«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 24 de mayo de 2015

La particularidad nacional y su distorsión para amoldar la política oportunista; Equipo de Bitácora (M-L), 2013

Władysław Gomułka y Tito durante 1957

«
El neorevisionismo postmoderno suele aludir a que la sociedad en general ha cambiado, y no es la misma que la de tiempos de Marx, Engels, Lenin y Stalin; aunque también son omnipresentes las «excusas nacionales» que justifican un camino oportunista escudándose en las particularidades del país en cuestión: como hemos visto con una anterior cita de Hugo Chávez, escudándose en la particularidad de la época y la particularidad nacional niegan la dictadura del proletariado. Rafael Correa, líder del partido Alianza PAIS, y de la llamada «revolución ciudadana en Ecuador», apoyándose en las tesis del «socialismo del siglo XXI», tachan a la dictadura del proletariado como «dogma fosilizado», para ellos claro:

«El socialismo del siglo XXI está, por lo tanto, en permanente evolución ante las realidades de cada país. No se busca implantar recetas inmutables. Al contrario, el socialismo del siglo XXI debe acondicionarse a las características y necesidades de cada país y cada pueblo. Esto permite la existencia de un socialismo ecuatoriano, uruguayo, venezolano, boliviano o argentino, con sus diferencias y con sus similitudes. (...) ¿En qué se diferencia entonces el socialismo del siglo XXI de los socialismos anteriores? En primer lugar, en el siglo XXI ya no se pueden sostener visiones revolucionarias basadas en el cambio violento, o en nociones arcaicas como la «dictadura del proletariado». (Rafael Correa; La crisis económica y el cambio progresista en América Latina, 1 de marzo del 2010)

La dictadura del proletariado, no era ni es una «noción arcaica» que forme parte del pasado. La aparición de la filosofía marxista –Materialismo histórico o dialéctico– dotó a la clase obrera de uno de los conceptos más importantes para lograr la transformación social; el paso del capitalismo al socialismo como primera etapa del comunismo:

«La teoría de la dictadura del proletariado es la parte fundamental y central de la ciencia del marxismo-leninismo. Marx y Engels crearon la teoría de la dictadura del proletariado, establecieron teóricamente la necesidad de romper la máquina del Estado burgués y demostraron que, como resultado de la revolución proletaria, el contenido propio de la época de transición del capitalismo al comunismo sólo puede ser la dictadura del proletariado». (Hilary Minc; Las democracias populares de Europa del Este, 1950)

Es precisamente este descubrimiento –reclamado por los propios creadores del socialismo científico como genuino elemento del marxismo– un concepto fundamental a entender y poner en práctica para que la clase obrera pueda transitar a la sociedad sin clases explotadoras del socialismo, y de este a la sociedad sin clases del comunismo:

«Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1. que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2. que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3. que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases». (Karl Marx; Carta a Joseph Weydemeyer, 1852)

Y según los marxista-leninistas, la dictadura del proletariado siempre ha sido y será la piedra de toque que diferencia a revolucionarios de los reformistas:

«Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Circunscribir el marxismo a la doctrina de la lucha de clases es limitar el marxismo, bastardearlo, reducirlo a algo que la burguesía puede aceptar. Marxista sólo es el que hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En esto es en lo que estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño –o un gran– burgués adocenado. En esta piedra de toque es en la que hay que contrastar la comprensión y el reconocimiento real del marxismo. Y no tiene nada de sorprendente que cuando la historia de Europa ha colocado prácticamente a la clase obrera ante esta cuestión, no sólo todos los oportunistas y reformistas, sino también todos los «kautskianos» –gentes que vacilan entre el reformismo y el marxismo– hayan resultado ser miserables filisteos y demócratas pequeñoburgueses, que niegan la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Las distorsiones sobre la particularidad de la época actual y de las particularidades nacionales, no quedan sólo en la cuestión de la dictadura del proletariado, como iremos viendo de ahora en adelante.

No podemos pasar por este tema sin comentar el especial daño que hicieron al marxismo-leninismo en el pasado las desviaciones derechistas y nacionalistas que tomaban la bandera de la particularidad nacional para traicionarlo. Muchos de los partidos comunistas no llegaron a llevar a cabo una bolchevización completa, sus miembros aún no se habían desprendido de muchos conceptos premarxistas, reformistas, anarquistas, luxemburguistas, trotskistas y demás, sufriendo la desgracia de aplicar dichas desviaciones –ya sea consciente o inconscientemente–, y muchas veces proclamaron ridículamente que dicho experimento antimarxista era una superación o cenit del marxismo-leninismo.

Las particularidades de cada país no entrañan un camino diferente en lo que se refiere a llevar a cabo los principios básicos del marxismo-leninismo para ir al socialismo; la instauración de la dictadura del proletariado, la expropiación de los medios de producción a las clases explotadoras, la industrialización socialista, el inicio de colectivización de la agricultura seguido de un paso progresivo a las granjas estatales, el derrumbamiento de la mentalidad y costumbres anteriores por una mentalidad y cultura socialista, la centralización y elaboración de un plan único nacional, dar una incidencia real a las masas en los asuntos del trabajo, Estado, y partido, la aplicación absoluta de la lucha de clases en el periodo que media hasta el comunismo, etc.


Todo ello es reconocido y expresado en las obras clave de los principales marxista-leninistas cuando tuvieron que luchar contra las aspiraciones de nuevos y nuevos renegados que surgían en diferentes épocas.

Podemos ver un ejemplo muy claro de alguien que no pensaba así, y que por el contrario se autodenominaba marxista-leninista pese a no haber superado su estrecha visión socialdemócrata y nacionalista del mundo; nos referimos a Władysław Gomułka. Si uno repasa la figura del revisionista polaco Władysław Gomułka, encontrará el arquetipo de oportunista que se ampara en las «particularidades nacionales» para acabar destilando tesis derechistas y nacionalistas. Como era de esperar, este personaje fue blanco de durísimas críticas de su homólogo polaco marxista-leninista Bolesław Bierut que a continuación mostraremos. El lector se dará cuenta ipso facto que la visión nacionalista y derechista de Gomułka es de un inmenso paralelismo a los rasgos oportunistas ideológicos que componen el tronco ideológico de otros revisionismos y actualmente del «socialismo del siglo XXI». ¿Cuáles eran estas desviaciones que pretendían crear una «vía polaca alternativa» al socialismo de la estipulada por la doctrina?:

«En su razonamiento, el camarada Gomułka está influenciado por un particularismo nacional, por un espíritu nacional que le limita, que le estrecha el horizonte político y no le permite ver el estrecho lazo que existe en la época actual entre las aspiraciones nacionales y las aspiraciones internacionales; por ello ha acabado en conclusiones políticas falsas y muy perjudiciales en la práctica. De ahí la tendencia, en su valoración del movimiento de la clase obrera polaca, a separar la lucha por la independencia de la lucha del proletariado; de ahí la interpretación errónea de la naturaleza de la democracia popular, y de las transformaciones que se producen y deben producirse en su seno, de ahí también el deslizamiento a posiciones que justifican un «equilibrio» entre la democracia liberal burguesa y la democracia socialista». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

Estas tesis de Władysław Gomułka fueron desechadas por los marxista-leninistas polacos sobre que en Polonia se debían de tejer unas tareas diferentes para acceder al socialismo:

«Por lo tanto, como se ha señalado, dicha tendencia a pasar por alto o a aminorar el camino polaco hacia el socialismo pretende traficar con la verdad, que es la siguiente; a pesar de ciertas características específicas, nuestro proceso no es algo cualitativamente diferente de la trayectoria general de desarrollo hacia el socialismo, el cual sólo difiere en la forma de la trayectoria general de desarrollo, una diferencia que de por sí surge precisamente por la victoria previa del socialismo en la Unión Soviética, una diferencia que se puede basar en la experiencia previa de la construcción socialista en la Unión Soviética, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrece el nuevo período histórico y de las condiciones específicas de la evolución histórica de Polonia». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

¿Por qué se descubren las debilidades teóricas de Władysław Gomułka y otros revisionistas en la etapa concreta de paso a la etapa socialista, a la etapa de la construcción económica del socialismo y la eliminación por tanto de las clases explotadoras como tales? Por la sencilla razón de que a los oportunistas y vacilantes les es mucho más fácil camuflar su pelaje revisionista, o su debilidad teórica, en periodos «defensivos» como puede ser la lucha antiimperialista o la lucha antifascista, es decir, cuando las tareas del partido comunista son más generales y generalmente «más sencillas», en las que además se necesita de la alianza con amplias capas de la población y sus organizaciones; ese camuflaje les resulta imposible cuando el partido está a la «ofensiva» como puede ser en la toma de poder y sobre todo en la construcción económica del socialismo, cuando las tareas se tornan más complejas y es necesario tener los conocimientos teóricos concretos que rigen la praxis, cuando ciertas capas de la población y sus organizaciones antes aliadas ahora vacilan o se niegan a avanzar. Por ello, muchos de los revisionistas históricos han podido pasar desapercibidos durante ciertas etapas «defensivas», destapándose poco después en las ofensivas». ¿Cuál era el caso concreto de Władysław Gomułka?

«¿Cuál es la explicación plausible para el hecho de que estos errores se hicieron evidentes desde hace muy poco? Mientras que nuestro partido estaba luchando contra las fuerzas fascistas reaccionarias que trataban con frecuencia restaurar el gobierno terrateniente capitalista de forma violenta y directa, el oportunismo ideológico del pensamiento del camarada Gomułka obviamente no era evidente. Durante ese período, sin duda, el camarada Gomułka prestó un gran servicio al partido. Sin embargo, a medida que fueron aplastadas las fuerzas esenciales de la reacción fascista, la democracia popular en Polonia entró en una nueva fase de desarrollo. Pero desde el momento en el que los capitalistas y los elementos especuladores sacaban provecho de las dificultades del período de posguerra y explotaban al campesinado pobre comenzando ellos a reforzarse, apareció una contradicción fundamental entre las fuerzas populares y profundamente democráticas, es decir entre los obreros y los campesinos trabajadores, de una parte, y las fuerzas capitalistas de las ciudades y de los campo, de la otra. La cuestión de la afilada lucha de clases contra los elementos capitalistas, especialmente en el campo, se hizo entonces el orden del día». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

Aquí, a continuación, Bolesław Bierut explica que fue en este momento de agudización de la lucha de clases en Polonia, cuando se planteaba la cuestión no sólo de lograr la posición monopólica del Estado en la industria, sino la transformación del campo introduciendo a los pequeños propietarios en las colectividades y finiquitando al kulak, es cuando Gomułka y como él otros oportunistas en otros países de Europa del Este, empiezan a mostrar la poca consistencia de sus presuntos principios comunistas:

«Es en este momento que salen a la luz las grietas ideológicas del camarada Gomułka revelando su debilidad ideológica. Esta fuera de toda duda que no sólo en nuestro país, sino que también en todos los países de democracia popular –como lo atestigua elocuentemente la señal de alarma yugoslava– la contradicción entre las fuerzas capitalistas y anticapitalistas que existe en el régimen de democracia popular, toma cada vez más un lugar de primer plano, el más destacado, como así lo indica la última resolución de la Kominform. Las fuerzas capitalistas querrían ver el «estancamiento» de las relaciones de fuerzas actuales, esperando una situación más propicia. Aspiran a una «estabilización» que mantendría al sistema de democracia popular en la misma medida actual, teniendo con ello posibilidades de desarrollo los elementos capitalistas porque cuentan con su flexibilidad y porque el capitalismo nace orgánicamente de la pequeña economía mercante, sin escatimar que además cuentan con un apoyo eventual del exterior. A diferencia de las clases explotadoras, la clase obrera por el contrario, se esfuerza por lograr un mayor desarrollo de los elementos socialistas, de desalojar y eliminar todas las medidas capitalistas. En cuanto a los campesinos pobres y medios, quieren liberarse del yugo de la explotación kulak y de la abrumadora superioridad económica de los campesinos ricos en el campo. Esto ayuda a poner la alianza de obreros y campesinos en una base más firme. Fue en esta situación donde se ponía de relieve las contradicciones entre las fuerzas capitalistas y anticapitalistas, y que permitió que el germen oportunista oculto en el grupo derechista en nuestro partido se hiciera evidente, y también su tendencia a bajar el tono de la lucha de clases para crear un clima adecuado para el kulak y el esfuerzo natural para la expansión económica y su inevitable corolario; la expansión política». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

Si observamos los documentos de otros partidos comunistas y otros dirigentes marxista-leninistas de la época, la desviaciones sobre diversos conceptos se sucedieron sin censar. Esto correspondía, a que efectivamente, muchos de los partidos comunistas de la Segunda Guerra Mundial no eran aún genuinos partidos bolcheviques, y que en sus miembros anidaban aún los conceptos e ideas del pasado, consciente o inconscientemente:

«¿Cuáles fueron los errores en estas cuestiones tan fundamentales? Creo que cometimos los siguientes errores: 1) En la primera fase de la democracia popular, cuando la lucha no fue dirigida sin rodeos contra el capitalismo, cuando la lucha por el rendimiento constante de las tareas democrático-burguesas estaban en el orden del día, se empezó a decir que la democracia popular era una variedad plebeya de democracia burguesa. (...) 2) El segundo error fue el hecho de que en primer lugar y de manera abrumadora, destacamos las diferencias entre el desarrollo de la Unión Soviética y nuestro desarrollo como democracia popular, en lugar de hacer hincapié en la similitud y la identidad sustancial de los dos acontecimientos. 3) En cuanto a nuestro tercer error, llegamos a la conclusión de que quizás por el carácter popular del proceso, y por lo tanto por el tránsito relativamente pacífico, el desarrollo hacia el socialismo se podría lograr sin dictadura del proletariado. O que –era sólo otra forma del mismo error– dijimos que la dictadura del proletariado significaba la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, mientras que con nosotros bajo la democracia popular ésta era superflua. 4) También fue un error decir que nosotros también necesitamos la dictadura del proletariado para la consecución del socialismo, pero que considerábamos la dictadura del proletariado como forma de gobierno que debe seguir la democracia popular pero que la democracia popular no llevaba implícita la dictadura del proletariado. 5) Y, por último, camaradas, era un error considerar la esencia de la democracia popular en la división de poder entre la clase obrera y el campesinado trabajador. La dictadura del proletariado, tal como fue definido por Lenin y Stalin, significa que el poder es indivisible en manos del proletariado y que la clase obrera no comparte el poder con otras clases. Por lo tanto, no comparte su poder con el campesinado». (József Révai; Sobre el carácter de nuestra democracia popular, 1949)

¿Se nos viene a la mente que algunas de estas desviaciones citadas en el documento del húngaro marxista-leninista  József Révai son comunes a otros revisionismos y al «socialismo del siglo XXI»? Por supuesto. Los «socialistas del siglo XXI» también proclaman sin miramientos estas desviaciones:

1) Que su Estado es algo así como un Estado intermedio entre dictadura de la burguesía y dictadura del proletariado, dónde todos pueden vivir en paz.

2) Quieren acentuar las particularidades nacionales, hasta el punto de decir no seguir las experiencias históricas donde se construyeron el socialismo, y por extensión no necesitar el uso de la violencia para tomar o mantener el poder, la dictadura del proletariado, para confiscar los medios de producción a las clases explotadoras, para crear un ejército popular propio y un partido comunista independiente, etc.

3) Piensan que se puede ir al socialismo sin establecer previamente la dictadura del proletariado, incluso estigmatizando tal axioma del marxismo-leninismo como dogma obsoleto del pasado.

4) Clamar que la dictadura del proletariado si bien ha jugado un rol positivo en otros lados, en los países del «socialismo del siglo XXI», gracias a los cambios operados en esta época, no es necesario usarla como requisito previo para ir al socialismo. Defienden que las clases explotadoras del país serán más receptivas al socialismo y que tendrán un comportamiento diferente al de otros países y experiencias.

5) Consideran que en los nuevos procesos del «socialismo del siglo XXI», ninguna clase social en particular debe de tener el poder para que exista una verdadera democracia. Que todas las capas de la población: obreros, artesanos, campesinos sin tierras, campesinos ricos, kulaks, terratenientes, burgueses, intelectuales etc. sean clases explotadoras o explotadas, deben detentar el poder y construir el nuevo «socialismo del siglo XXI».

Por suerte, en el pasado la victoria y consolidación de los mejores cuadros marxista-leninistas en casi todos estos partidos, la ayuda de la Komintern y luego de la Kominform, y de un partido veterano y mucho más sólido ideológicamente como el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, permitieron corregir tales desviaciones durante la Segunda Guerra Mundial, y también en la etapa de construcción del socialismo:

«Debemos acentuar el hecho que recibimos el estímulo decisivo y la ayuda para la clarificación de nuestro futuro desarrollo de parte del Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética, de forma clarividente bajo las enseñanzas de camarada Stalin. Las dos sesiones de la Kominform, la primera a finales de 1947, y la segunda en el verano 1948, fueron de ayuda fundamental para nosotros. En la primera sesión nos enseñaron a nosotros que, una democracia popular, en su etapa final, no podía detener la total destrucción de los elementos capitalistas, y en la segunda sesión se nos mostró, que la transformación socialista no podía ser limitada sólo a las ciudades, sino que tenía que ser ampliada a los distritos rurales y esto nos hizo reafirmarnos de que por tanto en cuanto a las cuestiones fundamentales de la transformación del socialismo, la Unión Soviética es nuestro modelo y que el camino de las democracias populares se diferencia sólo en ciertas formas externas, y no en la esencia, del camino de la Unión Soviética». (József Révai: Sobre el carácter de nuestra democracia popular, 1949)

Una de las desviaciones que cita József Révai es la cuestión de la clase que debe tener el rol principal en la revolución. Históricamente los revisionismos han minimizado el papel de la clase obrera, y se han apoyado en clases pequeño burguesas o burguesas, porque eran del mismo corte que su extracto social, o porque estas clases eran más fáciles de manipular para su política. El revisionismo yugoslavo, proclamaba que el campesinado era la fuerza dirigente de su revolución, algo que justificaba en lo numeroso de tales elementos en su país, y que como vimos anteriormente no justifica tal desviación, pese a los números cuantitativos, la clase obrera incluso en los países menos industrializados, debe jugar el rol principal. El revisionismo chino, cambió constantemente a quién otorgaba la «batuta de clase dirigente» de la revolución, inicialmente decía que el campesinado, más tarde se otorgó «tal honor» al estudiantado –hay que decir que el estudiantado no es una clase social, es una capa de la sociedad, como la intelectualidad, que procede de muchas clases sociales; en China, especialmente los estudiantes de alto grado, venían todos de extractos burgueses, quedando revelado lo estúpido de afirmaciones tales como que «los estudiantes deben enseñar al partido»–. Por otra parte, el revisionismo eurocomunista proclamaba que el intelectual y sus homólogos debían liderar la revolución, como acabamos de explicar, el intelectual, es una capa social formada por varias clases sociales; además, en la sociedad capitalista muchos de ellos se ven obligados a vender su pluma para hacer apología del sistema capitalista para poder mantenerse económicamente, o bien se encuentran alienados parcial o totalmente por la cultura burguesa.

Por supuesto, en la cuestión de clase sobre la hegemonía de la clase obrera y su partido no ha faltado ejemplos históricos dónde se hayan saltado el rol de la clase obrera y su partido. Es el caso de las experiencias como Nicaragua o El Salvador. En ambos casos el partido comunista o los elementos sin partido marxista-leninistas compartieron el frente con otras formaciones políticas, algo necesario para afrontar la etapa del momento histórico, pero a partir de entonces fueron atenazados por teorías  revisionistas, acabarían sellando alianzas con ciertas capas de las clases explotadoras que no solo se mantuvieron en la etapa de liberación, sino que la pasaron a defender como parte de la transición al socialismo, que con tal «alianza nacional» entre todas las formaciones políticas integradas en el frente, no era necesario un partido comunista independiente, disolviéndose finalmente el partido en dicho frente, o los núcleos marxistas-leninistas, como es el caso del Frente Sandinista de Liberación Nacional. En ambos casos los frentes se constituyeron en partido oficial, y se reclaman seguidor del «socialismo del siglo XXI».

No debemos por tanto olvidar estas experiencias dónde los marxista-leninistas no supieron mantener como fuerza independiente al partido comunista del frente, dónde no supieron mantener un programa máximo diferente del programa mínimo del frente de esa etapa, o dónde al no existir partido comunista aún, y aludiendo a las particularidades nacionales, simplemente creyeron que el frente podía sustituir la función del partido:

«¿En qué consiste el oportunismo en lo que concierne a la cuestión del frente nacional? En el hecho de que se pierde de vista la hegemonía de la clase obrera. Aquí reside el error, el soporte real del oportunismo. (...) Al igual que todos los partidos revolucionarios en todo el mundo, nunca hemos planteado la consigna del frente nacional como otra cosa que un frente en el que la clase obrera y su partido es guía, líder y jefe. Cualquier otra forma de comprender el frente nacional debe ser calificada de oportunista. Este oportunismo radica en las espaldas de un cierto número de los camaradas que más tarde cometieron errores de carácter derechista, nacionalista y oportunista en numerosos sectores de trabajo. En su posición de mal enfoque sobre el frente nacional emergía el rasgo que les llevó a tales errores». (Bolesław Bierut; Concluyendo discurso en el IIIº Pleno del Comité Central del Partido Obrero Unificado de Polonia, 13 de noviembre de 1949)

En los dos últimos capítulos hemos analizado la cuestión económica entre los opositores del marxismo-leninismo, que en ocasiones hablan en nombre de él, y hemos visto como se ha llegado a decir  que no existen pautas para la construcción del socialismo, que no existen leyes en la construcción del socialismo, que por ejemplo nadie dijo nada sobre la dictadura del proletaria para construir el socialismo, sobre la primacía de la industria pesada o sobre la necesidad de centralizar la economía; se trata pues de una completa infamia. 

Stalin registró la necesidad económica del partido comunista a la hora de edificar el socialismo:

«¿Existe una ley económica fundamental del socialismo? Sí, existe. ¿En qué consisten los rasgos esenciales y las exigencias de esta ley? Los rasgos esenciales y las exigencias de la ley económica fundamental del socialismo podrían formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada. Por consiguiente, en vez de asegurar los beneficios máximos, asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales de la sociedad; en vez de desarrollar la producción con intermitencias del ascenso a la crisis y de la crisis al ascenso, desarrollar ininterrumpidamente la producción; en vez de intermitencias periódicas en el desarrollo de la técnica, acompañadas de la destrucción de las fuerzas productivas de la sociedad, el perfeccionamiento ininterrumpido de la producción de la base de la técnica más elevada». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Problemas económicos del socialismo en la Unión Soviética, 1952)

Llegados a este punto, es válido afirmar que la particularidad nacional, referida por el materialismo dialéctico e histórico, en el momento histórico concreto se refiere al nivel de desarrollo en que se encuentran las fuerzas productivas en un país concreto; o lo que es lo mismo, no tiene las mismas tareas de construcción un país con una economía precapitalista semifeudal en la que se ha de dirigir un proceso de industrialización para crear las bases del socialismo, que un país industrializado que ya cuenta con esa base industrial como es obvio.

Pero como se ha expresado con anterioridad, para que la revolución no sea traicionada nunca deben de pausarse los ritmos, toda vez que estos no deben de ser utilizados como excusa para perpetuar el sistema capitalista precedente. Eso está claro para todos:

«Los héroes de la II Internacional afirmaban —y siguen afirmando— que entre la revolución democrático-burguesa, de una parte, y la revolución proletaria, de otra, media un abismo o, por lo menos, una muralla de China, que separa la una de la otra por un lapso de tiempo más o menos largo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Fundamentos del leninismo, 1924)

Enver Hoxha, tras proclamarse la ola de revisión de las tesis fundamental del marxismo-leninismo plasmadas en el XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, y su réplica en el VIIIº Congreso del Partido Comunista de China y otros congresos de otros partidos comunistas, elaboró un informe sobre la situación internacional y el intento de muchos nuevos revisionismos particulares de explotar la cuestión de las particularidades nacionales hasta el punto de usarlo como tapadera para su política revisionista. Por aquella época, no sólo los Jruschovs, Browders, Mao Zedongs, Gomułkas, Titos, y otros, ya eran bastante conocidos, sino que empezaban a estar de moda tesis como las del famoso revisionista húngaro Imre Nagy; razón de más, para poner tierra de por medio a la especulación sobre la particularidad nacional:

«El marxismo-leninismo enseña que, a pesar de que son invariables las características y leyes generales esenciales del tránsito al socialismo, las formas, los métodos y los ritmos de este tránsito pueden presentar en los diversos países diferencias determinadas por las condiciones concretas de su desarrollo. Aferrándose a este hecho, los revisionistas, bajo las consignas del «socialismo específico y nacional», se empeñan en apartarnos de la vía general marxista-leninista de la construcción del socialismo y privarnos de la experiencia de la Unión Soviética. El marxismo enseña que las cuestiones fundamentales de la construcción del socialismo son comunes a todos, que las leyes de desarrollo de la sociedad no conocen fronteras. La experiencia histórica indica que estas cuestiones comunes son: la dictadura del proletariado o dicho de otra manera, la instauración del poder político de la clase obrera bajo la dirección del partido marxista-leninista, el fortalecimiento por todos los medios de la alianza de la clase obrera con el campesinado y otras capas trabajadoras; la liquidación de la propiedad capitalista y la instauración de la propiedad socialista sobre los principales medios de producción; la organización socialista de la agricultura y el desarrollo planificado de la economía; la función de guía de la teoría revolucionaria marxista-leninista y la defensa resuelta de las conquistas de la revolución socialista contra los atentados de las viejas clases explotadoras y de los Estados imperialistas». (Enver Hoxha; Sobre la situación internacional y las tareas del partido, 1957)

Los marxista-leninistas checoslovacos, también conocían de sobra estas evidencias, pese a sus particularidades no podían evadirse de los principios generales irrenunciables para transitar al socialismo y al comunismo:

«Aunque somos conscientes de las diferentes condiciones en las que la democracia popular está construyendo el socialismo, es decir, cuando nos damos cuenta del equilibrio cambiante de fuerzas en el mundo a favor del socialismo, por el hecho de que la Unión Soviética y el resto de democracias populares pueden proporcionarnos asistencia económica, diplomática y  de otro tipo, aún así hay un principio inmutable: la identidad de nuestro viaje al camino de la Unión Soviética, que consiste en pasar por la industrialización socialista, la colectivización socialista, la agudización de la lucha de clases, la liquidación de las clases explotadoras, la alianza de la clase obrera con el campesinado trabajador, mientras que el papel principal de la alianza lo cumple la función de la clase obrera y la gestión de su partido comunista». (Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950)

El propio Iósif Stalin ya advirtió a los dirigentes chinos revisionistas el daño que causarían ellos y otros de su estilo en los partidos comunistas, sus países y todo el Movimiento Comunista Internacional si no conseguían desligarse de sus prejuicios oportunistas y nacionalistas, sino comprendían los axiomas más básicos para la construcción del socialismo:

«Usted habla de «chinificación del socialismo». No existe de esa naturaleza. No existe el socialismo inglés, francés, alemán, italiano, ruso, como no existe el socialismo chino. Otra cosa es, que en la construcción del socialismo, es necesario tener en cuenta las características específicas de un determinado país. El socialismo es una ciencia, y necesariamente tiene como toda ciencia, ciertas leyes generales, y uno solo necesita ignorar tales leyes para que la construcción del socialismo esté destinada al fracaso.  ¿Cuáles son las leyes generales de la construcción del socialismo? 1) Ante todo es la dictadura proletaria del Estado de los obreros y campesinos, una forma particular de la unión de estas clases bajo la dirección obligatoria de la clase más revolucionaria de la historia, la clase del proletariado. Solo esta clase es capaz de construir el socialismo y suprimir resistencia de los explotadores y la pequeña burguesía. 2) Propiedad socializada de los principales instrumentos y medios de producción. Expropiación de todas las grandes fábricas y su gestión por el Estado. 3) Nacionalización de todos los bancos capitalistas, la fusión de todos ellos en un único banco estatal y la regulación estricta de su funcionamiento por el Estado. 4) La conducta científica y planificada de la economía nacional desde un único centro. Uso obligatorio del siguiente principio en la construcción del socialismo: de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo, distribución del buen material dependiendo de la calidad y de la cantidad de trabajo de cada persona. 5) Dominación obligatoria de la ideología marxista-leninista. 6) Creación de las fuerzas armadas que permitan la defensa de los logros de la revolución y siempre recordar que cualquier revolución no vale nada sino es capaz de defenderse a sí misma. 7) Represión de contrarrevolucionarios y agentes extranjeros.  Estas, resumidamente, son las principales leyes del socialismo como ciencia, lo que requiere que nos relacionemos frente a ellos tratándolas como tales. Si usted entiende todo esto con la construcción del socialismo en China la cosa irá bien. Si usted no lo entiende va a hacer mucho daño al movimiento comunista internacional. Por lo que yo sé, en el Partido Comunista de China hay una capa delgada de proletarios y los sentimientos nacionalistas son muy fuertes y si no llevan a cabo estas políticas de clase genuinamente marxista-leninistas y no llevan a cabo la lucha contra el nacionalismo burgués, los nacionalistas los estrangularan. Entonces no solo se dará por terminada la construcción socialista, sino que China puede que se convierta en un peligroso juguete en manos de los imperialistas estadounidenses. Os recomiendo encarecidamente a utilizar la espléndida obra de Lenin: «Las tareas inmediatas del poder soviético» de 1918. Esto aseguraría el éxito». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Obras Completas, Tomo 18, Anotaciones en la obra «De la conversación con la delegación del Comité Central del PCCh en Moscú el 11 de julio 1949», conversación entre Stalin y Mao Zedong, 1949)

Ha de comprenderse que bajo el paraguas de la particularidad nacional se han cometido verdaderos atentados contra la doctrina marxista-leninista, se decía que se aplicaba en nombre de la especificidad. En ese sentido, los elementos del idealismo filosófico, como la religión dominante que pueda tener ese país, nunca han de ser entendido como una particularidad a considerar en la construcción del socialismo; pues son efectivos instrumentos y parte integral de la cultura del sometimiento desarrollada por el sistema al que se pretende destruir; el capitalismo.

Con razón los marxista-leninistas sabían que cuando se traficaba con las condiciones específicas del país exagerándolas, o solo basándose en ellas, para conformar su línea política, se caía en un error oportunista de calado nacionalista:

«El otro peligro se creó: el peligro de basarnos exclusivamente en nuestras especificidades nacionales y subestimar las características comunes y las experiencias comunes de diferentes países. A pesar de todo no es posible solucionar las cuestiones de un sólo país sin usar la experiencia de otros países. Estos resultados serían la limitación nacional. La limitación nacional y el oportunismo son gemelos». (Mihály Farkas; Discurso en la Iº Conferencia de la Kominform, 26 de septiembre de 1947)

En estos casos desviacionistas de querer saltarse las leyes de la revolución proletaria y la construcción socialista, como hemos presenciado, tarde o temprano aparece la vieja araña del nacionalismo que hila todavía más la actuación traicionera de los revisionistas. Veamos que significó el nacionalismo en el revisionismo yugoslavo:

«En la esfera de la política exterior, el nacionalismo del grupo de Tito lleva a la ruptura con el frente único del movimiento revolucionario mundial de los trabajadores, a la pérdida por Yugoslavia de sus aliados más fieles, al aislamiento de Yugoslavia. El nacionalismo del grupo de Tito desarma a Yugoslavia ante sus enemigos del exterior. En la esfera de la política interior, el nacionalismo del grupo de Tito lleva al pacto entre los explotadores y los explotados, hacia una política de «unión» de los explotadores y de los explotados, en un frente «nacional», hacia una política de abandono de la lucha de clases, hacia la preconización embustera de la posibilidad de edificar el socialismo sin lucha de clases, de la posibilidad de una integración pacífica de los explotadores en el socialismo, hacia la desmovilización del espíritu de combate de los trabajadores yugoslavos». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Adónde conduce el nacionalismo del grupo de Tito, 1948)

Por eso, el nacionalismo no podía significar en los países que estaban por la construcción del socialismo y el comunismo más que la manifestación de elementos que estaban a favor de la restauración del capitalismo y de la dominación de la burguesía:

«La desviación hacia el nacionalismo es una acomodación de la política internacionalista de la clase obrera a la política nacionalista de la burguesía. La desviación hacia el nacionalismo refleja las tentativas de la «propia» burguesía nacional para restablecer el capitalismo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe al XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1934)

Es por ello que los marxista-leninistas no hacían concesiones respecto a lo que podía significar una victoria de una desviación nacionalista y derechista en sus respectivos partidos:

«El nacionalismo y las manifestaciones nacionalistas deben erradicarse allí donde se encuentren como una ideología hostil, ideología fascista, como el peor de los males. El nacionalismo se revela en la hostilidad hacia la Unión Soviética, en el menosprecio de sus éxitos, en la negativa a reconocer y negar la experiencia histórica universal de la gran revolución socialista de octubre de 1917 como un ejemplo y modelo para todos los obreros y trabajadores en todo el mundo, en la subestimación de la propia fuerza y éxitos, en la subestimación de la fuerza y los éxitos de los demás, en la negación de la solidaridad proletaria internacional. El nacionalismo es la ideología de la traición al campo de la paz, la democracia y el socialismo, la constatación de la salida de este campamento y transferencia al campo del imperialismo, de la restauración, de la contrarrevolución bonapartista. Nacionalismo significa la perversión del partido en un partido burgués, en un partido contrarrevolucionario. Nacionalismo significa la vuelta de Bulgaria a ser colonia del imperialismo. El nacionalismo es un golpe de muerte al patriotismo, al verdadero amor hacia la patria. Sin una lucha implacable hasta la muerte contra el nacionalismo, no puede haber ningún partido comunista. El kostovismo es el nacionalismo búlgaro, la traición al socialismo, a Bulgaria. Tenemos que romper en pedazos la concepción vil y peligrosa del camino peculiar búlgaro, peculiar hacia el socialismo, de la superioridad de nuestro camino hacia el socialismo búlgaro sobre el camino soviético, de la posibilidad de que la lucha de clases sea suavizada en el periodo de transición del capitalismo al socialismo». (Vulko Chervenkov; Georgi Dimitrov y la lucha contra el titoismo en Bulgaria, 1950)

Ahora, dentro del «socialismo del siglo XXI» se ha intentado también crear la idea de que se pretende crear una cultura independiente de todas las vistas hasta ahora, que será la cultura del «socialismo del siglo XXI», y ellos mismos se desmarcan de establecer cualquier límite a la hora de configurar tal neocultura. Se alude a que no existe cultura proletaria como tal, que no existen pautas para configurar tal cosa, o su variante, que la cultura es algo neutral y por tanto todas las clases deben participar en la nueva cultura. Este es un punto dónde coincide de nuevo con el revisionismo eurocomunista, en especial con el revisionismo francés. El Partido Comunista Francés siempre simpatizó y se rodeó de un círculo de intelectuales que a las primeras de cambio sucumbieron a la presión de la ideología burguesa –André Malraux, Pablo Picasso, André Stil, Louis Aragon etc– y renegaron del marxismo-leninismo. Estos autores acabaron clamando por la «completa liberación en el arte y la cultura», bajo falacias ya conocidas como que «Marx no se interesaba en absoluto por el arte o que era un ignorante en esta materia», o que Lenin «habría preconizado la libertad absoluta de creación». De ahí se explica que más que la adhesión al realismo socialista, propagando una cultura proletaria, estos hombres practicaban más bien el famoso slogan liberal burgués del revisionismo chino: «que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento».

Como resume con toda razón Enver Hoxha:

«Estos elementos han tenido como objetivo separar el arte y la literatura de la política y la ideología, naturalmente de la política proletaria y de la ideología marxista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Siempre hemos recordado que hacer una excepción en cualquier campo sobre la lucha de clases que enfrenta al proletariado contra la burguesía es el gesto más notable de oportunismo. El realismo socialista no incluye que debamos marcar esquematismos rígidos en la literatura y el arte, al revés, se adopta todo lo progresista del pasado, y dentro de la vieja cultura progresista y la nueva que se crea, se permite una  libre creación siempre que no rompa con la ideología del proletariado:

«Nuestra crítica, así como nuestra literatura y arte deben guiarse siempre por los principios del método del realismo socialista, que son el fruto de la experiencia mundial del arte revolucionario del proletariado, han sido elaborados por la estética marxista-leninista y confirmados por la práctica literaria y artística de nuestro país. Estos principios son inconmovibles y la fidelidad a ellos es indispensable, porque de lo contrario corremos el peligro de ser presa de las influencias extrañas y de alejamos de las tradiciones revolucionarias. La innovación no implica la violación de los principios, sino por el contrario su justa aplicación». (Enver Hoxha, Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

Hablando de la estrategia del imperialismo frente a los países socialistas, en su pugna ideológica, se advierte:

«Bajo la máscara de un arte que pretendidamente no conoce prejuicios sociales ni compromisos ideológicos, se crea el culto a la vaciedad del contenido y a la monstruosidad de la forma, el culto a lo bajo y lo horrible. Los principales temas y héroes del arte decadente modernista son la inmoralidad, la patología social, los asesinos, las prostitutas. Su bandera es el irracionalismo, la liberación de la «razón». Su ideal es el primitivismo del hombre de las cavernas. Precisamente esta cultura, cubierta de un barniz aparente, acompañada de una bulliciosa publicidad, tratada de la manera más comercial y apoyada y financiada por la burguesía inunda las pantallas del cine y de la televisión, las revistas, los periódicos y la radio, todos los medios masivos de información y de propaganda. Su objetivo es transformar al hombre sencillo en un consumidor pasivo de las venenosas ideas burguesas y hacer de este consumo una necesidad y un hábito. De esta cultura no sólo no tenemos nada que aprender ni tenemos razón alguna para darla a conocer a nuestras masas y a nuestra juventud, sino que debemos rechazarla con desprecio y combatirla con resolución. Nosotros hemos apreciado y apreciamos del arte extranjero únicamente el que es revolucionario, progresista y democrático, ya sea del pasado, ya de nuestro siglo. Continuaremos aprovechándolo también en el futuro de manera crítica, ya que ello es necesario para el desarrollo cultural de las masas, para su educación ideológica y estética, así como, para la formación de gustos que resistan a la influencia vulgar y degeneradora burguesa y revisionista». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

Esta es una de las desviaciones más comunes que se dieron en los partidos comunistas, cuando estos fueron convertidos en la punta de lanza de los revisionismos para su avance:

«En la etapa actual de la lucha por el socialismo en Polonia, las tareas de configuración de una perspectiva nueva y socialista entre las personas y la lucha del partido para una cultura con un contenido socialista se están convirtiendo en una importancia decisiva. (...) Exponiendo la peligrosidad de la desviación derechista y nacionalista en el partido, el Pleno del Comité Central del partido de abril también se refirió a su efecto nocivo sobre el frente cultural: una actitud liberal y ecléctica entorno a las cuestiones del desarrollo cultural y la influencia de la ideología burguesa hostil sobre la literatura y el arte y la falta de resistencia sobre estas tendencias nocivas y peligrosas. (...) La lucha por una cultura nacional en su forma y contenido socialista, hay que llevar a cabo un profundo cambio en la perspectiva política e ideológica de nuestros intelectuales, ayudándolos a liberarse de la herencia ideológica perniciosa. Debemos exponer la naturaleza reaccionaria y decadente de la degeneración de la cultura en  el mundo imperialista y descubrir una nueva forma de expresar en el arte, el comienzo de una vida nueva y socialista. (...) El partido se enfrenta a la tarea de luchar por una nueva cultura estrechamente unida a la vida y la lucha de la clase obrera, infundida con el espíritu del internacionalismo proletario, del genuina patriotismo y el amor por la patria y, en contraste con el cosmopolitismo y el nihilismo un profundo amor por el patrimonio cultural progresista de nuestro pueblo». (Jerzy Albrecht; Sobre el frente cultural polaco, 1949)

En el caso particular polaco, Bolesław Bierut expresa muy sencillamente estas tareas:

«En nuestro país el cosmopolitismo en la cultura se expresa por una subestimación de los logros culturales en nuestra cultura popular, por rechazar nuestras propias tradiciones progresistas e insistir en el culto de la cultura capitalista decadente y sus diversas perversiones, y a menudo, por una admiración servil hacia la ciencia, la literatura y arte estadounidense. En nuestro país la lucha contra el cosmopolitismo, el nihilismo y este culto hacia todo lo extranjero va de la mano con la lucha contra el nacionalismo y el chovinismo, que hasta ahora eran las principales expresiones de la ideología antiproletaria». (Bolesław Bierut, Discurso en el Pleno del Comité Central del Partido Unificado Obrero Polaco, 20 de abril de 1949)

Hoy es común ver las críticas del revisionismo cubano, por ejemplo, sobre el realismo socialista tachándolo de esquemático, dogmático, sectario, etc. y proclamando la libertad en la cultura, mientras no dedica una sola línea a denunciar las corrientes decadentes de la cultura capitalista. El modelo más claro de persona con esta actitud liberal es la de Abiel Prieto, el ex-ministro de Cuba, de quién ya hablamos. Él en sus críticas, desde luego no ve necesidad de crear una cultura netamente socialista que corte el paso a la vieja cultura capitalista, critica el realismo socialista y su visión de la cultura desde un punto de vista de clase, pero desde luego de lo que no habla es de la promoción de las nuevas corrientes artísticas burguesas que el capitalismo publica y usa como agencia del imperialismo para sabotear la ideología proletaria, critica la época stalinista pero no habla de las desviaciones derechistas que surgieron en el seno de la promoción de la cultura en los antiguos países socialistas con la llegada del jruschovismo, sólo se limita a hablar de las pretendidas limitaciones del stalinismo y el realismo socialista, que ellos pretenden como antaño los revisionistas en Europa, abandonar para probar suerte con corrientes más «modernas». Ya Georgi Dimitrov expuso a este tipo de críticos fariseos, supo explicar magistralmente que los procesos diarios que nacen de la dialéctica de las cosas y sus contradicciones, son la fuente de inspiración para los verdaderos intelectuales del pueblo, aquellos que lejos de encerrarse en sus sentimientos, ponen su pluma al servicio del pueblo, denunciando las injusticias y proclamando sus aspiraciones:

«Conozco algunos escritores extranjeros. Esos desgraciados no quieren hablar sólo de amor, como los escritores burgueses, hacer lirismo, narrar sus sensaciones. Quieren ayudar de una u otra manera al movimiento revolucionario del proletariado. Esas pobres gentes, que tienen talento, se rompen la cabeza por encontrar un argumento. Si observasen la lucha viva de millones de trabajadores, los miles de procesos, de huelgas, de manifestaciones, de choques entre los obreros y sus enemigos de clase, si profundizasen en los materiales del proceso de Leipzig, encontrarían buenos argumentos, excelentes y en cantidad. Tomad el tipo de Van der Lubbe, este ejemplo debe servir para demostrar cómo el obrero puede convertirse en un instrumento en manos del enemigo de clase. A la luz del mal ejemplo de Van der Lubbe, puede educarse a miles de jóvenes obreros y combatir la influencia del fascismo entre los jóvenes». (Georgi Dimitrov; El papel de la novela; de una charla a los escritores de Moscú, 1935)

Creer que puede haber una cultura neutral, es la misma ilusión de los socialdemócratas que creen que puede existir una educación, un Estado, un ejército, o un partido neutral, por encima de las clases. Por ello, quién ponga en cuestión al realismo socialista en la literatura y el arte, viene a ser lo mismo que el que pone en juicio las leyes de la economía socialista en la industria y el campo, o al marxismo-leninismo en sí como doctrina que rige al partido comunista. Para mala fortuna para ellos, pretender que no existe una cultura objetivamente proletaria es puro idealismo y obviar lo plasmado por Lenin:

«La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. La cultura proletaria tiene que ser desarrollo lógico del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad de los terratenientes y los burócratas. Estos son los caminos y los senderos que han conducido y continúan conduciendo hacia la cultura proletaria, del mismo modo que la economía política, trasformada por Marx, nos ha mostrado adónde tiene que llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de clases, al comienzo de la revolución proletaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Tareas de las juventudes comunistas, 1920)

Las enseñanzas sobre la especificidad del país y su revolución son las mismas, la particularidad nacional no niega la universalidad del marxismo-leninismo; todo lo mejor del movimiento progresista del pasado desemboca y se funde con el marxismo; no hay  independencia sin socialismo; la democracia popular no es un Estado  intermedio ni puede serlo; no hay socialismo sin transformación económica; el socialismo se construye tanto en la cuidad como en el campo; no hay término  medio entre democracia burguesa y democracia socialista, entre explotadores y  explotados etc. Pero los ideólogos del «socialismo del siglo XXI» hace tiempo que renunciaron a todas y cada unas de estas cuestiones, de hecho alguno de ellos ni siquiera han estado a favor de tales cuestiones, pero lo cierto es que los que aún dentro del «socialismo del siglo XXI» se presentan como «viejos revolucionarios marxistas» son simples charlatanes que niegan sus ejes teóricos. Esto nos recuerda sin duda a sus hermanos ideológicos, los revisionistas eurocomunistas, quienes se decían en parte herederos del marxismo-leninismo, pero reconociendo que se habían obligados a distanciarse de tal doctrina y modificar sus principios básicos para mejorarlo y adecuarlo:

«Con sus tesis de la «extinción de la lucha de clases» como consecuencia de los «cambios esenciales» que supuestamente habría sufrido la sociedad capitalista gracias al desarrollo de las fuerzas productivas, de la revolución técnico-científica, de la «reestructuración del capitalismo», etc.; con sus prédicas acerca de la necesidad de establecer una amplia colaboración de clases, dado que ahora, en el socialismo están supuestamente interesadas no sólo la clase obrera y las masas trabajadoras, sino también casi todas las capas de la burguesía a excepción de un pequeño grupo de monopolistas; con su pretensión de que se puede pasar al socialismo a través de reformas, dado que la sociedad capitalista de hoy se desarrollaría por la vía de la integración pacífica en el socialismo, etc., los eurocomunistas convergieron no sólo en la teoría, sino también en la actividad práctica con la vieja socialdemocracia europea, se fundieron en una sola corriente contrarrevolucionaria al servicio de la burguesía». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980) (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

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