«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 3 de mayo de 2015

El eclecticismo de su pensamiento; Equipo de Bitácora (M-L), 2013


«Si los «socialistas del siglo XXI» no tienen autoridad moral para hablar de unidad en un partido, es precisamente por el grave problema de ideología confusa que profesan. Esto es lo que nos toca explicar en este apartado: su eclecticismo ideológico.

El partido comunista es un partido pertrechado ideológicamente con el marxismo-leninismo, la ideología de la clase obrera, y la única que puede conducirle en la transformación social que anhela. Sin un conocimiento de la teoría marxista-leninista de sus miembros, su partido, pese a las declaraciones, discursos y resoluciones, que emitan sus miembros, jamás será un partido comunista real:

«Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario. (...) Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Esto es algo concluyente para todo marxista-leninista:

«El partido de la clase obrera no puede cumplir su misión de dirigente de su clase, no puede cumplir su misión de organizador y dirigente de la revolución proletaria, si no domina la teoría de vanguardia del movimiento obrero, si no domina la teoría marxista-leninista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1939)

Conocer la teoría marxista-leninista evitará caer en eclecticismos teóricos. Y queda claro que para luchar contra el eclecticismo ideológico y la penetración de ideas antimarxistas en tal pensamiento ecléctico solo queda como remedio luchar contra el oportunismo ideológico nos venga de donde nos venga.

En el caso del «socialismo del siglo XXI», concretamente sus ideólogos y representantes, buscan ese eclecticismo teórico para estructurar la ideología que formara su doctrina, una suerte de «sincretismo». Se defienden diciendo, como siempre, que no son dogmáticos, y que despiezan lo mejor de cada doctrina –esto es algo defendido históricamente por los oportunistas que anidaban en los partidos comunistas, quienes defendían que el partido debía empaparse teóricamente de otras doctrinas para mejorar y llegar mejor a las masas, como era el caso del revisionismo polaco representado por Władysław Gomułka y la desviación derechista y nacionalista–:

«En Polonia y en otros países había quienes hablaban de la necesidad de la «penetración recíproca» de las concepciones comunistas y socialistas [se refiere a los socialdemócratas: Anotación de Bitácora (M-L)], de la «síntesis» de ambas concepciones, del «revisionismo» recíproco en cuanto a la actividad pasada de ambos partidos. Se hablaba de la amnistía recíproca en relación con los errores pasados. De entenderla así, la unidad no puede ser sólida. La verdadera unidad exige de los socialistas la plena ruptura con su pasado oportunista, el reconocimiento pleno y la realización incondicional de todas las tesis programáticas, tácticas y organizativas del marxismo-leninismo. La experiencia del partido bolchevique pone de manifiesto que el partido revolucionario del proletariado, si quiere lograr la victoria, debe luchar incansablemente contra todas las desviaciones de la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, luchar contra el oportunismo. El partido bolchevique, partido de nuevo tipo, ha crecido, se ha fortalecido y templado en las luchas contra el oportunismo. (...) El partido bolchevique llevó una lucha incansable contra los oportunistas de toda laya y con los que querían la conciliación con ellos. Precisamente por eso fue capaz de conquistar la dictadura del proletariado y lograr la victoria del socialismo». (Édourd Burdzhalov; La importancia internacional de la experiencia histórica del partido de los bolcheviques, 1948)

Una de las características comunes y fuertemente arraigada en todo revisionismo es navegar por las aguas de la contradicción; en dicha contradicción intentan mezclar el «agua con el aceite» en el pensamiento, o dicho de otra forma; el eclecticismo ideológico del pensamiento rige absolutamente en sus partidos y en sus dirigentes. Este pensamiento que según ellos recoge «lo mejor de cada corriente ideológica», trata siempre de aminorar la doctrina marxista-leninista, al cual con eslóganes sobre su antigüedad, su modernización o su superación, se le intenta acoplar a diferentes ramas y tendencias revisionistas como parte de ese «coctel» de corrientes ideológicas que formaran su pensamiento.

El «socialismo del siglo XXI» no es diferente, pues sus partidarios intentan reunir las ideas progresistas de ciertos héroes nacionales del pasado, junto con el viejo reformismo, el premarxismo, el anarquismo, variados tipos de revisionismos etc. poniéndolas en el mismo nivel e incluso por encima del marxismo-leninismo para elaborar su programa y acción económica-política, etc. 

Hugo Chávez por ejemplo, fue el eclecticismo personificado, se declaraba bolivariano, marxista, leninista, luxemburguista, maoísta, guevarista, trotskista, peronista, apologista de la teología de la liberación, y todo lo que sonara más o menos revolucionario, y pudiera hacer ganar simpatías. Un pensador en esas líneas, tan vacilantes, jamás podrá conformar una ideología concreta y seria, por lo tanto sus seguidores tampoco podrán quejarse cuando sus sucesores alteren la ecléctica «esencia» de su pensamiento. Veamos como el Partido Socialista Unificado de Venezuela refleja esto, el «coctel» no podía ser más «selecto» en ingredientes de pensamiento:

«El partido se esforzará por formar a sus militantes en el árbol de las tres raíces –el pensamiento y la acción de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora– y rescatará con sentido crítico las experiencias históricas del socialismo, adoptando como guía el pensamiento y la acción de revolucionarios y socialistas latinoamericanos y del mundo, como José Martí, Ernesto Che Guevara, José Carlos Mariátegui, Rosa Luxemburgo, Carlos Marx, Federico Engels, Lenin, Trotski, Gramsci, Mao Zedong y otros que han aportado a la lucha por la transformación social, por un mundo de equidad y justicia social, en una experiencia humana que tiene antecedentes remotos, como la cosmovisión indio afro americana, el cristianismo, la teología de la liberación». (Partido Socialista Unido de Venezuela; Declaración de principios, 2010)

Obviamente, dentro de esta «rara» amalgama destacan los piropos hacia conocidos renegados, además de un intento absurdo y omnipresente en sus formulaciones que intentan borrar las diferencias irreconciliables entre el marxismo-leninismo y el revisionismo, e incluso con corrientes antimarxistas como el luxemburguismo o el trotskismo; esta última corriente, no sólo ha tenido gran presencia entre sus ideólogos, sino que abiertamente sus ideólogos pierden el tiempo intentando conciliar la figura de Trotski y el trotskismo en sí, con exponentes marxista-leninistas y con el marxismo-leninismo, en un vano e ignominioso intento de supuestamente «hacer un análisis crítico para extraer lo valido de cada figura histórica»:

«Stalin y Trotski grandes luchadores revolucionarios, (…) prototipos de deformaciones que sin embargo, ya existía antes de ellos y no están vinculadas con formulaciones teóricas que ellos hayan hecho. (…) Bujarin, uno de los más brillantes teóricos marxistas rusos y de los más destacados dirigentes revolucionarios de la Unión Soviética en aquel entonces, perteneciente  a la vieja guardia bolchevique y años después  como producto de las pugnas de poder a lo interno de la dirigencia soviética, acusado de crímenes contra la revolución reconocidos por el mismo, en los que se conoció como los procesos de Moscú, uno de los más oscuros y dramáticos episodios en la historia de los movimientos revolucionarios a nivel mundial». (Carlos Fonseca Terán; La Perpendicular histórica, 2011)

Este patético intento de pasar «gato por liebre» sólo obtiene como resultado la mofa generalizada de la propia militancia consciente de la inconexión existente entre Stalin con Trotski o Bujarin, de equiparar supuestos errores del primero con el segundo y el tercero, como si los tres estuvieran ideológicamente encuadrados bajo la misma ideología. No obstante, esta actitud generalizada no pasa como decimos por encima de la formación teórica de muchos revolucionarios, que de buena gana detectan y denuncian dicha manipulación cuando se intenta mezclar a revolucionarios y a contrarrevolucionarios, a marxista-leninistas y a revisionistas; en cualquier caso, las loas lanzadas a los Bujarin, Tito, Mao Zedong, Fidel Castro, Nikita Jruschov, Leonid Brézhnev, e incluso a Mijaíl Gorbachov y Santiago Carrillo, etc., son una manifestación y confirmación del eclecticismo mencionado.

Presenciemos de nuevo otro ejemplo histórico en el que se ve como Lenin denunciaba el eclecticismo de los socialdemócratas, los cuales se intentaban apropiar de conceptos de Engels para poder manipularlos para sus fines:

«Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho –o para complacer a los detentadores del poder–, sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, precisamente la tesis de la «extinción». Se suplanta la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Uno no puede manejarse correctamente en las tareas fundamentales que un partido proletario de vanguardia ha de cumplir si se conduce mediante la mezcla de diferentes ideas confusas –y anticientíficas– que contradicen al marxismo-leninismo, con ideas confusas y variadas que incluso que se contradicen entre sí. Quiénes utilizan este método o bien son revolucionarios de «buen corazón» que todavía no ha llegado a esta conclusión lógica amparada por todos los marxistas de todas las épocas debido a su pobre formación; o son unos arribistas de «campeonato» que igual que los socialdemócratas de los que hablaba Lenin «engañan más fácilmente a las masas» con esos métodos.

Esta tendencia de la socialdemocracia de intentar mediante formulaciones eclécticas engañar a las masas para que el régimen permaneciera inmutable no cambió con el tiempo, se hizo un clásico en la praxis de la socialdemocracia reformista, y lejos de cambiar y notar una mejoría hacia posiciones más revolucionarias, se mantuvieron; incluso, llegó un momento en que los socialdemócratas dejaron de hablar del socialismo marxista, e intentaban por todos los medios librarse de toda etiqueta que les relacionara con Marx y sus teorías:

«Si los viejos reformistas aceptaban, aunque fuera solamente de palabra, la instauración del socialismo, como objetivo final, los socialdemócratas de hoy han renunciado abiertamente a este objetivo. Predican que están por el llamado «socialismo democrático», el cual nada tiene en común con el verdadero socialismo científico, es más, lo niega y lo substituye con algunas reformas liberales burguesas, que no afectan en absoluto las bases de la sociedad capitalista. ¿Cómo se puede hablar de socialismo, cuando en numerosos programas socialdemócratas se ha suprimido hasta el requisito elemental del socialismo que es la liquidación de la propiedad privada de los medios de producción? (...) A partir de 1955, los partidos socialdemócratas de Europa Occidental, como el Partido Laborista Inglés, los partidos socialdemócratas de Francia, Austria, Suiza, Holanda, Luxemburgo, Alemania Occidental y de los países escandinavos, cambiaron sus programas, o se han dedicado a elaborar nuevas orientaciones programáticas. ¿Qué es lo que caracteriza estos programas y nuevas orientaciones programáticas? Es la unión ecléctica de las viejas teorías oportunistas con las teorías burguesas «modernas», la renuncia definitiva a todos los principios e ideales del socialismo, la abierta defensa del sistema de explotación capitalista y el anticomunismo furibundo». (Enver Hoxha; Los revisionistas modernos en el camino de la degeneración socialdemócrata, y la unión y fusión con la socialdemocracia, 1 de abril de 1964)

Los verdaderos marxista-leninistas sabemos que este proceso de eliminar cualquier referencia no ya al leninismo o al «stalinismo», sino directamente al marxismo, no fue una casualidad repentina; la renuncia al marxismo en los programas socialdemócratas, y la renuncia del leninismo de los programas del revisionismo eurocomunista, vienen precedidos de la renuncia al «stalinismo» en los partidos comunistas desde la llegada del revisionismo jruschovista-brezhnevista en la Unión Soviética:

«A día de hoy nadie excepto los enemigos se han atrevido a oponer Lenin a Stalin. Estas insinuaciones son hechas en intenciones hostiles, pero el movimiento internacional comunista y obrero está ya acostumbrado a las maniobras de los revisionistas; recordemos que antes se enmascaraban declarando que eran marxistas-leninistas pero no «stalinistas», mientras que ahora procuran oponer Lenin a Marx y discuten sobre la cuestión de saber si deben ser solamente «marxistas» o bien también «leninistas». Y pronto, completamente desenmascarados los traidores, dirán seguramente que también se oponen a Marx. Inventarán también para esto «teorías» adecuadas, que serán cualquier cosa, pero seguramente no comunistas, ni proletarias». (Enver Hoxha; La autogestión yugoslava; teoría y práctica capitalista, 1978)

Como vimos de la letra de Lenin en el primer capítulo, en un partido marxista-leninista es necesario para lograr la unidad, la unidad ideológica, y para ello hay que: «trazar líneas firmes y definidas de demarcación. De lo contrario, nuestra unidad será puramente ficticia». Además los marxista-leninistas saben al analizar científicamente la sociedad, que no es posible en cuestiones –además cardinales– como la administración del Estado, las tesis económicas o la cultura, partir de una ideología «neutral» o «tercera vía». Como dijo Lenin:

«No hay término medio –pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases–. Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Estos consejos, para que los marxista-leninistas de las siguientes generaciones corrijan la tendencia errónea de la socialdemocracia y al eclecticismo ideológico es fundamental. En el pasado hemos visto a muchas nuevas figuras que bajo una apariencia creadora querían alterar las bases científicas del marxismo-leninismo, ya sea pretendiendo crear una vía acorde a sus «particularidades nacionales»  y tomando lo que le era de interés en él pero manteniendo una doctrina de transformación de la sociedad con un pensamiento burgués intacto, o sino su táctica paralela, proclamar que la nueva doctrina, de la cual dice tomar parte, es una superación del marxismo-leninismo. Ahí radica la importancia de demarcar seriamente las limitaciones de las doctrinas del revisionismo moderno como paradigma a tomar en nuestro pensamiento. No hay que olvidar nunca, que aunque sean sólo esbozos:

«Una actitud «tolerante» hacia dichas desviaciones teóricas hace que lograr la genuina bolchevización sea algo imposible. El dominio de la teoría del leninismo es esencial para lograr el éxito de la bolchevización de los partidos». (Komintern; Tesis sobre la bolchevización de los partidos comunistas adoptadas en el Vº Pleno de la Comisión Ejecutiva del Comité Central de la Komintern, 1925)

Es por ello, que si uno quiere ser consecuentes a la hora de «bolchevizar» cualquier estructura, no puede eludir responsabilidades ideológicas. Llega por tanto a ser ridículo querer eclécticamente unir figuras tan dispares como Lenin y Rosa Luxemburgo, Stalin y Trotski, o Enver Hoxha y Mao Zedong, y ponerlos a todos sobre la base de que «todos eran grandes revolucionarios» de los que «se pueden extraer cosas buenas», o equiparar los presuntos errores cometidos por los primeros a los «errores» de gran envergadura de los segundos, que obviamente no son errores casuales, sino errores que tocan los principios más elementales del tesoro de la teoría y praxis de nuestra doctrina. El comunista que acepta el materialismo dialéctico como tal, debe tener un pensamiento crítico científico y a consecuencia de ello, tampoco debe cubrir los errores de las figuras a estudiar; sean estas marxistas o no, no debe de hacer esto por más que guarde un sentimentalismo hacia esa figura. Es por ello que quién realiza tal acción cae en el idealismo y en la metafísica; pues idealiza positivamente a esa figura en sus ideas, estigmatiza al resto y evita ponerla en evidencia; sobre todo evidente a la hora de separar y ocultar teorías erróneas que evita comparar con las genuinas teorías marxista-leninistas. No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos materialistas que dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir.

Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las corrientes comunistas es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarle, y estipula claramente con su teoría y práctica que figura está y quién no está dentro de esta corriente, otro caso totalmente diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que emanen pueden ser entendibles, otra cosa es errar bajo teorizaciones conscientes, mucho más cargando con la fanfarronería de que la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del marxismo-leninismo en dicho tema.

Para descifrar a cada autor y su pensamiento debemos formarnos en las obras de los autores clásicos como Marx, Engels, o Lenin, y a partir de ahí, una vez que hayamos asimilado el marxismo-leninismo, deberemos evaluar a los autores que se consideran dentro del mismo, así como la de sus detractores, para saber detectar dicha alteración en cualquiera de los miembros de las dos tendencias, ya que muchas veces la ideología burguesa y sus variantes teóricas se disfrazan de marxismo:

«El mal, el peligro es que los revisionistas modernos continúan utilizando consignas que son la esencia de nuestra doctrina como guía para la acción, pero ellos despojan en su gestión de toda su fuerza y organización. No contentos de aplicar en la práctica lo contrario de estas fórmulas, las tuercen y las manipulan de un modo diabólico y tortuoso. El fin de los revisionistas modernos es, preservando ciertas fórmulas, deformar la doctrina marxista-leninista en conjunto, a la vez que se edifican toda una serie de otras nuevas teorías antimarxistas para corromper al proletariado de un país o al proletariado mundial para poder así prolongar la existencia de la burguesía capitalista, para alejar, por no poder totalmente eliminar, la revolución proletaria en un país particular dónde las condiciones maduraron para este fin o ya sea también en varios países simultáneamente». (Enver Hoxha; Informe al VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

No debemos escatimar en paciencia para desmitificar muchas cosas tomadas por normales dentro del comunismo por las masas, debemos abrazar a cada simpatizante que se quiera informar por nuestra doctrina y explicarle en palabras llanas todo lo relacionado, lo mismo decimos para los militantes de otros partidos antimarxistas que quieran indagar y se cuestionen verdaderamente su pensamiento en pro de la objetividad científica. Tenemos como ejemplo la explicación del búlgaro Georgi Dimitrov sobre el apoyo que los marxista-leninistas y su partido deben otorgar a los elementos apolíticos o incluso a los elementos de partidos revisionistas o reformistas que se replanten la validez de sus posiciones y las de sus partidos, se comenta que este sostén debe nacer de la experiencia de las propias masas de los baches de la dirigencia reformista, y de la persuasión de los marxista-leninistas de que estos baches no son casualidad, sino que nacen de una política irradiada por su política burguesa que limita a las masas trabajadoras de triunfar hasta en cualquier tema de segundo orden:

«No hay que creer que los obreros socialdemócratas que se hallan bajo la influencia de la ideología de la colaboración, inculcada a lo largo de decenas de años, van a abandonar por sí mismos esta ideología bajo la acción de ciertas causas objetivas. No. Es deber nuestro, de los comunistas, ayudarlos a liberarse del paso de la ideología reformista. La explicación de los principios y del programa del comunismo debe realizarse con paciencia y camaradería, y en consonancia con el nivel de desarrollo político de cada obrero socialdemócrata. Nuestra crítica de la socialdemocracia deberá ser más concreta y sistemática. Tendrá que basarse en la experiencia de las propias masas socialdemócratas. Hay que tener presente que, basándose sobre todo en la experiencia de su lucha conjunta y hombro con hombro con los comunistas contra el enemigo de clase, podremos facilitar y acelerar a los obreros socialdemócratas su desarrollo revolucionario. (...) Haremos cuanto depende de nosotros para facilitar la labor y la lucha común contra el enemigo de clase, no sólo con los obreros socialdemócratas, sino también con los militantes activos de los partidos y organizaciones socialdemócratas que deseen sinceramente pasar a la posición revolucionaria de clase». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; discurso de resumen ante el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)

Para poder realizar y no fallar en esta tarea debemos reforzar sin pausa la formación ideológica, ya que es la única forma de combatir la ideología extraña, y por supuesto, de ejercer una enseñanza científica. Aminorar la exposición del revisionismo moderno –que siempre hemos denunciado– como puede ser el browderismo, titoismo, jruschovismo, maoísmo, eurocomunismo, el actual «socialismo del siglo XXI», o cualquier reformismo o autor del socialismo utópico,  es actuar en connivencia con los que pretenden perpetuar lo que Lenin llamaba: «la discordancia y la confusión ideológica» en el movimiento comunista:

«No podremos alcanzar este objetivo si tememos y evitamos el debate en nombre de la preservación de «la unidad»: sólo los pequeño burgueses o los revisionistas temen el debate y la confrontación de las ideas por falta de conocimiento del marxismo bajo el paraguas de evitar la polémica, y sólo ellos pueden razonar así». (Vincent Gouysse; Comprender las divergencias sino-albanesas, 2004)

A estas alturas, tenemos la obligación de valorar la rica experiencia histórica que se nos ha legado que no es poca:

«Ni Lenin ni Stalin podían basarse sobre la experiencia de un Estado proletario anterior, sino que este Estado fue creado por la revolución, por la violencia y por la acción revolucionaria, guiándose a cada uno de sus pasos de la doctrina de Marx y de Engels que todavía enriquecieron. Ahora, el proletariado dispone de un gran tesoro, la teoría marxista-leninista. Debe estudiarlo y aplicarlo con espíritu consecutivo. El estudio y la correcta aplicación del marxismo-leninismo por el proletariado y los partidos comunistas revolucionarios teniendo como base la situación de cada país y la situación internacional, la lucha despiadada contra el revisionismo moderno bajo la forma en que se manifieste, la denuncia de toda ideología burguesa, el combate contra las intrigas de escisión, hacer frente a la represión y a la explotación por parte de los enemigos de la clase obrera, estos son unos de los tantos aspectos en la lucha por la cohesión y por la unión del proletariado mundial. Son las condiciones indispensable para la victoria en la lucha contra el imperialismo mundial, el socialimperialismo, la burguesía capitalista, y la reacción mundial». (Enver Hoxha; Informe al VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

También, los actuales «socialistas del siglo XXI» han manipulado la necesidad de un único partido del proletariado por país. Sabemos que en muchos países, salvo raras excepciones, los obreros están disgregados en varios partidos de diferente carácter ideológico. En base a esta necesidad histórica de unir a toda la clase obrera, los «socialistas del siglo XXI» han intentado absorber a todos los partidos bajo la etiquetas de «marxistas», «marxista-leninistas», «comunistas», «obreros», etc. bajo su partido, y califican de escisionistas, antiobreros y dogmáticos a quienes se niegan a integrarse en los partidos del «socialismo del siglo XXI». La realidad, como hemos demostrado, es que los «socialistas del siglo XXI» no tienen autoridad moral ni teórica para alzarse como unificadores en nombre del marxismo o de la clase obrera.

Los revisionistas modernos, trataron y siguen tratando, mediante sofismas intentan hacer creer a las masas, que los jefes de partido más reaccionarios, esos que mantienen la colaboración con la burguesía, la lucha limitada a las reformas parlamentarias, que apoyan las guerras imperialistas, etc., están tomando un presunto cariz de «izquierda». Con esa excusa de un cambio hacía la «izquierda» nunca demostrado de los socialdemócratas, anarquistas, revisionistas etc. siempre han promulgado la alianza con ellos e incluso la fusión, con la única intención de engrosar sus filas y neutralizar a ciertos partidos con los que tienen ciertas discrepancias pese a su mismo carácter. Este mecanismo de  fusión, es muy diferente a la práctica que tienen que ejercer los comunistas para resolver el objetivo pendiente que tienen muchos países de unificar todos los partidos donde están disgregados los obreros en un único partido proletario. Hemos presenciado históricamente la agrupación conjunta de varios movimientos en una sola agrupación, de amalgama de partidos que no respondía a una ideología concreta ni a una sola clase social. Pero también durante los últimos años hemos presenciado unificaciones mecánicas como el nacimiento en Venezuela del Partido Socialista Unificado de Venezuela, que reunía a varios partidos de «izquierda», como les gusta llamarlos, unas  unificaciones de partidos que no tenían nada que ver con el marxismo-leninismo ni con la creación del partido único del proletariado. La técnica de unificarse con distintos partidos de ideologías extrañas, sin ninguna exigencia ideológica más que aceptar el programa y las normas socialdemócratas de organización de partido –y a veces sólo con ser sumiso a la camarilla que lo domina– no es nueva. Aquí nos vuelve a ser de utilidad la experiencia de la lucha de los marxista-leninistas polacos contra sus compatriotas revisionistas; a diferencia de los revisionistas, los revolucionarios defendían como inaceptable las desviaciones de los revisionistas respecto a la creación del partido único del proletariado:

«Tampoco es una cuestión de casualidad que los portadores de la desviación derechista y nacionalista al mando del camarada Gomułka, quisieran privar a nuestro partido del papel de vanguardia de la clase obrera a través de la amputación de las tradiciones revolucionarias, proponiendo entre otras cosas a nuestro partido, unirse con el Partido Socialista Polaco sin que primero éste rompiera con el ala derecha del Partido Socialista Polaco, y sin poner como condición a la plataforma el reconocimiento del marxismo-leninismo». (Hilary Minc; Las democracias populares de Europa del Este, 1950)

Ya hemos visto también al inicio del capítulo la nefasta teoría de la «penetración recíproca» de los viejos revisionistas polacos:

«La misma tendencia oportunista es manifiestamente evidente en las recientes declaraciones del camarada Gomułka sobre la cuestión de la fusión del Partido Obrero Polaco y el Partido Socialista Polaco, y los métodos por los cuales los dos partidos obreros polacos pueden unirse en uno. Sus declaraciones revelan la concepción errónea de que los dos partidos pueden unirse sin primero eliminar a los elementos ideológicos derechistas existentes consolidados entre un sector de los viejos cuadros del Partido Socialista Polaco, quienes en un pasado no muy lejano estuvieron conectados todos ellos en el viejo Partido Socialista Polaco; Libertad, Igualdad e Independencia [se refiere al nombre que tuvo el Partido Socialista de Polonia desde 1939 a 1944 - Anotación de Bitácora (M-L)], se revela como decimos, la creencia de que podemos unirnos con dicho partido sin una fuerte lucha contra la influencia de la ideología extraña». (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

La necesidad de crear el partido único del proletariado, como decimos, no era algo desconocido por los marxista-leninistas:

«Los intereses de la lucha de clase del proletariado y el éxito de la revolución proletaria imponen la necesidad de que exista en cada país un partido único del proletariado. El conseguirlo no es naturalmente tan fácil y sencillo. Exige una labor y una lucha tenaces y será necesariamente un proceso más o menos largo». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Pero para ello se creía necesario que el partido comunista llevara la batuta en la unificación y que fuera él quién pusiera las condiciones. Se sabía que a diferencia de una alianza temporal en una lucha antifascista, anticolonial, antiimperialista, etc. con los partidos socialdemócratas, la fusión del partido comunista con los partidos socialdemócratas en un único partido obrero bajo el marxista-leninismo, desechando toda herencia de reformismo, se debía dar bajo circunstancias y condiciones muy claras: primero; que el partido que se fuera a unificar con el partido comunista rompiera con su ala derechista, y que la llamada ala izquierda demostrará que había dejado de lado la práctica reformista de colaboración de clase con la burguesía, y con ello todas sus consecuencias; segundo: aceptar la necesidad de la dictadura del proletariado, el derrocamiento de la burguesía por la violenta revolucionaria, y la no afiliación a reformistas internacionales, sino a la Komintern comunista; y tercero: aceptar como plataforma para la unificación unas exigencias mínimas programáticas y de estatutos en el nuevo partido para garantizar que el partido resultante sea un verdadero partido obrero y comunista:


«Pero, si para establecer el frente único de los partidos comunista y partidos socialdemócratas basta con llegar a un acuerdo sobre la lucha contra el fascismo, contra la ofensiva del capital y contra la guerra, la creación de la unidad política sólo es posible sobre la base de una serie de condiciones concretas que tienen un carácter de principio. Esta unificación sólo será posible: Primero, a condición de independizarse completamente de la burguesía y romper completamente el bloque de la socialdemocracia con la burguesía; Segundo, a condición de que se realice previamente la unidad de acción; Tercero, a condición de que se reconozca la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y de la instauración de la dictadura del proletariado en forma de soviets; Cuarto, a condición de que se renuncie a apoyar a la propia burguesía en una guerra imperialista; Quinto, a condición de que se erija el partido sobre la base de centralismo democrático, que asegura la unidad de voluntad y de acción y que ha sido constatado ya por la experiencia de los bolcheviques rusos. Tenemos que aclarar a los obreros socialdemócratas, con paciencia y camaradería, por qué la unidad política de la clase obrera es irrealizable sin estas condiciones. Con ellos debemos enjuiciar el sentido y la importancia de estas condiciones». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Nos parece extremadamente necesario, citar cada punto dónde el búlgaro explica y justifica la exigencia de estos puntos a otros partidos:

1) ¿Por qué, para la realización de la unidad política del proletariado, es necesario independizarse de la burguesía y romper el bloque de la socialdemocracia con la burguesía?:

«Porque toda la experiencia del movimiento obrero y, en particular, la experiencia de los quince años de política de coalición en Alemania han puesto de relieve que la política de la colaboración de clases, la política de dependencia de la burguesía lleva a la derrota de la clase obrera y a la victoria del fascismo. Y la senda de la lucha irreconciliable de clases contra la burguesía, la senda de los bolcheviques es la única senda segura hacia el triunfo». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

2) ¿Por qué el establecer previamente la unidad de acción ha de ser premisa de la unidad política?:

«Porque como es lógico, la unidad de acción para rechazar la ofensiva del capital y del fascismo puede y debe lograrse aún antes de que la mayoría de los obreros se unifiquen sobre la plataforma política común del derrocamiento del capitalismo; para llegar a la unidad de ideas acerca de los caminos y los objetivos fundamentales de la lucha del proletariado, sin la cual no se podría unificar a los partidos, hace falta, en cambio, un plazo de tiempo más o menos largo. Y lo mejor para llegar a la unidad de ideas, es crearla ya, hoy mismo, en la lucha conjunta contra el enemigo común. Proponer, en vez del frente único, la inmediata unificación, equivale a colocar el carro delante de los bueyes y a creer que de este modo el carro andará. Precisamente porque el problema de la unidad política no es para nosotros una maniobra, como lo es para muchos jefes socialdemócratas, insistimos en que se realice la unidad de acción, como una de las etapas más importantes en la lucha por la unidad política bajo las condiciones comentadas anteriormente». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

3) ¿Por qué es necesario reconocer el derrocamiento revolucionario de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado bajo la forma del poder soviético?:

«Porque la experiencia del triunfo de la gran revolución socialista de octubre, de una parte, y de otra, las amargas enseñanzas de Alemania, Austria y España, durante todo el período de posguerra, han corroborado una vez más que el triunfo del proletariado sólo es posible mediante el derrocamiento revolucionario de la burguesía, y que la burguesía, antes de permitir que el proletariado instaure el socialismo por la vía pacífica, ahogará el movimiento obrero en un mar de sangre. La experiencia de la revolución de octubre de 1917 ha demostrado, con toda evidencia, que el contenido básico de la revolución proletaria es el problema de la dictadura del proletariado, cuya misión es aplastar la resistencia de los explotadores derribados, armar a la revolución para la lucha contra el imperialismo y llevar a la revolución hasta el triunfo completo del socialismo. Para llevar a cabo la dictadura del proletariado, como dictadura de la aplastante mayoría sobre una minoría insignificante, sobre los explotadores –y únicamente así puede ser llevada a cabo– son necesarios los soviets que abarquen a todas las capas de la clase obrera, a las masas principales del campesinado y demás trabajadores, ya que sin despertarlos e incorporarlos a estos al frente de la lucha revolucionaria, será imposible afianzar el triunfo del proletariado». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

4) ¿Por qué el negarse a apoyar a la burguesía en una guerra imperialista es condición para establecer la unidad política?:

«Porque la burguesía hace la guerra imperialista para alcanzar sus objetivos rapaces en contra de los intereses de la mayoría aplastante de los pueblos, cualquiera que sea el disfraz, bajo el cual se haga la guerra. Porque todos los imperialistas, al mismo tiempo que se arman febrilmente para la guerra, refuerzan hasta el último límite la explotación y la opresión de los trabajadores dentro del propio país. Apoyar a la burguesía en semejante guerra, significaría traicionar los intereses del país y de la clase obrera internacional». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

5) Finalmente, ¿por qué el erigir el partido sobre la base del centralismo democrático es condición para la unidad?:

«Porque solamente un partido erigido sobre la base del centralismo democrático puede asegurar la unidad de voluntad y de acción, puede llevar al proletariado al triunfo sobre la burguesía, que dispone de un arma tan potente como el aparato centralizado del Estado. La aplicación del principio del centralismo democrático ha pasado una brillante prueba histórica con la experiencia del partido bolchevique ruso, el partido de Lenin». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

El modelo histórico de una unificación exitosa de todos los partidos dónde estaban repartidos los obreros en un sólo partido único bajo las pautas marxista-leninistas fue el caso del Partido Socialista Unificado de Cataluña dirigido por Joan Comorera. Si bien todavía no estaba maduro tal proyecto en toda España, ya que el ala centrista y derechista en el Partido Socialista Obrero Español era aún fuerte, en Cataluña estas intenciones avanzaron positivamente debido a la determinación de Joan Comorera, por entender y aplicar este los análisis que José Díaz, secretario General del Partido Comunista de España, extrajera de la fallida revolución de 1934. Por ello al inicio de la guerra civil de 1936 se hizo realidad la fusión del Partit Comunista de Catalunya, junto a la Federación Catalana del PSOE  la Unió Socialista de Catalunya y el Partit Català Proletari, dejando fuera como se había demostrado con las jornadas del 1934, y como exigían los puntos de Dimitrov, cualquier partido de influencia trotskista:

«Las representaciones de los partidos abajo firmantes, componentes del Comité de Enlace, han llegado a un completo acuerdo sobre los puntos en que debe basarse el partido único del proletariado de Cataluña, y que son los siguientes: Primero. El partido único del proletariado de Cataluña, resultante de la fusión de los cuatro Partidos abajo firmantes, basará su estructura sobre los principios del centralismo democrático, convirtiéndose así en un partido de una sola voluntad y una sola línea de acción. Segundo. Frente a la burguesía y sus partidos, el partido resultante de la fusión mantendrá en todo momento su independencia, en tanto que el partido de clase al servicio del proletariado y los campesinos. Tercero. Pronunciándose decididamente por la defensa de la Unión Soviética y apoyando su justa política de paz, el partido resultante de la fusión luchará contra la guerra imperialista y contra sus propugnadores dentro y fuera del propio país. Cuarto. El partido único del proletariado de Cataluña, resultante de la fusión, recogerá las ansias de emancipación nacional del pueblo catalán y se convertirá en su más fiel propulsor y organizador para llegar a la completa emancipación nacional y social de nuestro pueblo. Quinto. Para realizar todo su programa, que será elaborado y acordado por el Congreso de fusión de los cuatro partidos, el partido resultante de la fusión propugna la toma revolucionaria del poder, derribando el poder de la burguesía y estableciendo la dictadura del proletariado. Sexto. El comité de enlace reconoce que es la Komintern la única Internacional que interpreta justamente los anhelos del proletariado mundial y guía la realización del socialismo triunfante en la sexta parte del mundo, como se ve en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas». (Documento fundacional del Partido Socialista Unificado de Cataluña, 23 de julio de 1936)

En España, finalmente, las presiones de los acontecimientos de la guerra, y la incomprensión de algunos dirigentes del ala izquierda de los socialista de estos puntos, como Largo Caballero, sumado a otros factores que demostraban la inmadurez de los socialistas en el momento, hicieron que esta unión nunca se concretara pese a la gran colaboración antifascista llevada entre los dos partidos durante la guerra.

Esto demuestra, que la creación del partido único del proletariado lejos de ser sencillo, es una ardua y difícil tarea en la que hay que lidiar con las masas de estos partidos, entre las vacilaciones de los sectores revolucionarios y el sabotaje abierto de sus sectores reaccionarios. No hace falta comentar la más que obvia necesidad de reeducación de los viejos elementos socialdemócratas de izquierdas, por mucho que digan adherirse al marxismo-leninismo es más que seguro que conserven puntos de vistas izquierdistas o derechistas. En un partido de este tipo es un trabajo al que se debe dedicar muchísimo esfuerzo. Y es algo a lo que todo partido comunista nacional deberá enfrentarse tarde o temprano, porque o bien con el logro de esta unificación antes de la toma de poder o tras la toma de poder, o bien por la simple pero más que segura masiva afluencia de los viejos elementos de  partidos socialdemócratas disueltos o autodisueltos tras la construcción económica del socialismo, los comunistas se verán cara a cara con esta tarea. Esto es en realidad algo inherente a la transformación ideológica de la sociedad, ya que mucho elemento obrero que había anidado en estos partidos socialdemócratas antes de la toma de poder o después, son el reflejo de la parte de la clase obrera más atrasada: 1) los que vienen pronto al partido comunista revolucionarizados debido a la acción diaria de los comunistas y a la propia autopersuasión, debido a que la socialdemocracia se queda corta a la hora de responder a los desafíos que ellos como obreros, quieren plantear y conseguir para sus intereses de clase, y 2) los que a última hora se incorporan al partido como simpatizantes más que como convencidos así mismos de comunistas, más que seguro, a causa de la propia disolución de las organizaciones socialdemócratas durante la construcción del socialismo, estos son los obreros que pese a la creciente influencia y notoriedad del partido comunista y sus victoriosas tesis, a diferencia de casi todos los elementos de su misma clase social, no ha sabido darse cuenta antes de porqué el marxismo-leninismo responde a sus intereses de clase y no la socialdemocracia; en este caso, el partido deberá replantearse si ha hecho el máximo esfuerzo anteriormente con estos elementos para ganarlos para su causa. En ambos, se deberá pertrechar a este tipo de elementos con el estudio del marxismo-leninismo, y a la mayoría de ellos, sobre todo a los del segundo caso, y asegurarse de que comprendan los pilares del marxismo-leninismo y sepan aplicarlos en la vida práctica antes de ser admitidos como miembros del partido». (Equipo de Bitácora (M-L)El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

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