«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 3 de julio de 2016

El liberalismo, fuente de desviaciones y errores en las filas del partido comunista


«En cada fase y momento, el liberalismo asume formas y manifestaciones específicas con arreglo a las tareas, a las condiciones y a la situación política del momento; existen también algunas manifestaciones y formas del liberalismo comunes en todas las fases y en todos los lugares.

Las fuentes ideológicas del liberalismo, son por lo general una falta de compresión y compenetración con los principios y la política del Partido; y sus manifestaciones más frecuentes son la indisciplina, el cantonalismo y la falta de control y análisis de las tareas generales del momento.

La indisciplina no siempre se manifiesta de manera abierta y clara, es decir, oponiéndose a tal o cual tarea, o a tal o cual posición política del Partido. Suele más bien manifestarse por un incumplimiento larvado o un cumplimiento mínimo de las tareas; por una falta de análisis completo de las condiciones concretas para la aplicación de tal o cual tarea general; por la falta de control de cómo y si se han cumplido las directrices generales y las particulares por parte de los comités y órganos de dirección de distinto nivel.

El cantonalismo, que es una de las manifestaciones del liberalismo, suele, por lo general, ser consecuencia de una falta de aplicación real del centralismo democrático en la realización de las tareas generales y la política del Partido.

El cantonalismo se manifiesta también por el hecho de que las tareas sólo se llevan a cabo en la medida en que no contrarían las tareas específicas de la organización regional o local, poniendo por delante éstas últimas, llegando así a deformar la línea y las consignas del Partido en un momento determinado, al no cumplir las tareas generales. El cantonalismo se manifiesta además, por una utilización exclusiva de los recursos y medios de la organización en lugar determinado, sin pensar en utilizar sus energías y medios en función de las necesidades generales del Partido.

El liberalismo es también sumamente peligroso y nocivo para la clandestinidad. Algunos camaradas caen en posturas empíricas, es decir, que se basan exclusivamente en su propio juicio o experiencia personal en cuanto a la necesidad de aplicar tal o cual medida conspirativa o de seguridad señaladas, lo que suele por lo general causar grandes perjuicios para la seguridad del resto de los camaradas y ser responsable de que el enemigo nos golpee con más facilidad y eficacia.

Por otra parte, dadas las condiciones de clandestinidad en las que tiene que actuar y luchar todo el Partido, es lógico que cada camarada sólo conozca aquellos datos y hechos imprescindibles para su propia actividad, por lo cual suele ser también totalmente perjudicial y peligroso el adoptar iniciativas por cuenta propia en un lugar determinado, sin consultar, cuando es posible hacerlo, ya que se desconoce si tal o cual iniciativa puede contraponerse a otras medidas existentes y al conjunto de la organización. Esto no quiere decir que los camaradas no tengan que desarrollar y llevar a cabo su labor con iniciativas propias en cuanto a las tareas que tienen fijadas, sino simplemente, que cuando se trata de algo que rebasa las tareas señaladas, siempre es imprescindible informar y consultar previamente.

La disciplina que actualmente necesitamos en la fase actual de nuestra lucha para seguir adelante, es una disciplina basada en la responsabilidad y en la comprensión ideológica y política de nuestros planteamientos, en la necesidad de cumplir con audacia y dinamismo las tareas fijadas, pese a los obstáculos y dificultades que éstas pueden plantear; en la necesidad de comprender que nuestras tareas y la situación son cada día más amplias y complejas, y que sin una disciplina férrea no lograremos poner al Partido y a las masas que dirigimos en pie de combate, tal como lo exigen las circunstancias actuales.

El liberalismo es disolvente y si no se le combate, corroe a los mejores camaradas y llega a frenar el conjunto de la actividad de un comité o núcleo de camaradas, dejando el terreno libre para toda clase de desviaciones y a la penetración y desarrollo de corrientes extrañas, que al no combatirse, degeneran en posiciones antipartido y liquidacionistas.

De ahí la importancia de ser verdaderamente intransigentes contra toda manifestación de esta plaga que es el liberalismo en el seno del Partido, pues la experiencia nos ha enseñado y no descubrimos nada nuevo–, que cuando no se combaten desde el principio las manifestaciones de liberalismo, resulta después infinitamente más difícil el atajarlo y suprimir sus secuelas.

Finalmente, no podemos olvidar que el enemigo infiltrado en nuestras filas o desde fuera tiene en el liberalismo su mejor aliado en el que apoyarse para, impulsándolo y cultivándolo, como estilo de militancia, llegar a minar la moral y la firmeza de camaradas y de nuestra organización». (Elena Ódena; El liberalismo, fuente de desviaciones y errores en las filas del partido, 1978)

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