«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Anarquismo; Terminológico, 2016


«Las ideas anarquistas nacen en el siglo XIX como respuesta de la desesperación de la pequeña burguesía en ruina y descomposición en la época capitalista en que surgían las crisis capitalistas y los primeros proceso de monopolización.

Importante destacar que en lo político el anarquismo no se ocupa de resolver la contradicciones capital-trabajo, entre trabajo intelectual y físico, entre ciudad y campo, etc. Dependiendo de según qué anarquistas, no niegan la revolución violenta, otros consideran el terrorismo individual como medio para lograr una hipotética situación de colapso del sistema, para otros esta extenuación del sistema llegará con una huelga general, la mayoría de anarquistas niegan todo trabajo en los parlamentos burgueses; todo ello denota las grandes dosis de subjetivismo, voluntarismo, aventurerismo y sectarismo en sus métodos políticos. En cuanto a la organización, o mejor dicho falta de ella, es sinónimo de fracasos anunciados precisamente toda esa inconsistencia teórica de la que hacen gala se expresa en una extrema indisciplina y falta de cohesión entre sus filas que resulta hasta ridícula, primando el fraccionalismo, espontaneidad y antiteoricismo. A tenor de lo aquí expresado ¿quién puede ser anarquista? Pues todo el que se proponga y diga como tal, de hecho no existe selección de militantes en una organización anarquista ni hace falta tener conocimientos teóricos de la supuesta doctrina que dicen defender, comportándose en definitiva como una organización burguesa de masas, y no como una de militantes que trabaja por la emancipación de las clases trabajadoras. Con seguir unas cuantas proclamas anarquistas –en boga según la época– como el «odio a los uniformes», «odio a la patria», «odio a las banderas», «odio a los líderes», «odio hacia toda forma de poder», etc. y exponer una concepción ridícula y reaccionaria de los fenómenos de tu alrededor bajo los filtros del antiestatismo, el apoliticismo, la descentralización y sobre todo la «libertad personal» por encima de todo, son «esfuerzos» suficientes para que te estrechen la mano como «camarada».

Todas estas disposiciones políticas son debido a que los anarquistas tienen una comprensión idealista y metafísica de las relaciones de producción del sistema capitalista, en contradicción con la comprensión materialista y dialéctica del marxismo-leninismo, por lo mismo, el anarquismo resulta estéril a la hora de dar respuestas a las contradicciones del capitalismo, y solo puede aspirar a dar soluciones dentro de la dinámica capitalista.

De hecho, el anarquismo pese a lo que digan sus defensores no puede suponer una doctrina que pretende superar el capitalismo porque el mismo anarquismo es una comprensión pequeño burguesa de la relaciones de producción, es una queja de la centralización y el proceso de monopolización del capitalismo que hace que el pequeño burgués –o pequeño propietario– sea absorbido o arruinado o asfixiado por la competencia de los monopolios –de los grandes propietarios–, llegando en caso de perder su propiedad a ver su conversión de pequeño burgués a proletario o semiproletario. Por ello el anarquismo pretende una vuelta a la época premonopolista más descentralizada y sin monopolios, por lo que en realidad defiende la pequeña propiedad privada individual o cooperativa de las unidades de producción. En ese sentido, los «anarquistas individuales» –lo veremos más adelante– defienden la completa libertad de la pequeña unidad productiva lo que por defecto lleva a una economía de corte caótica regida por la ley del valor, el mercantilismo y el máximo beneficio; lo mismo sucede en el caso de los «anarquismos colectivos» con la diferencia que aquí se habla de unidades productivas en forma de cooperativas, incluso con algún régimen de igualdad formal entre sus miembros, pero cuya actividad económica estará determinada por la ley del valor, oferta y demanda, la rentabilidad, y la competencia por cuotas de mercado con otras unidades productivas, dicho de otro modo, es un cooperativismo capitalista como el que se puede ver en cualquier país capitalista actual.

El anarquismo es una corriente que en lo cultural defiende una pretendida «libertad individual por encima de toda autoridad en tanto que manifestación «colectiva», es decir, prima el «interés individual» sobre el «interés colectivo» a toda costa. Se adhiere a un rechazo a ciertos valores de la cultura burguesa como el consumismo, el racismo, el militarismo o el machismo, pero al ser unos nihilistas del axioma de que las relaciones sociales entre las personas –como las relaciones económicas– rigen la cultura y psicología de los hombres no comprenden ni saben como acabar con dichos fenómenos culturales, de ahí la negación de la cuestión nacional, o una oposición entre guerras de liberación y guerras imperialistas, o guerras revolucionarias de las contrarrevolucionarias. Se ha solido dar la bienvenida a varias de las peores teorías y costumbres de la sociedad burguesa como el consumo de drogas –como forma de ocio o de evasión de los problemas de la sociedad– o la aceptación de las teorías sexuales que fomentan el concepto burgués «de amor libre» –en el sentido de libertad de despreocuparse de los hijos nacidos de esas relaciones, del adulterio y sus consecuencias psicológicas, etc.–. El hippismo nacido en los 60 se puede considerar la corriente cultural evolución del anarquismo, su versión pacifista.

No obstante, debido a que una de su tesis fundamentales es la oposición a toda «autoridad» ha dado lugar a múltiples formas de comprensión desde «anarquismos individualistas», como ya decíamos, hasta formas colectivas del mismo, es el caso del «anarco-sindicalismo» que se diferencia de los individualistas en que hay un colectivo convergiendo en una serie de reivindicaciones de tipo meramente económicas por lo que resultan atractivos para sectores de trabajadores que carecen de formación ideológico-política. Vale decir que los «anarquismos individualistas» están posicionado directamente en un espectro que va de la derecha a la ultraderecha, y los «anarquismos grupales» tienden a ser más progresistas, más reivindicativos, más «izquierdistas» pero siempre en un sentido pequeño burgués. Estas variadas comprensiones del anarquismo son un efecto directo de pugna contra lo que ellos denominan «teoricismo» que se debe a que básicamente el mismo no ha conseguido establecer un marco teórico definido para su doctrina, ya que sus ideas, su músculo teórico, se contradice entre sí, al tiempo que la poca teoría se contradice frontalmente con lo que han llevado a la práctica. Como ya se ha enunciado, debido a su falta de eje ideológico ninguna de sus variantes, no es una garantía para las clases trabajadoras de defender sus derechos de forma eficiente.

El anarquismo es pues, una doctrina reaccionaria de la pequeña burguesía, que confunde a la clase obrera desviándola de sus objetivos de clases, y por tanto objetivamente trabaja de manera consciente o inconsciente en favor de la hegemonía de la burguesía, por tanto del capitalismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2016)

lunes, 21 de noviembre de 2016

Aclaraciones sobre la fundación y desarrollo de las FARC-EP; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

«En esta época, para que el lector entienda el contexto represivo fueron sonados el asesinato del miembro del PLC Jorge Eliécer Gaitán en 1948, del miembro del PCC Manuel Marulanda Vélez en 1953 –Pedro Antonio Marín Rodríguez, alias «Tirofijo» y líder de las FARC-EP, adoptaría como pseudónimo su nombre–, el miembro del PLC liberal Guadalupe Salcedo en 1957 o el asesinato del miembro del PCC Jacobo Prías en 1960. Los gobiernos conservadores como se ve «no se andaban con chiquitas» en cuanto a exterminar a las cabezas visibles de la oposición:

«Aunque se presentaron diversos hechos violentos durante el Gobierno del presidente conservador Mariano Ospina Pérez (1946-1950), ninguno causó tanta conmoción como el magnicidio del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Este hecho generó un clima de frustración en amplios sectores sociales, quienes habían visto en Gaitán una figura política sensible a los intereses populares y un potencial continuador de los procesos de modernización emprendidos décadas atrás. La situación empeoró con el ascenso a la presidencia en 1950 del jefe conservador Laureano Gómez, debido a sus posiciones sectarias, evidentes en mecanismos como la partidización de las instituciones del Estado y las medidas represivas que aplicó contra sus contradictores políticos. (...) En líneas generales, tanto liberales como comunistas esbozaron el mismo argumento de fondo: la resistencia armada contra el terrorismo de Estado. Con ello, no hicieron otra cosa que apoyarse en la legitimidad de la violencia de respuesta, fuertemente arraigada en la mentalidad colectiva de esa época, que se expresaba en el uso jurídico de la figura de la «legítima defensa», en el entendido de justificarla como una ineludible exigencia moral dirigida a neutralizar una agresión violenta, injusta y en ocasiones institucionalizada». (Centro nacional de memoria histórica; Guerrilla y población civil; Trayectoria de las FARC-EP 1949-2013, 2014)

La historia de las FARC-EP nace como la colaboración y después unión de diferentes guerrillas del PCC y el PCI en el marco de los años 60. Unión guerrillera que se da por diversas razones, ya que bien se van unificando por convicción o necesidad. Oficialmente se data la Operación contra Marquetalia de 1964 del Ejército Colombiano contra los guerrilleros de esa zona y el lanzamiento de «Programa Agrario» como el hito que daba luz a las FARC-EP, aunque su nombre oficial se supone que se empieza a ver en la IIº Conferencia de Guerrillas del Bloque Sur en mayo de 1966. Entre estas guerrillas activas que darían lugar a las FARC-EP se incluía a los miembros del PLC y a los miembros del PCC. Entiéndase que en Colombia la creación de guerrillas campesinas era algo a la orden del día debido a que: primero; era y es uno de los países con mayores problemas respecto a la tierra, con niveles de latifundismo enormes, por tanto con un gran número de campesinos pobres sin tierras, y segundo; debido a la creación del paramilitarismo, que obligaba a los campesinos a crear estas guerrillas para defenderse del gobierno y sus métodos, esto explica como decimos el fenómeno guerrillero campesino permanente en el país.

No podemos pasar por alto que en esta época algunos de los «socialdemócratas» aún mantenían tesis de revolución violenta e incluso la dictadura del proletariado como puede ser el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), por lo que no es del todo descabellado que las presuntas guerrillas «comunistas» de las que muchas veces habla la historiografía revisionista-burguesa fueran en realidad movimientos de carácter socialdemócrata, liberal, etc. Si bien este rasgo de la lucha armada que se fue perdiendo en la socialdemocracia de los países desarrollados se siguió viendo en muchos países subdesarrollados durante el proceso de descolonización, de hecho el tercermundismo es eso: socialdemocratismo y nacionalismo regional.

Las FARC-EP, se constituyó por la unión de grupos guerrilleros de diferente ideología, y como consecuencia recibió en su seno a miembros: de un partido burgués y vacilante como el Partido Liberal Colombiano (PLC), que precisamente acabaría colaborando con el Partido Conservador (PC), quién había desatado años antes la represión. Las FARC-EP, ya constituida, se acabó adueñando de los focos de guerrillas liberales, ya que por un lado el ala más reaccionaria del partido ya había contraído una alianza con los conservadores y estaban en el gobierno, y el ala más radical, y sus reductos, de estas guerrillas de defensa contra la represión de los conservadores no tuvieron otro remedio que sumarse y disolverse en las FARC-EP para sobrevivir ante la represión, este fue el caso de «Tirofijo» y otros liberales.

Por otro lado recibió a miembros del Partido Comunista Colombiano (PCC). Este caso nos parece de especial importancia a explicar, debido a que toda la historiografía burguesa-revisionista no ha sabido analizar la veracidad de los hechos. La historiografía burguesa-revisionista ha venido diciendo que las FARC-EP al recibir a miembros o desertores del PCC se fundaron como una guerrilla de carácter o al menos de origen inicial comunista. Nada más lejos de la realidad. El PCC como ya explicamos anteriormente venía de un periodo en que fue totalmente rendido al browderismo, después aceptaron con gusto las tesis jruschovistas, de comunista nada, era un partido que revisaba los fundamentos del comunismo, es decir revisionista. Otra aclaración a tener en cuenta es que pese a la gran influencia de cuadros del PCC que desertaban y se pasaban a las FARC-EP o que tenían doble militancia, el PCC jamás controló a las FARC-EP como se ha dicho a veces:

«Me parece extraño que usted hable de las FARC, de su programa y de su lucha como mirándolas desde lejos, ¿acaso las FARC no están relacionadas con el Partido Comunista?

68) Son guerrillas campesinas que se identifican con la política del Partido Comunista.

Pero, ¿entonces hubo realmente un Congreso o una decisión de las FARC sin que ustedes, la dirección del Partido, estuvieran presentes y orientaran ese evento?

69) Hay que entender que, desde que se desata la lucha guerrillera, es absolutamente imposible que el partido asuma la dirección del movimiento armado. Este tiene su propia dirección, sus comandos operativos que actúan». (Marta Harnecker; Colombia: Combinación de todas las formas de lucha, Entrevista a Gilberto Vieira, 1988)

El PCC con la implementación del jruschovismo se fue distanciando de las reivindicaciones y programa de las FARC-EP, hasta que a finales de los 80 se hace evidente las divergencias debido a que el PCC ya empieza a dejar de apoyar formalmente la postura de la doble posición para llegar al poder –formalmente aceptaba en sus programas la posibilidad de la vía parlamentaria y la vía armada– mientras que a la vez las FARC-EP ya hacía tiempo que había empezado a combinar los métodos terroristas, por lo que el PCC acabaría retirando parte de su simpatía a sus reivindicaciones, intentando que no se les relacionara tanto como antes. Las FARC-EP a principios del siglo XXI visto lo visto decidió crear el Partido Comunista Clandestino Colombiano (PCCC) como método para practicar una política de masas y también como medio de reclutamiento, ya que el PCC hacía décadas que se había distanciado de su lucha y no podía usarse como vehículo para estos propósitos.

A esto añádase dos corrientes revisionistas que afluyeron para sumarse a las FARC-EP. Primero los maoístas, muchos de ellos disfrazados de marxista-leninistas, aprovecharon en el PCC el viraje cada vez más abiertamente pacifista, legalista y parlamentario de la facción jruschovista de Gilberto Vieira para imponer su visión aventurera de la lucha armada y proclamar la estrategia de la «Guerra Popular Prolongada» para la toma de poder, que destinaba la mayoría de acciones hacia el campo, también los maoístas pretendían «ruralizar» aún más la organización en su composición social. Aunque le resulte raro al lector el propio líder del PCC había estado influenciado por el maoísmo y fue uno de los traductores de los escritos de Mao Zedong en Colombia, por lo que la influencia del revisionismo chino en el PCC es notable desde sus inicios, aunque Vieira y su grupo decidieran ser más cercanos a los nuevos revisionistas de Moscú. Estos elementos maoístas o influenciados por el maoísmo que llegaron a las FARC-EP provenientes del PCC o de otras organizaciones por las razones que fueran acabarían implantando gran parte de la visión militar de la organización de las FARC-EP para los años venideros. Por otro lado también existieron y vinieron a este caldo de cultivo elementos ecléctico inspirados por la Revolución Cubana de 1959, estos elementos castro-guevarista, y por tanto con una visión militar de toma de poder foquista como Jacobo Arenas –que había seguido a Augusto Durán en sus tesis browderistas en el PCC–, también formarían parte del núcleo central de las tesis de las FARC-EP, aunque oficialmente tampoco se hayan reivindicado bajo el foquismo, pero como sabemos en estos grupos no siempre la práctica va acompañada de una enunciación teórica, ni la enunciación teórica que concuerda con la práctica. No se tiene pues, constancia de verdaderos marxista-leninistas en la fundación de las FARC-EP, y de hecho bajo esta pinza de corrientes, si los hubiera habido, se ve a estas alturas que quedaron diluidos entre esa amalgama revisionista.

Los verdaderos revolucionarios fundarían precisamente en 1965 el Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista (PC de C-ML) para distanciarse de la política revisionista del viejo PCC –aunque no sin dificultades de repetir los errores de varias corrientes del momento–. Es decir mientras los marxista-leninistas y revolucionarios honestos se escindieron paulatinamente del viejo PCC revisionista en diversos grupos hasta unificarse en un único partido dando lugar al PC de C-ML como muestra de su oposición al revisionismo, las FARC-EP en cambio por otro lado, se estaba dedicando a recoger en su seno a militantes o desertores del PCC y el PL, o dicho de otro modo: abría las puertas de par en par a quién quisiese entrar a formar parte de su guerrilla más allá de su procedencia, sin ningún requisito ideológico, hacían piña con el revisionismo en un momento en que los marxista-leninistas del mundo estaban luchando contra el revisionismo a vida o muerte». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

La ley del valor en el socialismo; Stalin, 1952


«A veces se pregunta si la ley del valor existe y actúa en nuestro país, en nuestro régimen socialista.

Sí, existe y actúa. Allí donde hay mercancías y producción mercantil no puede por menos de existir la ley del valor.

En nuestro país la ley del valor extiende su acción, ante todo, a la circulación de mercancías, al intercambio de mercancías mediante la compraventa, al intercambio, principalmente, de las mercancías de consumo personal. Aquí, en esta esfera, la ley del valor sigue desempeñando, naturalmente en ciertos límites, el papel de regulador.

Pero la acción de la ley del valor no queda limitada a la esfera de la circulación de mercancías. Se extiende también a la producción. Cierto es que en nuestra producción socialista la ley del valor no desempeña un papel regulador, pero, con todo y con eso, actúa sobre la producción, cosa que debe ser tenida en cuenta al dirigir ésta. La realidad es que los productos destinados al consumo, necesarios para cubrir los gastos de fuerza de trabajo en el proceso de la producción, se producen y se realizan en nuestro país como mercancías sometidas a la acción de la ley del valor. Aquí, precisamente, se pone de manifiesto la acción de la ley del valor sobre la producción. Por este motivo tienen hoy importancia para nuestras empresas cuestiones como el cálculo económico y la rentabilidad, el costo de producción, los precios, etc. Por eso nuestras empresas no pueden ni deben despreciar la ley del valor.

¿Es eso bueno? No es malo. En las condiciones actuales de nuestro país, no es malo, ni mucho menos, pues esa circunstancia enseña a los camaradas que trabajan en el dominio de la economía a dirigir de un modo racional la producción y la disciplina. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a calcular las magnitudes de la producción, a calcularlas exactamente y a tener en cuenta con la misma exactitud las cosas reales en la producción, en vez de hablar y hablar de «datos aproximados», puro producto de la imaginación. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a buscar, encontrar y aprovechar las reservas ocultas en las entrañas de la producción y a no pasar por encima de ellas sin advertirlas. No es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra economía a mejorar sistemáticamente los métodos de producción, a reducir el costo de ésta, a aplicar el principio del cálculo económico y a esforzarse por conseguir que las empresas sean rentables. Esta es una buena escuela práctica, que acelera el desarrollo de los cuadros que trabajan en nuestra economía y su conversión en verdaderos dirigentes de la producción socialista en la actual etapa de desarrollo.

La desgracia no estriba en que la ley del valor actúa en nuestro país sobre la producción. La desgracia consiste en que los dirigentes de nuestra economía y los encargados de planificarla conocen mal, salvo raras excepciones, la acción de la ley del valor, no estudian esa acción y no saben tenerla en cuenta al hacer sus cálculos. A ello, precisamente, se debe la confusión que aún reina en cuanto a la política de precios. Daré un ejemplo entre muchos. Hace algún tiempo se resolvió regular, en interés del cultivo del algodón, la correlación de precios entre el algodón y los cereales, precisar los precios de los cereales que se venden a los cultivadores de algodón y elevar los precios del algodón que se entrega al Estado. En relación con ello, algunos dirigentes de nuestra economía y los camaradas que la planifican hicieron una propuesta que no pudo por menos de asombrar a los miembros del Comité Central (CC), ya que en la propuesta el precio de una tonelada de trigo casi equivalía al de una tonelada de algodón, con la particularidad de que el precio de la tonelada de cereal se igualaba al precio de una tonelada de pan. Cuando los miembros del CC observaron que el precio de una tonelada de pan debía ser más alto que el de una tonelada de cereal, debido a los gastos complementarios de molienda y cochura y que el algodón, en general, era mucho más caro que el trigo, como lo atestiguan también los precios del algodón y del trigo en el mercado mundial, los autores de la propuesta no pudieron decir nada inteligible. En vista de ello, el CC tuvo que tomar el asunto en sus manos, reducir el precio del trigo y elevar el del algodón. ¿Qué habría ocurrido si la propuesta de esos camaradas hubiese entrado en vigor? Habríamos arruinado a los cultivadores de algodón y nos hubiésemos quedado sin este producto.

Pero, ¿quiere decir todo esto que la acción de la ley del valor tiene en nuestro país vía libre, como bajo el capitalismo, que la ley del valor es en nuestro país un regulador de la producción? No, no quiere decir eso. En realidad, la esfera de acción de la ley del valor está en nuestro régimen económico rígidamente circunscrita y limitada. Ya he dicho que la esfera de acción de la producción mercantil está en nuestro régimen circunscrita y limitada. Lo mismo hay que decir de la esfera de acción de la ley del valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad privada sobre los medios de producción y que la socialización de estos medios tanto en la ciudad como en el campo no pueden por menos de limitar la esfera de acción de la ley del valor y su influencia en la producción.

En el mismo sentido actúa la ley del desarrollo armónico –proporcional– de la economía del país, que ha sustituido a la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción.

En el mismo sentido actúan nuestros planes anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra política económica, que se basan en las exigencias de la ley del desarrollo armónico de la economía del país.

Todo ello, sumado, hace que la esfera de acción de la ley del valor esté en nuestro país rigurosamente limitada y que en nuestro régimen la ley del valor no pueda desempeñar el papel de regulador de la producción.

Ello, precisamente, explica el hecho «asombroso» de que, a pesar del desarrollo ininterrumpido e impetuoso de nuestra producción socialista, la ley del valor no conduzca en nuestro país a crisis de superproducción, mientras esa misma ley del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acción, conduce en los países capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producción en esos países, a crisis periódicas de superproducción.

Se dice que la ley del valor es una ley constante, obligatoria para todos los períodos del desarrollo histórico, y que, si pierde su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el período de la segunda fase de la sociedad comunista, conservará en esa fase de desarrollo su fuerza como regulador de las relaciones entre las distintas ramas de la producción, como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Eso es completamente equivocado. El valor, lo mismo que la ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil. Cuando la producción mercantil desaparezca, desaparecerán también el valor, en todas sus formas, y la ley del valor.

En la segunda fase de la sociedad comunista, la cantidad de trabajo invertido en la producción de productos no se medirá indirectamente, a través del valor y de sus formas, como ocurre en la producción mercantil, sino de manera directa e inmediata, por la cantidad de tiempo, por la cantidad de horas invertidas en la producción de los productos. En cuanto a la distribución del trabajo entre las ramas de la producción, no será regulada por la ley del valor, que entonces habrá perdido ya su fuerza, sino por el incremento de las necesidades de la sociedad en productos. Será esta una sociedad en la que las necesidades de la misma regularán la producción y el cálculo de esas necesidades adquirirá una importancia primordial para los organismos encargados de la planificación.

Es también completamente errónea la afirmación de que en nuestro sistema económico actual, en la primera fase de desarrollo de la sociedad comunista, la ley del valor regula las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se desarrolla al máximo la industria ligera, la más rentable, dándole preferencia frente a la industria pesada, que con frecuencia es menos rentable y a veces no lo es en absoluto.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se cierran las empresas de la industria pesada que por el momento no son rentables y en las que el trabajo de los obreros no da el «resultado debido» y no se abren nuevas empresas de la industria ligera, indiscutiblemente rentable, en las que el trabajo de los obreros podría dar «mayor resultado».

Si eso fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se pasa a los obreros de las empresas poco rentables, aunque muy necesarias para la economía nacional, a empresas más rentables, como debería hacerse de acuerdo con la ley del valor, a la que se atribuye el papel de regulador de las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Es evidente que, de hacer caso a esos camaradas, tendríamos que renunciar a la primacía de la producción de medios de producción en favor de la producción de medios de consumo. ¿Y qué significa renunciar a la primacía de la producción de medios de producción? Significa suprimir la posibilidad de desarrollar ininterrumpidamente nuestra economía nacional, pues es imposible desarrollarla ininterrumpidamente si no se da preferencia a la producción de medios de producción.

Esos camaradas olvidan que la ley del valor sólo puede regular la producción bajo el capitalismo, cuando existen la propiedad privada sobre los medios de producción, la concurrencia, la anarquía de la producción y las crisis de superproducción. Olvidan que la esfera de acción de la ley del valor está limitada en nuestro país por la existencia de la propiedad social sobre los medios de producción, por la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía y, por consiguiente, también por nuestros planes anuales y quinquenales, que son un reflejo aproximado de las exigencias de esta última ley.

Algunos camaradas deducen de aquí que la ley del desarrollo armónico de la economía del país y la planificación de la misma destruyen el principio de la rentabilidad de la producción. Eso es completamente erróneo. En realidad, ocurre todo lo contrario. Si consideramos la rentabilidad, no desde el punto de vista de esta o aquella empresa o rama de la producción, y no en el transcurso de un año, sino desde el punto de vista de toda la economía nacional y en un período, por ejemplo, de diez a quince años –ésta sería la única forma acertada de enfocar el problema–, veríamos que la rentabilidad temporal e inconsistente de esta o aquella empresa o rama de la producción no puede en absoluto compararse con la forma superior de rentabilidad, sólida y constante, que nos dan la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía nacional y la planificación de la misma, librándonos de las crisis económicas periódicas, que destruyen la economía nacional y causan a la sociedad tremendos daños materiales, y asegurándonos el desarrollo ininterrumpido de la economía nacional y el elevado ritmo de este desarrollo.

En pocas palabras: no cabe duda de que en las condiciones socialistas de la producción que existen actualmente en nuestro país, la ley del valor no puede «regular las proporciones» de la distribución del trabajo entre las distintas ramas de la producción». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)

domingo, 20 de noviembre de 2016

Vientos del pueblo me llevan; Miguel Hernández, 1937


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Vientos del pueblo, 
1937

martes, 15 de noviembre de 2016

Refutando las razones de los socialimperialistas soviéticos para invadir Afganistán


«Para justificar sus acciones, los amos de Moscú dan principalmente dos razones:

1) Habían sido convocados por el «pueblo» afgano para ayudarle, y se habrían visto por tanto obligados a cumplir con su compromiso de prevenir una evolución de los acontecimientos similar a los de Chile.

2) La seguridad de la Unión Soviética estaba en riesgo porque los imperialistas tenían la intención de transformar a Afganistán en su base.

Estos son los pretextos que el prosoviético Partido Comunista Alemán (PCA) nos está vendiendo aquí, presuponiendo en todo momento claro, que la Unión Soviética sigue siendo un país socialista. Pero incluso siendo verdad que fuera socialista, estos malos pretextos no justificarían sus acciones.

Ciertamente, en determinadas ocasiones, puede ser el deber de un Estado socialista dar su ayuda fraternal a otro país socialista, que cuando una revolución socialista victoriosa se vea amenazada por la interferencia externa agresiva se asista con armas y tropas para ayudar. Esto también se aplica si se trata de un país vecino no imperialista, cuando un Estado independiente es atacado por una potencia imperialista.

¿Pero se dieron estas condiciones en Afganistán? No. ¿Afganistán fue atacado por un país imperialista? No. ¿Era un país socialista hermano? Por supuesto que no. ¿Se estaba defendiendo la revolución socialista amenazada? Tampoco.

¿Qué pasó en Afganistán en abril de 1978? Sucedió simplemente un golpe de Estado militar apoyado y controlado por la Unión Soviética, y poco después fue «elegido» Presidente de Afganistán Babrak Karmal que –al igual que sus predecesores– llamó a las tropas socialimperialistas soviéticas a que ayudasen contra el pueblo afgano.

El golpe de Estado afgano, como cualquier otro golpe de Estado, fue rechazado por los comunistas. Después de todo, un golpe de Estado es una puesta de escena desde arriba y no usa al pueblo en la revolución. El hecho de que en Afganistán este gobierno surgiera de un golpe de Estado que fue apoyado desde el exterior por la Unión Soviética, ya explica el hecho de que las grandes masas no solo no participaran, sino que provocara la resistencia armada. No importa el hecho de que en este caso muchas de estas fuerzas fuesen apoyadas por los imperialistas estadounidenses y chinos.

Incluso si la Unión Soviética fuera verdaderamente un país socialista, tendría que condenarse su acción en Afganistán. Ahora, la Unión Soviética, no es un país socialista, sino una superpotencia socialimperialista, lo que viene claramente para refutar su segundo argumento expresado: La seguridad de la Unión Soviética estaba en riesgo porque los imperialistas tenían la intención de transformar a Afganistán en su base.

¿No explica también el imperialismo estadounidense que «su seguridad en el Medio Oriente está en riesgo» debido a que «la Unión Soviética apoya al terrorismo» y en base a eso actúa? Ciñéndonos a estas excusas imperialistas que uno y otro usan, la Unión Soviética podría invadir prácticamente todos los países fuera del Pacto de Varsovia. Para ellos en particular, los únicos requisitos son:

En primer lugar, que el «pueblo» llame a la Unión Soviética a intervenir y segundo que la Unión Soviética «sienta amenazada su seguridad». Sin embargo, cuando el «pueblo» llama, y cuando se ve «amenazada» su seguridad es algo que determina cuando quiere la propia Unión Soviética». (Ernst AustAlemania no debe convertirse en un campo de batallas; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, 1981)

Los métodos fraccionalistas, militaristas y el centralismo burocrático como forma de estructura de partido en el revisionismo chino


«En la práctica no ha existido un partido así, un partido bolchevique de nuevo tipo no ha existido en China. ¿Podemos considerar a un partido cuyo líder, contrariamente a los principios del centralismo democrático, nombra a su sucesor como si fuera un emperador, donde el Gabinete Central [1] es un aparato militar de ejercicio de poder personal, como partido bolchevique? ¿Acaso un partido que se basa principalmente en la pequeña burguesía y considera al proletariado como apéndice numéricamente insignificante frente a cientos de millones de la pequeña burguesía; un partido que retozaba ora bajo una línea de la pequeña burguesía, ora una línea de la burguesía nacional; un partido que permitía fracciones, la llamada por ellos lucha de dos líneas –que es presentada como ley de desarrollo comunista– donde a veces ganaba una línea y luego otra, puede merecerse tal calificativo? (…) Se debe tener en cuenta que en el Partido Comunista de China en el cual no existía el centralismo democrático real, el modo en que combatían las llamadas dos líneas siempre eran las luchas entre las personas clave en el partido y el gobierno chinos por el poder en China. La línea perdedora siempre estaba llena de todo tipo de acusaciones muy poco creíbles e incluso absurdas. En realidad estas luchas nunca tuvieron –incluso en la época de la «Revolución Cultural»– un carácter de principios. (...) Existen diferencias significativas entre las políticas de Mao Zedong y sus actuales partidarios. No hay duda de que había, si se quiere, en China una constante lucha entre dos líneas, pero desde luego no era una pelea entre una línea proletaria y una línea burguesa, sino la lucha entre dos líneas burguesas, capitalistas. (…) Sobre todo a la pequeña burguesía parece agradarle la negación del papel dirigente de la clase obrera y su partido; esto es algo que en China no sólo se produjo durante la llamada «Revolución Cultural», sino que es un componente vital del Pensamiento Mao Zedong». (Ernst Aust; Informe en el IVº Congreso del Partido Comunista Alemán/Marxista-Leninista; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, diciembre de 1978)

Anotación de Bitácora (M-L):

Quién no conozca el llamado «Gabinete Central» era un aparato militar que controlaba el partido y que tomaba decisiones de tipo político, propagandístico, organizativo, por encima de cualquier estamento del gobierno. Recomendamos la lectura del artículo de Enver Hoxha: «¿Que es el gabinete general en China?»Reflexiones sobre China, Tomo II, 7 de septiembre de 1977.

jueves, 10 de noviembre de 2016

La verdad sobre el «muro de protección antifascista»


«Después de todo, en la jerga oficial lo llaman el «muro de protección antifascista». Pero, ¿Pero desde cuando la construcción de un Estado socialista de un muro puede frenar las intervenciones imperialistas, o protegerle de los espías o las actividades subversivas? ¿Acaso la Unión Soviética antes socialista tuvo un muro para protegerse de la Alemania nazi?

En 1961, la RDA ya no era un país socialista. La construcción del muro no era como una prueba de la postura antifascista y antiimperialista de los peces gordos de Partido Socialista Unificado de Alemania (PSUA) y sus señores de Moscú. Más bien era la prueba de que la República Democrática Alemana (RDA), el ex primer Estado socialista en suelo alemán había virado, degenerado, hacia un gobierno de represión revisionista. ¡El muro era una traición al socialismo, una traición a la nación!

Los obreros y los campesinos huían del presunto «gobierno de los obreros y campesinos». ¿Por qué? Debido a que habían tenido suficiente del socialismo como la propaganda occidental anunciaba? No, los miles y decenas de miles que se marcharon de la RDA a finales de los 50 y principios de los años 60 no eran personas enemigas del socialismo. Los capitalistas y los gerifaltes nazis ya habían huido mucho antes, es decir, cuando vieron que en la clase obrera de la RDA había conseguido el poder político, que el socialismo se estaba erigiendo.

Ahora, sin embargo, había además de la pequeña burguesía, los obreros y campesinos de Alemania del Este se marchaban por miles y decenas de miles de sus hogares. Muchos de ellos se dieron cuenta, aunque no siempre consciente del todo, de la degeneración que había sufrido la RDA». (Ernst Aust; ¡Abajo el muro!; En el 15 aniversario del muro de la vergüenza en Berlín; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán agosto de 1976);

martes, 8 de noviembre de 2016

El factor externo es un auxiliar para la revolución, el factor interno el determinante y decisivo


«Lenin puntualiza que la revolución es obra del pueblo de cada país, que no puede ser exportada. Esto no significa que los marxista-leninistas, dondequiera que militen, no se sientan solidarios, mutuamente ligados por los sentimientos más puros del internacionalismo proletario y no contribuyan a la lucha del proletariado y de los pueblos de los otros países por su liberación. Por el contrario, todos los comunistas, los proletarios, todas las fuerzas revolucionarias de los diversos países tienen la obligación de ayudar a la revolución en cada país en particular y en todo el mundo con su propaganda, agitación, ayuda material, ejemplo de determinación y abnegación, y ateniéndose fielmente al marxismo-leninismo. Como es natural, el que esta ayuda sea bien aprovechada depende, ante todo, del nivel de preparación del proletariado y de su partido, del nivel de desarrollo de la lucha revolucionaria en uno u otro país.

Marx y Engels en el «Manifiesto del Partido Comunista» de 1848 demuestran que los intereses del proletariado y del pueblo de un país son inseparables de los intereses del proletariado y de los pueblos de todo el mundo.

La revolución, como enseña Lenin y como la vida ha confirmado, triunfa en cada país en particular. Por eso, esta victoria depende, ante todo, de la clase obrera de cada país y de su partido revolucionario, depende de su capacidad para aplicar, de acuerdo con las condiciones concretas, las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin sobre la revolución». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

Las dos principales clases sociales de nuestra época y su lucha contrapuesta: la burguesía vs el proletariado


«La lucha del proletariado contra la burguesía es dura, inexorable y se desarrolla de continuo. Frente a frente se encuentran dos grandes fuerzas sociales. De un lado, la burguesía capitalista imperialista, que es la clase más salvaje, más embaucadora y más sanguinaria que haya conocido la historia. De otro lado, está el proletariado, la clase totalmente despojada de los medios de producción, la clase oprimida y explotada despiadadamente por la burguesía, y, al mismo tiempo, la clase más avanzada de la sociedad, que piensa, crea, trabaja, produce, y que, sin embargo, no goza de los frutos de su trabajo.

Ambas clases intentan, cada una por su parte, agrupar fuerzas a su alrededor y prepararlas para conseguir sus objetivos: el proletariado para alcanzar la liberación nacional y social, para hacer la revolución; la burguesía para conservar su dominación y aplastar la revolución. Mientras la burguesía agrupa en torno suyo a las fuerzas más negras, más regresivas y criminales, el proletariado se esfuerza por ganar para su causa a todas las fuerzas revolucionarias y progresistas». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Con qué medios trata de ganarse la clase dominante burguesa a la juventud


«Todas estas características positivas, su entusiasmo, su disposición a hacer sacrificios, su susceptibilidad, distinguen a los jóvenes de los adultos. Y la burguesía, la clase dominante siempre trata de explotar estos rasgos de la juventud para sus propios fines. Por desgracia, también lo suele lograr con bastante éxito. ¿Cómo fue posible que la masas juveniles alemanas que dieron sus vidas en las dos guerras mundiales, en contra de sus intereses, para el beneficio de los especuladores bélicos y los peces gordos?

Esto fue posible porque no hay una educación fuera o por encima de las clases en una sociedad de clases. En la sociedad burguesa, la educación es bien hipócrita. Está determinada por los intereses egoístas de la clase dominante capitalista. Esto lleva a una lucha desesperada por influenciar a las masas populares desde por métodos de violencia hasta por medio de los métodos de engaño más refinados. Las personas trabajadoras desde que nacen hasta que mueren están bajo la continua influencia de pensamientos, sentimientos y hábitos que son beneficiosos para la clase dominante. Esta acción se lleva a cabo a través de innumerables canales, y a veces asume formas que apenas son perceptibles. La escuela, la iglesia, la prensa, el cine, la radio, la televisión, el arte, el teatro, las distintas organizaciones y partidos, todas estas son herramientas que martillean la ideología, la moral, la vida burguesa en la conciencia de las masas.

Vosotros debéis de saber sin duda, por parte de vuestros padres y madres, los métodos sofisticados que usaban los nazis para influir en la juventud. Como demagógicamente les hablaban de sentimientos genuinamente patrióticos, del Tratado de Versalles que subyugó al pueblo alemán, de la doble explotación de los monopolios nacionales y extranjeros, de los privilegios territoriales y económicos que adquirió el imperialismo, utilizaron todo esto en el corazón de su agitación y propaganda». (Ernst Aust; ¡La juventud decidirá la batalla!; Discurso en Offenbach en el Iº Congreso de la Guardia Roja (Organización Juvenil del PCA/ML); Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, celebrado entre el 30 y 31 de agosto de 1975)

jueves, 3 de noviembre de 2016

El nacimiento del Partido Comunista Colombiano (PCC) y su pronta claudicación; Equipo de Bitácora (M-L), 2016

Gilberto Vieira, a la derecha

«El Partido Comunista Colombiano (PCC) nace en 1930 como el resultado de un largo proceso de creación de asociaciones fallidas. Por ejemplo: fue el caso del Partido Obrero (PO) de 1915, el intento de fundar un partido comunista en Bogotá bajo la iniciativa de Silvestre Savistki, o el caso del Partido Socialista (PS) que tan sólo duró de 1919-1923; para 1926 se fundaría el Partido Socialista Revolucionario (PSR) que fue aceptado como miembro de la Komintern (Internacional Comunista) en 1928. A finales de la década muchos miembros acabarían presos o muertos por la represión o desertaron en momentos de horas bajas a las filas del Partido Liberal Colombiano (PLC), el sector que se consolida y cree firmemente en su propósito fundaría el PCC finalmente.

Pero pronto surgirían grandes desviaciones en lo ideológica que evidenciaban la falta de bolchevización del partido y sus remanencias socialdemócratas.

El PCC en los años 40 venía de mantener desviaciones derechistas de tipo browderistas durante los años en que Augusto Durán estuvo a la cabeza:

«El cubano y el venezolano fueron, con el colombiano, los partidos comunistas que aceptaron con mayor entusiasmo las tesis de Earl Browder». (Manuel Caballero; La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana, 1919-1943, 1987)

Las desviaciones del browderismo incluían unas ilusiones sobre el carácter del imperialismo, creyendo que el imperialismo podía desarrollarse de forma pacífica sin necesidad de las políticas colonialistas que incluyeran métodos militares; que podían y debían entenderse el campo imperialista con el campo socialista y que gracias a la mediación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética todas los problemas podrían resolverse de forma civilizada; que los países atrasados podían salir de su atraso apoyándose en los países desarrollados incluidos los países imperialistas por medio de la estimulación de capital y comercio a base de empresas mixtas, créditos, organismos económicos conjuntos, etc.; que puesto que hasta un futuro muy lejano se lucharía por el socialismo y el comunismo los partidos comunistas no tenían sentido, que todo se debía reducir si era posible a un sistema bipartidista para polarizar la sociedad, donde los comunistas se agruparan con otras fuerzas progresistas contra el fascismo, la derecha y la reacción recalcitrante; que en los países atrasados no se podía ir al socialismo sin haber pasado un largo periodo de desarrollo del capitalismo lo que incluía la búsqueda de una alianza con la burguesía nacional.

En Colombia estas líneas browderistas se reflejaron en el PCC en hechos como cambiar de nombre al partido llamándolo Partido Socialista Democrático (PSD) con la perspectiva de disolverlo, manteniendo una política reformista de colaboración de clases de lo más deleznable, incluso llegando a colaborar con el nefasto y represivo gobierno electo de Mariano Ospina Pérez en búsqueda de una alianza con la parte «progresista» de la burguesía.

Muchos de los defensores de la historia del PCC han hablado que esa línea se rectificó a partir de 1947. Nada más lejos de la realidad. Sépase que el llamado Vº Congreso del PCC de 1947, autodenominado congreso de la rectificación leninista, no fue liderado por leninistas ya que Gilberto Vieira White fue nombrado secretario general, y este ya entonces era un famoso revisor de las tesis de Marx sobre Bolívar desde un enfoque sentimentalista y nacionalista-burgués, figura colombiana que a la postre sería un jruschovista declarado y fervoroso defensor de la Perestroika de Gorbachov, pero que hasta destaparse como tal desarrolló una línea oportunista en especial en la política de frente y sus alianzas intentando decorar esta línea traicionera. Así que pese a la pretendida rectificación de línea que vendía Vieira el PCC no se libró de los errores derechistas, y poco después el partido con Vieira a la cabeza aceptó las resoluciones y tesis del XXº Congreso del PCUS de Jruschov de 1956. El PCC sólo mantuvo una particularidad obligada por las condiciones de Colombia que era el justificar teóricamente y en la praxis el uso de las guerrillas campesinas como métodos de autodefensa; es decir, validaba la violencia armada solamente como métodos defensivos para defender a los militantes del partido y simpatizantes, pero sin ninguna perspectiva de utilizar esas guerrillas campesinas con carácter ofensivo en un futuro ni de extender el brazo armado a las ciudades, lo que limitaban la comprensión de las masas trabajadoras sobre el uso de la violencia revolucionaria para sus fines y entorpecían la expansión de la revolución armada. Con estos desarrollos en el PCC acabó diluyéndose por completo cualquier rastro de comunismo que pudiera haber tenido este partido.

Las desviaciones de tipo jruschovista incluyen la coexistencia pacífica entre el capitalismo y el socialismo, la integración pacífica y paulatina del capitalismo en el socialismo, centrar el trabajo del partido en la lucha parlamentaria. El PCC no escapó a todo ello:

«Se consideraba que en la Unión Soviética, bajo el Gobierno del «renegado» Nikita Jruschov, se había «falsificado» la teoría marxista-leninista y se habían generado posiciones políticas imposibles de defender: «(1) la «emulación pacífica» entre el socialismo y el capitalismo; (2) la «coexistencia pacífica» entre el capitalismo y el socialismo; y (3) la «transición pacífica» del capitalismo al socialismo». Según el izquierdismo criollo, esos postulados «revisionistas» habían tenido eco en Colombia, específicamente en el Partido Comunista Colombiano (PCC), pues se consideraba que era un partido pacifista empeñado en alcanzar el poder por la vía electoral, que se había quedado en la lucha exclusivamente reivindicativa y «economicista» —es decir, en la búsqueda de mejores salarios o condiciones laborales—, estimando, equivocadamente, que este era el medio adecuado para que los trabajadores desarrollaran «conciencia de clase». Para los críticos de los «mamertos» —término despectivo que, en la jerga de aquellos años, denotaba la claudicación política a cambio de prebendas—, la lucha reivindicativa conducía a la perpetuación de la esclavización de los obreros y a mantenerlos atrapados en la lógica del capital. Las críticas al PCC sobre la presunta renuncia a la lucha armada, como se había planteado en el VIIIº Congreso (1959) —en el que se esbozó la posibilidad del tránsito pacífico del capitalismo al socialismo—, no puede ser considerada prueba fehaciente del pacifismo de ese partido, pues hubo otras declaraciones que aseveraron lo contrario, como la del Xº Congreso (1966), que planteó la combinación de todas las formas posibles de lucha. La ambigüedad del PCC por esos años, de cara a la lucha armada, radicaba, por supuesto, en la mixtura entre la vía legal y la vía armada, y en que esta ocupaba un lugar secundario en los objetivos del Partido; su existencia, aparentemente, tenía más bien fines propagandísticos o, a lo sumo, era considerada como una reserva estratégica hacia el futuro ante «previsibles enfrentamientos decisivos contra la represión oligárquica y la posible intervención militar directa del imperialismo yanqui en la culminación de la crisis del sistema paritario». (Centro nacional de memoria histórica; Guerrilla y población civil; Trayectoria de las FARC-EP 1949-2013, 2014)

Desviaciones que se parecen como dos gotas de agua a las que ya practicó el PCC durante los años del browderismo implantado por Durán.

Veamos más manifestaciones como la tendencia hacia una búsqueda de alianza con la burguesía nacional a cualquier precio y la política de expulsiones a la más mínima crítica ideológica de la línea del partido estableciendo un centralismo burocrático como método de dirección del partido:

«Esta condición internacional se convirtió en un catalizador de las diferencias internas que el PCC buscó resolver por la vía de la expulsión a los críticos y opositores de su política de alianzas y de su concepción táctica de la lucha revolucionaria. El PCC realizó el IXº Congreso a mediados de 1961, planteando como táctica principal para el período, la alianza electoral con el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) de Alfonso López Michelsen, recién creado en 1960». (Carlos Medina Gallego; FARC-EP Y ELN; Una historia política comparada (1958- 2006), 2010)

A principios de los 60 el PCC veía como se descomponía al interior con el surgimiento de fracciones y escisiones debido a su carácter browderista-jruschovista:

«A partir del IXº Congreso de 1961 se incrementaron las expulsiones: Francisco Garnica, Secretario Político de la JUCO en el Valle es expulsado en el Vº Pleno de 1962. Durante el Pleno, Garnica criticó al PCC por centrar su ataque contra lo que se llamaba el «oportunismo de izquierda», insistiendo en que el principal peligro para la revolución colombiana era el «oportunismo de derecha». Esta posición dividió a la JUCO y el sector mayoritario abandonó el Partido. El 11 de marzo de 1962 el Comité Ejecutivo Central de la JUCO expulsó a Edisson Lopesierra, Fred Kaim, Uriel Barrera, Cesar Uribe, Libardo Mora Toro –futuros fundadores del PC de C-ML– y Víctor Medina Morón –uno de los fundadores del ELN–. El 3 de diciembre de 1963, Pedro Vásquez Rendón, miembro del Comité Central, envió una carta al Partido cuestionando su expulsión en el 29 Pleno. En ella formulaba una dura crítica a la dirección del partido centrándose en el cuestionamiento a la creencia del partido en una alianza con la burguesía, o en la existencia de sectores progresistas de la burguesía, para él la burguesía colombiana era en su totalidad proimperialista; se oponía a la estrategia de participar en elecciones, planteando que estaban cerradas las vías para la participación electoral; condenaba la línea de la autodefensa para el movimiento campesino, pues impedía el avance a «formas superiores de lucha». (Carlos Medina Gallego; FARC-EP Y ELN; Una historia política comparada (1958- 2006), 2010)

Durante los años 70 y 80 el PCC fue el clásico partido revisionista prosoviético que apoyaba todas las políticas nacionales e internacionales de la Unión Soviética, en eso no se distinguía del resto de partido afines al revisionismo soviético que languidecían poco a poco por sus políticas de reconciliación de clases y por su seguidismo acrítico a un país del exterior. Este apoyo incluyó por supuesto propaganda y entusiasmo hasta en la época de la Perestroika:

«¿Qué significado atribuyen a las transformaciones que está viviendo la URSS? ¿Ha tenido este proceso alguna repercusión interna dentro de su partido y dentro de la izquierda colombiana?

Nosotros hacemos una valoración entusiasta de la «perestroika». Consideramos que es un progreso inmenso, un gran salto histórico hacia adelante, es la etapa en que el socialismo se siente capaz de corregir una gran cantidad de deficiencias y liberarse del problema de la costra burocrática. Esto no quiere decir que nosotros percibíamos todos los problemas que había en la Unión Soviética; nos dábamos cuenta de algunos de ellos; conocíamos una cantidad de problemas a través de camaradas nuestros que vivían, que trabajaban allá, que dominan bien el ruso. Y nunca pensamos que esos problemas pudieran impedir el avance del socialismo. Estábamos seguros de que el socialismo los superaría, pero nos ha sorprendido gratamente ver que ha irrumpido la «perestroika», que la corrección de las deficiencias es más rápida de lo que esperábamos. Yo, personalmente, suponía que eso iba a llevar más tiempo. Estoy muy contento de lo que está sucediendo en la Unión Soviética, creo que eso va a tener una repercusión favorable y muy grande en el movimiento revolucionario mundial, como lo ha tenido ya en el mundo su política de paz, que ha sido un éxito extraordinario. Y va a resolver y está ya resolviendo una serie de problemas que había en el movimiento comunista». (Marta Harnecker; Colombia: Combinación de todas las formas de lucha, Entrevista a Gilberto Vieira, 1988)

El PCC siempre ha sido uno de los promotores de la paz entre las guerrillas y el gobierno, y de una emulación civilizada por el poder en los límites de la democracia burguesa. Actualmente es uno de los grupos impulsores de la Marcha Patriótica, grupo a fin al «socialismo del siglo XXI». En general explicamos el carácter del PCC y su viraje de forma cronológica para que se vea lo falso de aquellos que dicen que las FARC-EP son una guerrilla «revolucionaria» e incluso marxista debido al influjo de miembros o ex miembros del PCC en su día». (Equipo de Bitácora (M-L); Una reflexión necesaria sobre las FARC-EP, los acuerdos de paz y la historia de las guerrillas en Colombia, 2016)

La producción mercantil en el socialismo; Stalin, 1952


«Algunos camaradas afirman que el partido procedió desacertadamente al mantener la producción mercantil después de haber tomado el poder y nacionalizado los medios de producción en nuestro país. Consideran que el partido debió suprimir en aquel mismo momento la producción mercantil. Esos camaradas invocan a Engels, que dice:

«Cuando la sociedad tome en sus manos los medios de producción, será suprimida la producción mercantil y con ello, el dominio de los productos sobre los productores». (Friedrich Engels; Anti-Dühring, 1878)

Esos camaradas se equivocan profundamente.

Analicemos la fórmula de Engels. No se puede considerar que la fórmula de Engels sea bien clara y exacta, pues en ella no se dice si la sociedad toma en sus manos todos los medios de producción o sólo parte de ellos, es decir, si todos los medios de producción pasan a ser patrimonio de todo el pueblo o si sólo pasa a serlo parte de ellos. Por tanto, esta fórmula de Engels puede ser entendida así y asá.

En otro lugar del «Anti-Dühring» Engels habla de la posesión de «todos los medios de producción», y de la posesión de «todo el conjunto de los medios de producción». Por tanto, Engels no se refiere en su fórmula a la nacionalización de parte de los medios de producción, sino de todos los medios de producción, es decir, a hacer patrimonio de todo el pueblo los medios de producción no sólo en la industria, sino también en la agricultura.

De aquí se desprende que Engels se refiere a países donde el capitalismo y la concentración de la producción están lo bastante desarrollados, no sólo en la industria, sino también en la agricultura, para que se pueda expropiar todos los medios de producción del país y hacer de ellos patrimonio del pueblo entero. Por consiguiente, Engels considera que en esos países se debería, paralelamente a la socialización de todos los medios de producción, suprimir la producción mercantil. Y eso, naturalmente, es acertado.

A fines del siglo pasado, cuando apareció el «Anti-Dühring», el único país así era Inglaterra donde el desarrollo del capitalismo y la concentración de la producción habían alcanzado, tanto en la industria como en la agricultura, un nivel que, en caso de tomar el poder, el proletariado permitiría convertir en patrimonio del pueblo entero todos los medios de producción y suprimir la producción mercantil.

En este caso, me abstraigo de la importancia que tiene para Inglaterra el comercio exterior, cuyo peso específico, en la economía nacional de ese país, es enorme. Pienso que sólo después de estudiar este problema se podría resolver definitivamente la cuestión de la suerte de la producción mercantil en Inglaterra una vez el proletariado hubiese tomado el poder y nacionalizado todos los medios de producción.

Por cierto, no sólo a fines del siglo pasado, sino también en el presente ha alcanzado algún otro país el nivel de desarrollo del capitalismo y de concentración de la producción en la agricultura que observamos en Inglaterra. En lo que afecta a los demás países, en ellos, a pesar del desarrollo del capitalismo en el campo, hay aún en éste una clase bastante numerosa de propietarios productores pequeños y medios, cuya suerte tendría que decidirse en caso de que el proletariado tomase el poder.

Pero surge la pregunta: ¿cómo deben proceder el proletariado y su partido si en uno u otro país, incluido el nuestro, se dan condiciones favorables para que el proletariado tome el poder y derroque al capitalismo, si en el país dado el capitalismo en la industria ha concentrado hasta tal punto los medios de producción que éstos pueden ser expropiados y puestos en manos de la sociedad, pero la agricultura, a pesar del desarrollo del capitalismo, está aún tan fraccionada entre numerosos propietarios productores pequeños y medios que no se puede plantear la cuestión de expropiar a esos productores?

La fórmula de Engels no responde a esta pregunta. Por cierto, no debe responder a ella, pues surgió sobre la base de otra cuestión, concretamente de la cuestión de cuál debe ser la suerte de la producción mercantil una vez socializados todos los medios de producción.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La necesidad de la burguesía y la reacción de difamar a Stalin, un marxista-leninista ejemplar


«Desde hace ya muchos años los revisionistas en España y en todas las latitudes, a coro con la reacción mundial, han dedicado grandes esfuerzos y medios a la labor de denigrar, calumniar y ocultar la gran figura revolucionaria del indiscutible dirigente comunista, de talla internacional, que fue Iósif Stalin, así como sus importantes obras teóricas e ideológicas. Pero para la historia moderna, para el proletariado mundial y para toda la humanidad progresista, Stalin ha sido y será siempre el gran continuador y el más fiel y brillante alumno del inmortal Lenin.

Tras la muerte de Lenin, Stalin ha sido el dirigente comunista más atacado y más odiado por la reacción y por todos los renegados del marxismo-leninismo. Acusando a Stalin de dogmático y de «déspota», los ideólogos de la reacción han hecho coro en sus ataques contra Stalin con los renegados revisionistas de toda ralea, para así asestar un pérfido golpe a los fundamentos mismos del marxismo-leninismo y de la revolución, ya que toda la vida y obra de Stalin están ligados a un decisivo período de la historia moderna de la humanidad, como es la Revolución de Octubre de 1917 y la construcción del socialismo en el primer país donde el proletariado conquistó el Poder mediante la revolución proletaria, y aplastó el poder capitalista y reaccionario de la burguesía y del imperialismo.

Al acusar vilmente a Stalin de toda suerte de crímenes e injusticias, la reacción, y más tarde junto a ella los revisionistas y renegados, pretendían sembrar el descrédito y la desconfianza hacia la revolución socialista y hacia los dirigentes y partidos marxista-leninistas en general, que seguían defendiendo los principios fundamentales del marxismo-leninismo, como los defendió intransigentemente hasta su muerte Stalin. Como se ha puesto de manifiesto, se trata sobre todo de negar y condenar el internacionalismo proletario activo, la dictadura del proletariado, la necesidad del Partido como instrumento primordial para la revolución y para la construcción del socialismo; el principio de la violencia revolucionaria y de la lucha de clases como motor de la Historia, entre otros.

Por todo ello, los traidores al marxismo-leninismo convertidos en agentes de la reacción y del imperialismo necesitaban ineluctablemente echar barro sobre el gran dirigente y comunista consecuente e insobornable que fue Stalin y atacarle a muerte. Necesitaban tratar de destruir la gran figura de Stalin como dirigente comunista internacional y como símbolo de la revolución, de esperanza del proletariado mundial.

Ahora, paso a paso, los revisionistas del grupo de Carrillo y demás tránsfugas del movimiento comunista han llegado, tras denigrar y calumniar a Stalin, a renegar no sólo de Lenin y del marxismo, sino incluso en España han renegado de la bandera republicana, de la bandera de la lucha antifascista y popular de todo el pueblo, y se han pasado abiertamente sin armas ni bagajes –ya no les quedaba nada– del lado de la reacción». (Elena Ódena; La decisiva aportación teórica de Stalin al marxismo-leninismo, 1978)

Enunciación doctrinaria de lucha contra el revisionismo, pero la no aplicación de los principios en la práctica concreta


«No nos cansaremos de repetir que la esencia misma del marxismo-leninismo es la aplicación concreta de nuestros principios y nuestra teoría a las situaciones concretas y a las condiciones específicas de cada lugar, con el fin de trazar una táctica y unas tareas prácticas en cada momento y coyuntura. Sólo así pueden los partidos marxista-leninistas, sobre la base del conocimiento concreto de la realidad específica de cada lugar, organizar a la clase obrera y a las masas populares en torno a la política y a las tareas revolucionarias que el Partido ha de marcar en cada momento.

Pero el fenómeno del doctrinarismo y el dogmatismo, es decir, de las tendencias a limitarse a enunciar y repetir o parafrasear toda una serie de fórmulas y principios generales sin dar una aplicación concreta en los distintos terrenos, si bien fueron ya combatidas y denunciadas en el pasado, tanto por Marx y Engels como por Lenin y Stalin, entre otros, se manifiestan hoy de uno u otro modo y con importancia desigual y en grado y formas distintas, en el movimiento comunista marxista-leninista.

Salta a la vista que existen condiciones objetivas innegables que explican en cierta medida la reaparición de estas tendencias, y que ha sido y sigue siendo necesaria una lucha sin cuartel en el plano ideológico y teórico, en defensa de los principios básicos del marxismo-leninismo y contra el revisionismo moderno en todas sus formas y nuevas variantes, como cuestión esencial para la construcción y fortalecimiento de los partidos marxista-leninistas.

Pero no por ello se ha de relegar a segundo plano una de las premisas del marxismo-leninismo como es la estrecha vinculación que siempre ha de asegurarse entre los aspectos ideológicos y teóricos de nuestros esfuerzos, y a la política y a la práctica concreta en todo momento, lugar y circunstancia. Así, por ejemplo, una actitud doctrinaria y dogmática ante la lucha contra el revisionismo y en defensa de los principios, en abstracto, sólo en términos generales, impide a los marxista-leninistas abordar aspectos concretos en los distintos planos: en el organizativo, en el político, etc., y en el de los problemas concretos que tienen planteados la clase obrera y el pueblo trabajador». (Elena Ódena; Fortalecer en la práctica el marxismo-leninismo, exige acabar con el doctrinarismo y el dogmatismo, 1979)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Casi todos los que cometen desviaciones derechistas sobre todo en la práctica –en especial un liberalismo en los principios , no saben contraargumentar cuando se les señala que están saltándose los principios del marxismo-leninismo; se defienden constantemente diciendo que el hecho de saltarse los principios básicos de la doctrina marxista-leninista –que ellos mismos a veces recitan– y que en su praxis albergen una desviación revisionista. es mero doctrinarismo. Esto se suele complementarse con la queja del uso de citas sobre los clásicos del marxismo-leninismo cuando se les denuncia:

«Esto es lo que los ignorantes del marxismo-leninismo, llaman «el aburrido arte de citar», pero dicen eso porque ellos adolecen tanto de una formación ideológica marxista-leninista correcta como de una inexistente puesta en práctica de tal teoría. Es por este tipo de citas siempre escuecen tanto a los pseudomarxistas. Pero además es sabido que nuestras citas no son enunciadas sin ton ni son, sino que corresponden a una situación concreta de la realidad y a una corroboración versada en la praxis». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre el «maoísmo crítico» del blog Odio de Clase, 2013)

Pero citar y explicar la aplicación de esas citas corroboradas por la práctica no es doctrinarismo, doctrinarismo es anunciar un principio sin contextualizarlo o sin cumplirlo en la práctica:

«No queridos oportunistas, doctrinarismo es por ejemplo aplicar una estrategia o táctica de forma mecánica sin tener en cuenta la realidad. La realidad es clara y sus resultados también, un partido marxista-leninista que se haga respetar no puede ir a trazar como estrategia permanente el ir de la mano y colaborar con partidos revisionistas en una internacional, firmar declaraciones conjuntas, tal hecho es ayudar al revisionismo a propagar una visión confusa de la realidad y crear el desconcierto en las filas del propio partido. Doctrinarismo en cambio es decir oficialmente «repudiamos al maoísmo», pero luego en la práctica resguardarse en una internacional de ese tipo, confraternizar con sus partidos, eso es declarar una doctrina sobre el papel y pisarla en la praxis. Al igual que la tendencia a enzarzarse con los marxista-leninistas que os señalan vuestros defectos, mientras por otro lado por sentimentalismo se busca la «unidad», «coordinación» y «colaboración» con los revisionistas, a los que se jura y perjura respetar los estatutos de dicha internacional no atacando al maoísmo, es un una expresión clara de oportunismo puro y duro». (Equipo de Bitácora (M-L); El maoísmo solapado de Reconstrucción Comunista (RC) es una negación de las luchas y lecciones de los marxista-leninistas, 2016)