«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

jueves, 26 de marzo de 2015

La histórica influencia negativa del revisionismo chino en los movimientos de liberación nacional y los partidos comunistas en Asia, y los deberes de los nuevos partido marxista-leninistas asiáticos; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

De izquierda a derecha: Võ Nguyên Giáp, Trường Chinh, Lê Duẩn, Hồ Chí Minh, miembros del Partido Comunista de Vientam

1) En Asia, la influencia del revisionismo chino influyó tempranamente a la mayoría de partidos comunistas asiáticos durante los 40, pero fue con la libre «vía al socialismo» propagada por el jruschovismo tras la contrarrevolución en la Unión Soviética y el movimiento comunista internacional de los 50, sumado a la desenfrenada propaganda china lo que supuso el aumento real de la influencia y consiguiente contagio del revisionismo chino en la mayoría de los partidos asiáticos. 

El pensamiento arraigado en estos líderes asiáticos maoístas o filomaoístas se manifestaban en conceptos como: (1) la idea de mantener una alianza inmutable con la burguesía nacional tanto en la etapa de liberación nacional como en la construcción del socialismo o 
la posibilidad del «tránsito pacífico» de las clases explotadoras al socialismo; (2) la confusión de conceptos entre lo que es frente y lo que es partido, y los roles y funciones de cada uno; (3) la lucha coyuntural contra el revisionismo yugoslavo y soviético y yugoslavo mediante cuestiones nacionalistas-oportunistas y no bajo principios ideológicos con la consiguiente la conciliación e incluso contagio de las tesis de estos revisionismos; (4) la aceptación de la teoría de la «lucha de dos o más líneas» en el partido, con el consiguiente surgimiento de fraccionalismos y líneas internas; (5) la aceptación de la teoría de que el «campo debe cercar a las ciudades» descuidando o abandonando el trabajo en estas últimas y poner la «agricultura como base de la economía» usando la ley del valor en la economía y tomando al campesinado como la «clase revolucionaria y dirigente del proceso»; (6) juntar el pensamiento de las religiones nacionales con el marxismo-leninismo y poner al ejército por delante del partido; (7) el hecho de propagadas los mitos de los «errores de Stalin» creados por la propaganda maoísta para colocar a Mao Zedong por delante de Stalin; o el hecho de (8) apoyar las teorías internacionales revisionistas yugoslavas, chinas y soviéticas de los «no alineados» y los «tres mundos» o la «división internacional del trabajo». Todas estas desviaciones burguesas y pequeño burguesas maoístas que pueden ser vistas en líderes asiáticos como (1) Lê Duẩn, (2) Hồ Chí Minh, (3) Võ Nguyên Giáp, (4) Aidit, (5) Pol Pot; (6) Kim Il Sung y (7) Armando Liwanag, (8) Kim Jong Il, en realidad han sido el denominador común entre estos jefes de partidos comunistas asiáticos, conceptos que como era inevitable han hecho degenerar a dichos partidos, consiguiendo o bien no se consiguiera derrotar a las fuerzas reaccionarias locales y extranjeras o que una vez derrotadas no se empezara la construcción del socialismo.

Como era inevitable eso hizo desorientar y degenerar ideológicamente a dichos partidos comunistas y convertirlos en partidos revisionistas, consiguiendo sonadas derrotas en los movimientos de liberación nacional como fue el caso en la India, Filipinas o Malasia. E incluso en los casos de un triunfo de movimientos influenciados aunque fuera mínimamente por el revisionismo chino como el caso de la propia China, Corea, Camboya, y Vietnam hay que tener en cuenta los factores externos favorables: 1) como la ayuda permanente territorial y material de Estados vecinos; la amplia alianza a base de concesiones con las clases explotadoras locales; 2) la debilidad de los gobiernos proimperialistas locales y el contexto desfavorable para el imperialismo en dichos países. Pese a todo la revolución anticolonial, antiimperialista y antifeudal que pretendían estos movimientos no se llevó hasta los últimos términos, se estancó y por descontado no hubo un avance hacia una revolución socialista, sino que se perpetuó la burguesía nacional y floreció el capitalismo nacional, e incluso condujo a dichos países a un estatus neocolonial dependiente de diferentes imperialismos. El maoísmo ha sido pues un caballo de Troya en los movimientos de liberación nacional, una agencia de la burguesía nacional en los partidos comunistas en los países coloniales y neocoloniales.

2) La política exterior del revisionismo chino decía apoyar a los partidos comunistas que luchaban contra el imperialismo y sus lacayos, pero cualquiera a estas alturas sabe que la dirección china a la vez apoyaba e incluso recibían con todos los honores a los líderes de los gobiernos contra los que las fuerzas comunistas asiáticas se estaban enfrentando, e incluso en sus discursos, periódicos, y demás les colmaban de calificaciones de «valientes revolucionarios y antiimperialistas». Encontramos paradigmas de este tipo en los contactos con: los comunistas y el gobierno de Ferdinand Marcos en Filipinas, los comunistas indonesios y el gobierno de Suharto, los comunistas tailandeses y el gobierno de Thanom, los comunistas malayos y el gobierno de Abdul Razak, los comunistas singapurenses y el gobierno de Lee Kuan Yew, los comunistas pakistaníes y el gobierno de Ayub Khan, los comunistas ceilandeses y el gobierno de Bandaranaike, los comunistas iraníes y el gobierno del Shá Pahlevi, y sépase que esto solo es el caso de los países asiáticos. Todos estos gobiernos eran descaradamente anticomunistas y proestadounidenses. Por tanto, con la oficialización de la teoría de los «tres mundos» a inicios de los 70 –que certificaba la intención de aliarse al imperialismo estadounidense y sus aliados para aupar a China como potencia imperialista– el arquetipo de estas relaciones dieron su última vuelta de tuerca: el apoyo diplomático, militar y financiero a estos gobiernos reaccionarios se intensificó, a la vez que las declaraciones y ayuda de cara a la galería a los movimientos revolucionarios antiimperialistas que luchaban contra estos gobiernos se abandonó definitivamente. Para ver un testimonio de primera mano de entonces, véase:

Equipo de Bitácora (M-L); Enver Hoxha; Reflexiones sobre China, Tomos I (1962-1972) y II (1972-1977) en español

o

The Espresso StalinistSeries sobre el revisionismo chino: La política exterior de la china maoísta en los 70 y 80


Anotaciones de Bitácora (M-L):

Un buen ejemplo que resume todo esto, es la siguiente cita de Enver Hoxha sobre los desarrollos del maoísmo:

«Después de la guerra también en Asia fue destruido el régimen colonial. En las viejas colonias se levantaron Estados nacionales aparte. En la mayoría de ellas se logró esta victoria por medio de una lucha sangrienta de las masas populares contra los colonizadores y los ocupantes japoneses.

La lucha libertadora del pueblo chino, la cual condujo a la liberación de China de la dominación imperialista japonesa, al aniquilamiento de las fuerzas reaccionarias de Chiang Kai-shek y al triunfo de la revolución democrática, tuvo una particular importancia para el derrocamiento del colonialismo en Asia. Esta victoria, en un gran país como China, ejerció durante uno cierto periodo una amplia influencia en la lucha de liberación de los pueblos asiáticos y de los otros países dominados por las potencias imperialistas o dependientes de ellas. Pero esta influencia fue debilitándose paulatinamente, debido a la línea que adoptó la dirección china tras la creación de la República Popular China.

La dirección china proclamó que su país se había encauzado por el camino del desarrollo socialista. Los revolucionarios y los pueblos del mundo amantes de la libertad, que deseaban y esperaban que se convirtiera en un poderoso baluarte del socialismo y de la revolución mundial, saludaron calurosamente esta proclamación. Pero sus deseos y sus esperanzas no se confirmaban. La gente no quería creérselo, pero los hechos y la situación muy agitada y turbulenta que predominaba en China, demostraban que no marchaba por el camino del socialismo.

Mientras tanto, la lucha de los pueblos asiáticos no había finalizado con la destrucción del colonialismo. Los colonizadores ingleses, franceses; holandeses, etc., a pesar de verse obligados a reconocer la independencia de las antiguas colonias, querían conservar sus posiciones económicas y políticas a fin de continuar la dominación y la explotación bajo otras formas, neocolonialistas. La situación se agravó particularmente por la penetración de los Estados Unidos en Asia, sobre todo en el Lejano Oriente, en el Sudeste Asiático y en las islas del Pacífico. Esta zona tenía y tiene una gran importancia económica, militar-estratégica para el imperialismo estadounidense. Allí estableció grandes bases y flotas de guerra. Paralelamente a esto, el capital estadounidense clavó sus sangrientas garras en la economía de esas regiones. Entretanto, los imperialistas estadounidenses llevaron a cabo operaciones militares y acciones diversionistas de gran envergadura a fin de aplastar los movimientos de liberación nacional en los países asiáticos. Lograron dividir Corea y Vietnam en dos partes, implantando regímenes reaccionarios, títeres, en la parte sur de estos países. En numerosas excolonias y semicolonias de Asia, se establecieron regímenes latifundista-burgueses proimperialistas. De este modo se conservaron allí la esclavitud medieval, la feroz dominación de los maharajás, los reyes, los jeques, los samuráis, de los señores capitalistas «modernizados». Estos regímenes vendieron otra vez sus países a los imperialistas, sobre todo al imperialismo estadounidense, frenando así considerablemente el desarrollo económico, social y cultural de estos países.

En estas condiciones, los pueblos de Asia, agobiados de nuevo por el pesado yugo imperialista y latifundista-burgués, se vieron obligados a no deponer las armas y continuar su lucha libertadora a fin de liquidar este yugo. En general esta lucha estaba dirigida por los partidos comunistas. Allí donde estos partidos habían logrado crear estrechos vínculos con las masas, hacerlas conscientes de los objetivos libertadores de la lucha, movilizarlas y organizarlas en la guerra revolucionaria, esta lucha dio resultados positivos. La histórica victoria que lograron los pueblos de Indochina, especialmente el pueblo vietnamita, sobre los imperialistas estadounidenses y sus lacayos nativos latifundista-burgueses, demostró al mundo entero que el imperialismo, aún siendo como los Estados Unidos una superpotencia, a pesar de su gran potencial económico y militar y los modernos medios de guerra de que dispone y que utiliza para aplastar los movimientos de liberación, no es capaz de someter a los pueblos y los países, sean grandes o pequeños, cuando están decididos a hacer cualquier sacrificio y luchar con abnegación hasta el fin por su libertad y su independencia.

En muchos otros países de Asia, como Birmania, Malasia, Filipinas, Indonesia, etc., se han desarrollado y todavía siguen desarrollándose las luchas armadas de liberación. Estas luchas seguramente habrían logrado mayores éxitos y victorias, si no hubieran sido obstaculizadas por la intervención y las actitudes antimarxistas y chovinistas de la dirección china, intervención y actitudes que han provocado escisión y desorientación en las fuerzas revolucionarias y los partidos comunistas a la cabeza de estas fuerzas. Por un lado, los dirigentes chinos decían apoyar las luchas libertadoras en estos países y, por el otro, sostenían a los regímenes reaccionarios, recibían y despedían con mil honores y elogios a sus cabecillas. Siempre han seguido la estrategia y la táctica de someter los movimientos de liberación en los países asiáticos a su política pragmática y a sus intereses hegemonistas. De continuo han presionado a las fuerzas revolucionarias y a la dirección de estas fuerzas para imponerles esa política. En realidad, no se han preocupado por la causa de la liberación de los pueblos y de la revolución en los países de Asia, sino por la realización de sus designios chovinistas. No han ayudado a estos pueblos, sólo los han obstaculizado.

El problema de la revolución y de la lucha de liberación en Asia, jamás se ha planteado con tanta fuerza y de manera tan imperativa como ahora; nunca ha sido más complicado que ahora ni su solución más difícil.

Esta complicación y estas dificultades se deben principalmente a los designios y a la actividad de los imperialistas estadounidenses, así como a los designios y la actividad antimarxista, antipopular, hegemonista y expansionista de los revisionistas y los socialimperialistas soviéticos y chinos.

Los Estados Unidos ambicionan e intentan por todos los medios y con todas sus fuerzas conservar y reforzar sus posiciones estratégicas, económicas y militares en Asia, puesto que consideran estas posiciones como vitales para sus intereses imperialistas.

A su vez, también la Unión Soviética aspira a extender las posiciones que ya ha conquistado en Asia y se vale de todos los medios y de todas sus fuerzas para conseguirlo.

China, por su parte, ha manifestado abiertamente su pretensión de dominar a los países asiáticos, estableciendo a este efecto alianzas con los Estados Unidos y, en especial, con el Japón, y contraponiéndose directamente a la Unión Soviética.

También el Japón pretende dominar en Asia; éste es un viejo objetivo del imperialismo japonés.

Por eso la Unión Soviética tiene tanto miedo a la alianza sino-japonesa y la combate tan enérgicamente. Pero tampoco el imperialismo estadounidense desea que esta alianza cobre mayores proporciones y supere los límites en que puedan verse afectados sus intereses, a pesar de que estimuló y dio el «visto bueno» a la firma del Tratado entre China y el Japón juzgando desde el punto de vista de que este tratado puede frenar la expansión soviética que va en perjuicio de la dominación estadounidense.

También la India, que es un gran país, tiene la ambición de convertirse en una gran potencia nuclear y con peso en Asia, de desempeñar un papel particular, sobre todo dada su posición estratégica en el cruce de los intereses expansionistas de las dos superpotencias imperialistas, la estadounidense y la soviética, en el Océano Indico y el Golfo Pérsico, y en sus fronteras septentrionales y orientales.

Tampoco el imperialismo inglés ha renunciado a sus designios de dominar los países asiáticos. Otros Estados capitalista-imperialistas tienen asimismo una meta análoga.

Por esta razón Asia constituye hoy día una de las zonas en las que tienen lugar las rivalidades interimperialistas más agudas; se han creado, por lo tanto, muchos focos peligrosos que amenazan con transformarse en conflagraciones mundiales, que serían pagadas por los pueblos.

Para sofocar las revoluciones y las luchas de liberación en los países de Asia y abrir paso a sus planes hegemonistas y expansionistas, los revisionistas soviéticos y chinos, en una febril competencia entre sí, han realizado y realizan un trabajo muy sucio de escisión y de zapa en el seno de los partidos comunistas y de las fuerzas revolucionarias y amantes de la libertad de estos países. Esta actividad fue una de las causas principales de la catástrofe que sufrió el Partido Comunista de Indonesia, de la escisión y del desbaratamiento del Partido Comunista de la India, etc. Predican la alianza y la unidad del proletariado y de las amplias masas populares con sus respectivas burguesías reaccionarias, esforzándose cada uno por separado en granjearse la amistad de estas burguesías dominantes.

La injerencia de los socialimperialistas soviéticos y chinos en los diversos países de Asia, partiendo de sus posiciones y sus objetivos hegemonistas y expansionistas, amenaza con grandes peligros a los movimientos de liberación de estos pueblos y ha puesto directamente en peligro también las victorias de la lucha de liberación en Vietnam, Camboya y Laos.

En los países asiáticos, las fuerzas revolucionarias y amantes de la libertad, dirigidas por los partidos comunistas marxista-leninistas, deben enfrentar y desbaratar tanto el peligro que proviene de la reacción interna, armada por los amos imperialistas, como los peligros procedentes de la actividad escisionista y de zapa, y de los planes hegemonistas y expansionistas de los revisionistas soviéticos y chinos. Además deben liberarse de una serie de antiguas ideas y concepciones reaccionarias; religiosas, místicas, budistas, brahmanistas, etc., que frenan el movimiento. Del mismo modo no deben permitir que arraiguen «nuevas» ideas y concepciones reaccionarias, como las ideas revisionistas jruschovistas, maoístas y otras teorías igual de reaccionarias, que desorientan a las masas, las engañan, las despojan de su espíritu combativo de clase, las meten en callejones tortuosos y sin salida.

Es cierto que la lucha de liberación que tienen por delante los pueblos de Asia es difícil, es cierto que choca con muchos obstáculos, pero no hay ni habrá lucha de liberación ni revolución fáciles, que no sorteen grandes dificultades y obstáculos, que se lleven a cabo sin sangre y sin grandes sacrificios, para alcanzar la victoria final». (Enver HoxhaEl imperialismo y la revolución, 1978)

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