«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

sábado, 9 de julio de 2016

El papel de los factores internos y externos en el desarrollo de los partidos; Elena Ódena, 1985


«El papel de los factores internos, como elemento decisivo de todo desarrollo y cambio, es una de las bases y una ley del materialismo dialéctico que ningún marxista-leninista consecuente puede ni negar, ni poner en tela de juicio.

Al mismo tiempo, esas leyes y reglas generales de la dialéctica materialista están, a su vez, sujetas y vinculadas, de uno u otro modo, a situaciones y factores externos particulares que en determinadas circunstancias pueden desempeñar un papel importante en la evolución o en el desarrollo de los acontecimientos y de los fenómenos.

Por otra parte, considerar a los factores internos como determinantes de manera general, no significa que se ignoren o menosprecien los factores externos o que se excluya que, en determinadas coyunturas, éstos puedan incluso desempeñar un papel coyunturalmente primordial.

El pretender separar o ignorar absoluta y mecánicamente los factores internos de los externos, o el contraponerlos, invocando de manera metafísica y doctrinaria la ley general acerca del papel de los factores internos, significa ignorar una de las leyes básicas de la dialéctica marxista: la influencia y la repercusión de los factores esenciales en los secundarios, y el hecho de que, en determinadas circunstancias, puede modificarse el papel de unos y otros.

Así, por ejemplo, sin pretender entrar en comparaciones históricas y exhaustivas ni establecer paralelos, existen ejemplos en la historia del movimiento obrero revolucionario y en la del desarrollo de los partidos comunistas en los distintos países, que ponen de manifiesto la relación y la influencia de los factores externos en los internos.

¿Quién puede negar, por ejemplo, la influencia y el papel de la I, II y III Internacionales en el desarrollo e incluso en el surgimiento de centrales obreras y partidos comunistas en buen número de países del mundo? Si hubiera habido indiferencia de los líderes y de las Internacionales hacia el desarrollo y la creación de partidos revolucionarios en otros países que no fueran los suyos propios, si se hubieran limitado al desarrollo de los partidos en sus respectivos países, hubiera sido absolutamente criticable y antiinternacionalista. Como lo sería y de hecho sucede, el menospreciar el factor básico: la lucha de clases y el desarrollo de las fuerzas revolucionarias como motor determinante de la Historia.

Otro ejemplo de cómo acontecimientos internacionales inciden a veces de manera decisiva en el desarrollo de los partidos en los distintos países, fue la misma Revolución de Octubre.

La Revolución de Octubre de 1917 en la Rusia zarista, fue un factor decisivo para el desarrollo de los partidos comunistas, en algunos casos pequeños y jóvenes, y dio a todos los partidos comunistas del mundo, no sólo en lo organizativo, sino sobre todo en lo ideológico, un decisivo impulso, al romperse el frente de los países capitalistas y abrirse la era del socialismo y las revoluciones proletarias en el mundo, creando así las condiciones objetivas para el desarrollo impetuoso de los partidos comunistas y un amplio apoyo obrero y popular a los mismos y al marxismo-leninismo.

En 1936, la política frentista contra el fascismo trazada por la Komintern, pese a los sesgos derechistas que algunos partidos le dieron en su aplicación, antes, durante y sobre todo después de la II Guerra Mundial, fue un factor también determinante en aquella coyuntura para la ampliación y desarrollo de muchos partidos comunistas. ¿Qué hubiera ocurrido si cada partido se hubiera limitado a hacer su propio análisis y trazar su propia línea «nacional» frente al fascismo que era entonces un fenómeno surgido como consecuencia de la situación y la crisis internacional del capitalismo?

Tampoco podemos ignorar la influencia de la guerra del pueblo español contra el fascismo, entre 1936 y 1939, en el fortalecimiento y el desarrollo de muchos partidos comunistas de los países americanos, de Europa y de otras partes del mundo, que lograron un rápido desarrollo y crecimiento al organizar la solidaridad y el apoyo al pueblo español en lucha contra el nazi-fascismo.

Y es que, en ninguna circunstancia, se puede justificar una política «interior» comunista que no tenga en cuenta los factores externos internacionales, el desarrollo de los partidos y de los problemas y situaciones internacionales, con el argumento de que lo determinante es siempre promover la revolución en el marco nacional de cada país y. de cada Partido.

Calificar de trotskismo la necesidad de tener en cuenta el basarse en la influencia dialéctica de los factores externos en los internos y en el desarrollo de los partidos, constituye una burda tergiversación del materialismo dialéctico y un intento de confundir esto con la noción trotskista de que la revolución mundial es el factor imprescindible para el triunfo de la revolución en un país determinado, y también, justificar la no aplicación del internacionalismo proletario, fomentar un nacionalismo estrecho y negar la solidaridad internacionalista, en un burdo intento de colocar al trotskismo y el internacionalismo proletario en un mismo plano.

Se llega incluso a tergiversar a Lenin, citándole de manera truncada y unilateral, cuando afirmaba, oponiéndose a algunos charlatanes y falsos internacionalistas, que:

«Sólo hay un internacionalismo verdadero: consiste en trabajar con abnegación por el desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria en el propio país y apoyar –con la propaganda, la simpatía, la ayuda material–, esta misma lucha, esta misma línea y sólo ella en todos los países sin excepción». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas del proletariado en nuestra revolución, 10 abril de 1917)

Y Stalin amplió esta afirmación de Lenin cuando, en su escrito: «La estrategia y la táctica política de los comunistas rusos», aclara que:

«La estrategia y la táctica del Partido Comunista de cualquier país sólo pueden ser acertadas en el caso de que no se encierren en el circulo de los intereses de «su» país, de «su» patria, de «su» proletariado; en el caso de que, por el contrario, teniendo en cuenta las condiciones y la situación de su país, pongan en primer término los intereses del proletariado internacional, los intereses de la revolución en los demás países, es decir, si por su esencia, por su espíritu, son internacionalistas, si llevan a cabo el máximo de lo realizable en un sólo país –el suyo– para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; La estrategia y la táctica política de los comunistas rusos, 1921)

Esto no significa tampoco, en modo alguno, que un país donde la clase obrera tiene el Poder ponga en peligro su propia existencia en aras de la solidaridad internacionalista. Pero tampoco significa que ese país no apoye y no se esfuerce por unir y elevar el desarrollo de los Partidos Comunistas en otros países, ya que el fortalecimiento y la unidad del Movimiento Comunista constituye un esfuerzo y un apoyo imprescindible para cualquier Estado comunista.

En la actual coyuntura, en la que todavía no se han deslindado plenamente los campos contra el oportunismo, el revisionismo y el chovinismo, todos los marxista-leninistas debemos ejercer una particular vigilancia en el plano ideológico para no caer en falsas y absurdas teorizaciones que pretenden que el preconizar y fortalecer el verdadero internacionalismo proletario, en todos los terrenos y latitudes, es trotskismo.

El marxismo-leninismo, por el contrario, necesita hoy más que nunca estrechar y desarrollar la unidad y la solidaridad activa y práctica con todos los partidos marxista-leninistas, pequeños y grandes, jóvenes o veteranos, que se propongan seriamente luchar por desarrollar el Partido en su propio país, defender el marxismo-leninismo y organizar al proletariado y a sus aliados para hacer la revolución.

Hoy más que nunca, frente a la lucha ideológica contra el revisionismo y el oportunismo a escala internacional que tenemos que seguir librando, es imprescindible crear las condiciones materiales de apoyo y solidaridad en todos los terrenos con los partidos y fuerzas revolucionarias del mundo, más o menos desarrollados, o cuando la importancia de su lucha en el plano internacional contra el imperialismo y la reacción lo hagan necesario –como ocurrió concretamente en 1936-1939 en España–; promover reuniones multilaterales y bilaterales y asistir a los Congresos y Conferencias, si no hay razones poderosas que lo impidan; establecer un verdadero y profundo diálogo y discusiones acerca de los problemas que plantea la situación internacional y nacional actuales para el desarrollo de los distintos partidos, siguiendo la gloriosa tradición internacionalista del Movimiento Comunista mundial, iniciada por Marx y Engels y desarrollada por Lenin y Stalin en toda circunstancia». (Elena Ódena; El papel de los factores internos y externos en el desarrollo de los partidos, 19 de septiembre de 1985)

Anotaciones de Bitácora (M-L):


Cuando Elena Ódena habla de elementos que: (1) negaban la influencia dialéctica de los acontecimientos externos e internacionales en la línea y tareas de los partidos –siendo metafísicos y elaborando una línea política errada–; (2) que negaban el derecho de interés en el desarrollo y actividad de los partidos marxista-leninistas de otros países –para evitar ser puestos a la luz de los principios marxista-leninistas–, y (3) que saboteaban la celebración de reuniones bilaterales o multilaterales entre los partidos marxista-leninistas –para evitar que el resto de partidos hermanos le lanzasen una lluvia de críticas–, se refiere a figuras como el revisionista alemán Wolfgang Eggers. Este elemento utilizaba falsamente el pretexto de que tanto interés internacional, que estos axiomas del internacionalismo marxista-leninista eran un signo de trotskismo, algo que precisamente argumentaron los jruschovistas y maoístas cuando el Partido del Trabajo de Albania pretendía agrupar y fortalecer a los nuevos partidos marxista-leninistas:

«La idea de la oportunidad de las reuniones de muchos partidos, además de las reuniones bilaterales, que fue planteada en el VIIº Congreso de nuestro Partido de 1976, era una de sus orientaciones importantes. Los partidos comunistas marxista-leninistas, en aquellos casos en que lo juzguen necesario, pueden y deben hacer reuniones multilaterales, consultarse entre ellos para realizar acciones comunes contra los enemigos del comunismo y de la revolución. En cambio, como se sabe, el Partido Comunista de China ha adoptado una actitud opuesta sobre esta importante cuestión. Está en contra de las reuniones de varios o de muchos partidos y pretende que la única solución es la práctica de las reuniones bilaterales. ¿Cuál es la línea de nuestro Partido en relación con esta cuestión? Se atiene al principio de que los partidos comunistas marxista-leninistas deben reforzar su unidad, esclarecer los puntos en que pudieran no coincidir su estrategia y sus tácticas contra los enemigos de la revolución, y coordinar sus acciones comunes en la arena internacional. Tal actividad les templa y demuestra al enemigo que el comunismo es una fuerza invencible, que los comunistas no están divididos y que el revisionismo moderno no ha podido alcanzar su objetivo. Ya es sabido que el objetivo del revisionismo moderno es asegurar su unidad en la diversidad, para liquidar la unidad de los marxista-leninistas». (Enver Hoxha; Las manifestaciones de los partidos marxista-leninistas y la actitud de China, Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de abril de 1977)

Paradójicamente el glorioso Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista de Ernst Aust camarada de Enver Hoxha y Elena Ódena sería destruido por oportunistas y trotskistas como Wolfgang Eggers y Horst Dieter Koch. ¡Que razón tenía Ódena pues, que el deber de los marxista-leninistas era  pedir cuentas a las actividades equivocadas de los partidos marxista-leninistas cuando se desviaban del camino! ¡Que necesario el contacto en los partidos y practicar cuando fuese necesario la crítica camaredil! ¡Y que harto beneficioso fue para los revisionistas el paulatino aislamiento de cada partido marxista-leninista de los 80 para poder liquidarlo!

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