«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina; Equipo de Bitácora (M-L), 2013


«Debido a que hemos recibido muchas felicitaciones por parte de gente acorde al marxismo-leninismo o de simples simpatizantes de este entorno a nuestra línea política mostrada en el blog, debido suponemos, por nuestro material político y su esencia clara, formativa y reveladora, queremos explicar el porqué de la clarividencia de nuestras publicaciones que ilustran sin trampa ni cartón una línea clara y directa.

Nosotros simplemente tenemos la idea de publicar online material marxista-leninista, lecturas clásicas pero sobre todo si es posible material inédito, tanto de autores marxista-leninistas como nuestras, de temas pasados como actuales, que ayude tanto al simpatizante e interesado como al veterano militante en su formación del marxismo-leninismo. Así como ayudar en todo lo posible a los marxista-leninistas sin partido, a las organizaciones embriones con vistas a ser partido, y a los partidos marxista-leninistas. Por tanto nos parece absurdo intentar eludir cuestiones claves si realmente compartimos un mínimo de rigor en esta clarificación histórica de lo que fue y es marxismo-leninismo, y de lo que entendemos que debe de ser.

Creemos firmemente que una de las prioridades es separar el trigo de la paja, el marxismo-leninismo de su distorsión. Si repasamos históricamente el marxismo-leninismo a la hora de arengar a la agitación ideológica, no podemos dejar de ver en cada ocasión, que esta lucha incluso cuando el partido está en estado embrionario, es cardinal: 

«Para establecer y consolidar el partido, significa que debemos establecer y consolidar la unidad entre todos los socialdemócratas rusos [1], y, por las razones indicadas anteriormente, esa unidad no se decreta, no puede llevarse a cabo por ejemplo mediante una reunión de representantes que se comprometen a firmar, sino que debe de ser algo trabajado. En primer lugar, es necesario trabajar por la unidad ideológica sólida que debe sin más dilación eliminar la discordancia y la confusión, que –seamos francos– reina entre los socialdemócratas rusos en la actualidad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Esto como decimos, no es una aspiración que nace porque nosotros seamos simples tozudos, sino porque responde a la necesidad histórica que tiene cada país de reunir en su organizar a los elementos conscientes más avanzados de la clase obrera, y por tanto a que dominen teóricamente el marxismo para poder así, acceder y conseguir los futuros objetivos fijados dentro de la organización revolucionaria comunista. Y este tipo de organizaciones como decimos, comienzan desde el inicio por lograr la unidad ideológica entre sus miembros:

«Sólo cuando una organización ha sido fundada, sólo cuando se ha establecido dicho puesto socialista ruso, podrá el partido poseer una base sólida y podrá convertirse en un hecho real, y, por tanto, una fuerza política poderosa. Tenemos la intención de dedicar nuestros esfuerzos a la primera mitad de esta tarea, es decir, a la creación de una literatura común, consistente en principio, capaz de unir ideológicamente la socialdemocracia revolucionaria, ya que consideramos esto como la apremiante demanda del movimiento de hoy y una condición necesaria preliminar para la reanudación de la actividad del partido». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Cuando Lenin planteaba la discusión para fijar su programa político jamás lo hizo con la idea de unir bajo él y su partido a todas las corrientes reinantes, sino para pulir y demarcar las líneas divisorias entre marxismo por un lado, y el revisionismo del marxismo fuera este para acabar en el premarxismo, el anarquismo, el liberalismo o el reformismo. El deseo que nace en una persona o grupo de querer alzar la bandera de la dichosa «unión» con elementos que en su seno se tiene contradicciones tan grandes, sólo corresponde a un deseo de un o unos oportunistas que intentan aglutinar en su seno a personas que le o les adulen mesianicamente, lo que finalmente, y hablando aquí del caso concreto de un partido, crearía una camarilla. También, podría ocurrir que otros acepten formalmente su programa –o exigencias mínimas–, lo que crearía una organización de masas abierto a cualquier elemento lo que crearía mayores contradicciones irresolubles, en ambos casos expresados de ejecución oportunista de un partido, la organización debido a su eclecticismo nadará en un mar de contradicciones donde muchas veces no se pondrán sus miembros de acuerdo tanto en objetivos cercanos; como tomar el poder –por ver diferentes maneras de ejecutar la acción, ver diferentes fuerzas motrices o aliados–, como en los objetivos lejanos; como implantar el socialismo –por ver diferentes tipos de socialismo o medios para llegar a este–. Lo mismo que estamos diciendo para el partido, podría decirse para cualquier tipo de coordinación que pretenda realizarse: de tales intentos saldrían las mismas consecuencias a causa de su electicismo ideológico. Veamos como lo expresa Lenin:

«Como hemos dicho, la unidad ideológica de los socialdemócratas rusos está aún por crear, y para ello es, en nuestra opinión, necesario tener una discusión abierta y global de las cuestiones fundamentales de principios y tácticas planteadas por los «economistas», bernsteinianos y «críticos» de hoy en día. Antes de que podamos unir, y con el fin de que podamos unirnos, debemos en primer lugar, trazar líneas firmes y definidas de demarcación. De lo contrario, nuestra unidad será puramente ficticia, la cual ocultará la confusión reinante, por ello es necesario aglutinarnos para su eliminación radical. Es comprensible, por tanto, que no tenemos la intención de hacer nuestra publicación un mero almacén de diversos puntos de vista. Por el contrario, vamos a llevar a cabo esta labor en el espíritu de la tendencia estrictamente definida anteriormente. Esta tendencia puede  ser expresada por la palabra marxismo, y no hace falta añadir que defendemos el desarrollo coherente de las ideas de Marx y Engels y enfáticamente rechazamos las equivocadas, imprecisas, y oportunistas «correcciones» que Eduard Bernstein, Peter Struve, y muchos otros han puesto de moda». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Declaración del Consejo de Redacción de Iskra, 1900)

Esas correcciones, son las mismas que se han visto históricamente dentro de las figuras que querían alterar las bases científicas del marxismo-leninismo, ya sea pretendiendo crear una vía acorde a sus posiciones y tomando lo que le era de interés en él pero manteniendo una doctrina de transformación de la sociedad con un pensamiento burgués intacto, o su táctica paralela, creer que la nueva doctrina es superior al marxismo-leninismo. Ahí radica la importancia de demarcar seriamente las limitaciones de las doctrinas del revisionismo moderno como paradigma a tomar en nuestro pensamiento, aunque sean sólo esbozos:

«Una actitud «tolerante» hacia dichas desviaciones teóricas hace que lograr la genuina bolchevización sea algo imposible. El dominio de la teoría del leninismo es esencial para lograr el éxito de la bolchevización de los partidos». (Komintern; Tesis sobre la bolchevización de los partidos comunistas adoptadas en el Vº Pleno de la Comisión Ejecutiva del Comité Central de la Komintern, 1925) 

Es por ello, que si uno quiere ser consecuentes a la hora de «bolchevizar» cualquier estructura, no puede eludir responsabilidades ideológicas. Llega por tanto a ser ridículo querer eclécticamente unir figuras tan dispares como Marx y Bakunin, Engels y Lassalle, Lenin y Rosa Luxemburgo, Iósif Stalin y León Trotsky, o Enver Hoxha y Mao Zedong, y ponerlos a todos sobre la base de que «todos eran grandes revolucionarios» de los que «se pueden extraer cosas buenas», o equiparar los presuntos errores cometidos por los primeros a los errores de gran calado de los segundos, que obviamente no son errores casuales, sino errores graves y continuos que tocan los principios más elementales del tesoro de la teoría y praxis de nuestra doctrina. El comunista que acepta el materialismo dialéctico como tal, debe tener un pensamiento crítico científico y a consecuencia de ello, tampoco debe cubrir los errores de las figuras a estudiar; sean estas marxistas o no, no debe de hacer esto por más que guarde un sentimentalismo hacia esa figura para llegar al núcleo de la verdad histórica y objetiva. Es por ello que quién realiza tal acción de idealizar a las figuras que tiene en simpatía y disimula u oculta sus errores cae en el antimarxismo. Quién hace esto cae en el idealismo; pues idealiza positivamente a esa figura en su cabeza, estigmatiza al resto y evita ponerla en evidencia, y en la metafísica; a la hora de separar y ocultar su teoría errónea y no compararla con el marxismo-leninismo. No hace falta mencionar tampoco a ese tipo de pretendidos marxistas que bajo el idealismo o el escepticismo dicen que el marxismo-leninismo –con la andadura que tiene a estas alturas– no tiene paradigma a seguir, que no puede diferenciarse lo que es o no es marxista, que tesis que está dentro de sus patrones o cuáles no, en consecuencia de este tipo de pensamiento, este tipo de marxistas-leninistas, no consideran al marxismo-leninismo como una ciencia: ellos no pueden ser marxista-leninistas.

Los revisionistas históricamente han intentado tomar ventaja de la llamada «unidad»:

«Ya es sabido que el objetivo del revisionismo moderno es asegurar su unidad en la diversidad, para liquidar la unidad de los marxista-leninistas». (Enver Hoxha; Las manifestaciones de los partidos marxista-leninistas y la actitud de China; Reflexiones sobre China, Tomo II, 28 de abril de 1977)


Rebajarse a las declaraciones formales sobre la unión de todas las «corrientes comunistas» es la forma más descarada de oportunismo, ya que corriente solo hay una; marxismo-leninismo, comunismo, socialismo científico, o como quiera decorarse a la hora de nombrarse, y estipula claramente con su teoría y práctica que figura está y quién no está dentro de esta corriente, que principios y axiomas y cuáles conforman la doctrina y cuales no, otro caso totalmente diferente sería, que el individuo no encuentre patrón a seguir dentro de la teoría marxista-leninista sobre un caso concreto, ni sepa descifrarlo con las herramientas que el marxismo-leninista proporciona gracias al materialismo-dialéctico, en este tipo de casos los errores que pueden emanar de una situación extraordinaria pueden ser perdonables los errores, ya que la dialéctica de los fenómenos nos pone ante nuevos retos y nos pondrá ante otros inimaginables, otra cosa diferente es como decimos, errar bajo teorizaciones conscientes quebrantando axiomas conocidos sin aportar prueba de porqué se atenta contra él, mucho más imperdonable es cuando se hace esto cargando con la fanfarronería que la «neoteoría» creada es mejora y superior a cualquier exposición del marxismo-leninismo en dicho tema.

Para descifrar a cada autor y su pensamiento para ello debemos formarnos en las obras de los autores clásicos como Marx, Engels, Lenin, Stalin, Hoxha, y otros, para que a partir de ahí, una vez que hayamos asimilado el marxismo-leninismo en lo mejor de nuestras posibilidades, evaluemos a todos los autores que se consideran dentro de esta misma doctrina –el marxismo-leninismo–, así como la de sus detractores, para saber detectar dicha alteración tanto en los abiertamente revisionistas con en los autodenominados marxista-leninistas que luego no resultan serlo, ya que muchas veces los revisionistas y sus variantes teóricas se esfuerzan por disfrazarse de marxista-leninistas:

«El mal, el peligro es que los revisionistas modernos continúan utilizando consignas que son la esencia de nuestra doctrina como guía para la acción, pero ellos despojan en su gestión de toda su fuerza y organización. No contentos de aplicar en la práctica lo contrario de estas fórmulas, las tuercen y las manipulan de un modo diabólico y tortuoso. El fin de los revisionistas modernos es, preservando ciertas fórmulas, deformar la doctrina marxista-leninista en conjunto, a la vez que se edifican toda una serie de otras nuevas teorías antimarxistas para corromper al proletariado de un país o al proletariado mundial para poder así prolongar la existencia de la burguesía capitalista, para alejar, por no poder totalmente eliminar, la revolución proletaria en un país particular donde las condiciones maduraron para este fin o ya sea también en varios países simultáneamente». (Enver Hoxha; Informe en el VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1976)

No debemos escatimar en paciencia para desmitificar muchas cosas tomadas por normales dentro del comunismo por las masas, debemos abrazar a cada simpatizante que se quiera informar por nuestra doctrina y explicarle en palabras llanas todo, lo mismo decimos para los militantes de otros partidos antimarxistas que quieran indagar y se cuestionen verdaderamente su pensamiento en pro de la objetividad científica. Tenemos como ejemplo la explicación del búlgaro Georgi Dimitrov sobre el apoyo que los marxista-leninistas y su partido deben otorgar a los elementos apolíticos o incluso a los elementos de partidos revisionistas o reformistas que se planten la validez de sus posiciones y las de sus partidos, se comenta que este sostén debe nacer de la experiencia de las propias masas de los baches de la dirigencia, y de la persuasión de los marxista-leninistas de que estos baches no son casualidad, sino que nacen de una política irradiada por su política burguesa que limita a las masas trabajadoras de triunfar hasta en cualquier tema de segundo orden de igual forma comenta que ha de entenderse el grado de velocidad en miembros de tal calibre a la hora de mudarse a posiciones revolucionarias:


«No hay que creer que los obreros socialdemócratas que se hallan bajo la influencia de la ideología de la colaboración, inculcada a lo largo de decenas de años, van a abandonar por sí mismos esta ideología bajo la acción de ciertas causas objetivas. No. Es deber nuestro, de los comunistas, ayudarlos a liberarse del paso de la ideología reformista. La explicación de los principios y del programa del comunismo debe realizarse con paciencia y camaradería, y en consonancia con el nivel de desarrollo político de cada obrero socialdemócrata. Nuestra crítica de la socialdemocracia deberá ser más concreta y sistemática. Tendrá que basarse en la experiencia de las propias masas socialdemócratas. Hay que tener presente que, basándose sobre todo en la experiencia de su lucha conjunta y hombro con hombro con los comunistas contra el enemigo de clase, podremos facilitar y acelerar a los obreros socialdemócratas su desarrollo revolucionario. (... ) Haremos cuanto depende de nosotros para facilitar la labor y la lucha común contra el enemigo de clase,
no sólo con los obreros socialdemócratas, sino también con los militantes activos de los partidos y organizaciones socialdemócratas que deseen sinceramente pasar a la posición revolucionaria de clase». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Komintern, 13 de agosto de 1935)


Para poder realizar y no fallar en esta tarea fácilmente, debemos reforzar sin pausa la formación ideológica, ya que es la única forma de combatir la ideología extraña y por supuesto de ejercer una enseñanza. Aminorar la exposición del revisionismo moderno –que siempre hemos denunciado– como puede ser el browderismo, titoismo, jruschovismo, maoísmo, eurocomunismo, el actual «socialismo del siglo XXI», o cualquier reformismo o autor del socialismo utópico de los cuales estos revisionismos beben,  es lo mismo que perpetuar lo que Lenin llamaba: «la discordancia y la confusión ideológica» en el movimiento comunista:

«No podremos alcanzar este objetivo si tememos y evitamos el debate en nombre de la preservación de «la unidad»: sólo los pequeño burgueses o los revisionistas temen el debate y la confrontación de las ideas por falta de conocimiento del marxismo bajo el paraguas de evitar la polémica, y sólo ellos pueden razonar así». (Vincent Gouysse; Comprender las divergencias sino-albanesas, 2004)

Ejercitando tal técnica correcta para saber discernir entre el marxismo-leninismo como la teoría más progresista de la humanidad  del resto de teorías fariseas, es fácilmente dejar en evidencia los endebles pilares en que descansan las variadas ramas del revisionismo moderno. Para fortuna nuestra, el transcurrir histórico destapa las carencias de los revisionistas poco a poco viendo como exige el método marxista-leninista del conocimiento de la verdad, que la teoría llevada a la práctica es donde se comprueban si realmente las teorías de los supuestos «marxista-leninistas» son ciertas, por ello el tiempo y la actividad práctica de los revisionistas van dando muestras y pruebas evidentes a las masas de su propia falsedad e inconsistencia:

«Cualquier enmascaramiento, falsificación o desviación de la teoría científica del marxismo-leninismo no puede tener larga vida. Tarde o temprano se desenmascara porque está en oposición con los ideales de la clase obrera, de los pueblos que luchan por la liberación, por la verdadera democracia, por el socialismo, por una sociedad sin explotadores ni explotados». (Enver Hoxha; Informe en el VIIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania, 1 de noviembre de 1981)

Los marxista-leninistas tan solo podemos acelerar este camino de arrancar la máscara a las teorías revisionistas ante los pueblos.

A esto una demostración de cómo deben portarse los marxista-leninistas para no repetir los errores del movimiento marxista-leninista internacional:

«La desgracia del movimiento comunista internacional fue que el apego al comunismo era a menudo más sentimental que doctrinal, incluso en vida de Stalin. Y es esta religiosidad la que usan los revisionistas para combatir la teoría y práctica del socialismo científico. Cuando se consideró urgente hacer frente a estas debilidades y aumentar la comprensión del marxismo-leninismo a un alto nivel científico, se encontraron con una gran resistencia pasiva –la indiferencia y la inacción– y activa –con hostilidad– de muchos ejecutivos del aparato del partido, el Estado y la economía. En el resto del movimiento obrero internacional, las desviaciones a menudo también se fueron fraguando poco a poco, ya sea en los partidos comunistas de los países imperialistas –con el socialchovinismo– o de los países dependientes –con el nacionalismo tercermundista–. En la Unión Soviética, los elementos hostiles como los jruschovistas eran ciertamente una minoría, pero estos elementos gozaron del apoyo de muchos elementos inertes. Viacheslav Mólotov fue el tipo de figura con la naturaleza característica de estos elementos inertes cuya comprensión de los nuevos acontecimientos era superficial y por lo tanto eran propensos a mostrarse inestables». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

El comunismo no necesita de gente bien intencionada pero pasiva, cobarde y conformista como Mólotov que obstaculizan la lucha contra oportunistas como Jruschov, sino que necesita de gente formada ideológicamente, fiel, valiente, y comprometida hasta sus últimos días como Hoxha.

Mientras un movimiento o un individuo marxista-leninista no comprenda la máxima básica de que debe pertrecharse del materialismo dialéctico como método para analizar los fenómenos sociales y que esto incluye una exclusión del sentimentalismo para analizar las cuestiones, dicho movimiento o dicho sujeto será un revolucionario que simpatiza con el marxismo-leninismo y aplica ciertas cosas de el que le gustan y acepta, pero jamás un marxista-leninista

Enver Hoxha, ya analizó cuáles eran las causas genéricas de la degeneración de los partidos marxista-leninistas:

1)  Debido a su permisión de fracciones y líneas sufrieron toda una serie de disputas internas entre la que incluyeron tendencias, expulsiones y escisiones, algo que llevó a estos partidos a desangrarse poco a poco, ya que no aplicaba el centralismo democrático; no existiendo una sola línea monolítica de pensamiento y acción, la dirección sólo se veía obligada a combatir a los desviacionistas cuando ponían en peligro su hegemonía y aún así no se sacaban las conclusiones necesarias:

«Por estas razones, entonces, en algunos pequeños partidos, desde el inicio aparecieron fricciones y se produjeron escisiones, no se tomaron medidas contra los facciosos, porque los miembros y dirigentes del partido no estaban familiarizados correctamente con las formas de organización  leninista-stalinista de partido en las peligrosas y complicadas condiciones de sus países. Por otra parte, ellos no proveyeron  que la reacción tendría la actividad del partido y sus miembros bajo permanente vigilancia y que se infiltrarían dudosos elementos, sus agentes, o simpatizantes vacilantes entre sus filas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

2) La mayoría los dirigentes de estos partidos caerían del debido nivel ideológico, tampoco promovían el estudio concienzudo para avanzar en este defecto, era un apego más sentimental que real a la doctrina marxista-leninista combinado con un seguidismo a otros partidos, de ahí hechos como no detectar a tiempo los acontecimientos nacionales e internacionales o detectarlas tarde –incluyendo los peligros que suponían para el partidos aplicar estas desviaciones antimarxistas–, lo que poco a poco iba minando la credibilidad de la organización y sus líderes, y anclaba a sus cuadros en el liberalismo, la parsimonia, y un bajo nivel ideológico en general:

«De hecho, desde la formación de algunos de estos partidos era bien aparente que entre sus miembros había elementos que no estaban perfectamente templados con las ideas marxistas-leninistas o cuyo dominio de ellas era superficial y más bien por razones sentimentales. Por ejemplo, muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo para obtener un profundo conocimiento sobre el rol principal del partido como el destacamento de vanguardia de la clase obrera y de las principales dificultades que encontrarían en su lucha y trabajo bajo las salvajes condiciones de opresión y explotación del régimen capitalista, un régimen hostil, en primer lugar, para los marxistas-leninistas». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

3) Las ilusiones sobre los derechos y libertades sobre todo en la democracia burguesa, y la no comprensión del rol del partido, les hacía ser blancos fáciles para ser víctimas de la represión:

«Estos partidos fueron formados y desarrollados, por así decirlo, en completa legalidad. (...) Por ejemplo, muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo para obtener un profundo conocimiento sobre el rol principal del partido como el destacamento de vanguardia de la clase obrera y de las principales dificultades que encontrarían en su lucha y trabajo bajo las salvajes condiciones de opresión y explotación del régimen capitalista, un régimen hostil, en primer lugar, para los marxistas-leninistas. (...) Así en el ámbito de la organización, algunos de estos nuevos partidos marxista-leninistas que se separaron de los partidos revisionistas, se organizaron, por decirlo así, en las mismas formas legales que los partidos revisionistas y socialdemócratas, así la entera opinión política e ideológica del país no podía fallar en ejercer una influencia dentro de sus filas. Hasta a día de hoy, hay miembros de estos partidos que piensan que ellos pueden militar en las formas legales como comunistas marxista-leninistas sin que ser molestados por el capitalismo y sin sufrir su aparato de represión. En estas circunstancias, entonces, difícilmente se puede decir que allí existe ese núcleo sólido tan fuerte como para poder estar en condiciones de ilegalidad, siendo capaz de resistir un ataque repentino de la reacción, ataque que seguramente se realizará contra el partido. (...) En resumen, algunos de estos partidos marxista-leninistas se diluyeron debido a que no tenían una adecuada comprensión de su papel en la revolución, porque no se organizaron para una feroz lucha contra la reacción organizada y armada y los partidos revisionistas y socialdemócratas, los cuales tienen gran experiencia y numerosos medios para combatir a cualquier oponente que emerge, para lucha y socavar su trabajo, como las herramientas del capital que son». (Enver Hoxha; El movimiento marxista-leninista y la crisis mundial del capitalismo, agosto de 1979)

Lo que ha venido abundando desde inicios de los 90 debido a la falta de partidos de vanguardia del proletariado que defiendan su doctrina de clase, el marxismo-leninismo, ha sido un intento constante de rehabilitación del revisionismo en todas sus variantes.

¡Por todo esto expuesto, finalizamos el breve escrito con la siguiente proclama!:

«¡La unidad es una gran cosa y una gran consigna! Pero la clase obrera necesita la unidad de los marxistas y no la unidad de los marxistas con los enemigos y los falseadores del marxismo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Unidad, 1914) (Equipo de Bitácora (M-L)Diferencias entre unidad entre marxista-leninistas y la unión ecléctica de pretendidos o simpatizantes de dicha doctrina; Equipo de Bitácora (M-L), 2013)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Sobre la antigua denominación de socialdemócrata para todos los marxistas, ha de saberse que esto evolucionó con el devenir de los años dividiéndose entre: los revisionistas que volvían al reformismo que eran los «socialdemócratas» y los revolucionarios que mantenían el marxismo y sus principios sin adulterar, que eran los «comunistas»:

«Lenin exigía, además, que el partido se quitase la «ropa sucia», que dejase de llamarse partido socialdemócrata. Socialdemócratas se llamaban también los partidos de la II Internacional y los mencheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el partido bolchevique adoptase el nombre de partido comunista, que era como llamaban a su partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que la meta final del partido bolchevique es la consecución del comunismo».
(Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

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