hacía y quién debía dirigirla, comprendió que a la cabeza de la clase obrera, en alianza con el campesinado, debía estar un partido de tipo leninista. Los comunistas entendieron que este partido no sólo debía llevar el nombre de comunista, sino además ser un partido que aplicara, en las condiciones de nuestro país, la teoría marxista-leninista de la revolución y de la construcción del partido, que se dedicara al trabajo para edificar la nueva sociedad socialista siguiendo el ejemplo de la construcción del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin. Esta actitud dio la victoria a nuestro partido y al país el gran potencial político, económico y militar de que goza hoy. Si se hubiera actuado de otra manera, si no se hubieran aplicado consecuentemente estos principios de nuestra gran teoría en un país pequeño como el nuestro, cercado de enemigos, no podía construirse el socialismo. También en el caso de que por un momento se hubiera tomado el poder, la burguesía lo hubiese arrebatado de nuevo, como ocurrió en Grecia, donde incluso antes del fin victorioso de la guerra, el Partido Comunista Griego entregó las armas a la burguesía reaccionaria del país y al imperialismo inglés [para más información al respecto véase la obra de Enver Hoxha: «Con Stalin» de 1984 – Anotación de E. H.].

Por eso, el problema del papel hegemónico en la revolución reviste una gran importancia de principios, porque de la cuestión de saber quién la dirige dependen la dirección y el desarrollo que va a tomar:

«La renuncia de la idea de la hegemonía, sin embargo, es la forma más cruda del reformismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El reformismo en el movimiento socialdemócrata ruso, 14 de septiembre de 1911)

Precisamente la negación por parte del «Pensamiento Mao Zedong» del papel hegemónico del proletariado, fue una de las causas de que la revolución china no pasase de ser una revolución democrático-burguesa y no llegase a revolución socialista. Mao Zedong en su escrito: «Sobre la nueva democracia» de 1940 preconizaba que, después del triunfo de la revolución en China, debía instaurarse un régimen que se asentase en la alianza de las «clases democráticas», donde incluía, además del campesinado y el proletariado, a la pequeña burguesía urbana y a la burguesía nacional:

«¿Qué es el régimen constitucional de nueva democracia? Es la dictadura conjunta de las diversas clases revolucionarias sobre los colaboracionistas y reaccionarios. Alguien dijo una vez: «Si hay comida, que la compartan todos». Me parece que esto puede servir de metáfora ilustrativa de la nueva democracia. Puesto que la comida debe ser compartida por todos, es inadmisible que un solo partido, grupo o clase ejerza la dictadura». (Mao Zedong; Sobre el régimen constitucional de nueva democracia; Obras Escogidas; Tomo II, enero de 1940)

Esto mismo ha sido reflejado en la bandera nacional de la República Popular China con las cuatro estrellas, que representan cuatro clases: La clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía de la ciudad y la burguesía nacional.

La revolución en China, que llevó a la liberación del país, a la creación del Estado chino independiente, fue una gran victoria para el pueblo chino, para las fuerzas antiimperialistas y democráticas del mundo. Después de la liberación en China se operaron bastantes cambios positivos: se liquidó la dominación del imperialismo extranjero y de los grandes terratenientes, se combatieron la pobreza y el paro forzoso, se realizaron una serie de reformas económicas y sociales en favor de las masas trabajadoras, se luchó contra el atraso educacional y cultural, se adoptaron diversas medidas para reconstruir el país destruido por la guerra, se llevaron a cabo asimismo algunas transformaciones de carácter socialista. En China, donde antes la gente se moría por millones, ya no había hambre y otras lacras. Todos estos son hechos innegables, son victorias importantes para el pueblo chino.


Se creó la impresión de que China se encaminaba hacia el socialismo. Pero no ocurrió así


Debido a la adopción de estas medidas y a que el Partido Comunista de China llegó al poder, se creó la impresión de que China se encaminaba hacia el socialismo. Pero no ocurrió así.

El Partido Comunista de China, que después del triunfo de la revolución democrático-burguesa debía caminar con pasos mesurados, no dar muestra de izquierdismo ni quemar las etapas, al basar su actividad en el «Pensamiento Mao Zedong», se mostró «democrático», liberal, oportunista y no orientó el país de manera consecuente por el justo camino del socialismo.

Los puntos de vista políticos e ideológicos no marxistas, eclécticos, burgueses de Mao Zedong dieron a la China liberada una superestructura inestable, una organización estatal y económica caótica, que nunca se estabilizó. China se debatía en un desorden permanente, incluso anárquico, desorden que era estimulado por el propio Mao Zedong mediante la consigna de que «se debe enturbiar para aclarar».

En el nuevo Estado chino un papel especial ha desempeñado Chou En-lai. Este era un economista y organizador capaz, pero jamás fue un político marxista-leninista. Como pragmatista típico que era, supo llevar a la práctica sus concepciones no marxistas y acomodarlas a la perfección a cada grupo que tomaba el poder en China. Era un «poussa» [dominguillo - Anotación E. H.], siempre estaba de pie, no obstante, en todo momento se inclinaba desde el centro hacia la derecha, pero jamás hacia la izquierda.

Chou En-lai era un maestro de los compromisos sin principio. Ha apoyado y condenado a Chang Kai-shek, Kao Kang, Liu Shao-chi, Deng Xiaoping, Mao Zedong, Lin Piao, a los «cuatro», pero jamás apoyó a Lenin y a Stalin, al marxismo-leninismo.

Después de la liberación, como consecuencia de los puntos de vista y de las posiciones de Mao Zedong, Chou En-lai, etc., en la línea política del partido se advirtieron numerosas vacilaciones en todas las direcciones. En China se conservó viva la tendencia predicada por el «Pensamiento Mao Zedong» de que la etapa de la revolución democrático-burguesa debía proseguir por largo tiempo. Mao Zedong insistía en que en esta etapa, a la par del desarrollo del capitalismo, al cual daba prioridad, se crearían igualmente las premisas del socialismo. A esto está ligada también su tesis sobre la convivencia del socialismo con la burguesía durante un período de tiempo muy largo, considerando esto como algo útil tanto para el socialismo como para la burguesía. Respondiendo a los que se oponían a tal política y que presentaban como argumento la experiencia de la Revolución Socialista de Octubre de 1917, Mao Zedong dice: 

«La burguesía rusa era una clase contrarrevolucionaria: rechazó entonces las medidas de capitalismo de Estado, boicoteó la producción, hizo sabotajes y llegó a recurrir a las armas. Así las cosas, el proletariado ruso no tuvo más remedio que liquidarla. Exasperada por esto, la burguesía de los demás países vomitó injurias. Aquí en China damos un tratamiento más o menos suave a la burguesía nacional, y ésta se siente un poco a gusto al ver que todavía puede obtener algún provecho.». (Mao Zedong; Fortalecer la unidad del partido, continuar sus tradiciones, Obras Escogidas, Tomo V,  30 de agosto de 1956) 

Tal política, según Mao Zedong, ha aportado a China un supuesto prestigio a los ojos de la burguesía internacional, cuando en realidad ha ocasionado un gran perjuicio al socialismo en China.

Mao Zedong ha presentado esta actitud oportunista hacia la burguesía como una aplicación creadora de las enseñanzas de Lenin sobre la Nueva Política Económica –NEP–. Pero entre las enseñanzas de Lenin y la concepción de Mao Zedong sobre la ausencia de toda restricción a la producción capitalista y la conservación de las relaciones burguesas en el socialismo, existe una diferencia radical. Lenin reconoce que la NEP era un retroceso que permitía el desarrollo de los elementos del capitalismo, durante un cierto tiempo, pero, subraya:

«Mientras el proletariado sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga con firmeza en sus manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no tiene nada que temer». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre el impuesto en especie, 21 de abril de 1921)

En China, en 1949 y en 1956, fechas en que Mao Zedong hacia estas prédicas, de hecho el proletariado no mantenía en sus manos ni el poder ni la gran industria.

Además Lenin consideraba a la NEP como algo provisional que venía impuesto por las condiciones concretas de la Rusia de entonces, arruinada por la larga guerra civil, pero no como una ley general de la construcción socialista. De hecho, un año después de la proclamación de la NEP, Lenin puntualizaba que la retirada ya había terminado y lanzó la consigna de preparar la ofensiva contra el capital privado en la economía. Mientras que en China se preveía que el período de la preservación de la producción capitalista se prolongase durante casi toda la vida. Según el punto de vista de Mao Zedong el régimen implantado en China después de la liberación debía ser un régimen democrático-burgués, mientras, aparentemente, debía estar en el poder el Partido Comunista de China. Así es el «Pensamiento Mao Zedong».

La transición de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista puede realizarse siempre y cuando el proletariado aparte del poder de manera resuelta a la burguesía y la expropia. En China mientras la clase obrera compartió el poder con la burguesía, mientras la burguesía conservó sus privilegios, el poder instaurado en ese país no podía ser poder del proletariado, y por consiguiente la revolución china no podía elevarse a revolución socialista.


El Partido Comunista de China ha mantenido una actitud benévola, oportunista hacia las clases explotadoras y Mao Zedong ha predicado abiertamente la integración pacífica de los elementos capitalistas en el socialismo


Mao Zedong decía: 

«En todo el mundo, los recalcitrantes pueden comportarse como tales hoy, mañana, e incluso pasado mañana, pero no eternamente, y al fin tendrán que cambiar. (...) En realidad, los recalcitrantes son testarudos, pero no inmutables. (…) Algunos han tenido un cambio positivo, también como resultado de la continua lucha que hemos llevado a cabo contra ellos; han reconocido sus errores y se han enmendado. Sea como fuere, los recalcitrantes cambiarán». (Mao Zedong; Sobre el régimen constitucional de nueva democracia; Obras Escogidas, Tomo II, 20 de febrero de 1940)

Queriendo poner una base teórica a este concepto oportunista y jugando con la «transformación de los contrarios»; Mao Zedong decía que, a través del debate, la crítica y la transformación, las contradicciones antagónicas se convierten en no antagónicas, que las clases explotadoras y la intelectualidad burguesa pueden volverse en su contrario, es decir, hacerse revolucionarias:

«Dadas las condiciones de nuestro país, la mayor parte de los contrarrevolucionarios cambiarán en uno u otro grado. Gracias a que hemos adoptado una política correcta, buen número de contrarrevolucionarios ya han sido transformados en no contrarrevolucionarios, e incluso una parte de ellos han hecho algunas cosas útiles». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Partiendo de tales concepciones antimarxistas, según las cuales los enemigos de clase con el paso del tiempo se enmiendan, ha predicado la conciliación de clases con ellos, y ha permitido que continúen enriqueciéndose, explotando, expresándose y actuando libremente en contra de la revolución. Para justificar esta actitud capitulacionista hacia los enemigos de clase Mao Zedong escribía: 

«Ahora tenemos mucho que hacer. Si tuviéramos que combatirla todos los días durante cincuenta años, ¡a dónde irían a parar las cosas? A los pocos que rehúsen corregirse, podemos dejarlos así y que, llevando sus errores al ataúd, se presenten ante los soberanos del Infierno». (Mao Zedong, Rechazar la ofensiva de los derechistas burgueses; Obras Escogidas, Tomo V, 8 de julio de 1957)

Actuando en la práctica de acuerdo con estas consideraciones conciliadoras con los enemigos, la administración estatal en China permaneció en manos de los viejos funcionarios. Los generales de Chiang Kai-shek llegaron incluso a ministros. Hasta el emperador Puyi de Manchukuo, emperador títere de los invasores japoneses, fue rodeado de todos los cuidados y convertido en un objeto de museo para que las delegaciones se entrevistaran y conversaran con él, y vieran cómo eran reeducadas las personas de este tipo en la China «socialista». La publicidad que se hacía de este ex emperador marioneta, tenía, entre otros, el objetivo de tranquilizar también a los reyes, a los cabecillas y a los peleles de la reacción de los otros países, y persuadirles de que el «socialismo» de Mao Zedong es bueno y no hay motivo para tenerle miedo.

En China se han mantenido actitudes que no huelen a lucha de clases también hacia los feudales y los capitalistas, que han cometido innumerables crímenes contra el pueblo chino. Elevando a teoría tales actitudes y defendiendo abiertamente a los contrarrevolucionarios, Mao Zedong declaraba:

«En las entidades oficiales, los centros docentes y el ejército, el trabajo de investigar y sacar a la luz a los contrarrevolucionarios infiltrados allí, debe atenerse firmemente a la política iniciada en Yen'an, esto es, la política de no ejecutar a ninguno y eximir de arresto a la mayor parte. Corresponde a las entidades oficiales afectadas esclarecer a fondo los casos de los contrarrevolucionarios cuyos crímenes están confirmados con pruebas fehacientes, sin necesidad de que los departamentos de seguridad pública, los departamentos de fiscalización y los tribunales los arresten, incriminen y enjuicien. De cada cien contrarrevolucionarios, tratamos de la manera antes dicha a más de noventa. Esto es lo que se llama eximir de arresto a la mayor parte. En cuanto a la ejecución, no ejecutaremos a ningunos». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Mao Zedong, razonando como un sofista, indica que la ejecución de los contrarrevolucionarios no reporta ningún beneficio, que esto obstaculiza la producción y el nivel científico del país, acarrea una mala fama en el mundo, etc., porque si se elimina a un contrarrevolucionario, según él:

«Si ejecutáramos a uno de ellos, la gente compararía con él a un segundo y un tercero, de modo que rodarían muchas cabezas. Este es el primer punto. Segundo, existe la posibilidad de matar equivocadamente. La historia demuestra que una vez caída una cabeza, no hay cómo volver a unirla al cuerpo, y que con ella tampoco ocurre lo que con los puerros, que vuelven a crecer luego de cortados». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Como resultado de estas concepciones antimarxistas sobre las contradicciones, sobre las clases y sobre su papel en la revolución, preconizadas por el «Pensamiento Mao Zedong», China jamás marchó por el justo camino de la construcción socialista. En la sociedad china han existido y continúan existiendo no ya remanentes económicos, políticos, ideológicos y sociales del pasado, sino también las clases explotadoras en tanto que clases, las cuales han Estado y siguen en el poder. La burguesía no sólo no ha dejado de existir, sino que además continúa beneficiándose de las rentas de sus antiguos bienes. Legalmente en China no ha desaparecido la renta capitalista, porque la dirección china se ha atenido a la estrategia de la revolución democrático-burguesa formulada por Mao Zedong en 1935, que en aquel entonces decía: 

«La legislación del trabajo de la República Popular protegerá los intereses de los obreros, pero no se opondrá a que los capitalistas nacionales obtengan beneficios ni a que desarrollen sus empresas industriales y comerciales, porque ese desarrollo será desfavorable al imperialismo y provechoso para el pueblo chino». (Mao Zedong; Sobre la táctica de la lucha contra el imperialismo japonés; Obras Escogidas, Tomo I, 27 de diciembre de 1935)

La capa de los kulaks, teniendo en cuenta la forma que tomó en China, ha conservado grandes ventajas y beneficios, de acuerdo con la «política del derecho igual a la tierra». El propio Mao Zedong orientaba que los kulaks no fuesen tocados, porque esto podría suscitar la cólera de la burguesía nacional, con la cual el Partido Comunista de China había formado un frente único en lo político, lo económico y lo organizativo:

«En la actualidad, ya tenemos formado un frente único con la burguesía nacional en lo político, lo económico y lo organizativo y, como la burguesía nacional está estrechamente ligada con el problema de la tierra, sería más conveniente dejar intactos por el momento a los campesinos ricos semifeudales para tranquilizar a la burguesía nacional». (Mao Zedong; Solicitud de opiniones sobre la táctica para con los campesinos ricos; Obras Escogidas, Tomo V, 12 de marzo de 1950)

Todo esto demuestra que el «Pensamiento Mao Zedong» no dirigió ni podía dirigir a China por el verdadero camino del socialismo. Incluso, como ha declarado Chou En-Lai en 1949 al dirigirse en secreto al gobierno estadounidense para que ayudara a China, ni Mao Zedong ni sus principales sostenedores habían sido partidarios de la vía del socialismo: 

«China, todavía no es un país comunista, y si la política de Mao Zedong es llevada correctamente a la práctica, tardará mucho tiempo en serlo». (International Herald Tribune; El Consul General en Pekín (Edmund Clubb) a la Secretaria de Estado, emitido el 1 de junio de 1949, recibido el 2 de junio de 1949, 14 de agosto de 1978)

Demagógicamente, Mao Zedong y el Partido Comunista de China han subordinado a su política pragmática todas las declaraciones sobre la construcción de la sociedad socialista y comunista. Así, en los años del llamado gran salto, con la intención de echar tierra a los ojos de las masas, que, habiendo salido de la revolución, aspiraban al socialismo, declaraban que en el lapso de 2 ó 3 quinquenios pasarían directamente al comunismo. Pero más tarde, para encubrir sus fracasos, se pusieron a elucubrar teorías según las cuales la construcción y el triunfo del socialismo necesitarían diez mil años.

Es cierto que el Partido Comunista de China se llamaba comunista, pero evolucionó en otra dirección, en un camino liberal caótico, en un camino oportunista, y no podía ser una fuerza capaz de guiar el país hacia el socialismo. El camino que recorría, y que se concretó más claramente después de la muerte de Mao Zedong, no era el camino del socialismo, sino el de la construcción de un gran Estado burgués, socialimperialista.


El «pensamiento Mao Zedong», en tanto que doctrina antimarxista, ha substituido el internacionalismo proletario por el chovinismo de gran Estado


El Partido Comunista de China, ya en los primeros pasos de su actividad, manifestó tendencias abiertamente nacionalistas y chovinistas, las cuales, como demuestran los hechos, tampoco pudieron ser erradicadas en los períodos posteriores. Li Da-chao, uno de los fundadores del Partido Comunista de China, decía: «Los europeos piensan que el mundo pertenece exclusivamente a los blancos y que éstos constituyen la clase superior, mientras que los pueblos de color, la clase inferior. El pueblo chino, prosigue Li Da-chao, debe estar dispuesto a desarrollar una lucha de clases contra las otras razas del mundo, en el curso de la cual manifestará una vez más sus propias peculiaridades nacionales». Con estas concepciones se modeló desde un comienzo el Partido Comunista de China.

Estas concepciones racistas y nacionalistas no debían estar completamente erradicadas de la mentalidad de Mao Zedong y mucho menos de la de Liu Shao-chi y de Deng Xiaoping. En el informe presentado en 1938 ante el Comité Central del Partido Comunista de China, Mao Zedong decía: 

«La China de hoy proviene de la China del pasado; enfocamos la historia como marxistas, y no debemos amputarla. Debemos sintetizar nuestro pasado, desde Confucio hasta Sun Yat-sen, y tomar posesión de su valioso legado. Esto nos ayudará mucho a guiar el gran movimiento de nuestros días». (Mao Zedong; El papel del partido comunista en la Guerra Nacional; Obras Escogidas, Tomo II, octubre de 1938)

Naturalmente, todo partido marxista-leninista admite que es preciso apoyarse en el patrimonio del pasado de su pueblo, pero tiene en cuenta que no se debe apoyar en cualquier patrimonio heredado, sino sólo en el progresista. Los comunistas rechazan el patrimonio reaccionario tanto en el terreno de las ideas como en cualquier otro. Los chinos han sido muy conservadores, e incluso xenófobos, por lo que se refiere a las formas y al contenido de este patrimonio y a sus viejas ideas. Conservaban lo viejo como un tesoro de gran valor. De las conversaciones que hemos sostenido con ellos se desprende que toda experiencia revolucionaria mundial, no tenía mucho valor para los chinos. Para ellos sólo tenían valor su política, la lucha que han desarrollado contra Chiang Kai-shek, la larga marcha, la teoría de Mao Zedong. Por lo que se refiere a los valores progresistas de los demás pueblos, los chinos no tenían ninguna consideración o ésta era muy poca, incluso no se tomaban la molestia de estudiarlos. Mao Zedong ha declarado que «los chinos deben dejar de lado las fórmulas creadas por los extranjeros». Pero no determina cuáles son estas fórmulas. Él ha denunciado «todos los clichés y los dogmas tomados de los otros países». Aquí surge la siguiente pregunta: ¿Acaso en estos «dogmas» y «clichés» extraños a China se incluye también la teoría del socialismo científico que no ha sido elaborada por los chinos?

La dirección del Partido Comunista de China ha considerado el marxismo-leninismo como monopolio de la Unión Soviética, respecto a la cual Mao Zedong y compañía han abrigado puntos de vista chovinistas, puntos de vista de gran Estado, han tenido, por decirlo así, un cierto celo burgués. No han considerado a la Unión Soviética de los tiempos de Lenin y Stalin como la gran patria del proletariado mundial, en la cual debían apoyarse los proletarios de todo el mundo para realizar la revolución y a la cual debían defender con todas sus fuerzas frente al gran ataque de la burguesía y del imperialismo.

Hace algunas décadas, Mao Zedong y Chou En-lai, los dos principales líderes del Partido Comunista de China, han hablado y actuado en contra de la Unión Soviética dirigida por Iósif Stalin, han hablado también en contra del propio Stalin. Mao Zedong acusaba a Stalin de subjetivismo, de que:

«En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a ponerla en práctica. (...) Al explicar el cuarto rasgo; las contradicciones internas implícitas en los objetos y fenómenos, se limitó a hablar de la lucha de los contrarios sin mencionar su unidad». (Mao Zedong; Discursos en una Conferencia de secretarios de comités provinciales, municipales y de región autónoma de partido; Obras Escogidas; 27 de enero de 1957)

De que:

«Stalin cometió algunos errores con relación a China. De él provinieron tanto el aventurerismo de «izquierda» de Wang Ming en la última fase de la Segunda Guerra Civil Revolucionaria como su oportunismo de derecha en la fase inicial de la Guerra de Resistencia contra el Japón. En el período de la Guerra de Liberación, Stalin comenzó por prohibirnos hacer la revolución afirmando que si estallaba una guerra civil, la nación china se encontraría bajo la amenaza de la ruina. Iniciada la guerra, creyó sólo a medias en nuestra fuerza». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras Escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

De que la manera de actuar de Stalin respecto a Yugoslavia y a Tito ha sido errónea [véase la obra de Enver Hoxha: Los «jruschovistas» de 1980], etc.

Mao Zedong, a pesar de que algunas veces defendía por pura fórmula a Stalin, afirmando que sus errores representan únicamente el 30 por ciento de su obra, de hecho sólo hablaba de sus errores. No es casual que en la Conferencia de los partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú en 1957, Mao Zedong declarase: «cuando vine a encontrar a Stalin me sentí como el alumno ante el maestro, mientras que ahora, al encontrarnos con Jruschov, somos como compañeros, somos libres». Con esto saludaba y aprobaba públicamente las calumnias de Jruschov contra Stalin y defendía la línea jruschovista.

Igual que los demás revisionistas, Mao Zedong ha utilizado las críticas a la persona de Stalin para legitimar el abandono de los principios marxista-leninistas, que fueron defendidos consecuentemente y enriquecidos aún más por Stalin. Al atacarle, los revisionistas chinos pretendían desprestigiar su obra y su autoridad, para elevar la autoridad de Mao Zedong al rango de un dirigente mundial, de un clásico del marxismo-leninismo que ¡habría seguido siempre una línea justa e infalible! Asimismo, estas críticas reflejaban el descontento acumulado con respecto a Stalin por las observaciones y las críticas que él y la Komintern habían hecho a la dirección del Partido Comunista de China y a Mao Zedong, que no aplicaban de manera consecuente los principios del marxismo-leninismo acerca del papel dirigente del proletariado en la revolución, acerca del internacionalismo proletario, acerca de la estrategia y la táctica de la guerra revolucionaria, etc. Mao Zedong ha manifestado abiertamente este descontento diciendo: 

«Al triunfo de la guerra [Stalin], tuvo la sospecha de que la nuestra era una victoria al estilo Tito y ejerció, en los años 1949 y 1950, una presión muy grande sobre nosotros. No obstante, consideramos que él tuvo un 30 por ciento de errores y un 70 por ciento de méritos. Esta apreciación es justa». (Mao Zedong; Sobre diez grandes relaciones; Obras escogidas, Tomo V, 25 de abril de 1956)

Asimismo, en las conversaciones que Chou En-lai sostuvo con nosotros aquí, en Tirana, nos dijo: «Stalin sospechaba que fuésemos pro estadounidenses, o que seguíamos la vía yugoslava». El tiempo demostró que Iósif Stalin tenía toda la razón. Sus previsiones acerca de la revolución china y las ideas que la orientaban, resultaron ser exactas.

Las contradicciones entre el Partido Comunista de China dirigido por Mao Zedong y el Partido Comunista de la Unión Soviética dirigido por Iósif Stalin, así como las contradicciones entre el Partido Comunista de China y la Komintern eran contradicciones de principio acerca de cuestiones fundamentales de la estrategia y la táctica revolucionarias marxista-leninistas. Así, por ejemplo, el Comité Central del Partido Comunista de China ha ignorado la tesis del Komintern sobre el desarrollo correcto y consecuente de la revolución en China, su orientación de que la clase obrera en la ciudad y el ejército de liberación actuasen conjuntamente, la tesis de la Komintern sobre el carácter y las etapas de la revolución china, etc. Mao Zedong y los otros dirigentes del Partido Comunista de China continuamente han hablado con desprecio respecto a los delegados enviados por el Komintern a China, calificándoles de «necios», de «ignorantes», de «desconocer la realidad china», etc. Mao Zedong, al considerar cada país como una «realidad objetiva en sí misma», «cerrada para los otros», calificaba simplemente de imposible e innecesaria la ayuda de los delegados del Komintern. En el discurso pronunciado en la Conferencia ampliada de trabajo del Comité Central del Partido Comunista de China, en enero de 1962, Mao Zedong ha dicho:

«China, en tanto que mundo objetivo, fue conocida por los chinos y no por los camaradas del Komintern, que se ocupaban de la cuestión china. Estos camaradas del Komintern desconocían o conocían poco la sociedad china, la nación china y la revolución china. Entonces, ¿por qué hay que hablar aquí de estos camaradas extranjeros?». (Mao Zedong; Conferencia de trabajo ampliada convocada por el Comité Central del Partido Comunista de China, 30 de enero de 1962)

Mao Zedong excluye a la Komintern cuando se trata de los éxitos. Por el contrario, le culpa a él y a sus representantes en China de las derrotas y las desviaciones del Partido Comunista de China, de no haber comprendido las situaciones que se han desarrollado en este país y no haber sacado de ellas las deducciones correctas. Él y otros dirigentes chinos acusan a la Komintern de que a la hora de desarrollar una lucha consecuente para tomar el poder y construir el socialismo en China los ha obstaculizado y confundido. Pero, los hechos del pasado y sobre todo la actual realidad china confirman que en general las resoluciones y las directrices de la Komintern para China han sido justas y que el Partido Comunista de China no ha actuado sobre la base y en el espíritu de los principios del marxismo-leninismo.

Las consecuencias del nacionalismo estrecho y del chovinismo de gran Estado, que caracterizan el «Pensamiento Mao Zedong» y que han sido y son la base de la actividad del Partido Comunista de China, se reflejan también en las posturas y en la actuación de este partido en el movimiento comunista internacional.

Esto se observa en concreto en la actitud del Partido Comunista de China hacia los nuevos partidos marxista-leninistas, que se crearon después de la traición jruschovista. Desde un principio, la dirección china no tuvo la más mínima confianza en ellos. Este punto de vista ha sido expresado abiertamente por Keng Piao, persona que en el Comité Central del Partido Comunista de China decide en lo que concierne a sus relaciones con el movimiento comunista internacional. Al respecto ha dicho:

«China no aprueba la creación de los partidos marxista-leninistas ni desea que los representantes de estos partidos vengan a China. Su llegada nos crea problemas, ha señalado, pero qué vamos a hacer, no podemos expulsarlos. Los aceptamos al igual que hacemos con los representantes de los partidos burgueses». (Archivos Centrales del Partido del Trabajo de Albania; Extracto de la conversación de Keng Piao con camaradas de nuestro partido en Pekín, 16 de abril de 1973)

Esta política, que no tenía nada en común con el internacionalismo proletario, era practicada en vida de Mao Zedong, cuando estaba completamente en condiciones de pensar y dirigir, y por tanto contaba con su total aprobación.

Cuando estos nuevos partidos marxista-leninistas, en oposición a los deseos de los dirigentes chinos, comenzaron a reforzarse, entonces aplicaron otra táctica, la de reconocer a todos los nuevos partidos y cualquier grupo sin excepción y sin ninguna distinción, bastaba que se autodenominasen «partido marxista», «partido revolucionario», «guardia roja», etc. Esta actitud y esta táctica del Partido Comunista de China han sido criticadas por el Partido del Trabajo de Albania. Lo mismo han hecho los otros verdaderos partidos marxista-leninistas. No obstante, la dirección revisionista china ha continuado por el mismo camino.

De acuerdo con su política pragmática hacia los nuevos partidos y grupos que se crearon, los dirigentes chinos han mantenido actitudes diferenciadas. Han considerado Como enemigos suyos a los verdaderos partidos marxista-leninistas, mientras los grupos y los partidos que se contraponían a los primeros, se volvieron muy queridos para ellos. En la actualidad, con estos partidos y grupos antimarxistas, que ponen por las nubes el «Pensamiento Mao Zedong», los revisionistas chinos no sólo mantienen relaciones sino que además invitan a sus representantes uno tras otro a Pekín, donde les preparan, les dan ayuda financiera y orientaciones políticas e ideológicas, les instruyen sobre cómo actuar contra el Partido del Trabajo de Albania y contra los verdaderos partidos marxista-leninistas. Les exigen que hagan propaganda del «Pensamiento Mao Zedong», de la teoría de los «tres mundos» y, en general, de la política exterior de China, que eleven el culto a la personalidad de Hua Kuo-feng y de Deng Xiaoping y condenen a los «cuatro». Para los revisionistas chinos, el partido que cumple estos requisitos es marxista-leninista, mientras que los partidos que están en contra de ellos son calificados de antimarxistas, aventureros, etc.

Todo esto demuestra que los dirigentes revisionistas chinos, en sus relaciones con los partidos marxista-leninistas, no han aplicado los principios y las normas leninistas que regulan las relaciones entre los auténticos partidos comunistas. Ellos, al igual que los revisionistas jruschovistas, han utilizado hacia los otros partidos el concepto antimarxista de «partido padre», el diktat, las presiones, la injerencia en los asuntos internos, y jamás han aceptado los consejos y las sugerencias camaraderiles de los partidos hermanos. Se han opuesto a los encuentros multilaterales de los partidos marxista-leninistas, a las reuniones donde se discutiesen los grandes problemas de la preparación y el triunfo de la revolución, de la lucha contra el revisionismo moderno y en defensa del marxismo-leninismo, donde se intercambiase experiencia y se coordinasen las acciones, etc. El motivo de esta actitud reside, entre otras cosas, en que han tenido miedo de enfrentarse con los verdaderos marxista-leninistas en reuniones multilaterales, porque hubieran sido puestas al descubierto y desenmascaradas sus teorías antimarxistas y revisionistas al servicio del capital mundial y de la estrategia para hacer de China una superpotencia.

Otro índice de la esencia antimarxista del «Pensamiento Mao Zedong» son los lazos que el Partido Comunista de China ha mantenido y mantiene con muchos partidos y grupos fascistas heterogéneos, revisionistas, etc. Ahora se esfuerza por preparar el terreno para infiltrarse o establecer lazos también con los viejos partidos revisionistas de los diversos países, como por ejemplo con el de Italia, Francia, España y de otros países de Europa, Latinoamérica, etc. Los chinos están dando una importancia cada vez más grande a estos lazos en razón de que ideológicamente todos ellos están en la misma línea que el Partido Comunista de China, no obstante las diferencias que tienen en las tácticas, las cuales dependen de la naturaleza, de la fuerza y el potencial del capitalismo en cada país.

Los vínculos del Partido Comunista de China con estos partidos revisionistas tradicionales irán ampliándose gradualmente, su actuación irá coordinándose, mientras que los pequeños grupos llamados «marxista-leninistas», que siguen la línea china, continuarán siendo utilizados por él para combatir y escindir a los verdaderos partidos marxista-leninistas, que existen y que permanecen en posiciones inconmovibles, así como a los otros partidos que nacen y nacerán. Al actuar de esta manera, los revisionistas chinos ayudan abiertamente al capitalismo, a los partidos socialdemócratas y revisionistas, sabotean el estallido y el triunfo de la revolución y, de manera particular, la preparación del factor subjetivo, el fortalecimiento de los verdaderos partidos marxista-leninistas que dirigirán esta revolución.

El Partido Comunista de China aplicó esta táctica en sus relaciones con la llamada Liga de los Comunistas de Yugoslavia, que ha trabajado con todas sus fuerzas para escindir el movimiento comunista internacional y ha combatido incesantemente contra el socialismo y el marxismo-leninismo. Los actuales dirigentes chinos desean avanzar junto con los revisionistas yugoslavos y coordinar las acciones en la lucha contra el marxismo-leninismo y todos los partidos marxista-leninistas, contra la revolución, el socialismo y el comunismo.

Mao Zedong y el Partido Comunista de China han mantenido una actitud pragmática hacia el revisionismo yugoslavo, y sus puntos de vista sobre Tito y el titoismo han sufrido una gran evolución. Al principio Mao Zedong decía que Tito no se habla equivocado, sino que fue Stalin quien cometió errores respecto a Tito.

Más tarde el mismo Mao Zedong alineó a Tito con Hitler y Chiang Kai-shek diciendo que:

«La gente como Tito o Chen Duxiu en la propia China. Hacia ellos no hay manera de adoptar una actitud de ayuda, porque no tienen remedio. La gente como Hitler, Chiang Kai-shek y los zares también son incorregibles y no hay nada que hacer sino derribarlos». (Mao Zedong; Los ejemplos de la dialéctica, 1959)

Pero de nuevo cambió su actitud y expresó su gran deseo de encontrarse con Tito.

En los últimos tiempos el propio Tito declaró: 

«Fui invitado a China cuando Mao Zedong vivía. En el curso de la visita del presidente de la Veche Ejecutiva Federativa, Džemal Bijedić, Mao Zedong le manifestó el deseo de que yo visitara China. El presidente Hua Kuo-feng asimismo me dijo que hace cinco años Mao Zedong había dicho que debía invitarme a realizar una visita, señalando que Yugoslavia tenía razón también en 1948, cosa que él [Mao Zedong] ya había declarado en aquel entonces en un círculo íntimo, pero que, teniendo en cuenta las relaciones que existían en aquel tiempo entre China y la Unión Soviética, esto no lo dijeron públicamente». (Josip Broz, «Tito»; Discurso en el activo de la RS de Eslovenia, 8 de septiembre de 1978)

La dirección revisionista de China está llevando a la práctica fielmente este «testamento» de Mao Zedong. Hua Kuo-feng aprovechó la visita de Tito a China y particularmente su visita a Yugoslavia para cubrir de elogios a Tito, para presentarlo como un «marxista-leninista destacado», como un «gran dirigente» no sólo de Yugoslavia sino también del movimiento comunista internacional. De esta forma, la dirección china aprobó de manera abierta también los ataques de los titoistas contra Stalin y el partido bolchevique, contra el Partido del Trabajo de Albania, contra el movimiento comunista internacional y el marxismo-leninismo.

Las estrechas relaciones políticas e ideológicas de los revisionistas chinos con el titoismo, con los «eurocomunistas» como Santiago Carrillo y compañía, el apoyo que proporcionan a los partidos y grupos antimarxistas, trotskistas, anarquistas y socialdemócratas, demuestran que los dirigentes chinos, inspirados y orientados por el «Pensamiento Mao Zedong», están creando un frente ideológico común con los renegados del marxismo-leninismo, contra la revolución, contra los intereses de la lucha de liberación de los pueblos. Por eso, las «teorías» chinas son motivo de alegría para todos los enemigos del comunismo, porque ven que el «Pensamiento Mao Zedong», la política china, están dirigidos contra la revolución y el socialismo.

***

Estas cuestiones que acabamos de analizar no agotan todo el contenido antimarxista y antileninista del «Pensamiento Mao Zedong». No obstante, son suficientes para concluir que Mao Zedong no ha sido un marxista-leninista, sino un revolucionario demócrata, progresista, que durante un largo periodo de tiempo permaneció al frente del Partido Comunista de China y desempeñó un papel importante en el triunfo de la revolución democrática, antiimperialista china. En el interior de China, en el partido, en el pueblo, y fuera de China recibió el nombre de gran marxista-leninista, y él mismo se hacía pasar por comunista, por un dialéctico marxista-leninista, pero no lo era. Era un ecléctico que juntaba varios elementos de la dialéctica marxista con el idealismo, con la filosofía burguesa y revisionista, e incluso con la vieja filosofía china. Por eso las concepciones de Mao Zedong no deben ser estudiadas únicamente en las frases arregladas que aparecen en algunas de sus obras editadas, sino que es preciso estudiarlas en su totalidad, en su aplicación en la vida, viendo además las consecuencias que han acarreado en la práctica.

En la evaluación del «Pensamiento Mao Zedong», es importante tener en cuenta también las condiciones históricas concretas en que fue formado. Las ideas de Mao Zedong se desarrollaron en la época de la descomposición del capitalismo, por tanto en el período en que las revoluciones proletarias están en el orden del día y cuando el ejemplo de la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, las grandes enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin se han convertido en guía infalible para el proletariado y los pueblos revolucionarios del mundo. La teoría de Mao Zedong, el «Pensamiento Mao Zedong», que nació en estas condiciones nuevas, intentaría cubrirse y se cubrió con el ropaje de la teoría más revolucionaria y más científica del momento, el marxismo-leninismo, pero en esencia siguió siendo una «teoría» que está en oposición a la causa de la revolución proletaria y acude en ayuda del imperialismo en crisis y descomposición. Por eso decimos que Mao Zedong y el «Pensamiento Mao Zedong» son antimarxistas.

Cuando se habla del «Pensamiento Mao Zedong», es difícil definir una línea única y clara del mismo, porque, como decíamos al principio, es una amalgama de ideologías, comenzando por el anarquismo, el trotskismo, el revisionismo moderno titoista, jruschovista, «eurocomunista», y acabando por el empleo de algunas frases marxistas. En toda esta amalgama, un lugar de honor ocupan las viejas ideas de Confucio, de Mencio y de los otros filósofos chinos, los cuales han influido directamente en la formación de las ideas de Mao Zedong, en su desarrollo cultural y teórico. Incluso algunos aspectos de las concepciones de Mao Zedong, que aparecen bajo la forma de un marxismo-leninismo desnaturalizado, llevan el sello y presentan las particularidades de un cierto «asiocomunismo» con fuertes dosis nacionalistas, xenófobas y hasta religiosas, budistas, que cualquier día se opondrían abiertamente al marxismo-leninismo.

El grupo revisionista de Hua Kuo-feng y Deng Xiaoping, que hoy ejerce su dominio en China, tiene como base teórica y plataforma ideológica de su política y su actividad reaccionarias el «Pensamiento Mao Zedong».

El grupo de Hua Kuo-feng y Ye Chien-ying que llegó al poder, para reforzar sus posiciones tambaleantes, enarboló la bandera de Mao Zedong. Bajo esta bandera se condenó la manifestación de Tian'anmen de abril de 1976 y se suprimió a Deng Xiaoping, al que se le colocó la merecida etiqueta de revisionista. Bajo esta bandera, dicho grupo tomó el poder mediante un putsch y desbarató a «la banda de los cuatro». Pero el caos que siempre ha caracterizado a China continuó agravándose. Esta situación turbia hizo aparecer en escena e impuso la llegada al poder de Deng Xiaoping, el cual, valiéndose de métodos fascistas, reanudó la marcha por su camino de extrema derecha.

El objetivo de Deng Xiaoping era reforzar las posiciones de su propio grupo, proseguir sin tapujos el curso de la alianza con el imperialismo estadounidense y la burguesía reaccionaria mundial. Deng Xiaoping elaboró el programa de las «cuatro modernizaciones», puso punto final a la «Revolución Cultural», liquidó a la inmensa masa de cuadros que fueron llevados al poder, al partido y al ejército por dicha revolución y los reemplazó por elementos de la más negra reacción, desenmascarados y condenados anteriormente.

Ahora asistimos a un período que se caracteriza por los dazibaos contra Mao Zedong, con los cuales los partidarios de Deng Xiaoping empapelan los muros de Pekín. Se trata del periodo de la «revancha» que persigue dos objetivos: primero, liquidar el «prestigio» de Mao Zedong y eliminar el obstáculo Hua Kuo-feng y, segundo, convertir a Deng Xiaoping en dictador fascista omnipotente y rehabilitar a Liu Shao-chi.

En China, y también en el exterior, existen personas que al observar estas maniobras reaccionarias, comparan la lucha de Deng Xiaoping contra Mao Zedong, que jamás fue un marxista-leninista, con el crimen perpetrado por Nikita Jruschov que echó barro sobre Iósif Stalin, el cual fue y sigue siendo un gran marxista-leninista. Nadie que tenga dos dedos de frente puede admitir tal analogía.

La comparación más justa que puede hacerse es la siguiente: Leonid Brézhnev y su grupo revisionista derrocó a Nikita Jruschov y ahora el Brézhnev chino, Deng Xiaoping, está derribando del pedestal al Jruschov chino, Mao Zedong.

Todo esto es un juego revisionista, es una lucha por el poder personal. En China siempre ha sido así. En todo esto no hay nada de marxista. Esta situación será arreglada sólo por la clase obrera china y un partido verdaderamente marxista-leninista depurado del «Pensamiento Mao Zedong», del «Pensamiento Deng Xiaoping» y otros pensamientos similares antimarxistas, revisionistas, burgueses. Las ideas de Marx, Engels, Lenin y Stalin son las que pueden salvar a China de esta situación por medio de una verdadera revolución proletaria.

Confiamos en que un día en China triunfarán el marxismo-leninismo y la revolución proletaria y en que los enemigos del proletariado y del pueblo chino perderán. Naturalmente esto no podrá lograrse sin lucha y sin sangre debido a que en China será preciso realizar muchos esfuerzos para crear el partido revolucionario marxista-leninista, el dirigente indispensable para conquistar la victoria sobre los traidores, para lograr la victoria del socialismo.

Estamos convencidos de que el hermano pueblo chino, los auténticos revolucionarios chinos se liberarán de las ilusiones y los mitos. Comprenderán política e ideológicamente que en la dirección del Partido Comunista de China no existen revolucionarios marxista-leninistas, sino gente de la burguesía, del capitalismo, que siguen un camino que no tiene conexión alguna con el socialismo y el comunismo. Pero, para que las masas y los revolucionarios comprendan esto, es preciso que se percaten de que el «Pensamiento Mao Zedong» no es el marxismo-leninismo y que Mao Zedong no ha sido un marxista-leninista.

La crítica que nosotros, los marxista-leninistas, hacemos del «Pensamiento Mao Zedong» no tiene nada en común con los ataques emprendidos contra Mao Zedong por el grupo de Deng Xiaoping, en la pugna de éste por el poder.

Hablando abierta y sinceramente de estos asuntos, los comunistas albaneses cumplimos con nuestro deber en defensa del marxismo-leninismo y, al mismo tiempo, en tanto que internacionalistas, ayudamos al pueblo y a los revolucionarios chinos para que encuentren el camino justo en estas difíciles situaciones por las que están pasando». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

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