«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 14 de diciembre de 2015

La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista; Llambro Filo, 1985

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«Esta obra del albanés Llambro Filo tiene una importancia vital. Se trata de una obra que analiza la estructura teórica y práctica de los gobiernos de los llamados –hace unas décadas– países de de la «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista». Esto quiere decir que se analiza las teorías revisionistas soviéticas y como influyeron en un gran número de países de África, América y Asia.

La lista de países que alguna vez han sido englobados dentro del grupo de los países de «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista» es muy larga: Angola, Guinea-Bissau, Mali, Ghana, Mozambique, Afganistán, Granada, Yemen del Sur, Siria, Irak, Santo Tomé y Príncipe, Surinam, El Salvador, Tanzania, Cabo Verde, Nicaragua, Egipto, Zambia, Libia, Birmania, Seychelles, Burkina Faso, Zimbabue, Nigeria, Yemen, Argelia, Congo, Guinea, Madagascar, Camboya, Somalia, etc. Por supuesto sobra decir que muchos de estos países no se mantuvieron en la lista de «orientación socialista» puesto que se sacaban o introducían países según los intereses de los líderes soviéticos.

Muchos de estos países también recibían las etiquetas de «socialismo árabe», «panafricanismo», «tercer mundo», «países no alineados», «países en vías de desarrollo», y los revisionistas soviéticos incluso veían correcto añadir estas etiquetas a dichos países según el contexto e interés momentáneo:

«Todas estas denominaciones, que se refieren a las diversas fuerzas políticas que hoy actúan en el mundo, lejos de poner en evidencia; encubren el carácter de clase de estas fuerzas, las contradicciones fundamentales de nuestra época, el problema clave, que actualmente predomina a escala nacional e internacional, la implacable lucha que se desarrolla entre el mundo burgués-imperialista por una parte, y el socialismo, el proletariado mundial y sus aliados naturales, por la otra». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Al ver esta innumerable lista de países de «orientación socialista» el lector debe reflexionar sobre de la influencia que han tenido las ideas de los revisionistas soviéticos en el mundo.

Los temas a analizar de las teorías del revisionismo soviético serán:

1) El carácter revisionista de tipo reformista de las teorías revisionistas soviéticas que arenga a los países coloniales y excoloniales a desarrollarse hacia el socialismo de forma pacífica, sin la necesidad de una revolución violenta y la necesaria instauración de la dictadura del proletariado. Se señala la evidente absurdez de la denominación de los revisionistas soviéticos de estos países como Estados «intermedios» ni socialistas ni capitalistas, sabiéndose que en un Estado domina quién tiene el dominio económico y por ende el político;

2) La denuncia del negacionismo hacía la clase obrera, como clase ascendente y más progresista de nuestra época en la dirección de las revoluciones de todo tipo –anticolonialistas, antiimperialistas, antifeudales, antifascistas, socialistas y demás–. Dando como resultado que los revisionistas soviéticos aprobaran que en la dirección de estos países estuvieran nacionalistas burgueses, pequeño burgueses, intelectuales y demás si estos se apoyaban en la Unión Soviética socialimperialista;

3) De igual modo se denuncia la negación a la clase obrera de su partido, el partido comunista, basado en su doctrina científica y orientadora, el marxismo-leninismo. El prototipo del partido prosoviético en dichos países eran directamente partidos burgueses y pequeño burgueses presentados desde el exterior como afines al socialismo –como el Partido Baath [ó Baaz] en Irak, Siria o Egipto–. También encontramos la aglomeración de varias organizaciones y clases en un frente, y el establecimiento de este frente como presunta plataforma desde la que nace el partido marxista-leninista o que asumirá el papel de vanguardia concerniente a un partido proletario –véase el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador–. Se denuncia que la dirigencia de un partido que se considere marxista-leninista –como unión de los elementos más conscientes y avanzados del proletariado–, no puede tener en su máxima dirección a elementos que de la noche a la mañana dicen estudiar y aceptar el marxismo-leninismo –véase Fidel Castro en Cuba o António Agostinho Neto en Angola–. Añádase la variante de que, a partir de los golpes de Estado en el ejército –véase el Partido de los Trabajadores de Etiopía, la Unión Socialista Árabe en Libia, el Partido Democrático Popular de Afganistán, o en el caso de Burkina Faso en donde nunca se llegó ni siquiera a fundar un partido, siendo comandado el proceso por una junta militar–;

4) Se presentaba la «ayuda» política, militar y económica soviética como el principal factor para determinar si un país era de «orientación socialista» o no. Presentar así mismo, que sin la aceptación de la teoría política de la «soberanía limitada», sin la adhesión al organismo militare del Pacto de Varsovia y sin integrarse o cooperar en economía con el Consejo de Ayuda Mutua Económica era imposible sobrevivir ante el cerco del imperialismo capitalista. Se alegaba que cuando un país negaba dicha «ayuda» y «tutela» soviética había traicionado al socialismo –véase el caso de la República Democrática de Somalia o Egipto y sus virajes de apoyo en la Unión Soviética a los Estados Unidos–. Se negaba el axioma marxista-leninista de que la verdadera ayuda de los países socialistas a otros países socialistas solo puede ser un auxiliar. El país que construye el socialismo debe valerse de sus propias fuerzas;

5) Se denuncia las especulaciones teóricas sobre el presunto «socialismo» en la economía en los países de «orientación socialista». Aparte de demostrar que en estos países predomina la economía mixta –como fue el caso de Nicaragua por ejemplo–, se dedica especial atención a explicar el carácter capitalista del sector estatal en estos países debido a las leyes de producción capitalista y al control político y económico del Estado, explicando detenidamente el rol que la burguesía le da a dicho sector estatal para crear beneficios y ligarse en este caso a sus amos socialimperialistas. Se denuncia la ligazón económica con el socialimperialismo soviético a través de créditos, préstamos, compra de armas, lazos comerciales, e incluso con la introducción de estos países en sus herramientas neocolonialistas como el Consejo de Ayuda Mutua Económica. Además se oculta que el imperialismo –de cualquier tipo– no otorga créditos para ver la construcción del socialismo, sino que toda inversión está calculada de antemano para obtener suculentos beneficios, estableciendo en dicha relación unos lazos económicos, políticos y culturales para influir en el país deudor. En la mayoría de las ocasiones se ha comprobado que dichas camarillas revisionistas no pueden ni otorgar una economía saneada a su país, ni controlar la deuda con la que se encadenan a los diferentes imperialismos, por lo que deben de sacrificar el nivel de vida de las masas obreras para pagar las grandes deudas –véase el caso de la extensa deuda de los países africanos prosoviéticos– que incluso les conduce a la autodestrucción de tales regímenes. A esto habría que añadirle la promoción de la «división internacional del trabajo» promovida por la Unión Soviética socialimperialista y su imposición en los países de su rango de influencia, dándose una desindustrialización y «especialización» económica en las ramas de la industria ligera o la agricultura que los ataba a ser meros países neocoloniales. Entender que para las burguesías nacionales el triunfo completo de la industrialización significaba el fin de toda posibilidad de supervivencia de cualquier clase explotadora –ya que por ejemplo la industria pesada da las posibilidades reales para la completa colectivización del campo y la eliminación del kulak, última clase explotadora a eliminar–;

6) Se denuncia la infiltración de los revisionistas soviéticos por medio de engaños, chantajes y sobornos en los movimientos de liberación nacional. De igual modo se denuncia la instigación del socialimperialismo soviético a que los pueblos apoyen los golpes de Estado de los líderes de diferentes partidos o fracciones corrompidas por el socialimperialismo soviético. Señalándose que los golpes de Estado son métodos antimarxistas de toma de poder, por su total inconexión con las masas trabajadoras, siendo claramente una negación de la teoría marxista de que la historia la hacen las masas y promoviendo aventurismos y la teoría anarquista de que la historia la hace un cerrado círculo de personas bajo conspiraciones triunfantes;

7) Se denuncia el establecimiento de bases militares, pactos de amistad y cooperación bilaterales o multilaterales, o el envió de tropas a través de países satélites que garantizan la injerencia militar, la explotación económica y el control político del socialimperialismo soviético en tierras ajenas. Se advierte de la falsa fraseología marxista usada por los revisionistas soviéticos con epítetos como proporcionar una «ayuda internacionalista», o defender «amistad soviética con los pueblos oprimidos» que no tienen otro objetivo de camuflar sus intereses expansionistas y defender los intereses socialimperialistas en dichos países;

8) En particular ha de entenderse que las teorías del socialimperialismo soviético como la de la «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista» no son casuales, sino que son la consecuencia teórica lógica a sus fines de expansión imperialistas. Esto se ve claramente en otros ámbitos como ya hemos hablado: en la teoría político-militar de la «soberanía limitada» fabricada con el objetivo de justificar la intervención militar en los países neocolonializados por el revisionismo soviético como fue el caso de Checoslovaquia, o la teoría económica de la «división socialista del trabajo» donde se niega la industrialización de los países dependientes y se les condena a la producción de monocultivos como es el caso de Cuba.

En resumen todos estos países acabarían ligados al carro del socialimperialismo soviético y mantuvieron una aparente fraseología revolucionaria y marxista hasta inicios de los 90, donde la mayoría de ellos con el colapso del bloque revisionista soviético decidieron mirar hacia Occidente en lo económico y dejar la simbología y fraseología marxista.

Antes de seguir creemos que es necesario que respondamos al lector dos cuestiones previas:

Primero. ¿De dónde nacía en la Unión Soviética este espíritu avasallador, rapaz, egoísta, belicista, explotador; ese carácter, en resumidas cuentas, clásico de los imperialismos? Como decían los marxista-leninistas albaneses, en la Unión Soviética la restauración de la ideología burguesa en el partido a través del revisionismo, y la restauración del capitalismo a través de esas ideas burguesas y las sendas reformas económicas aplicadas, no podían dejar de tener consecuencias en la política exterior del país:

«La restauración del capitalismo en el interior del país no podía sino conducir también a un cambio radical en la esfera de las relaciones internacionales y en la política exterior del partido comunista y del Estado soviéticos. El revisionismo jruschovista se fue transformando gradualmente en la ideología y la política de una nueva superpotencia imperialista que justifica y defiende el expansionismo, la agresión y las guerras para establecer la dominación mundial. Son engendro de esta ideología y esta política las nefastas teorías de la «soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «integración económica, política y militar» de los países de la llamada comunidad socialista, a los que han atado de pies y manos y transformado en países vasallos». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Esto solo era el reflejo de su línea política interior como decíamos:

«Toda la política exterior expansionista, hegemonista y agresiva de la Unión Soviética socialimperialista constituye otra prueba, otro testimonio de que el régimen soviético es un régimen capitalista, porque sólo un régimen así puede practicar tal política en la arena internacional. Como afirmaba Lenin, la política exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país. Las máscaras socialistas y comunistas que aún pretenden conservar los revisionistas soviéticos, se van cayendo ante su realidad capitalista y ante la política socialimperialista que aplican». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Segundo. ¿Cómo se explica la fácil profundización económica, política y cultural del socialimperialismo soviético y por tanto de sus teorías en todos estos países? ¿Tan solo con la abundante maquinaria de propaganda? No. Ténganse en cuenta que por el perfil, la mayoría de estos países eran los típicos países que accedieron a su independencia estatal a mediados de los 60 ó 70. Muchos de ellos quedaron prendados del eco de la Revolución de Octubre de 1917 y del eco del internacionalismo proletario de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y después:

«A pesar de todas las derrotas que han sufrido, los revisionistas soviéticos continúan ejerciendo una influencia no solo allí donde representan la ideología estatal dominante, sino también en la inmensa mayoría de partidos revisionistas así como en ciertos partidos nacional-democráticos de los países en vías de desarrollo, etc. Continúan apelando al pasado de la Unión Soviética, al nombre de Lenin y al Partido Bolchevique y se cubren siempre de forma sutil, de una fraseología comunista. Está claro que sin desenmascarar la plataforma ideológica del revisionismo soviético, que es la base teórica de su política imperialista, no podremos oponernos eficazmente a su expansión y su hegemonismo, no podremos realizar en la medida y bajo las formas requeridas, una movilización de las verdaderas fuerzas antiimperialistas, no podremos aniquilar los agresivos planes de las superpotencias». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

Por eso para los líderes de esos países excoloniales, esa vieja fama positiva de la Unión Soviética que arrastraba de años atrás y que muchos no tenían ni siquiera la capacidad teórica para entender el viraje ocurrido en el país soviético tras la muerte de Stalin en 1953, fueron factores que facilitaron que estos líderes fueran presas fáciles para la demagogia y el engaño de los revisionistas y socialimperialistas soviéticos. Otros líderes de estos países, es fácil pensar que si eran conscientes del carácter socialimperialista de la nueva Unión Soviética de Jruschov, Brézhnev y posteriores, pero les convenía disimular este carácter ya que sin el apoyo del revisionismo soviético muchos de ellos no podrían haber retenido el poder político ni obtener cuantiosos beneficios económicos. Entiéndase también que muchos de los líderes buscaban simplemente apoyarse en la Unión Soviética como contrapeso al viejo país colonial o neocolonial que le había dominado, creyendo profundamente en que el país soviético tenía buenas intenciones, otros directamente pese a conocer su nuevo carácter rapaz e imperialista esperaban ilusamente obtener un trato mejor que el dispensado por el país imperialista del que se acaban de desligar.

Tercero. ¿Cómo terminaron estos regímenes si eran tan numerosos? ¿Continúan a día de hoy? Con el derrumbe del propio socialimperialismo soviético en 1991 todos los regímenes prosoviéticos acabarían o bien por la fuerza o bien por iniciativa propia cambiando su régimen al del estilo de las democracias burguesas occidentales y dando todavía más si cabe, entrada al capital extranjero de los imperialismos occidentales –como fue el caso de Mozambique–. Otros como que también «picaron» en establecer tales teorías antimarxistas, moldearían a partir de entonces con sendas reformas sus regímenes hacia el estilo de Occidente pero manteniendo sin embargo cierta de la fraseología pseudorevolucionaria –como fue el caso del Congo–. En otros casos ha sido hasta fechas recientes que han decidido amoldarse al régimen parlamentario democrático-burgués y abandonar en su propaganda y constituciones los alegatos al «socialismo» –como Siria–, aunque ya padecían un notable influjo económico de los imperialismos occidentales. En resumidas cuentas todos han cambiado su vieja estructura económica, su propaganda y fraseología y sus alianzas internacionales. Esto además es la prueba efectiva de que muchos de estos regímenes no tenían una base asentada en el pueblo y en políticas consecuentes, sino que más bien eran regímenes en donde dominaba una minoritaria clase explotadora burguesa-feudal que a través de golpes de Estado, y con el apoyo que recibían del exterior, lograban sobrevivir con muchos apuros, y que una vez finalizado ese apoyo del exterior dichas clases explotadoras locales no vieron factible seguir con la falsa bandera del «socialismo», siendo más viable para ellos darle la mano a los viejos imperialismos coloniales o aliarse a otros nuevos imperialismos ya que el viejo socialimperialismo soviético ya no podía «protegerles».

Si se hace una introspectiva, se podrá ver que muchas de las teorías de como se estructuran los partidos gobernantes, la economía o la política de alianzas en el exterior, se podrá ver que los actuales países del denominado «socialismo del siglo XXI» no se diferencian en nada a los países prosoviéticos de los llamados de «orientación socialista». ¿Esto qué quiere decir? Que como lección todo marxista-leninista debe darse cuenta que todo revisionismo tiene una base teórico-práctica anterior en la que se suelen apoyar para formar su estructura; y como segunda lección debe aprenderse que para combatir a los nuevos revisionismos es menester haber comprendido y haber desenmascarado en su momento a todos los revisionismos previos. Esto una vez más tira por borda a todo el que se queja del hincapié en el estudio y denuncia de los revisionismos «pequeños» o «pasados de moda».

Por todo, al respecto de esto que se ha visto a lo largo de la historia, y sobre todos por los regímenes revisionistas prosoviéticos de África, Asia y América, hay que recordar que:

«La claridad en esta cuestión y el establecimiento de una neta línea de demarcación entre el socialismo auténtico y el pseudosocialismo, revisten una importancia capital para el desarrollo con éxito de la lucha de la clase obrera y de las masas trabajadoras. Sin tener una clara imagen de la sociedad socialista y sin atenerse a sus principios y leyes generales, la revolución se queda a mitad de camino». (Enver Hoxha; Informe al VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1981)

¿Cuál era la posición marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania sobre los problemas y tareas de los países coloniales y excoloniales?:

«Es sabido que en los países explotados por el imperialismo, en los países de Asia, África y América Latina, los pueblos que aman la libertad desarrollan una enconada lucha por su emancipación, su independencia y su soberanía nacional, contra el viejo y nuevo colonialismo. Esta es una justa lucha revolucionaria y de liberación, que goza del respaldo sin reservas de los marxista-leninistas, de los países verdaderamente socialistas, del proletariado mundial, de todas las fuerzas progresistas. Esta lucha está dirigida, y no puede dejar de estarlo, contra varios enemigos: contra los opresores imperialistas, y en primer lugar contra las dos superpotencias, los mayores explotadores y gendarmes internacionales, los más peligrosos enemigos de todos los pueblos del mundo; contra la burguesía reaccionaria del país, vinculada a través de miles de hilos con los imperialistas extranjeros, con tal o cual superpotencia, con los monopolios internacionales, y que es enemiga de la libertad y de la independencia nacional; contra los acentuados remanentes del feudalismo, que se apoyan en los imperialistas extranjeros y se unen con la burguesía reaccionaria contra la revolución popular; contra los regímenes reaccionarios y fascistas, representantes y defensores del poder de estos tres enemigos. Por ello, es absurdo pretender que hace falta luchar únicamente contra los enemigos imperialistas del exterior, sin combatir ni golpear simultáneamente a los enemigos internos, aliados y colaboradores del imperialismo, a todos los factores que obstaculicen esta lucha. Hasta el presente jamás ha existido lucha de liberación ni se ha desarrollado alguna revolución nacional-democrática y antiimperialista que no se haya enfrentado a enemigos internos a reaccionarios y traidores a elementos vendidos y antinacionales. (…) En los países que han conquistado total o parcialmente la independencia política, la revolución se encuentra en distintas etapas de desarrollo y no se le plantean las mismas tareas. Existen entre ellos países que se encuentran en vísperas de la revolución proletaria, mientras que en muchos otros, están a la orden del día las tareas de la revolución nacional, democrática, antiimperialista. Pero en todo caso, mientras esta revolución esté dirigida también contra la burguesía internacional, contra el imperialismo, es aliada y reserva de la revolución proletaria mundial. Pero, ¿acaso esto significa que tales países deben permanecer en la fase nacional-democrática de la revolución y que los revolucionarios no deben hablar de la revolución socialista y prepararse para ella por miedo de superar y quemar las etapas y de que alguien pueda tratarles de blanquistas? Lenin se ha referido a la necesidad de transformar la revolución democrático-burguesa en revolución socialista en los países coloniales desde la época en que en estos países las revoluciones democrático-burguesas todavía se encontraban en embrión. Marx y Engels, al criticar al blanquismo, no consideraron prematuras, ni la revolución de 1848, ni la Comuna de París. El marxismo-leninismo no confunde en absoluto la impaciencia pequeño burguesa que conduce a quemar las etapas, con la necesidad del desarrollo ininterrumpido de la revolución». (Enver Hoxha; La teoría y la práctica de la revolución, 7 de julio de 1977)

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Recomendamos que la presente obra de Llambro Filo puede, y debe, complementarse con el estudio de la obra de su compatriota Nesti Karaguni: «La esencia reaccionaria de la teoría revisionista soviética de la «orientación socialista» de 1984, donde se tocan los mismos temas generales, aunque se detiene en diversos temas concretos como la distorsión del factor objetivo y subjetivo de la revolución».

El documento:


La «vía no capitalista de desarrollo» y la «orientación socialista», «teorías» que sabotean la revolución y abren las vías a la expansión neocolonialista

La cuestión de la revolución proletaria mundial es indiscutible al desarrollo de los movimientos de liberación nacional de los países dependientes. Ellos son la reserva de la revolución y constituyen una fuerza importante que asesta duros golpes al imperialismo y al socialimperialismo, al neocolonialismo y la reacción. En el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, el camarada Enver Hoxha dijo:

«Un importante rasgo de las actuales luchas de liberación nacional es que el despertar político para la conquista y la defensa de la plena libertad e independencia nacionales está siendo acompañado de un despertar social». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Los pueblos y las fuerzas revolucionarias no pueden soportar el yugo extranjero y los regímenes dominantes locales feudales-burgueses. Aspiran a la verdadera libertad nacional y social y luchan por conquistarla.

Los socialimperialistas soviéticos, como las potencias imperialistas que tratan de sabotear estas luchas y remplazar al viejo colonialismo por un nuevo colonialismo, no pueden permanecer quietos y procuran apoyar teóricamente sus intenciones expansionistas, neocolonialistas y contrarrevolucionarias en estos países, por lo que llegan a amontonar «teorías» especiales como las «teorías» de la «vía no capitalista de desarrollo» y de «la tendencia al socialismo».

La «teoría» de la «vía no capitalista de desarrollo» a través de la cual se pregona la «elección de la orientación socialista y la construcción de la sociedad socialista» en los países liberados del yugo colonial, es algo que ocupa un lugar importante en toda la propaganda llevada a cabo por los revisionistas soviéticos. En sus declaraciones esta «teoría» representa:

«La elaboración y el desarrollo ulterior en las condiciones actuales de las tesis leninistas de la posibilidad de que los países atrasados –coloniales y semicoloniales en estado de desarrollo precapitalista o capitalista temprano– pasen al socialismo sin conocer la fase de capitalismo desarrollado». (O. V. Martishen, Socializm i nacionalizm v Afrike, p. 38, Moscou, 1972)

Al mismo tiempo, los revisionistas soviéticos también han desarrollo y distribuido la «teoría» del «Estado de orientación socialista» en tanto que manifestación importante de la «vía no capitalista de desarrollo» y «aplicación práctica de las condiciones actuales de los países excoloniales de África y de Asia». El libro titulado: «El rol de la Unión Soviética en la política mundial de los años 1917-1980» hace hincapié en la idea de que:

«Veinte países en desarrollo optaron por la orientación socialista». (N. I. Lebediev, SSSR v mirovoj politike 1917-1980, p. 198, Moscou, 1980)

Y que:

«Están comprometidos con el camino de desarrollo socialista». (J. N. Gavrilov, Nadonalno-osvoboditelnoe dvizhenie: perspektivi razvitija, p. 32, Moscou, 1981)

Las «teorías» sobre la «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista» son parte integral de la ideología y la política revisionista y socialimperialista de la Unión Soviética. Dichas teorías no tienen nada que ver con «el desarrollo de las tesis leninistas», por el contrario ellas se oponen a sus fines bien determinados. Hay una gran diferencia de principios entre las enseñanzas de Lenin sobre el paso de los países atrasados al socialismo y las tesis sostenidas por los revisionistas soviéticos. Pero pese a todo, insisten en que la concepción de los revisionistas soviéticos, el contenido de la «vía no capitalista de desarrollo» debe de ser seguido.

Así, analizando la misma esencia de la teoría de la «vía no capitalista de desarrollo», los revisionistas soviéticos la consideran como una etapa original de la organización económica, política, ideológica y social de carácter transitorio en el curso de la cual, a través de la misma evolución de los movimientos democráticos y de liberación nacional y por la vía pacífica, es decir, sin recurrir a la revolución proletaria y a la instauración de la dictadura del proletariado, supuestamente:

«Se crean rápidamente las condiciones materiales, técnicas, sociales y políticas para efectuar el paso al socialismo en los países atrasados». (Leninizm i nacionalnoe dvizhenie, p. 251, Moscou, 1969)

Se afirma así que existen países en una «situación intermedia», que ni son países capitalistas ni socialistas, algo que está desprovisto de todo fundamento objetivo y de clase.

También se afirma que la transición al socialismo es realizable con la dirección de las fuerzas no proletarias que están a la cabeza del Estado de «orientación socialista». En las condiciones actuales, argumentan ellos, gracias a «la vía no capitalista de desarrollo», los países donde:

«El proletariado es reducido numéricamente y se encuentra en plena formación, y donde la diferenciación de clase es baja y el antagonismo de clase entre los polos de clase opuestos, pueden surgir de fuerzas «activas» como las capas intermedias –pequeña burguesía, intelectuales, funcionarios, etc.– capaz de unir a los movimientos democráticos y socialistas» y realizar «el paso al socialismo». (Aktualnie problemi ideologi nacionalno-osvoboditelno dvizhenija v stranah Azii i Afriki, Moscou, 1982)

Este fenómeno constituye según ellos, una «característica distintiva» de:

«La experiencia principiante de la construcción del socialismo bajo la dirección del proletariado». (Aktualnie problemi ideologi nacionalno-osvoboditelno dvizhenija v stranah Azii i Afriki, Moscou, 1982)

Las numerosas tesis revisionistas de la «vía no capitalista de desarrollo» están llenas de interpretaciones antimarxistas sobre el rol del factor interno y externo en la revolución y la construcción del socialismo. En oposición del marxismo-leninismo sobre el rol determinante del factor interior, los revisionistas soviéticos definen este factor como «condición fundamental» y «determinante» al paso al socialismo a través de la vía de desarrollo no capitalista la ayuda directa de la Unión Soviética, la cooperación con ella en todos los aspectos, lo cuales serían supuestamente:

«Factores complementarios, pero también componentes orgánicos de todo el complejo de las transformaciones sociales y económicas de los Estados de orientación socialista». (MEMO, n° 10, 1980, p. 152)

En otras palabras, si los países atrasados se unen a la Unión Soviética socialimperialista, el «vació» que existe debido a la ausencia de la dirección del proletariado en la revolución será «llenado» por ésta, y la realización de «todas las transformaciones económicas y sociales» por la dirección de las fuerzas no proletarias estará «garantizado».

Las «teorías» de los revisionistas soviéticos de la «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista» están llenas de funestas consecuencias para la libertad y la independencia de los países excoloniales, son fatales para la verdadera liberación nacional y social de los pueblos de estos países. Particularmente han sido creadas para sabotear la causa de la revolución y de la lucha por el triunfo del socialismo, para perpetuar el orden económico, social y político de la explotación capitalista así como para realizar las finalidades socialimperialistas en terceros países. Desnudando y desenmascarando la esencia anticientífica y contrarrevolucionaria de las teorías de la «vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista», así como los objetivos que los revisionistas soviéticos pretendían alcanzar a través de sus tesis, el camarada Enver Hoxha subrayó que:

[«Actualmente se han reanimado diversas teorías que predican la espontaneidad en el movimiento revolucionario, que menoscaban el papel del factor consciente, que niegan el papel de la teoría y del partido del proletariado. La degeneración de los partidos revisionistas, su transformación en partidos reformistas, inocuos para la burguesía, y las tesis antimarxistas de los revisionistas modernos, soviéticos, yugoslavos, italianos, etc., de que «el capitalismo se está integrando en el socialismo de manera, consciente o inconsciente, gradual o radical», de que «también partidos y organizaciones políticas no proletarias pueden llegar a ser portadores de los ideales del socialismo y dirigentes de la lucha por su realización», de que «también algunos países donde está en el poder la nueva burguesía nacional se encaminan hacia el socialismo», etc». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971) – Anotación de Bitácora (M-L)]

«Se han convertido en base para propagar los puntos de vista más extremistas que niegan totalmente el papel de la teoría y la necesidad del partido de la clase obrera». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

Y que:

«El contenido objetivo de todas las «teorías» que niegan la necesidad del papel dirigente de la clase obrera y de su partido es de hecho la negación de la revolución, del socialismo y del marxismo-leninismo». (Enver Hoxha; Informe en el VIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1971)

Los clásicos del marxismo-leninismo jamás condicionaron, contrariamente a lo que aspiran los revisionistas soviéticos, el paso de los países subdesarrollados al socialismo por una revolución habitualmente nacional-democrática dirigida por las fuerzas no proletarias.

Lenin, que desarrolló todavía más las ideas de Marx y Engels sobre el paso directo de los países subdesarrollados al socialismo sin pasar previamente por la fase de capitalismo avanzado, relacionó este paso con el éxito de la revolución en las condiciones del imperialismo, a la transformación incesante de la revolución nacional, democrática y popular dirigida por el proletariado, con su partido comunista a la cabeza, en revolución socialista.

Las enseñanzas de Lenin siguen teniendo toda su actualidad. Todas las fuerzas revolucionarias que luchan por derrocar el orden burgués pueden conseguir la victoria si se unen en su lucha con la clase obrera, si saben y admiten su rol dirigente, y el del partido marxista-leninista. Esto como lo subrayó nuestro partido, es una necesidad objetiva. Una alternativa diferente conduciría al aventurismo y la derrota.

Las vistas y prácticas de los revisionistas que pretender sabotear y asfixiar a los movimientos de liberación nacional de los pueblos de los países excoloniales están estrechamente atadas a su política expansionista, al neocolonialismo de la Unión Soviética socialimperialista.

A medida que el Partido del Trabajo de Albania y el camarada Enver Hoxha lo han venido demostrando desde hace tiempo, las vistas y tesis de los revisionistas soviéticos no fueron deformaciones puramente ideológicas, ni apreciaciones erróneas de las situaciones. Son mecanismos ideológicos y políticos conscientes, escogidos especialmente para la aplicación de la política socialimperialista los que forman la base teórica de esta política. En este contexto, las «teorías» de la «vía no capitalista de desarrollo» y de la «orientación socialista» son otras armas en el arsenal ideológico del socialimperialismo soviético para ocultar, justificar y preparar el terreno a sus vías de expansión neocolonialistas en África, Asia y América Latina.

En rivalidad con otras potencias imperialistas occidentales que ocupan fuertes posiciones políticas y económicas en los países excoloniales y aprovechando la creciente resistencia de estos pueblos contra el yugo extranjero, los socialimperialistas soviéticos se esfuerzan para vestir sus objetivos y acciones de una fraseología «leninista» y consignas de color «socialista» y bajo el pretexto de «ayudar a las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas», de la «ayuda internacionalista a prestar a los nuevos Estados», presentan a la Unión Soviética como «defensora», como la «combatiente de la nueva sociedad» de estos países. (Istoria SSSR. Epoka socializma, p. 454, Moscou, 1974)

En su obra: «El imperialismo y la revolución», el camarada Enver Hoxha escribió:

«La Unión Soviética intenta abrirse paso para realizar sus planes expansionistas neocolonialistas, presentándose como un país que sigue una política leninista e internacionalista, como aliado, amigo y defensor de los nuevos Estados nacionales, de los países poco desarrollados, etc. Los revisionistas soviéticos preconizan que estos países, al ligarse a la Unión Soviética y a la llamada «comunidad socialista», que es proclamada como la «principal fuerza motriz de la actual evolución mundial», pueden avanzar con éxito por el camino de la libertad y la independencia, e incluso del socialismo. A tal efecto han inventado asimismo las teorías del «camino no capitalista de desarrollo», de la «orientación socialista», etc». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978)

En concreto, la expansión en el curso de la década de los 70 y la influencia de la dominación neocolonial de los socialimperialistas soviéticos en los países de África y Asia se vio acompañado por el «enriquecimiento» de las «teorías» de la «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista» con nuevas «tesis» e «ideas».

Los revisionistas soviéticos comenzaron a hacer un gran alboroto sobre la «aplicación práctica generalizada» de estas «teorías». (Interview du directeur de l'Institut de l'Afrique à l'Académie des sciences de l'URSS, dans Azia i Afrika sevodnja, 1979, nr. 5)

Todo ello pretenden realizarlo a través del:

«Ensamblamiento político, organizativo, ideológico y cultural, a aplicar en los Estados que apoyan la política de orientación socialista y que se han comprometido con el camino de desarrollo socialista». (J. N. Gavrilov, Op. cit., p. 32)

1) Una de las «novedades» que los revisionistas soviéticos aportan a la «aplicación» de la teoría de «la vía no capitalista de desarrollo» y la «marcha hacia el socialismo» es «la dirección de los países de orientación socialista» no por «partidos democráticos y nacionales» sino por «partidos democráticos y revolucionarios, vanguardias de las masas trabajadoras», los cuales son presentados como:

«Un salto cualitativo» en comparación con los anteriores. (Voprosi istorii KPSS, p. 86, 1981, n° 6)

Afirman que estos partidos:

«A través de su evolución ideológica, y por tanto del paso de varias ideas no proletarias sobre el socialismo a la conciencia de las tesis particulares del marxismo-leninismo y finalmente a la adopción plena de esta teoría, pueden ser capaces de realizar las funciones del partido marxista-leninista y transformarse a partir de varios pasos, en verdaderos partidos comunistas». (Aktualnie problemi ideologii nacionalno-osvoboditelnovo dvizhenija v stranach Azii i Afriki, p. 97, Moscou, 1982)

Los autores revisionistas en sus escritos teorizan mucho acerca de la naturaleza de clase de estos partidos. Los presentan como si fueran de composición social variada, como:

«Un agrupamiento de elementos nacidos esencialmente de las filas del campesinado, de la clase obrera en curso de formación, de las capas semiproletarias, de la intelectualidad, de los empleados, de la pequeña burguesía, etc». (A. S. Shin, Nacionalnoe-demokratitcheskie revolucii, p. 233, Moscou, 1981)

Afirman que tales partidos que se presentan a sí mismos como:

«Los partidos de todas las clases» son «capaces de dirigir a las masas populares en la etapa del crecimiento de la revolución de liberación nacional a revolución socialista». (K. M. Tsagalov, Osvobodivtchiesia strani, zashita socialnoj revolucii, p. 19, Moscou, 1981)

La concepción del «partido democrático revolucionario de vanguardia de las masas trabajadoras» es una concepción antimarxista que se opone totalmente a la misión del partido proletario llamado a dirigir la revolución socialista. Todas las tesis revisionistas sobre la fundación y edificación de la organización, el carácter de clase y la actividad política práctica de estos partidos, se inspiran en interpretaciones antimarxistas.

Así, cuando los revisionistas soviéticos plantean la cuestión de la base de estos partidos, dan a entender que es necesaria la «creación de un amplio frente» de tipo democrático-nacional que constituyan la «base» necesaria para los «partidos democráticos revolucionarios de vanguardia de las masas trabajadoras» y también llaman a la «reorganización» de «coaliciones dirigentes en el poder», donde se sitúan diversas corrientes políticas y sociales que representan también a las clases explotadoras, y que pretendidamente «experimentan cambios cualitativos en su naturaleza y actitud de clase». (Azia i Ajrika sevodnja, p. 48, n° 3, 1983)

Los puntos de vista revisionistas sobre la creación de «partidos de vanguardia de las clases trabajadoras» son otra tentativa distinta de interpretar desde posiciones antimarxistas la naturaleza y rol de las diferentes clases, fuerzas políticas y sus objetivos. Es absurdo identificar el frente único nacional antiimperialista o democrático en el cual participan diferentes clases y capas sociales con el partido político dirigente, del mismo modo que es absurdo considerar al frente como la «base» para la fundación de un partido que vaya a desarrollar «las funciones del partido comunista».

Sabemos que los frentes únicos nacionales y democráticos surgen durante el proceso de los movimientos revolucionarios de liberación nacional de los diferentes países coloniales y dependientes. Esto se revela como necesario porque las revoluciones democráticas y de liberación nacional tienen una base social más amplia. Existirán diferentes clases y fuerzas políticas interesadas en diversos grados en las tareas «comunes» de la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional y de democratización del país donde también pueden participar. Pero incluso cuando se trata de estos frentes, el marxismo-leninismo nos enseña que nunca debemos descuidar el análisis de clase de estas fuerzas de clase que participan en estos frentes ni subestimar la lucha de clases que se libra en su interior. En efecto las clases que participan en la revolución democrática nacional no están todas interesadas en el mismo grado en la profundización y amplitud del desarrollo del proceso, y bajo la representación de las «tareas comunes» surgen contradicciones y conflictos que marcan las diferencias de los intereses de cada clase.

Criticando las tesis de los diversos oportunistas, que no tienen en cuenta las diversas diferencias entre las diferentes clases, sus intereses y objetivos. Lenin dijo una vez:

«La noción de «revolución general» debe sugerir al marxista la necesidad de realizar un análisis exacto de los diversos intereses de las diferentes clases, intereses que coinciden en el curso de la lucha en cuanto a solución de ciertas tareas comunes limitadas y bien definidas. Pero esta noción no puede de ninguna manera servir para oscurecer, para olvidar el estudio de la lucha de clases en el curso de esta o aquella revolución». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Obras, éd. alb., t. 12, pp. 458-459)

El papel, la importancia y vitalidad del frente depende directamente de la fuerza política que va a su cabeza. Para que no se quede rezagado el partido comunista debe garantizar siempre su dirección en el frente. El camarada Enver Hoxha hizo hincapié en el VIIIº Congreso del PTA:

[«El partido y el proletariado no van solos a la revolución. En la sociedad burguesa existen también otras capas oprimidas que odian el orden capitalista, existen fuerzas progresistas entre el campesinado, entre la juventud, existen, además, personas demócratas y amantes de la libertad que no soportan la explotación. Los comunistas acercan a todas esas fuerzas y elementos, establecen con ellos alianzas sobre diversas cuestiones y por objetivos determinados. Los marxistas-leninistas no son ni sectarios ni amplios, son revolucionarios firmes en los principios, pero flexibles en la táctica. Los frentes que construyen los partidos marxista leninistas junto a las demás fuerzas progresistas en los países capitalistas contra la burguesía, contra el fascismo y el imperialismo, forman parte de la estrategia de la revolución». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981) - Anotación de Bitácora (M-L)]

«En toda alianza o frente el partido conserva su propia personalidad incluso cuándo, por razones objetivas, no lo dirige él mismo». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

El partido comunista nunca olvida su objetivo final, la lucha por el socialismo, que incluye la transformación de la revolución democrático-nacional en una revolución socialista, que como sabemos, marca una alineación de las fuerzas de clase y dirige su punta de lanza primero contra la burguesía.

Los revisionistas soviéticos con sus respectivos puntos de vista sobre la conversión de los frentes nacionales y democráticos en «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» de una composición de clase similar a la del frente, dicen que son «capaces de dirigir diferentes países de orientación socialista», aunque con esto estén pronunciándose abiertamente contra la organización política del proletariado a través de su partido independiente. Estos puntos de vista conducen a la fusión de los intereses de clase del proletariado con los intereses de otras fuerzas políticas y por lo tanto tienen como fin atar al proletariado a unas posiciones de sumisión, opresión y explotación capitalista.

No se puede dar fundamento serio alguno a la aserción de que los «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» forman los «núcleos» de la «reorganización de las coaliciones dirigentes con la participación de las diferentes fuerzas de clase» y que «a través de la evolución de las ideas» o de «la ideología transitoria» se «convierten en partidos dotados de una plataforma marxista-leninista» que:

«Expresan los intereses de las amplias masas trabajadoras y bajo su liderazgo también llevaran a cabo las transformaciones económicas y sociales de carácter socialista». (A. S. Shin, Op. cit., p. 235)

En primer lugar: el verdadero partido marxista-leninista nunca puede y en ningún caso, contrariamente a las afirmaciones de los revisionistas soviéticos, nacer de partidos no proletarios. Menos aún pueden convertirse en partidos marxista-leninistas los partidos no proletarios integrados en coaliciones de diferentes fuerzas políticas. El verdadero partido marxista-leninista del proletariado, como destacamento de vanguardia del mismo, es tal desde su nacimiento. Por sus argumentos, los revisionistas soviéticos defienden los puntos de vista de clase de las fuerzas burguesas a expensas de las masas trabajadoras. Desenmascarando los esfuerzos de la «democracia burguesa y pequeño burguesa» para la «fundación de un gran partido único» en el cual los obreros serían unidos, Karl Marx señalaba que «tal unión dañaría la causa del proletariado», e instaba a los obreros a «trabajar por constituir una organización distinta donde la posición y los intereses del proletariado deberán ser discutidos independientemente de las influencias burguesas».

En segundo lugar, los puntos de vista sobre la «evolución de las ideas» o de una «ideología transitoria» que supuestamente prosperaría en estos «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia», es algo que está en clara oposición al marxismo-leninismo. Lenin ya señaló que solo hay dos ideologías: la ideología proletaria y la ideología burguesa. Que cualquier intento de crear un tipo de ideología transitoria tiene como blanco atacar a la teoría marxista-leninista de la clase obrera.

En tercer lugar, los partidos «democráticos y revolucionarios» diseñados por los revisionistas soviéticos en tanto que «partidos de un contenido social heterogéneo» no están ni pueden estar por encima de los partidos y las clases, porque no existen partidos ajenos a las clases ni por encima de ellas. El marxismo-leninismo nos enseña que los partidos políticos tienen un carácter de clase, que expresan y defienden intereses de clase determinados. No se puede diseñar partidos que no expresen sus intereses de clase específicos y reflejen su ideología. Así pese a lo «heterogéneos» que digan ser y el «contenido social» que digan tener estos partidos, los hechos demuestran que defienden los intereses de las clases dominantes. Independientemente de las etiquetas con las que se colmen, estos partidos no son ni pueden llegar a ser partidos del proletariado. Un partido político, como Lenin nos enseñaba, no se aprecia por sus frases, sus declaraciones, sino por la cuestión de a qué clase social pertenece y a cual sirve, que ideología le inspira y que política profesa.

Las interpretaciones antimarxistas de los revisionistas soviéticos de los llamados «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia de las masas trabajadoras» están estrechamente vinculados con las interpretaciones antimarxistas de la teoría del «Estado de orientación socialista». Al poner a estos partidos al frente del «Estado de orientación socialista» también hablan del carácter socialista de las funciones que presuntamente realizaría este Estado. En ese sentido, citan una serie de «indicios» que supuestamente son el resultado de la aplicación de las reformas en el campo económico y dentro del aparato del Estado, reformas bajo la superestructura existente sin recurrir en ningún caso a la revolución violenta y a la destrucción de la maquinaria del Estado burgués. Los «indicios» que sostienen los revisionistas soviéticos no son más que fórmulas demagógicas e ilusorias que algunos partidos «democráticos y revolucionarios de vanguardia» citan en sus programas, documentación, actos jurídicos y constituciones, bajo apelaciones como «el poder de las masas trabajadoras que defienden sus intereses», «composiciones populares en los órganos», «lucha contra la burocratización del aparato administrativo del Estado», «fortalecimiento gradual del aparto del Estado por los cuadros nacionales, fieles al pueblo», etc.

Los discursos sobre «el Estado de orientación socialista» y sus complementaciones sobre su supuesto carácter socialista son discursos dirigidos en contra de la dictadura del proletariado porque, como demuestra el marxismo-leninismo, no se puede pasar a la sociedad socialista estando dentro del marco del orden capitalista, sino es recurriendo a la revolución violenta, destruyendo hasta el último fundamento del antiguo aparato del Estado, toda la superestructura burguesa e instaurando el poder del proletariado dirigido por su partido de vanguardia marxista-leninista. Stalin señala:

«La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués, del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Principios del leninismo, 1924)

Los partidos que dirigen a los países dependientes excoloniales son partidos burgueses que en su actividad siguen una política de mantener y reforzar el orden existente burgués y capitalista y se orientan hacia las superpotencias y el capital mundial. Algunas posiciones antiimperialistas y progresistas de tal o cual partido no hacen en absoluto a estos partidos merecedores del calificativo de que sufren una «evolución» hacia el socialismo científico, y no puede servir como base para confiarles el reglamento de las tareas de carácter socialista, como pretenden los revisionistas soviéticos. Solo el partido comunista del proletariado puede ser el portador de la teoría marxista, solo él es el único capaz de elaborarlo y de aplicarlo a fin de construir la verdadera sociedad socialista.

En los países subdesarrollados, el partido comunista marxista-leninista lucha también por estar a la cabeza de las masas trabajadoras, educarlas en el espíritu de lucha de clases revolucionaria independiente y les entrena para acciones dinámicas para estimular y extender la lucha por las reivindicaciones radicales democráticas hasta coronar el ataque directo contra la burguesía a través de la revolución. El camarada Enver Hoxha escribió:

«Los comunistas de estos países deben estar familiarizados con las condiciones concretas y realizar una evaluación justa de la definición de sus estratégicas y tácticas a seguir. El marxismo-leninismo enseña que un gobierno burgués o pequeño burgués no puede ser revolucionario y consecuente y por tanto, abandona la revolución a mitad de camino. Es por ello que, los comunistas de estos países están satisfechos y están de brazos cruzados pensando que no es necesario hacer la revolución, que el proletariado no debe establecer su poder y su propia dictadura, porque el gobierno burgués en el poder es más o menos progresista, esto desde luego no son las ideas marxista-leninistas». (Enver Hoxha; La «ayuda» revisionista trae la cadena de la esclavitud, 11 de mayo de 1964)

Las apreciaciones realizadas por los socialimperialistas soviéticos sobre la dirección de los llamados «países de orientación socialista» con «partidos democráticos vanguardias de las masas trabajadoras» lo único que pretenden es realizar esfuerzos directos para asegurar y reforzar la base social y apoyo de su dominación neocolonialista en los países excoloniales.

Es evidente que los socialimperialistas soviéticos, igual que otros imperialistas, no pueden realizar sus objetivos neocolonialistas en los países en los que ejercen su influencia de otro modo que apoyándose en las fuerzas de clase no proletarias, en sus partidos y en sus gobiernos burgueses y pequeño burgueses que siempre están listos para vender la soberanía del país. No pueden unirse al proletariado ni a las masas trabajadoras ya que estos son enemigos de los opresores y explotadores, tanto locales como extranjeros. Esta es la razón por la que centran su atención en los partidos y los gobiernos que están en el poder y que generalmente están en desacuerdo con los países occidentales y mantienen ilusiones en cuanto al «apoyo» eventual de la Unión Soviética. Es en este contexto, cuando si los partidos gobernantes en estos países entran dentro de la órbita del neocolonialismo de la Unión Soviética son aceptados como «partidos democráticos y revolucionarios de vanguardia» que «han abrazado la doctrina del socialismo científico» y «tienen en cuenta los intereses del proletariado», etc. Esto sirve como base para una alianza y colaboración entre la Unión Soviética socialimperialista y los partidos dirigentes de estos países. Así, en interés común de ambas partes, se trata de disimular la naturaleza verdadera de clase del poder que dominan en tal o cual país, para que las masas trabajadoras que aspiran a la liberación nacional y social sean engañadas y renuncien a la lucha de clases contra sus gobernantes y opresores del interior y exterior. De igual modo, ambas partes tienen interés en presentar las relaciones neocolonialistas que existen entre ellos como «alianzas de amistad», «edificadas sobre bases internacionalistas», etc. Los hechos muestran que los partidos y gobiernos de «orientación socialista» sostenidos por los revisionistas soviéticos aumentan su demagogia inevitablemente. Ellos no dudan en afirmar que se está construyendo el «socialismo», y que se está avanzando en diferentes «variantes» de socialismo. Los socialimperialistas soviéticos por su parte se solidarizan con cualquier variante de «socialismo» siempre y cuando se oponga a la teoría marxista-leninista y al verdadero socialismo. Así sostienen que las «teorías» de «la vía no capitalista de desarrollo» y de «orientación socialista» se identifican con la de «los puntos de vista socialista» de los partidos y gobiernos de países asiáticos y africanos, que en realidad no son otra cosa que los puntos de vista que abren el camino a su expansión neocolonialista allí. Enver Hoxha escribió:

«Los revisionistas están plenamente de acuerdo con estos puntos de vista y apoyan toda demagogia, toda diversión, toda revisión del marxismo, están a favor de cualquier variante, de cualquier eclecticismo, de que pueda ser objeto el marxismo-leninismo, basta con que se combata al marxismo-leninismo científico». (Enver Hoxha; «Socialismo» que no tiene nada que ver con la concepción científica del socialismo; Reflexiones sobre Oriente Medio, 31 de enero de 1965)

En los últimos años, las relaciones a nivel de partido entre los socialimperialistas soviéticos y los partidos líderes de los países donde se extienden su influencia se han consolidado de diversas formas. Una de las particularidades de la acción del neocolonialismo soviético es el apoyo sobre partidos dirigentes burgueses además del apoyo sobre los partidos revisionistas.

2) Los revisionistas soviéticos consideran la creación y desarrollo del sector económico del Estado y la aplicación gradual de formas socialistas de gestión de dicho sector», «el compromiso gradual del campesinado en las formas pre-socialistas y socialistas de organización del trabajo y la explotación de la tierra», «el desarrollo planificado de la economía nacional», como otra manifestación de la aplicación práctica de la «vía no capitalista de desarrollo». (A. S. Shin, Op. cit., pp. 233-234)

Todo esto, según ellos, representa cambios cualitativos en la esfera de las relaciones económicas, y si por casualidad en los países de «orientación socialista»:

«El sector del Estado y el sector colectivo se hacen sector preponderantes, con lo cual entonces podríamos hablar ya de triunfo de las relaciones socialistas y de la construcción de la sociedad socialista». (Azia i Afrika sevodnja, n° 4, 1981)

Los revisionistas soviéticos especulan con las medidas progresivas tomadas en bastantes países por la nacionalización del capital extranjero. Las empresas nacionalizadas constituyen el sector económico del Estado. Este sector incluye muchas otras empresas creadas bajo la dirección de estos nuevos Estados.

El marxismo-leninismo nos enseña que el contenido del sector del Estado en la economía depende directamente de la naturaleza del poder político. Este sector sirve a los intereses de las fuerzas de clase en el poder. En los países dónde domina la burguesía nacional, el sector del Estado representa una forma de ejercicio de la propiedad capitalista sobre los medios de producción. Vemos actuar allí todas las leyes y todas las relaciones capitalistas de producción y de reparto de los bienes materiales, la opresión y de explotación de las masas trabajadoras. No puede aportar ningún cambio al lugar que ocupan las clases en el sistema de la producción social. Al contrario, tiene por objetivo el fortalecimiento de las posiciones de clase políticas y económicas de la burguesía.

El Estado burgués de los países excoloniales, en sus condiciones de profundo retraso, y de debilidad de la burguesía local, interviene en tanto como factor que ayuda a acumular y concentrar los medios financieros necesarios y las reservas materiales útiles para el desarrollo de las ramas de la economía que claman de un porcentaje de capitales mayor, ramas que no pueden ser abastecidas por capitalistas particulares. Ayuda a aumentar las inversiones, a intensificar la explotación de la mano de obra y obtener más beneficios. Esto también aparece en el hecho de que el Estado efectúa inversiones en determinados sectores, susceptibles de sostener y estimular el desarrollo del capital privado, por ejemplo en el ámbito energético, los productos químicos que sirven de materias primas, de la metalurgia, los transportes, así como el dominio bancario y el comercio exterior. De hecho en todos los países dónde existe el sector del Estado vemos crecer las empresas y reforzarse el sector capitalista privado que goza de derechos ilimitados.

Por otra parte, la élite local y los funcionarios de los partidos y del Estado se enriquecen y se aseguran los recursos necesarios a costa del presupuesto y el sector del Estado para crear diversas empresas. Ciertos autores occidentales, tratando los problemas de las sociedades de los países excoloniales evocan así la burguesía «burocrática», «administrativa» y de «Estado» que goza de una situación privilegiada en sus relaciones con las masas trabajadoras, y realiza así, gracias a su pertenencia al aparato del Estado, la acumulación privada de capital necesaria para convertirse en una clase burguesa, y se distingue por sus relaciones con el capital extranjero.

Con su demagogia sobre el sector del Estado, los revisionistas y los partidos políticos burgueses locales tienen como objetivo disimular y ocultar la opresión y la explotación de las masas trabajadoras, queriendo crear ilusiones sobre la supuesta creación de una «nueva sociedad» a través de la integración pacífica al «socialismo». Estas proclamas tienen el fin de ahogar el espíritu combatiente de la clase proletaria e intentar que renuncie a la lucha revolucionaria. Así, deformando la realidad de los llamados países «de orientación socialista», los revisionistas soviéticos, incluso llegan a decir que:

«Los trabajadores ocupados en la economía del Estado no se declaran en huelga, ni se comprometen en actos de protesta masiva, aunque su nivel de vida sea bajo y muchos de sus problemas pidan una solución». (Ibíd., n° 4, 1979, p. 32)

El camarada Enver Hoxha, desenmascarando las opiniones de los revisionistas soviéticos en el «sector del Estado», dijo:

«La Unión Soviética ha encontrado para ello esa vía propagandística consistente en que los países del pretendido tercer mundo deben explotar las empresas estatales, en las cuales deberán apoyarse estos países para ir hacia el «socialismo». (...) ¿Quién dirige estas empresas estatales? ¿Están dirigidas por el pueblo o por las camarillas burguesas capitalistas de estos países? Es seguro que están bajo la dirección de las camarillas capitalistas, y precisamente por eso la Unión Soviética y los Estados Unidos ayudan a dichas camarillas burguesas capitalistas, que se aprovechan de las ayudas de las dos superpotencias para conservar y reforzar su poder a costa del pueblo». (Enver Hoxha; China defiende su tesis oportunistas del «tercer mundo»; Reflexiones sobre China, 14 de marzo de 1977)

Es solamente en el marco de una revolución dirigida por el proletariado, con su partido comunista marxista-leninista, y a través de la instauración de la dictadura del proletariado, que puede asentarse unas bases sólidas para la socialización de los medios de producción que sirva a los intereses de los productos de bienes materiales.

En el desarrollo del sector del Estado en los países excoloniales, los socialimperialistas soviéticos buscan desarrollar su expansión colonialista en la economía. Así, la «creación de empresas estatales» está ligada también con la exportación del capital soviético, particularmente en forma de créditos y de préstamos de Estado a Estado. A principios de los años 70, los socialimperialistas concedieron a los países africanos de los llamados de «orientación socialista» créditos que ascendían a los 5 millones de rublos para la construcción de diferentes obras. Llegaron a financiarse con ello la construcción de 509 empresas. (Sovietsko-afrikanskie otnoshenija, Moscou, 1982, p. 9).

Por otro lado en el marco de la organización del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que es el organismo que cumple los objetivos expansionistas de los socialimperialistas y su instrumento para poner en práctica su política neocolonialista, los revisionistas soviéticos se comprometieron a construir más de 1.689 empresas y establecimientos industriales y agrícolas. (Istoria mezhdunarodnih otneshenij i vneshnaja politika SSSR, (1968-1979), Moscou, 1979, p. 253)

La mayoría de las empresas del Estado en los países de «orientación socialista» son «empresas mixtas» con la participación del capital soviético en colaboración con el capital local. Las principales inversiones soviéticas ocupan posiciones preponderantes. De acuerdo con los revisionistas soviéticos, la Unión Soviética:

«Ayuda y controla la organización de la producción y venta». (Azia i Afrika sevodnja, n° 1, 1978)

Y participa:

«En la explotación de materias primas así como en la dirección de la mano de obra». (Azia i Afrika sevodnja, n° 1, 1978)

Los países que crearon «empresas mixtas» deben devolver las «ayudas» soviéticas en préstamos y en créditos no solo por el valor de sus «productos tradicionales de exportación», sino también con el de productos de las empresas que recibieron este tipo de «ayuda». Estos productos deben pasar a la metrópoli soviético como forma de «compensación». Igualmente en las «empresas mixtas» una parte del beneficio es utilizado para comprar productos soviéticos sobre la base de un comercio desigual. (Sovietsko-afrikanskie otnoshenija, Moscou, 1982, p. 45)

Esta es la «colaboración» con la Unión Soviética donde también se atribuye la presunta planificación de la economía en los países de la «vía no capitalista de desarrollo». En la literatura del revisionismo soviético se puede leer que:

«En todos los países de la vía de desarrollo no capitalista, la transición a la planificación se llevó a cabo bajo la influencia directa de la experiencia de la planificación nacional de la Unión Soviética. Los especialistas soviéticos prestan su ayuda en la preparación de recomendaciones y orientaciones necesarias para la gestión esencial del desarrollo de la economía nacional de estos países liberados y para la elaboración de planes a largo plazo». (K. M. Tsagallov, Osvobodivtchiesja strani, zashita socialnoj revoluci, p.176, Moscou, 1981)

Se comprende que en las condiciones del sistema capitalista que domina en esos países y en el contexto de las relaciones neocoloniales que forjan con la Unión Soviética, la «planificación» de la que hablan los socialimperialistas soviéticos concierne solamente a la dirección y orientación de las ramas de la economía de los países africanos y asiáticos que interesan a la metrópoli soviética. La pretendida planificación es un método utilizado para integrar toda la vida económica de estos países bajo una dependencia completa. Las «ayudas» económicas de los socialimperialistas soviéticos así como la de otras potencias imperialistas solo contribuyen a la esclavitud económica y política de los países receptores.

3) Las teorías de «la vía no capitalista de desarrollo» y de «la orientación socialista» son utilizadas para allanar el camino y justificar la expansión política y militar que representa la principal forma de integración necolonialista en los países excoloniales. Bajo los más variados pretextos, a través de los cuales la Unión Soviética se presenta como «aliado natural» de los pueblos que luchan por su liberación «nacional», estos «amigos de siempre» de los socialimperialistas soviéticos han interferido en los movimientos antiimperialistas y de liberación nacional de los pueblos oprimidos con el fin de infiltrarse y utilizarlos en beneficio de sus intereses expansionistas y neocolonialistas.

Así, bajo el pretexto de la «ayuda» dada al movimiento nacional de Angola, establecieron vínculos con las fuerzas políticas burguesas y los capitalistas locales, las sostuvieron en el curso del proceso de lucha interior contra otras fuerzas burguesas rivales para la toma de poder, con ello sacaron provecho en vistas de allanar la vía a la intervención militar en Angola a través de un intermediario [Cuba - Anotación de Bitácora (M-L)], para poder así llevar a este país a la órbita de la dominación soviética. Los socialimperialistas soviéticos establecieron en Angola un cuerpo de 20.000 mercenarios para mantener oprimido al pueblo de Angola y realizar sus objetivos expansionistas hacia otros países. Del mismo modo, bajo el pretexto de «apoyo» a las fuerzas revolucionarias en la lucha contra la monarquía en Etiopía, los socialimperialistas soviéticos intervinieron con sus mercenarios.

[«En su intervención, la Unión Soviética arrastra además a sus aliados o, mejor dicho, a sus satélites. Esto lo vemos en concreto en África, donde los socialimperialistas soviéticos y sus mercenarios cubanos intervienen so pretexto de ayudar a la revolución. Desde luego, se trata de una mentira. Su intervención no pasa de ser una acción colonialista; cuyo objetivo es conquistar mercados y someter a los pueblos. De esta índole es la intervención de la Unión Soviética y de los mercenarios cubanos en Angola. Ellos no han tenido ni tienen en absoluto el objetivo de ayudar a la revolución angoleña, sino el de clavar sus garras en este país africano que había ganado cierta independencia después de la expulsión de los colonizadores portugueses. Los mercenarios cubanos son el ejército colonial enviado por la Unión Soviética a ocupar mercados y posiciones estratégicas en los países del África Negra, a utilizar Angola para pasar a otros Estados, a fin de que también los socialimperialistas soviéticos puedan crear un imperio colonial moderno. La Unión Soviética y su mercenario, Cuba, con la excusa de ayudar a la liberación de los pueblos, intervienen en otros países con ejércitos dotados de cañones y ametralladoras supuestamente para construir el socialismo que no existe ni en la Unión Soviética ni en Cuba. Estos dos Estados burgueses-revisionistas se metieron en Angola para ayudar a una camarilla capitalista a tomar el poder, contrariamente a las aspiraciones del pueblo angoleño, que luchó contra los colonizadores portugueses para conquistar su libertad. Agostinho Neto hace el juego a los soviéticos. Estando en lucha contra la otra fracción, en sus intentos para hacerse con el poder, llamó a los soviéticos a acudir en su ayuda. La confrontación entre los dos clanes en lucha no tenía en absoluto un carácter revolucionario popular. El choque entre ellos era una lucha de camarillas por el poder. Cada una de éstas era apoyada por diversos Estados imperialistas. De esta contienda salió victorioso Agostinho Neto, y en Angola, lejos de triunfar el socialismo, se implantó, después de la intervención extranjera, el neocolonialismo soviético». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978) - Anotación de Bitácora (M-L)

Haciéndose pasar por «aliados», los socialimperialistas soviéticos organizaron la agresión militar abierta contra Afganistán, que en palabras del camarada Enver Hoxha:

«Marca el comienzo de la gran marcha del socialimperialismo hacia el Sur, donde se encuentran las mayores fuentes energéticas del mundo, los más importantes nudos estratégicos, los campos donde se enfrentan y chocan las más agudas rivalidades imperialistas». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

El pueblo afgano se levantó luchando arma en mano por la liberación del país y acosa continuamente a los ocupantes soviéticos. Su justa lucha de liberación nacional también desgarró todas las máscaras del socialimperialismo soviético sobre la pretendida «ayuda internacionalista» de «amigos» y «aliados» a los que aporta a este país y sobre el llamado «enrutamiento de Afganistán en el camino del desarrollo socialista».

Los socialimperialistas soviéticos, al igual que los imperialistas estadounidenses y otros imperialistas son organizadores de diversos golpes de Estado. Estas formas de acción son parte integrante de la expansión política y militar dirigida contra los países excoloniales. Los socialimperialistas soviéticos se esfuerzan por sacar beneficio de las situaciones políticas inestables en estos países, por aprovechar el insuficiente grado de organización política de las fuerzas de clase y la rivalidad entre los diferentes grupos y fracciones políticas para sus fines de dominación. Se ganan a sus componentes, fracciones y organizaciones políticas burguesas y pequeño burguesas, y después de haberlos puesto al servicio de sus planes expansionistas, pasan a presentarlos como fuerzas «patrióticas», «antiimperialistas», «revolucionarias», y arengan a que organicen golpes de Estado para derrocar a los gobiernos y a los regímenes dirigidos por Occidente, con el fin de que accediendo al poder, pongan a estos países en la órbita de la dominación soviética.

[«Para ensanchar su expansión y su hegemonismo, el socialimperialismo soviético ha elaborado todo un plan estratégico, que comprende una serie de actividades económicas, políticas, ideológicas y militares. Al mismo tiempo los revisionistas soviéticos se dedican a minar las revoluciones y las luchas de liberación de los pueblos recurriendo a los mismos medios y métodos que utilizan los imperialistas estadounidenses. Normalmente los socialimperialistas actúan por medio de los partidos revisionistas, que son instrumentos suyos, sin embargo, según el caso y las circunstancias, también intentan corromper y sobornar a camarillas que dominan en los países no desarrollados, ofrecen «ayudas» económicas avasalladoras para después penetrar en estos países, instigan conflictos armados entre las distintas camarillas, apoyando a una u otra, traman complots y putschs para colocar en el poder regímenes a pro soviéticos, recurren a la intervención militar directa, como hicieron junto con los cubanos en Angola, Etiopia y otros lugares. Los socialimperialistas soviéticos llevan a cabo su intervención y sus actos hegemonistas y neocolonialistas bajo la máscara de la ayuda y el respaldo a las fuerzas revolucionarias, a la revolución, a la construcción socialista. En verdad lo que hacen es ayudar a la contrarrevolución». (Enver Hoxha; El imperialismo y la revolución, 1978) – Anotación de Bitácora (M-L)]

Además, partiendo siempre de la base de la «teoría de la «vía no capitalista de desarrollo», los golpes de Estado están considerado por los revisionistas soviéticos como «actos progresistas», como «una forma de revolución armada que sirve al objetivo de la lucha contra los regímenes reaccionarios», que abren la «vía al desarrollo no capitalista». (Voruzhnaya borba narodov Afriki za svobodu i nezivisimost, p. 319, Moscou, 1974)

Esto es algo que está en oposición a la verdadera revolución nacional y social.

Los «tratados de amistad y de cooperación» de los socialimperialistas soviéticos impuestos a ciertos países de África y Asia tienen un contenido hondamente esclavizador. Estos tratados sancionan la expansión económica, política y militar de los socialimperialistas soviéticos, su política de imposición fundada sobre posiciones de fuerza, el estado de sumisión y de dependencia de los países signatarios.

Los propios revisionistas soviéticos, evocando el resultado de estos tratados, los consideran como un «rasgo característico que no se trata solo de una amistad entre los países, sino la determinación de la Unión Soviética para trabajar, defender y mejorar las conquistas revolucionarias». Bajo estos «tratados», la Unión Soviética socialimperialista goza de un status que le da derecho a contribuir en «el desarrollo de los países aliados». Según lo estipulado en los tratados, se «garantiza las condiciones de salvaguardia de los beneficios económicos y sociales». Las cláusulas específicas de los tratados firmados permiten a los socialimperialistas soviéticos intervenir incluso militarmente bajo el pretexto de «fortalecer la capacidad de defensa de estos países».

Hasta ahora, al mismo tiempo que envían a sus mercenarios de soldados cubanos a varios países, los socialimperialistas han tomado los pasos para instalar bases militares y derechos garantizados en los puertos para su flota de guerra que cruza las aguas de todo el continente africano, el derecho a establecer aerolíneas para volar sobre estos territorios con sus aviones, etc.

Así, como se le conocía, los socialimperialistas soviéticos han desplegado una fuerza de 2.000 hombres en la isla de Socotra a la entrada del Mar Rojo, y más de 1.700 soldados estacionados en la base importante de Adén. Esa base, según las agencias extranjeras, sede del mando soviético de «operaciones en el Océano Índico» también se extienden a los países africanos bañados por el Océano Índico. Por otra parte, las tropas mercenarias cubanas controladas por los soviéticos y estacionadas en Etiopía y Eritrea en sus bases militares, sirven como puntos de apoyo a la penetración soviética en el continente africano. El cordón militar de los socialimperialistas soviéticos es cerrado por las bases de sus mercenarios en Angola, en el Sudoeste africano, y por su flota que patrulla el Mediterráneo cerca de las costas de África del Norte, donde se aseguraron también bases portuarias. Todo esto contribuye un peligro real de intervención y de ocupación en los países africanos.

La propaganda pseudosocialista a pesar presentarlo todo como una «ayuda» de un «amigo» y un «aliado natural», la expansión de los socialimperialistas soviéticos es a pesar de los «tratados de amistad y cooperación», igual de feroz y agresiva que la de los imperialistas estadounidenses. De su naturaleza socialimperialista, los revisionistas soviéticos se ven obligados a utilizar los mismos medios neocolonialistas imperialistas y a perseguir los mismos objetivos hegemónicos que los imperialistas estadounidenses para dominar el mundo:

«La política de la Unión Soviética ha adquirido los mismos rasgos agresivos, expansionistas, belicistas que la de los Estados Unidos. Esto se pone claramente de manifiesto en los idénticos objetivos que se han propuesto y en los caminos paralelos por los que marchan. La Unión Soviética va a la búsqueda de bases militares en países extranjeros, crea alianzas político-militares con otros países, para tenerlos como punto de apoyo desde donde ampliar su dominio sobre los pueblos y enfrentarse con el imperialismo estadounidense». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Todas las teorías de los revisionistas soviéticos, presentadas como «nuevas manifestaciones» en la aplicación de sus «teorías» de la «vía no capitalista de desarrollo» y «orientación socialista», ocultan sus intenciones de enmascarar y defender sus posiciones neocolonialistas en los países excoloniales, así como la intención de adquirir nuevas posiciones, a fin de dominar, oprimir y explotar a otros países. Precisamente los países donde los socialimperialistas soviéticos extienden su influencia neocolonialista son los que son cualificados de «países de orientación socialista». Testigo fiel es el hecho de que la lista de nombre de los llamados «países de orientación socialista» cambian de vez en cuando, «por la simple razón» de que los círculos gobernantes de estos países rompen relaciones con los socialimperialistas soviéticos, cambiando de orientación y acercándose más a Occidente. En el futuro también oiremos hablar de «nuevos alineamientos» de «los Estados de orientación socialista», donde dicha reformulación se basará en los derechos económicos, políticos y militar que la Unión Soviética haya forjado con dichos países.

Los países que los revisionistas soviéticos consideran como «países de orientación socialista» forman parte, al igual que otros países excoloniales, del mundo capitalista y revisionista. Ellos están en un estado neocolonial de dependencia o son objetos de las finalidades neocolonialistas. El capital extranjero ocupa importantes posiciones en un número de países de África y de Asia, controla allí y domina ramas claves de la economía. Estos países conservan parte de los vestigios de las relaciones precapitalistas ya que las transformaciones democrática-burguesas no se han llevado a cabo allí. Las masas trabajadoras son doblemente oprimidas y explotadas, por el capital extranjero y por el capital local, de una forma interrelacionada e interdependiente. Ellas se ven afectadas por la pobreza, el desempleo y una reacción política cada vez más acentuada. Esta es la razón por la que las contradicciones internas entre clases antagónicas y las contradicciones entre los pueblos y los neocolonialistas continúan agravándose. Muchos de estos países se encuentran actualmente en la etapa de la revolución de liberación nacional, antiimperialista y democrática.

Como el Partido del Trabajo de Albania y el camarada Enver Hoxha han demostrado en sus obras más importantes, entre ellas «El imperialismo y la revolución» de 1978, los pueblos de estos países todavía tienen una gran lucha que librar. Esta lucha reserva características particulares en cada país. Lo que caracteriza a esta lucha, en general, es el rechazo de todo yugo extranjero, imperialista, colonial y neocolonial, la conquista de una independencia económica y política total y verdadera, y la liquidación de la opresión de la burguesía capitalista local y de los terratenientes vinculados al imperialismo y al socialimperialismo.

Notas

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