«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 23 de enero de 2018

Sobre la distorsión de la coexistencia pacífica leninista entre Estados socialistas y Estados capitalistas

Richard Nixon,  Dwight Eisenhower y Nikita Jruschov, en la visita de éste último a los Estados Unidos en 1959

«
A mi parecer, deben ser desechados de una vez y para siempre tales puntos de vista nocivos y erróneos. No podrá haber Estado socialista, no podrá haber comunista verdadero que esté contra la coexistencia pacífica, contra la paz. El gran Lenin ha establecido, por primera vez, el principio de la coexistencia pacífica de los países con diferentes sistemas sociales como una necesidad objetiva, mientras existan a la par en el mundo países socialistas y países capitalistas. Nuestro Partido del Trabajo de Albania, fiel a este gran principio de Lenin, siempre ha pensado y sigue pensando que la política de coexistencia pacífica responde a los intereses fundamentales de todos los pueblos, responde al objetivo de fortalecer en mayor grado las posiciones del socialismo; por eso, este principio de Lenin está en la base de la política exterior de nuestro Estado popular.

Coexistencia pacífica entre dos sistemas opuestos no quiere decir, como pretenden los revisionistas contemporáneos, que tengamos que renunciar a la lucha de clases. Por el contrario, la lucha de clases ha de proseguir, y debe fortalecerse cada vez más en la lucha política e ideológica contra el imperialismo, contra la ideología burguesa y la revisionista. A la vez que se lucha consecuentemente para establecer la coexistencia pacífica leninista sin hacer ninguna concesión de principios al imperialismo, se ha de desarrollar en gran medida la lucha de clases en los países capitalistas, así como el movimiento de liberación nacional de los pueblos de los países coloniales y dependientes». (Enver Hoxha; Discurso pronunciado en nombre del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania en la Conferencia de los 81 partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú, 1960) 

domingo, 21 de enero de 2018

El partido «padre» y sus «hijos» bastardos; Reflexiones sobre China; Enver Hoxha, 1977


«La dirección de Relaciones Exteriores del Comité Central del PC de China en Pekín, que supuestamente se encarga de las relaciones con el extranjero y con el movimiento comunista internacional, se ha convertido de hecho en un centro donde se fabrican los planes para escindir a los auténticos partidos marxista-leninistas y para crear nuevos partidos o grupos que sigan la nueva línea revisionista china. Se sobreentiende que estos últimos no son partidos comunistas marxista-leninistas, sino partidos revisionistas, prochinos. Esta dirección tiene a su cabeza a un tal Keng Piao, ex embajador en Suecia, en Albania y en no sé que sitios más. Es un hecho que de esta dirección dependen todos los «corresponsales» de Hsinhua, que son agentes de los servicios secretos chinos, en los diversos países del mundo. Estos pretendidos trabajadores de la Hsinhua realizan numerosas funciones, recogen información acerca de cualquier cosa, acerca de las instituciones estatales, económicas y sociales, acerca de la organización y los medios militares, de los partidos políticos, de las personalidades y en general de la vida del país a donde han sido enviados. En pocas palabras, llevan a cabo una labor de espionaje.

Otra misión de esta dirección de Relaciones Exteriores del Comité Central del Partido Comunista de China es, como ya he dicho antes, fabricar partidos prochinos autodenominados marxista-leninistas. Estos partidos son creados para dar la falsa impresión de que el Partido Comunista de China goza de un amplio apoyo entre el proletariado mundial. Estos partidos «marxista-leninistas», que brotan como hongos, como es lógico, gracias a los yuans de China cambiados en dólares, no son otra cosa que algunos grupúsculos que se dicen marxista-leninistas y que han sido bautizados por la dirección revisionista china.

Grupos o partidos de este género se crean cada día en diversos países del mundo. En Italia, por lo que sabemos, hay tres partidos prochinos, en Francia dos, en Bélgica uno, en Luxemburgo uno, en Grecia no podemos decir con exactitud si sellan creado dos o tres partidos de este tipo, en los Estados Unidos fue creado uno, en Portugal uno, pero es posible que haya dos, en España asimismo se han creado tales grupos maoístas. En América Latina ocurre lo mismo.

En los países donde ya hay auténticos partidos marxista-leninistas, China fabrica esos pretendidos partidos comunistas marxista-leninistas para propagar las tesis revisionistas, antimarxistas y proimperialistas de la China de Mao Zedong, contra el marxismo-leninismo, contra nuestro Partido y todos los demás partidos auténticamente marxista-leninistas.

Esta feroz corriente revisionista china se suma a la otra feroz corriente revisionista, la soviética. En esencia, ambas son idénticas y constituyen una gran fuerza, una fuerza colosal contra la revolución. Nosotros, los marxista-leninistas que militamos en los auténticos partidos comunistas marxista-leninistas, debemos enfrentar y desenmascarar esta furiosa corriente antimarxista, que utiliza todos los medios a su alcance para engañar al proletariado mundial con el objetivo de hacerle cesar su lucha, de conducirle a una «paz de clases» con su rabioso enemigo, el gran capitalismo mundial que le oprime. Esta es la labor que realizan los dos Estados socialimperialistas, el soviético y el chino, uno ya constituido y el otro en formación, pero que no se detendrá hasta conseguirlo.

viernes, 19 de enero de 2018

La descentralización y el cantonalismo como principios político-militares del anarquismo, inservibles para la clase obrera


«El federalismo de los intransigentes y de su apéndice bakuninista consistía, precisamente, en dejar que cada ciudad actuase por su cuenta y declaraba esencial, no su cooperación con las otras ciudades, sino su separación de ellas, con lo cual cerraba el paso a toda posibilidad de una ofensiva general. Lo que en la guerra de los campesinos alemanes y en las insurrecciones alemanas de mayo de 1849 había sido un mal inevitable la atomización y el aislamiento de las fuerzas revolucionarias, que permitió a unas y las mismas tropas del Gobierno ir aplastando un alzamiento tras otro, se proclamaba aquí como el principio de la suprema sabiduría revolucionaria. Bakunin pudo disfrutar de este desagravio. Ya en septiembre de 1870 en sus Lettres à un Français había declarado que el único medio para expulsar de Francia a los prusianos con una lucha revolucionaria consistía en abolir toda dirección centralizada y dejar que cada ciudad, cada aldea, cada municipio, dirigiese la guerra por su cuenta. Si al ejército prusiano, con su dirección única, se oponía el desencadenamiento de las pasiones revolucionarias, el triunfo era seguro. Frente a la inteligencia colectiva del pueblo francés, abandonado por fin de nuevo a sus propios destinos, la inteligencia individual de Moltke se esfumaría. Entonces, los franceses no quisieron entenderlo así; pero en España se obsequió a Bakunin, como hemos visto y aún hemos de ver, con un triunfo resonante. (...) Entretanto, estos megalómanos nos han dado ocasión en España de conocer también su actuación revolucionaria práctica. Veamos cómo llevan a los hechos sus frases ultrarrevolucionarias sobre la anarquía y la autonomía, sobre la abolición de toda autoridad, especialmente la del Estado, y sobre la emancipación inmediata y completa de los obreros». (Friedrich Engels; Los bakuninistas en Acción; Memoria sobre el levantamiento en España en el verano de 1873, 1873)

jueves, 18 de enero de 2018

El rol del partido comunista como instrumento de la dictadura del proletariado


«Nosotros arrancamos del criterio de que el Partido, el Partido Comunista, es el instrumento fundamental de la dictadura del proletariado; de que la dirección que ejerce un solo partido, que no comparte ni puede compartir esa dirección con otros partidos, es la condición básica sin la que resulta inconcebible una dictadura del proletariado más o menos sólida y desarrollada. Por ello consideramos intolerable la existencia de fracciones dentro de nuestro Partido, pues es de por si evidente que la existencia de fracciones organizadas dentro del Partido lleva a la disgregación de éste, como entidad única, en organizaciones paralelas, a la formación de gérmenes y células de un nuevo partido o de nuevos partidos en el país y, por tanto, a la descomposición de la dictadura del proletariado.

Pero la oposición, aún no objetando públicamente nada contra esas tesis, parte en su actividad práctica del criterio de que es necesario debilitar la unidad del Partido, de que es necesaria la libertad de fracciones dentro del Partido, es decir, de que es necesaria la formación de elementos para un nuevo partido. 

De ahí la política escisionista en la labor práctica del bloque de oposición. 

De ahí los alaridos de la oposición acerca del «régimen» en el Partido, que en el fondo reflejan las protestas de los elementos no proletarios del país contra el régimen de dictadura del proletariado. 

De ahí el problema de los dos partidos. Tales son en conjunto, camaradas, nuestras discrepancias con la oposición». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en el partido; Informe ante el VIIº Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la Komintern, 7 de diciembre de 1926)

martes, 16 de enero de 2018

Algunas de las gestas del PCE durante 1935-1948 comentadas por Enver Hoxha


«En lo que concierne a España, es preciso señalar que las directrices del VIIº Congreso de la Komintern de 1935 tuvieron mayores y mejores resultados que en Francia y en Italia. Su efecto se hizo sentir especialmente en el curso de la guerra civil. En un comienzo los comunistas no participaron en el gobierno del frente popular, sino que le concedieron su apoyo. No obstante, el partido comunista criticaba al gobierno por su falta de determinación y exigía que tomase medidas frente al peligro fascista, contra la actividad que desarrollaban los fascistas, particularmente la casta de los oficiales, que en aquel entonces constituían el peligro inmediato.

El 17 de julio de 1936 estalló el «pronunciamiento» de los generales fascistas. El complot de los fascistas estaba bien coordinado. Habían actuado bajo las narices del gobierno de la izquierda y de las autoridades designadas por un gobierno surgido de la coalición del frente popular. Contra este peligro se alinearon todas las fuerzas antifascistas. En noviembre se creó el gobierno encabezado por Largo Caballero, del que pasaron a formar parte dos ministros comunistas. Así se constituyó un frente común para defender la república, incluso con las armas. El gobierno concedió la autonomía a los vascos, confiscó a favor de los campesinos pobres las tierras de los fascistas y nacionalizó todas las riquezas de éstos.

El partido comunista llamó desde un primer momento a la clase obrera y al pueblo a oponer resistencia. Pero el partido comunista no se contentó con llamamientos, se lanzó a la acción. Los miembros del partido se introdujeron en los cuarteles, lugar donde permanecían los soldados, para aclarar a éstos la situación señalándoles lo que eran los fascistas y la amenaza que constituían para los obreros, los campesinos y el pueblo. De esto, no hubo mejor ejemplo que el de la capital de España, en Madrid, donde el golpe fascista fracasó.

En otras ciudades, el pueblo y en primer lugar la clase obrera atacaron las unidades militares que se habían sublevado contra la república, paralizándolas en su acción. En Asturias, la lucha de los mineros contra las tropas fascistas prosiguió por un mes y esta región permaneció en manos del pueblo. Los fascistas no pasaron. Lo mismo ocurrió en Vascongadas y en muchas otras zonas de España.

En los primeros días de agosto se vio que los generales fascistas caminaban hacia el abismo y su derrota hubiera sido total de no haber acudido de inmediato en su ayuda las tropas de la Italia fascista y de la Alemania nazi y junto a éstas las fuerzas reclutadas en el Marruecos español, así como las enviadas por el Portugal fascista.

En un país donde el ejército estaba bajo el mando de una vieja casta de oficiales reaccionarios, realistas y fascistas, los destinos del país no podían confiarse en aquél, una parte del cual siguió a los generares fascistas y el resto avanzaba hacia su disgregación. Por eso, el partido comunista hizo un llamamiento para la creación de un ejército nuevo, un ejército del pueblo. Los comunistas volcaron sus esfuerzos en la creación de este ejército y en breve lapso de tiempo lograron levantar el conocido como «Vº Regimiento». Sobre la base de este regimiento, que cobró una gran fama en el curso de la Guerra de España, se creó el ejército popular de la república española.

La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo.

Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil.

La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capitulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas.

Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la guerra civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror.

Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del ejército rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo.

Pese a las condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte.

Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, del Partido Comunista de España, cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeñoburgués e intelectual como son Santiago Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)