«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 27 de julio de 2015

Augusto Cesar Sandino; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Sandino es el sujeto histórico en el que se funda el sandinismo, de hecho, es quién incorpora el elemento emancipador de las clases explotadas hasta entonces desconocido en la sociedad nicaragüense. Pero Sandino no es un teórico, sino un líder obrero-campesino que se forma a la luz de las contradicciones de la sociedad nicaragüense y del intervencionismo imperialista estadounidense, que logra escalar en posiciones ideológicas transitando desde el liberalismo, pasando por elementos anarco-sindicalistas hasta rozar el marxismo-leninismo; si bien se ha de comprender que no llegó a adherirse completamente a las tesis del socialismo científico, aunque hace declaraciones dirigidas a que los obreros latinoamericanos se organizaran en órganos de la Komintern –Internacional Comunista–:

«Compañeros nicaragüenses y todos aquellos que todavía se encuentran desorganizados y fuera de la Confederación Sindical Latinoamericana; en nombre de los heroicos soldados del Ejército Defensor de la Soberanía de Nicaragua, os gritamos: ¡Organizaos!, vuestro puesto está en las filas de la Confederación Sindical Latinoamericana, única organización sindical defensora de los intereses de la clase trabajadora». (Augusto Cesar Sandino; A los obreros del campo y de la ciudad de Nicaragua y de toda la América Latina, 26 de febrero de 1930)

Aquí Sandino hace mención a la Confederación Sindical Latinoamericana fundada en 1929 en Montevideo en el marco de las resoluciones del Congreso Mundial Antiimperialista de Frankfurt celebrado por la Internacional Sindical Roja, órgano de la Komintern.

Este proceso ideológico que queda evidenciado en el pensamiento de Sandino no puede ser entendido sin comprender la evolución de la sociedad nicaragüense en cuanto a los elementos económico-políticos desde su constitución como Estado, y en especial desde la irrupción del liberalismo en Nicaragua.

Situándonos en el desarrollo histórico, cabe expresar que Nicaragua se constituyó en un baluarte del liberalismo latinoamericano hacia mediados del siglo XIX, y que alcanza su clímax con el asenso al poder de José Santos Zelaya López mediante golpe militar que la historiografía burguesa nicaragüense comprende y describe como «Revolución Liberal»; se le considera el creador del Estado nicaragüense tanto en lo político como en lo territorial con la incorporación por la fuerza de la Mosquitia –hoy denominada «Costa Caribe Nicaragüense»–, por entonces convertida en colonia-protectorado del imperio británico tras la independencia del Reino de España. Zelaya desarrolló una política social desconocida hasta entonces en la región –desde el punto de vista de la legislación–, instauró la educación pública y hasta cierto punto gratuita y obligatoria, desarrolló el sistema educativo, puso en marcha una reforma agraria de carácter burgués e intentó industrializar la economía nicaragüense, etc., a la vez que trató de independizarse de la tutela estadounidense practicando una suerte de «nacionalismo», aunque en la práctica esto supuso que se entregara en brazos de las potencias imperialistas europeas. Este hecho hace que el imperialismo estadounidense intervenga en Nicaragua vía militar y diplomática –la famosa «Nota Knox»– obligando a Zelaya a exiliarse, e instalando en el poder a un gobierno títere, y ocupando el país desde 1909 a 1933 cuando son expulsados por el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional dirigido por el General Sandino.

Esa intervención del imperialismo estadounidense tiene un efecto desbastador sobre la sociedad nicaragüense en lo ideológico, y es que a consecuencia de ello el liberalismo se quedaría enquistado en la conciencia colectiva como un procurador de bienestar general y pasaría a formar parte de la cultura general del pueblo –de sus miembros progresistas–, con el agregado de que la identificación en las corrientes liberales o conservadoras estaba ligado esencialmente a la herencia familiar, es decir no respondía a cuestiones racionales de identificación, e incluso jugaba un papel determinante la ubicación geográfica siendo sus centros principales la ciudad de Granada para los conservadores y León para los liberales; de hecho, si se observa detenidamente la mayoría de los movimientos antisomocistas son de carácter liberal y tienen su epicentro en la ciudad de León.

Sandino surge en esa realidad, y en un momento en que está en desarrollo la «revolución libero-conservadora» resultante del derrocamiento de José Santos Zelaya y sus sucesores, en contra del sátrapa Adolfo Díaz de quién Burton K. Wheeler –senador estadounidense– escribiría en una carta a John Calvin Coolidge: «Ningún gobierno que se respete podría honradamente reconocer a un hombre tan subordinado a un poder extranjero. El lenguaje de Díaz respira traición a su propio pueblo».

Sandino es testigo del patriotismo desplegado por las fuerzas lideradas por Benjamín Zeledón y escribe al respecto:

«En esa ciudad de Masaya, a la que Rubén Darío llamó la ciudad de las flores, se encuentra la fortaleza de la barranca, donde estaban atrincheradas las fuerzas del General Benjamín Zeledón contra los invasores norteamericanos y los vende-patria nicaragüenses encabezados por los esbirros Emiliano chamorro y Adolfo Díaz. El 4 de octubre, en la madrugada, yendo yo en camino a una de las haciendas de mi padre, escuché descargas de fusilería y ráfagas de ametralladoras en las hondonadas del cerro de pacaya; consecutivamente se oía arreciar un formidable combate que se había entablado entre dos mil soldados de infantería de la marina norteamericana unidos a quince mil vende-patria nicaragüenses contra quinientos hombres del General Zeledón, que se defendían heroicamente contra aquella oprobiosa avalancha humana, después de un prolongado sitio que habían sufrido los autonomistas nicaragüenses, en aquella ciudad, donde tuvieron que comer hasta sus cabalgaduras. Nuestros sentimientos patrióticos y nuestro corazón de hombre joven se encontraban en desesperante inquietud, pero nada pude hacer en bien de aquella noble y grandiosa causa sostenida por el General Benjamín Zeledón y a las cinco de la tarde de ese mismo día, aquel apóstol de la libertad había muerto y en una carreta tirada por bueyes fue conducido su cadáver al pueblo de Catarina, convecino del mío, en donde hasta por hoy, bajo una lápida lamosa y semidestruida por la intemperie del tiempo se encuentran los restos de nuestro máximo héroe y gran patriota General Benjamín Zeledón». (Augusto Cesar Sandino; Benjamín Zeledón, 4 de octubre de 1929)

Como vemos Sandino se siente parte de ese liberalismo nacionalista en su juventud, añadido al hecho de que provenía de una familia en la órbita del «liberalismo tradicional», pero que ya desde edad temprana empieza a cristalizar en él un cierto sentimiento antiimperialista, antiintervencionista. No es hasta su estancia en México en donde entra en contacto con el factor anarco-sindicalista, además de las reivindicaciones emancipadoras de la Revolución Mexicana de 1910, que incorpora a su ideario reivindicaciones sociales que propician que renuncie explícitamente al liberalismo al entenderlo como parte esencial de los problemas de Nicaragua:

«Estaba en México y mi liberalismo me grito dentro del pecho cuando supe lo que estaba aconteciendo en Nicaragua (…) Pero Moncada nos traicionó en Tipitapa. Allí quedó también sepultado mi liberalismo. Tomé la decisión de luchar por la patria, de liberarla de esos perros, y también de luchar contra esos politicastros, liberales y conservadores, corrompidos y zánganos; Construir una nueva Nicaragua sin toda esa podredumbre». (Augusto Cesar Sandino; Conversación en Niquinohomo relatada por Nicolás Arrieta, noviembre de 1933)

Cuando habla de la traición de Tipitapa se refiere al Pacto del Espino Negro celebrado en Tipitapa –municipio del departamento de Managua– entre Henry L. Stimpson como representante de los EEUU y el general liberal José María Moncada que supuso el fin de la Guerra Constitucionalista y marca el inicio de la lucha antiimperialista liderada por Sandino.

El pacto recogió los siguientes puntos:

a) Se pone fin a la guerra constitucionalista y reconoce pro tempore al presidente Adolfo Díaz.

b) Desarme de los dos ejércitos, el rebelde y el del gobierno mediante la paga de 10 dólares por cada rifle y 20 dólares por cada ametralladora.

c) Se conviene en elecciones supervisadas por la marinería yanqui para el 4 de noviembre de 1928 con un marino presidiendo cada mesa electoral.

d) Se crea la guardia nacional con oficiales y soldados de los dos bandos desarmados.

e) Se repone a los magistrados liberales y a los diputados que habían sido removidos por el Lomazo de El Cadejo.

Finalmente Sandino entra en contacto con las teorías marxistas-leninistas por intermediación del salvadoreño Farabundo Martí, es entonces en donde vemos claramente la aparición de un explícito carácter de clase en algunas de sus declaraciones como: «Sólo los obreros y campesinos irán hasta el final, sólo su fuerza organizada logrará el triunfo»; «soy partidario de que la tierra sea del Estado».

Al respecto de Farabundo declara en 1933; un año antes de ser asesinado:

«Con Farabundo converse muchas veces sobre cuestiones políticas y sociales. Insistía en transformar mi lucha en una lucha por el socialismo. Estaba de acuerdo con todas sus ideas y admiraba su talento, su sinceridad, pero le explicaba que por el momento no era eso lo que cabía y que mi lucha debía seguir siendo nacionalista y antiimperialista. Le explicaba que lo primero era defender al pueblo nicaragüense de la garra imperialista, librarlo de ella, echando de nuestro suelo a esos perros y a las compañías yanquis, y que el siguiente paso era organizar a los obreros. Su entusiasmo y buena fe me dejaron una viva impresión y lamenté mucho su muerte». (Augusto Cesar Sandino; Conversación en Niquinohomo relatada por Nicolás Arrieta, noviembre de 1933)

Analizando el momento histórico, queda claro que el desarrollo práctico de la lucha de Sandino se desarrolló con acierto y en función del mismo, pero a su vez su planteamiento teórico se nutria de varias concepciones ideológicas, esto le confirió un sentido ecléctico, aunque ciertamente podemos caracterizarlo por su fuerte sentido emancipador-soberanista producto de su desarrollo ideológico autodidacta». (Equipo de Bitácora (M-L); ¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

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