«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 29 de abril de 2015

La correcta resolución de la histórica tarea de los marxista-leninistas albaneses de acabar con el espíritu faccionalista del pasado y establecer las normas marxista-leninistas de partido


«Con la elaboración e implementación de una línea revolucionaria correcta, el rol decisivo fue jugado por la organización proletaria del partido, fijándose una inquebrantable y rigurosa implementación revolucionaria de las normas leninistas, especialmente de la unidad de acero entre sus filas.

El centralismo democrático, como principio básico de la construcción y vida del partido, la consciente disciplina rigurosa en llevar a cabo las directivas, decisiones y tareas, el estrechamientos de lazos con las masas colectivas como el más alto principio del liderazgo, espíritu de iniciativa y autoactividad, rendir cuentas a los demás y demandar cuentas por cuenta de los órganos y de los cuadros elegidos y de todo comunista, desarrollo de la crítica y la autocrítica, información regular y precisa, discreción y salvaguardar los secretos de partido; estos eran los principios y normas subyacentes más importantes de las organización, de la vida y la actividad del partido.

En el curso de la Guerra de Liberación Nacional una de las tareas principales fue el incesante fortalecimiento del partido en su totalidad, de cada una de sus células, y órganos de dirección. Sobre los destacamentos y unidades partisanas, o fuera de ellas, el camarada Enver Hoxha señalaba:

«Las células deben estar en el primer plano del trabajo, deben mejorar sin cesar su rol de liderazgo, nunca permitir escapar a su ojo y responsabilidad, deben llegar a ser una fuente de movilización e inspiración para todos». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

Las filas del partido, como nos instruía el camarada Enver Hoxha, debían crecer, sobre todo, a partir de sanos elementos obreros, pero también con campesinos y otros luchadores revolucionarios, y las puertas del partido debían estar cerradas para los espías disfrazados y provocadores, para los charlatanes y cobardes, los intrigadores y anarquistas. Y en este tema se añadía:

«No necesitamos de miembros de partido perezosos, con falta de iniciativa, charlatanes y cobardes. O bien son ardientes comunistas, o debemos deshacernos de estas cadenas y grilletes que nos impiden avanzar hacia adelante. El partido está y debe estar a la ofensiva». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

El proceso de desarrollo revolucionario del partido estuvo basado sobre la lucha por la unidad entre sus filas, como la más poderosa arma que tenía sus manos el partido para hacer frente y superar los ataques del enemigo, pudiendo continuar y desarrollar persistentemente la línea y política del partido.

La lucha contra los grupos y elementos antipartido, que planteaba la mayor amenaza para la unidad, no fue una lucha ordinaria sino una feroz lucha por la defensa de la pureza ideológica y la correcta solución de los principales problemas políticos y organizativos de la línea general del partido:

«Sobre esta cuestión no hay ninguna tolerancia, ni trato político infantil, ni debe haber el menor rastro diplomático. La genuina unidad debe lograrse solo a través del total desenmascaramiento de los principios trotskistas, liquidacionalistas, anticomunistas». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

En el proceso de implementación de estas enseñanzas, el partido se mantuvo sobre fuertes posiciones revolucionarias basadas en la ideología marxista-leninista, no haciendo concesiones de principio sino golpeando y exponiendo las raíces de todos los conceptos extraños y puntos de vista errados, sin permitirlos echar raíces, crecer, y convertirse en tendencias ideológicas opuestas al marxismo-leninismo.

En el curso de la lucha para la implementación de una correcta línea revolucionaria política marxista-leninista, el partido no permitió en el partido la existencia de una segunda línea como los trotskistas y elementos hostiles buscaban imponernos, porque esto habría inevitablemente creado confusión, división, y el finalmente el decaimiento del partido.

Aplicando y defendiendo estos principios y normas de una manera revolucionaria, el partido no permitió la existencia de fracciones, y cuando ellas emergieron, se libró una severa lucha para su completa destrucción, como se hizo desde el principio en relación con el grupo de Anastas Lula y Sadik Premte». (Jorgji Sota; El Partido Comunista de Albania fue fundado sobre unos sanos principios ideológicos y organizativos; Sobre la obra del camarada Enver Hoxha: Cuando el partido estaba naciendo, 1981)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

¿Cómo podríamos explicar al lector que es una fracción en un partido? Con las palabras del magnífico marxista-leninista español Pedro Checa:

«¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc. a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro, que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido van tomando forma y desarrollo». (Pedro Checa; Qué es y cómo funciona el partido comunista, 1937)

Una de las diferencias entre el trotskismo y el leninismo en el concepto organizativo de partido, era la cuestión de la permisión o no de fracciones en el partido, es de decir de plataformas paralelas al liderazgo legítimo y elegido por los órganos del propio partido como hemos visto en la definición anterior. Ante ello Lenin explica su posición frente a este fenómeno:

«Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. (...) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.–. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, del 8 al 16 de marzo de 1921)

El trotskismo por medio de su líder declaraba sin embargo:

«La Cuarta Internacional nunca ha prohibido las facciones y no tienen intención de hacerlo. Las facciones han existido y seguirán existiendo entre nosotros». (Lev Trotski; Trotskismo y el PSOP, julio de 1939)

Y ello no fue un giro del trotskismo, ha sido la esencia de su principal líder desde sus inicios:

«Trotski, por un lado, representa solamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903, fue menchevique; en 1904, abandonó el menchevismo; en 1905 regresó al menchevismo haciendo gala de frases ultrarevolucionarias; en 1906 los dejó nuevamente; a fines de 1906 abogó por acuerdos electorales con los Kadetes –estando una vez más con los mencheviques–; y en la primavera de 1907, en el Congreso de Londres, dijo que difería de Rosa Luxemburgo en «matices específicos de ideas en vez de líneas políticas». Un día Trotski plagia del acervo ideológico de una facción, al siguiente día plagia de la otra, y después se declara por encima de las facciones». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Significado histórico de la lucha interna en el partido en Rusia, 1910)

Las fracciones aparte de ser en sí una plataforma organizativa paralela al partido, suelen ir acompañadas también de una línea programática, ideológica, y política propia, también paralela a la oficial del partido. Los marxista-leninistas albaneses nunca permitieron ni fraccionalismos ni líneas paralelas al partido. Y una de las tareas de los albaneses en años sucesivos fue derribar las tesis trotskistas de partido que el revisionismo chino propagaba: o bien que eran beneficioso para la unidad la formación de varias líneas –perorata propagandística de los 40 y 50 o que era inevitable la formación de dos o más líneas en el partido –perorata propagandística de los 60 y 70–:

«El tratamiento deformado de este problema en la vida social también está conectado con su tratamiento deformado dentro del partido. De acuerdo con el «pensamiento Mao Zedong», el partido de la clase obrera está dividido en clases antagónicas, con su jefatura burguesa y proletaria, y como resultado de ello, existen en forma objetiva e inevitablemente dos líneas en el seno del partido, que expresan los intereses de estas dos clases. En esta cuestión también  tenemos que lidiar con una flagrante desviación del marxismo-leninismo. (...) La línea del partido es un complejo de directrices y orientaciones para todo un período histórico; define los objetivos del partido, así como los métodos para llegar a ellos. El partido de la clase obrera puede tener una sola línea, la línea de la revolución, de la dictadura del proletariado, de la construcción del socialismo y el comunismo. (...) Esta lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, es el reflejo de la lucha de clases que ocurre en la sociedad. Sin embargo, la lucha de clases en el partido no se expresa en todos los casos y de manera inevitable, como una lucha entre dos líneas. La lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, pero no lo es la existencia de dos líneas. (...) Aceptar que la línea burguesa en el partido existe objetivamente, independientemente de los deseos del pueblo, significa aceptar el concepto fatalista y antidialéctico que confunde la posibilidad con la realidad. Puesto que la aparición de la línea burguesa es sólo una posibilidad, presentarla como algo que existe fatalmente significa abrir el camino, de manera consciente, a la línea burguesa en el partido y minar al partido, la dictadura del proletariado y el socialismo. Los acontecimientos que tienen lugar en China actualmente son consecuencia directa de la autorización hecha por Mao Zedong para que en el partido coexistan dos líneas opuestas». (Foto Çami; Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo, 1980)

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