«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

miércoles, 29 de abril de 2015

La correcta resolución de la histórica tarea de los marxista-leninistas albaneses de acabar con el espíritu faccionalista del pasado y establecer las normas marxista-leninistas de partido


«Con la elaboración e implementación de una línea revolucionaria correcta, el rol decisivo fue jugado por la organización proletaria del partido, fijándose una inquebrantable y rigurosa implementación revolucionaria de las normas leninistas, especialmente de la unidad de acero entre sus filas.

El centralismo democrático, como principio básico de la construcción y vida del partido, la consciente disciplina rigurosa en llevar a cabo las directivas, decisiones y tareas, el estrechamientos de lazos con las masas colectivas como el más alto principio del liderazgo, espíritu de iniciativa y autoactividad, rendir cuentas a los demás y demandar cuentas por cuenta de los órganos y de los cuadros elegidos y de todo comunista, desarrollo de la crítica y la autocrítica, información regular y precisa, discreción y salvaguardar los secretos de partido; estos eran los principios y normas subyacentes más importantes de las organización, de la vida y la actividad del partido.

En el curso de la Guerra de Liberación Nacional una de las tareas principales fue el incesante fortalecimiento del partido en su totalidad, de cada una de sus células, y órganos de dirección. Sobre los destacamentos y unidades partisanas, o fuera de ellas, el camarada Enver Hoxha señalaba:

«Las células deben estar en el primer plano del trabajo, deben mejorar sin cesar su rol de liderazgo, nunca permitir escapar a su ojo y responsabilidad, deben llegar a ser una fuente de movilización e inspiración para todos». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

Las filas del partido, como nos instruía el camarada Enver Hoxha, debían crecer, sobre todo, a partir de sanos elementos obreros, pero también con campesinos y otros luchadores revolucionarios, y las puertas del partido debían estar cerradas para los espías disfrazados y provocadores, para los charlatanes y cobardes, los intrigadores y anarquistas. Y en este tema se añadía:

«No necesitamos de miembros de partido perezosos, con falta de iniciativa, charlatanes y cobardes. O bien son ardientes comunistas, o debemos deshacernos de estas cadenas y grilletes que nos impiden avanzar hacia adelante. El partido está y debe estar a la ofensiva». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

El proceso de desarrollo revolucionario del partido estuvo basado sobre la lucha por la unidad entre sus filas, como la más poderosa arma que tenía sus manos el partido para hacer frente y superar los ataques del enemigo, pudiendo continuar y desarrollar persistentemente la línea y política del partido.

La lucha contra los grupos y elementos antipartido, que planteaba la mayor amenaza para la unidad, no fue una lucha ordinaria sino una feroz lucha por la defensa de la pureza ideológica y la correcta solución de los principales problemas políticos y organizativos de la línea general del partido:

«Sobre esta cuestión no hay ninguna tolerancia, ni trato político infantil, ni debe haber el menor rastro diplomático. La genuina unidad debe lograrse solo a través del total desenmascaramiento de los principios trotskistas, liquidacionalistas, anticomunistas». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

En el proceso de implementación de estas enseñanzas, el partido se mantuvo sobre fuertes posiciones revolucionarias basadas en la ideología marxista-leninista, no haciendo concesiones de principio sino golpeando y exponiendo las raíces de todos los conceptos extraños y puntos de vista errados, sin permitirlos echar raíces, crecer, y convertirse en tendencias ideológicas opuestas al marxismo-leninismo.

En el curso de la lucha para la implementación de una correcta línea revolucionaria política marxista-leninista, el partido no permitió en el partido la existencia de una segunda línea como los trotskistas y elementos hostiles buscaban imponernos, porque esto habría inevitablemente creado confusión, división, y el finalmente el decaimiento del partido.

Aplicando y defendiendo estos principios y normas de una manera revolucionaria, el partido no permitió la existencia de fracciones, y cuando ellas emergieron, se libró una severa lucha para su completa destrucción, como se hizo desde el principio en relación con el grupo de Anastas Lula y Sadik Premte». (Jorgji Sota; El Partido Comunista de Albania fue fundado sobre unos sanos principios ideológicos y organizativos; Sobre la obra del camarada Enver Hoxha: Cuando el partido estaba naciendo, 1981)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

¿Cómo podríamos explicar al lector que es una fracción en un partido? Con las palabras del magnífico marxista-leninista español Pedro Checa:

«¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc. a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro, que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido van tomando forma y desarrollo». (Pedro Checa; Qué es y cómo funciona el partido comunista, 1937)

Una de las diferencias entre el trotskismo y el leninismo en el concepto organizativo de partido, era la cuestión de la permisión o no de fracciones en el partido, es de decir de plataformas paralelas al liderazgo legítimo y elegido por los órganos del propio partido como hemos visto en la definición anterior. Ante ello Lenin explica su posición frente a este fenómeno:

«Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. (...) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.–. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, del 8 al 16 de marzo de 1921)

El trotskismo por medio de su líder declaraba sin embargo:

«La Cuarta Internacional nunca ha prohibido las facciones y no tienen intención de hacerlo. Las facciones han existido y seguirán existiendo entre nosotros». (Lev Trotski; Trotskismo y el PSOP, julio de 1939)

Y ello no fue un giro del trotskismo, ha sido la esencia de su principal líder desde sus inicios:

«Trotski, por un lado, representa solamente sus vacilaciones personales y nada más. En 1903, fue menchevique; en 1904, abandonó el menchevismo; en 1905 regresó al menchevismo haciendo gala de frases ultrarevolucionarias; en 1906 los dejó nuevamente; a fines de 1906 abogó por acuerdos electorales con los Kadetes –estando una vez más con los mencheviques–; y en la primavera de 1907, en el Congreso de Londres, dijo que difería de Rosa Luxemburgo en «matices específicos de ideas en vez de líneas políticas». Un día Trotski plagia del acervo ideológico de una facción, al siguiente día plagia de la otra, y después se declara por encima de las facciones». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Significado histórico de la lucha interna en el partido en Rusia, 1910)

Las fracciones aparte de ser en sí una plataforma organizativa paralela al partido, suelen ir acompañadas también de una línea programática, ideológica, y política propia, también paralela a la oficial del partido. Los marxista-leninistas albaneses nunca permitieron ni fraccionalismos ni líneas paralelas al partido. Y una de las tareas de los albaneses en años sucesivos fue derribar las tesis trotskistas de partido que el revisionismo chino propagaba: o bien que eran beneficioso para la unidad la formación de varias líneas –perorata propagandística de los 40 y 50 o que era inevitable la formación de dos o más líneas en el partido –perorata propagandística de los 60 y 70–:

«El tratamiento deformado de este problema en la vida social también está conectado con su tratamiento deformado dentro del partido. De acuerdo con el «pensamiento Mao Zedong», el partido de la clase obrera está dividido en clases antagónicas, con su jefatura burguesa y proletaria, y como resultado de ello, existen en forma objetiva e inevitablemente dos líneas en el seno del partido, que expresan los intereses de estas dos clases. En esta cuestión también  tenemos que lidiar con una flagrante desviación del marxismo-leninismo. (...) La línea del partido es un complejo de directrices y orientaciones para todo un período histórico; define los objetivos del partido, así como los métodos para llegar a ellos. El partido de la clase obrera puede tener una sola línea, la línea de la revolución, de la dictadura del proletariado, de la construcción del socialismo y el comunismo. (...) Esta lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, es el reflejo de la lucha de clases que ocurre en la sociedad. Sin embargo, la lucha de clases en el partido no se expresa en todos los casos y de manera inevitable, como una lucha entre dos líneas. La lucha de clases en el partido es objetiva e inevitable, pero no lo es la existencia de dos líneas. (...) Aceptar que la línea burguesa en el partido existe objetivamente, independientemente de los deseos del pueblo, significa aceptar el concepto fatalista y antidialéctico que confunde la posibilidad con la realidad. Puesto que la aparición de la línea burguesa es sólo una posibilidad, presentarla como algo que existe fatalmente significa abrir el camino, de manera consciente, a la línea burguesa en el partido y minar al partido, la dictadura del proletariado y el socialismo. Los acontecimientos que tienen lugar en China actualmente son consecuencia directa de la autorización hecha por Mao Zedong para que en el partido coexistan dos líneas opuestas». (Foto Çami; Contradicciones, clases y lucha de clases en el socialismo, 1980)

La lucha de los marxista-leninistas albaneses contra las teorías trotskistas en la creación de su partido único del proletariado


«Una de las causas políticas e ideológicas más importantes, que condujeron a la derrota y expusieron la traición de todos los elementos y grupos hostiles antimarxistas en las filas del partido, fue que ellos nunca llegaron a evaluar correctamente el gran potencial político e ideológico del partido, su experiencia revolucionaria en el campo del la dominación y la aplicación del marxismo-leninismo, que entre otros, provoco la derrota de los trotskistas Anastas Lula y Sadik Premte.

Basándose en formas teóricas dogmáticas y en fragmentos asilados tomados prestados del arsenal de las ideologías antimarxistas reaccionarias, ellos intentaron imponer sus puntos de vista erróneos en el movimiento comunista, y después en el propio partido clamando que el campesinado era «retrógrado», «conservador», «reaccionario», y que los comunistas «no debemos trabajar con ellos, «no debemos ir a la guerra con ellos, etc. O estaba la llamada teoría de «entrenar» a los cuadros y «preservarlos», sostenida por Andrea Zisi, Zef Mala, Niko Xoxi y otros:

«Quienes seguían estas tesis y llegaban a la conclusión de que hasta que las condiciones para la revolución (!) fueran creadas, los comunistas no debíamos hacer nada que no fuera «prepararnos teóricamente», «familiarizarnos con la literatura», y protegernos a nosotros mismos, esto era, escondernos de la lucha actual real que se daba, con el objetivo de que cuando el «soñado momento llegara», estos «hombres ilustrados» pudieran proclamar sus conocimientos en las calles y tomar el poder». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

La base ideológica y organizativa marxista-leninista del partido, su línea política trabajada y afirmada en el curso de la severa y consistente lucha para exponer radicalmente estos puntos de vistas trotskistas, hostiles y antipartido, tesis que como el camarada Enver Hoxha dijo:

«Huelen a fascismo y su origen denota que están cocinadas en la cocina del ocupante fascista». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981) (Jorgji Sota; El Partido Comunista de Albania fue fundado sobre unos sanos principios ideológicos y organizativos; Sobre la obra del camarada Enver Hoxha: Cuando el partido estaba naciendo, 1981)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

[1] Entre los grupos comunistas de Albania que formarían el futuro Partido Comunista de Albania el grupo más reciente en historia, el llamado Grupo de los Jóvenes fue influenciado en gran parte por las tesis antimarxistas de sus cabecillas entre los cuales algunos de ellos anidaban tesis trotskistas como la teoría de los cuadros, el clásico concepto temprano del campesinado del trotskismo o la teoría de las fuerzas productivas que calificaba de imposible la construcción del socialismo sin pasar por la etapa capitalista de desarrollo: 

«La dirección del Grupo de los Jóvenes formuló una plataforma ideológica y política antimarxista. Sostenía que en Albania no había proletariado, ni existía la lucha de clases, por lo tanto no había una base para fundar el partido comunista, y que el campesinado era conservador, reaccionario y no podía ser aliado de la clase obrera. Esta dirección había asimilado la teoría trotskista sobre la educación y preservación de los cuadros. Consideraba que era muy perjudicial trabajar y vincularse con las masas ¡porque se exponía a los cuadros! Así como Zef Mala y Niko Xoxi, los cabecillas de este grupo pensaban que la ocupación fascista desarrollaría el capitalismo, acrecentaría el proletariado y fortalecería los vínculos entre los obreros albaneses e italianos, y de esta manera se desarrollaría la lucha de clases y se crearían las condiciones para la fundación del partido comunista de Albania que dirigiría la lucha por el triunfo del socialismo (!). Los jefes del Grupo de los Jóvenes y algunos de sus seguidores degeneraron en una secta de anarquistas». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, Segunda Edición, 1982)

El Grupo de Shkodra también fue parcialmente infectado de tesis de este tipo. Uno de los requisitos de los marxista-leninistas para lograr la unidad Grupo de los Jóvenes, del Grupo de Korça y del Grupo de Shkodra era la explicación, refutación y eliminación de esas tesis antimarxistas para lograr el nuevo partido único del proletariado albanés, es decir el Partido Comunista de Albania. Por supuesto como demandaba el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, el Grupo Zjarri, abiertamente trotskista, no fue invitado a las reuniones, debates, críticas y autocríticas que llevaron a la creación del nuevo partido único del proletariado fundado en noviembre de 1941:

«Del 8 al 14 de noviembre de 1941, en Tirana se llevó a cabo en la clandestinidad la reunión de los Grupos Comunistas para fundar el partido, en la que participaron 15 representantes. Entre ellos estuvieron Enver Hoxha, Qemal Stafa, Vasil Shanto y Pilo Peristeri. El problema principal, para el cual fue convocada la reunión, se resolvió en principio desde el comienzo. El 8 de noviembre fue adoptada la decisión histórica de realizar la fusión de los grupos y de fundar el Partido Comunista de Albania (PCA). La reunión escuchó los informes sobre la actividad de cada grupo, poniéndose de relieve los éxitos y las deficiencias del movimiento comunista en Albania y debatió los problemas vitales que tendría en adelante el partido. La mayoría de los representantes expresaron su resolución de poner fin a la división y crear un partido marxista-leninista único, con una sólida unidad organizativa e ideológica y con una línea política combativa. Solamente Anastas Lula y Sadik Premte, dirigentes principales y representantes del Grupo de los Jóvenes, se esforzaron en obstruir el logro de este objetivo. No se atrevieron a pronunciarse abiertamente contra la unión de los grupos comunistas, porque ésta era reclamada insistentemente por las bases Pero sí presentaron y defendieron los conocidos puntos de vista trotskistas de su grupo y de otros traidores del marxismo-leninismo. Trataron de demostrar sobre todo la «ausencia del proletariado», el «carácter reaccionario y conservador del campesinado», la «falta de cuadros preparados», «el peligro que representa la propaganda y agitación abierta contra el fascismo para los cuadros» y «la vanidad de contar con la ayuda y respaldo de la Unión Soviética»(!). Con estos argumentos se esforzaban en crear la idea de que la fundación de un partido comunista único sería puramente formal y que este partido nunca lograría ser el guía del pueblo albanés ni dirigir la lucha por la liberación nacional. Contra estas tesis liquidacionistas se llevó a cabo una lucha de principios dirigida por Enver Hoxha con el apoyo de Qemal Stafa y otros participantes en la reunión que mantenían una posición marxista-leninista. Guando vieron su fracaso, Anastas Lula y Sadik Premte aceptaron en apariencia someterse a la mayoría y se comprometieron a ejecutar las decisiones de la reunión». (Partido del Trabajo de Albania; Historia del Partido del Trabajo de Albania, Segunda Edición, 1982)

La mayoría de sus cabecillas como Anastas Lula y Sadik Premte al no adaptarse al espíritu y normas del nuevo partido marxista-leninista y continuar con las viejas actitudes de «espíritu de grupo», rivalidad, arribismo y abierto fraccionalismo en el nuevo Partido Comunista de Albania, serían finalmente expulsados en 1943 mientras que los ex miembros de base de este grupo contribuyeron en tal trabajo llevado por el partido para separar al partido y a las masas de esta nefasta influencia de sus viejos líderes filotrotskistas:

«En general, los miembros de base del Grupo de los Jóvenes eran puros, extremadamente patrióticos, valientes, antizogistas y antiitalianos [antimussolinianos y antiimperialistas - Anotación de Bitácora (M-L)] y amantes el comunismo. En Vlora, en particular, a pesar de que Sadik Premte estaba en este lugar, no podía y no se atrevió a frenar la actividad antifascista contra los ocupantes italianos, porque se hubiera enfrentado a Hysni Kapo, un resuelto antizogista y antifascista, un camarada con influencia decisiva en Vlora, que estaba a la cabeza del 
Grupo de los Jóvenes en muchas partes de las ciudades, de las escuelas, el comercio y las aldeas. Inmediatamente después de la fundación del partido, Hysni Kapo se convirtió en el pilar de la nueva organización del Partido Comunista de Albania que se estaba construyendo en Vlora y, bajo la dirección del partido, luchó junto a sus camaradas para limpiar totalmente la influencia hostil de Sadik Premte y Anastas Lula en Vlora, donde intentaron crear su facción hostil. La lucha de Hysni Kapo contra ellos en defensa del nuevo partido fue la señal para la liquidación definitiva de las opiniones y prácticas trotskistas de los jefes de la antiguo Grupo de los Jóvenes y algunos de sus seguidores, que no actuaron con sentido ni siquiera después de la formación del partido». (Enver Hoxha; Cuando el partido estaba naciendo (memorias), 1981)

martes, 28 de abril de 2015

Lenin sobre los indicios de fraccionalismo en el partido bolchevique en 1921 y como afrontar tales manifestaciones


«1) El congreso llama la atención de todos los  miembros del partido acerca de que la unidad y la cohesión de sus filas, la absoluta confianza entre los  miembros del partido y la labor verdaderamente  unánime, autentica encarnación de la voluntad única  de la vanguardia del proletariado, son necesarias  sobre todo en estos momentos en que, por una serie  de circunstancias, aumentan las vacilaciones entre la  población pequeño burguesa del país. 

2) Entretanto, antes aún de la discusión sobre los  sindicatos, entablada en todas las organizaciones del  partido, se venían manifestando ya en su seno algunos  indicios de fraccionalismo, es decir, la formación de  grupos con una plataforma especial y con la tendencia a aislarse hasta cierto punto y crear su  propia disciplina de grupo. Síntomas de esta  naturaleza se vieron, por ejemplo, en una de las  conferencias del partido en la ciudad de Moscú noviembre de 1920 y en Járkov [1], tanto por parte  del grupo llamado «oposición obrera», como, parcialmente, también del grupo llamado «centralismo democrático» [2]. 

Es necesario que todo obrero consciente  comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a  todo el deseo de los representantes de algunos grupos  de mantener la unidad del partido, conduce sin falta  en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a  los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus  filas, de ahondar las disensiones en su seno y  utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. 

El ejemplo de la sublevación de Kronstadt,  cuando la contrarrevolución burguesa y los guardias  blancos de todos los países del mundo se han  mostrado al punto dispuestos a adoptar incluso las  consignas del régimen soviético con tal de derribar la  dictadura del proletariado en Rusia, cuando los  eseristas y la contrarrevolución burguesa en general  han utilizado en Kronstadt las consignas de la  insurrección, supuestamente promovida en aras del  Poder soviético contra el Gobierno soviético de  Rusia, ha evidenciado poco menos que de la manera  mas palmaria que los enemigos del proletariado  aprovechan todas las desviaciones de la pauta  comunista estricta y consecuente. Estos hechos  demuestran por completo que los guardias blancos  procuran y saben disfrazarse de comunistas, hasta de los mas izquierdistas, con tal de debilitar y derribar el  baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las  hojas mencheviques difundidas en Petrogrado la víspera de la sublevación de Kronstadt evidencian  igualmente que los mencheviques han aprovechado las discrepancias y ciertos indicios de fraccionalismo existentes en el seno del Partido Comunista de Rusia para alentar y  apoyar de hecho a los sediciosos de Kronstadt, a los eseristas y guardias blancos, haciéndose pasar de  palabra por adversarios de las sediciones y por  adictos del Poder soviético, si bien, al decir de ellos,  con algunas enmiendas de poca monta. 

3) En esta cuestión, la propaganda debe consistir,  por un lado, en aclarar a fondo el daño y el peligro  que supone el fraccionalismo desde el punto de vista  de la unidad del partido y del ejercicio de la voluntad  única de la vanguardia del proletariado como condición fundamental del éxito de la dictadura del  proletariado, y, por otro lado, en explicar la peculiaridad de los nuevos métodos tácticos de los  enemigos del Poder soviético. Esos enemigos, convencidos de que con la bandera de los guardias  blancos, la contrarrevolución tiene la causa perdida,  ponen ahora en tensión todas sus fuerzas para aprovechar las discrepancias existentes dentro del Partido Comunista  de Rusia e impulsar de uno u otro modo la  contrarrevolución, entregando el poder a la tendencia  política más propensa a aparentar que reconoce el  Poder soviético. 

La propaganda debe explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, cuando la contrarrevolución apoyaba a los grupos oposicionistas más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para la ulterior victoria completa de la contrarrevolución, de los capitalistas y terratenientes. 

4) En la lucha practica contra el fraccionalismo es preciso que cada una de las organizaciones del partido impida con todo rigor cualquier manifestación de ese carácter. Hay que organizar la critica absolutamente necesaria de los defectos del partido de modo que toda propuesta practica se exponga con la mayor claridad posible y sea sometida en el acto, sin papeleo alguno, al examen y decisión de los organismos dirigentes locales y del organismo central del partido. Todos los que hagan criticas deben, además, tener en cuenta, en lo que respecta a la forma de su crítica, la situación del partido entre los enemigos que lo rodean, y, en lo que se refiere al contenido de la crítica, deben comprobar en la práctica, con su participación personal en la labor de los Soviets y del partido, si se corrigen los errores del partido o de algunos militantes. Todo análisis de la pauta general del partido o la apreciación de su experiencia práctica, la comprobación del cumplimiento de los acuerdos del mismo, el estudio de los métodos para corregir los errores, etc., en modo alguno deben ser sometidos a la discusión previa de los grupos que se forman con cualquier «plataforma», etc., sino que deben ser sometidos exclusivamente a la discusión directa de todos los miembros del partido. A tal efecto, el congreso dispone que se editen con mayor regularidad Diskussionni Listoks [3] y publicaciones especiales, procurando constantemente que la critica vaya dirigida al quid del problema, sin adquirir jamás formas capaces de favorecer a los enemigos de clase del proletariado. 

5) Rechazando por principio la desviación sindicalista y anarquista, a cuyo análisis se dedica una resolución especial, y encomendando al Comité Central que proceda a la liquidación de todo fraccionalismo, el congreso declara al paso que las propuestas positivas referentes a las cuestiones que han merecido una atención especial, por ejemplo, la del grupo de la llamada «oposición obrera» y las relativas a la depuración del partido de elementos no proletarios e inseguros, a la lucha contra la burocracia, al desarrollo de la democracia y la iniciativa de los obreros, etc., deben ser discutidas con la máxima atención y comprobadas en la labor practica. El partido debe saber que, en lo tocante a estas cuestiones, no aplicamos todas las medidas necesarias, habiendo chocado con una serie de obstáculos diversos; y que el partido, rechazando sin piedad las habladurías y labor fraccional con apariencia de crítica, probando métodos nuevos, seguirá luchando constantemente y con todos los medios a su alcance contra la burocracia y en pro de ampliar la democracia y la iniciativa y descubrir, denunciar y expulsar a los infiltrados en el partido, etc. 

6) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido. 

7) Con el fin de implantar una severa disciplina en el seno del partido y en toda labor de los Soviets, lograr la mayor unidad y acabar con todo fraccionalismo, el congreso concede al Comité Central atribuciones para aplicar, en caso de que se infrinja la disciplina y resurja o se tolere el fraccionalismo, todas las sanciones al alcance del partido, incluida la expulsión de sus filas; en cuanto a los miembros del Comité Central, serán descendidos a la categoría de suplentes y, como medida extrema, expulsados del partido. Para aplicar esta medida extrema a los miembros efectivos y suplentes del Comité Central, así como a los miembros de la Comisión de Control, es condición previa la convocatoria de una reunión plenaria del Comité Central con asistencia de todos los miembros suplentes del mismo y de todos los miembros de la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes de mayor responsabilidad del partido llegase a reconocer necesario, por mayoría de dos tercios de votos, el paso de algún miembro efectivo a miembro suplente del Comité Central o su expulsión del partido, la medida será aplicada en el acto». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, del 8 al 16 de marzo de 1921)

Anotaciones de la edición:

[1]  Se refiere a la Vº Conferencia del partido de toda Ucrania, celebrada en noviembre de 1920 en Jarkov, en la que votaron en pro de la plataforma de la «oposición obrera» veintitrés delegados de los trescientos dieciséis presentes, o sea, el 7% . 

[2]  Grupo «centralismo democrático»: grupo oportunista de oposición que impugno por primera vez los principios leninistas de organización del partido y de los Soviets en el VIIIº Congreso del PC (b) de Rusia de 1919. En el IXº Congreso del PC (b) de Rusia de 1920, el grupo «centralismo democrático» presento coinformantes suyos en los problemas de fomento de la economía y de organización. Negaba el papel dirigente del partido en los Soviets y en los sindicatos, se oponía a la dirección unipersonal y a la responsabilidad personal de los directores en la industria, combatía los principios leninistas en los problemas de organización y exigía libertad de fracciones y grupos. El congreso denuncio las opiniones antipartido de los «centralistas democráticos» y les dio contundente replica. Estos oposicionistas carecían de influencia entre las masas del partido y sus actos contaban con la anuencia de los mencheviques, los cuales se solidarizaban con ellos en muchas cuestiones. Durante la discusión sindical de 1920-1921, el grupo «centralismo democrático» publico su plataforma fraccional y la preconizo en las asambleas que precedieron al congreso, reuniendo algunos votos a su favor. En el Xº Congreso del PC(b) de Rusia, el grupo traslado el centro de gravedad de la lucha contra el partido a los problemas de organización de partido, hablando en su nombre como conformante en el congreso V. Maximo vski. Este grupo se disolvió en 1923 y sus dirigentes formaron bloque con la oposición trotskista.

[3] 
«Diskussionni Listok» «Boletin de Discusion»: publicación no periódica del Comité Central del PC (b) de Rusia; se editaba por acuerdo de la IXº Conferencia Nacional del PC (b) de Rusia, celebrada en septiembre de 1920. Antes del Xº Congreso salieron dos números de este boletín: el primero, en enero; y el segundo, en febrero de 1921. Después del Xº Congreso dejo de aparecer y luego reapareció varias veces durante los periodos de las discusiones y antes de celebrarse algunos congresos del partido. 

La importancia internacional de la experiencia histórica del partido de los bolcheviques; Édourd Burdzhalov, 1948

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La obra del soviético Édourd Burdzhalov es un corto repaso pero muy instructivo de la historia del bolchevismo. El bolchevismo fue la corriente marxista revolucionaria de la Rusia de inicios del siglo XX. En especial esta obra está basada en una introspectiva sobre la obra de Stalin «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética», de 1938, la cual es un compilado sobre la historia del bolchevismo desde su nacimiento. Por lo tanto es una obra que servirá como guía para saber separar el «grano de la paja», el pensamiento proletariado del pensamiento burgués, el pensamiento marxista-leninista del que lo adultera.

Los temas a repasar son: la importancia del partido de la clase obrera, presentado en el partido comunista, conocer las diferencias cualitativas entre el viejo partido socialdemócrata del nuevo partido marxista-leninista: la diferencia entre la disciplina de hierro y la permisión del fraccionalismo del partido socialdemócrata; la diferencia entre reformismo y revolución; la diferencia entre el uso unilateral de la mera lucha parlamentaria de los reformistas con la variedad de formas de lucha de los revolucionarios; la diferencia entre un partido que debe estar comandado por miembros que dominen una doctrina clara, a un partido como el socialdemócrata donde no se exige tal cosa y domina el eclecticismo ideológico; la diferencia entre el partido leninista que recoge los elementos más avanzados de la clase obrera, a la amalgama de clases e influencia de éstas sobre el proletariado en el partido socialdemócrata; la diferencia entre un partido que toma la crítica y la autocrítica como norma, a otro que esconde los errores por miedo y por preservar el honor de la dirigencia o el partido; la diferencia entre un partido que expulsa a los oportunistas, a otro que los mantiene en nombre de la unidad; la diferencia entre tomar las organizaciones de masas como auxiliares del partido y jamás como superiores incluso al propio partido, etc.

También se explicará la importancia y relevancia internacional de la revolución bolchevique para toda la clase obrera mundial de entonces y de hoy. Y de cómo su experiencia era síntesis de las mejores y más altas experiencias revolucionarias precedentes de la clase obrera, que podían y aún pueden servir de inspiración y modelo táctico para los comunistas del mundo entero, he ahí el porqué de la importancia de la creación de la Komintern –Internacional Comunista– y la búsqueda de la «bolchevización» de los partidos comunistas para que puedan alcanzar el nivel cualitativo que alcanzaron sus homólogos soviéticos. Se recalca que para superar los viejos defectos socialdemócratas, hay que fijar unos puntos claves entre los miembros que pretenden formar dicho partido bolchevizado: esto puntos cardinales serían: unidad programática –sobre la estrategia y táctica–, unidad ideológica –el marxismo-leninismo como guía–, unidad organizativa –el centralismo democrático–, etc.

Eso significa que este libro servirá para combatir las distorsiones del concepto de partido comunista marxista-leninista que han aplicado siempre los revisionismos de tipo soviético, yugoslavo, chino y eurocomunista y todas sus filiales –revisionismos menores inspirados en ellos–, y como estos todos sus actuales vástagos entre los que encontramos el revisionismo del «socialismo del siglo XXI». Tanto los nuevos como los viejos revisionismos recurren a los conceptos y lineamientos socialdemócratas sobre partidos. Así que servirá también para que  se vea que existe un nexo, una línea que atraviesa a todos los revisionismos y los une a los conceptos socialdemócratas del siglo XIX pese a que sus teorías las colmen de modernas e innovadoras.

El documento:

Édourd Burdzhalov
La importancia internacional de la experiencia histórica del partido de los bolcheviques


Hace más de 45 años, en el IIº Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia de 1903, fue pronunciado, por primera vez, la palabra bolchevique, palabra conocida hoy por todo el mundo y ante la cual nadie puede sentirse indiferente. Los explotadores de todo el mundo sienten un odio zoológico hacia el bolchevismo. Millones de obreros de todos los países están penetrados de profundo amor hacia él. Es así porque, desde que surgió, el bolchevismo encabeza indefectiblemente la lucha de liberación del proletariado, logrando grandes victorias sobre las fuerzas del viejo mundo. 

En el período de su existencia el partido bolchevique ha acumulado una gigantesca experiencia de lucha que no ha poseído ni posee ningún otro partido del mundo. Esta experiencia ha hallado su síntesis más clara y profunda en la obra de Stalin: «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética», de 1938. 

La «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» es la historia científica del bolchevismo. Expone la doctrina del marxismo-leninismo sobre la base de un profundo análisis de la actividad histórica del partido bolchevique. La «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» demuestra cómo la teoría del marxismo-leninismo ha sido comprobada por la práctica, por la experiencia del bolchevismo y de toda la lucha revolucionaria del proletariado han servido de base para el desarrollo ulterior de la teoría marxista-leninista. La «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» pertrecha a los cuadros del partido de una riquísima experiencia de lucha por el derrocamiento del capitalismo y la construcción de la primera sociedad socialista en el mundo. El estudio de esta experiencia no sólo tiene enorme importancia para nuestro partido y para nuestro pueblo, sino también para los comunistas y los trabajadores de todos los países, que luchan por la victoria del comunismo.

El partido bolchevique nació en Rusia y se ha desarrollado sobre la base del movimiento obrero ruso. Sin embargo, tiene profundas raíces en el movimiento obrero de todos los países. El bolchevismo expresa las necesidades del movimiento obrero en la nueva época de la historia universal, cuando las contradicciones del capitalismo han alcanzado la mayor agudeza, cuando ha comenzado el asalto directo al capitalismo y se plantea la cuestión de crear un partido revolucionario del proletariado, capaz de dirigir dicho asalto. En la «Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética» se dice:

«La historia del partido bolchevique nos enseña, ante todo, que el triunfo de la revolución proletaria, el triunfo de la dictadura del proletariado es imposible sin un partido revolucionario del proletariado, libre de oportunismo, intransigente frente a los oportunistas y capituladores, y revolucionario frente a la burguesía y al poder de su Estado». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1938)

lunes, 27 de abril de 2015

Sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases en Albania; Jorgji Sota, 1983

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«Defendiendo estoicamente el punto de vista de que en el socialismo la lucha de clases se desarrollo de una manera integral, entrelazada con sus tres principales frentes –el político, económico e ideológico–, el partido se opone a la tesis de que, con la liquidación de las clases explotadoras, la lucha de clases se desarrollo solo o principalmente en el frente ideológico. La experiencia nos muestra, que en esta etapa, también, la lucha de clases sobre el frente político se mantiene siempre en el centro de la lucha de clases. Esta lucha toma decisiva importancia porque ella es una lucha por el poder estatal, una lucha sobre la cuestión de si la dictadura del proletariado debe ser mantenida y fortalecida, o si ella degenera y es liquidada. Independientemente del hecho de que en las diferentes etapas particulares formas de la lucha de clases se agudizan, la lucha de clases debe ser librada de manera simultánea en los tres frentes: político, económico e ideológico. La decaída en alguno de estos tres frentes encarna una desviación de la teoría marxista-leninista, porque trae consigo el debilitamiento de toda la lucha de clases». (Jorgji Sota; Sobre la dictadura del proletariado y la lucha de clases en Albania; Informe presentado en la Conferencia científica sobre el pensamiento teórico del Partido del Trabajo de Albania y el Camarada Enver Hoxha, 1983)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

Esta obra de Jorgji Sota corresponde a una serie de informes presentados en la Conferencia científica sobre el pensamiento teórico del Partido del Trabajo de Albania y el Camarada Enver Hoxha. Por ende, el presente texto corresponde a una conferencia donde se analizaban las contribuciones del Partido del Trabajo de Albania y de su principal líder Enver Hoxha al marxismo-leninismo con la experiencia del proceso albanés. En el informe de se aborda en especial la cuestión de la dictadura del proletariado y la lucha de clases de 1944 a 1983.

En el primer capítulo se repasa la creación de poder estatal revolucionario bajo los consejos –soviets albaneses– y que pese a las características que afrontaba la Albania de los años 40, y el carácter antiimperialista y antifascista inicial de la revolución, estos órganos y ciertos factores objetivos y subjetivos –como el no compartir el poder con otras fuerzas que no habían luchado contra el invasor o la no permisión del desembarco de tropas anglo-estadounidenses para la liberación del país– hicieron posible que estos órganos fueran el embrión de la dictadura del proletariado que posibilitó eliminar a las clases explotadoras del poder político y después, con las transformaciones socio-económicas, sustentadas bajo estos órganos, del poder económico.

Se comenta que las alianzas iniciales del proletariado en aquella revolución: en primer lugar con el campesinado y después con todas las fuerzas patrióticas que aceptaran luchar contra el invasor; eran una serie de alianzas que conforme se avanzaban en la resolución de las tareas de la primera etapa antifascista, antifeudal, anticolonial, iban cambiando: esto incluía la profundización de la alianza con algunas clases –como con la capa del campesinado que se proletarizaba en las cooperativas o granjas estatales– y el fin de otras de carácter temporal –como era el caso de la sostenidas con ciertos elementos de las capas de la burguesía rural o urbana que habían participado en la lucha contra el invasor–. Se resalta del mismo modo que los albaneses estaban en contra de teorizaciones como la de los revisionistas chinos que incluían en la dictadura del proletariado la alianza con la burguesía nacional –una clase explotadora–, que no eran sino repetición de la tesis de los revisionistas yugoslavos con los kulaks –burguesía nacional en el ámbito rural–.

En torno a la cuestión del partido se subraya el rol del partido en el sistema de dictadura del proletariado, relacionando el hecho de que si solo el liderazgo de la clase más revolucionaria es la que garantiza hilar las diferentes etapas con éxito –desde una revolución antifascista, antifeudal, anticolonial a una revolución socialista– para no estancarse en ninguna de ellas, es evidente por tanto que solo puede ser el partido de la clase obrera el único que puede conducir la construcción del socialismo, una etapa y tarea de mayores dimensiones que las otras citadas. En especial se critica las concepciones de los revisionistas yugoslavos que consideraban al partido en la construcción del socialismo o una vez construido, como un mero orientador ideológico, rebajando el rol que debe cumplir en todas las esferas de la sociedad –como el liderazgo político o económico–, tampoco se aceptaba la falsedad de la teoría de los revisionistas soviéticos que una vez construido el socialismo y con la proletarización de las capas explotadas no proletarias se daba la necesidad de un partido de todo el pueblo –negando el carácter proletario del partido comunista–, igualando al proletariado con las clases y capas sociales que estaban en camino de serlo e igualando la mentalidad de unas capas de la población que habían adquirido la cultura proletaria de otras que estaban lejos de resolver los remanentes ideológicos del pasado. Se critica la teoría del revisionismo chino y eurocomunista del «pluralismo político» y su clara apuesta por el «multipartidismo en el socialismo», no entendiendo que los partidos representan a las clases, por ende, si en una sociedad es realmente socialista, no hay cabida ni para partidos agraristas –porque el nuevo campesinado cooperativista o de las granjas estatales se ha proletarizado, o está en camino de serlo– ni partidos de los intelectuales –porque la nueva intelectualidad, la socialista, nace del proletariado y otras capas del pueblo–, ya que las clases y capas que quedan con la construcción del socialismo son clases y capas que tienen los mismos intereses que la clase dirigente del Estado socialista que es el proletariado, y se van igualando al carácter social y mentalidad de este. Por tanto el desarrollo progresista de la sociedad no amplia sino que reduce el número de partidos hasta lograr el partido único proletario, donde se seguirán los mismos métodos de admisión entre la nueva clase obrera socialista, el campesinado socialista, más capas como la intelectualidad –es decir un examen del origen social pero también de sus habilidades individuales para ver si tal miembro pendiente de admisión es compatible con el partido único del proletariado, si reúne los méritos para integrarse en el mismo–.

sábado, 25 de abril de 2015

La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo; Lenin, 1920

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«Los comunistas deben consagrar todos sus esfuerzos a orientar el movimiento obrero y el desarrollo social en general por el camino más recto y rápido hacia la victoria mundial del Poder Soviético y hacia la dictadura del proletariado. Es una verdad indiscutible. Pero basta con dar un pequeño paso más allá –aunque parezca dado en la misma dirección– para que esta verdad se transforme en un error. Basta con decir, como hacen los comunistas de izquierda alemanes e ingleses, que no aceptamos más que un camino, el camino recto, que no admitimos las maniobras, los acuerdos y los compromisos, para que eso sea un error que puede causar, y ha causado ya en parte y sigue causando, los más graves perjuicios al comunismo. El doctrinarismo de derecha se ha obstinado en no admitir más que las formas viejas y ha fracasado en toda la línea por no haber observado el nuevo contenido. El doctrinarismo de izquierda se obstina en rechazar en absoluto determinadas formas viejas, sin ver que el nuevo contenido se abre paso a través de todas y cada una de las formas y que nuestro deber de comunistas consiste en dominarlas todas, en aprender a completar unas con otras y a sustituir unas por otras con la máxima rapidez, en adaptar nuestra táctica a todo cambio de este género, suscitado por una clase que no sea la nuestra o por unos esfuerzos que no sean los nuestros». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La enfermedad infantil del «izquierdismo» en el comunismo, 1920)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

Este documento ha de ser comprendido como una continuación del análisis y  crítica de las desviaciones ideológicas abordadas en la obra de Lenin: «La revolución proletaria y el renegado Kautsky» de 1918, con la salvedad de que en este se aborda las desviaciones «derechistas», mientras que en el documento en sus manos se toca lo referente a las desviaciones «izquierdistas»; ambas convertidas en obstáculos que han de ser superados por los partidos de vanguardia proletaria –los partidos comunistas– así como por sus militantes y ante lo cual ha de desarrollarse una actitud educativa –en lo ideológico– y vigilante para evitar su aparición, y erradicarlas en caso de que aparezcan dentro de la organización con el fin de evitar el desarrollo de facciones  y líneas ideológicas en el seno de la organización proletaria que entorpezcan, e incluso impidan, el desarrollo programático al socialismo y comunismo. Pese a esa tendencia veremos varias críticas al oportunismo de derecha sobre todo fijado en los representantes de la II Internacional, ya que en grandes momentos se recordara la lucha llevada por los comunistas rusos –bolcheviques– contra sus enemigos oportunistas.

Las desviacionistas de «izquierda» que se critican en esta obra generalmente son muy cercanas al anarquismo,  al trotskismo, al luxemburgismo  y al llamado «comunismo consejista. Reniegan y combaten el centralismo democrático por considerarlo autoritario, reclaman la posibilidad de formas tendencias en el partido –facciones– proclaman que el partido debe de sustituirse por una asociación gremialista debido a que este lleva a una «dictadura» del partido y no del proletariado, es decir, no reconocen a la organización de vanguardia proletaria, tampoco reconocen el papel de las masas ni el de las figuras importantes del partido del modo que lo hacen los marxista-leninistas, por ello una constante de estos grupos es renegar de cualquier liderazgo y proclamar la explosión espontánea de las masas en los procesos, esto también se refleja en ciertas posturas putchistas y aventureras en torno a la toma de poder, no reconociendo las condiciones objetivas ni subjetivas necesarias para una revolución. Lenin, en estas líneas, hace una crítica justa a las tesis izquierdistas, haciendo especialmente énfasis a la tendencia de esa desviación a saltarse etapas derivadas de su tendencia a un radicalismo «acientífico» y «antidialéctico»; o a su negativa a desarrollar acciones en parlamentos y organizaciones burguesas, e incluso contrarrevolucionarias, que permitan alejar a las masas de la influencia de las mismas y volverlas afines al partido de vanguardia. Ha de comprenderse que esto no significa en ningún caso que se pueden abandonar o cometer concesiones de principios al «enemigo de clase» en el desarrollo de determinadas acciones, sino a defender esos principios –los comunistas– en todos aquellos escenarios que posibiliten llegar a las masas y a elevar su conciencia de clase para prepararlas para el proceso revolucionario. Tomando en consideración la dificultad que plantea según la organización en la que se desarrollan esas acciones, es decir, no es lo mismo actuar dentro de un ejército que en un sindicato.

Recordar que la ciencia materialista dialéctica es una teoría «viva» que debe de desarrollarse sin perder de vista la realidad histórica y el desarrollo de las fuerzas productivas; elementos que son olvidados por los izquierdistas que termina confundiendo y sobreponiendo su propio desarrollo ideológico con el de las masas trabajadoras.

Finalmente a causa de una línea ideológica ecléctica si estos grupos logran tomar un partido comunista lo más seguro es que el partido termine con mil escisiones ya que no hay unidad organizativa ni ideológica entre sus miembros, o lo que es lo mismo la captura de estos grupos del partido significa la autoliquidación del mismo. Muchas de estas corrientes izquierdistas se adueñaron de gran parte de los partidos comunistas de la Komintern durante los años 20 y 30, o si no se adueñaron del partido si es cierto que todavía por esos años albergaban grandes reminiscencias de ellas al igual de las desviaciones derechistas. Poco a poco en un trabajo de bolchevización de los partidos comunistas de la Komintern, los diferentes partidos se fueron deshaciendo de estas reminiscencias y al superar sus desviaciones de «izquierda» y derecha pudieron lograr grandes logros en sus luchas e incluso llegar a la toma de poder y comenzar la construcción del socialismo, fue el caso del partido comunista en Bulgaria por citar un ejemplo el cual pese a tener grandes rasgos izquierdistas en los años 20 y 30 pudo superarlos y lograr tomar el poder y comenzar a construir el socialismo en los 40.

Notas

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viernes, 24 de abril de 2015

Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

«Y esta conferencia como anunciábamos no es diferente de las que se han producido años antes en diversas partes del mundo y sobre distintos temas de seguridad, proliferación de armas, cooperación y ayudas económicas entre países. Y como estas, sus discursos, resoluciones, pintados de color de rosa, se quedaran en agua de borrajas y todas declaraciones en papel mojado a la espera de una nueva conferencia en que se repetirá el circo». (Equipo de Bitácora (M-L); Algunas reflexiones sobre los discurso en la VII Cumbre de las Américas, 2015)


Lo cierto es que la VIIº Cumbre de las Américas celebrada en abril de 2015 no ha sido más que la puesta en escena de las burguesías y todas sus expresiones, en donde los diferentes países regionales –y sus dirigencias– han mostrado algunas de sus bazas en cuanto a la línea que siguen actualmente. No hemos tardado en ver a muchos de los eufóricos seguidores de estos regímenes burgueses capitalistas ensalzar sus «admirables posiciones y valientes discursos». Bien analicemos algunas de las curiosidades de esta conferencia y su esencia en sí. Ténganse en cuenta que no podemos criticar todas y cada unas de las necedades que en sus discursos han lanzado los mandatarios de unos y otros países, sino que solo analizaremos las más apremiantes, intentando no repetirnos en los mismos temas, y ahondando en un abanico de temas diversos que consideramos de interés:

1) Si repasamos los discursos de los distintos representantes incluyendo a los supuestos gobiernos de «izquierda» –como el gobierno del revisionismo cubano y los gobiernos de los revisionistas del «socialismo del siglo XXI»– veremos que en sus declaraciones, lejos de hablar de los problemas que realmente le importan a las masas populares, recurren a hablar a temas banales y románticos, a recurrir a temas propagandísticos que justifican su línea actual; incluso cuando hacen alusión a reivindicaciones justas lo hacen desde posiciones vacilantes y pseudorevolucionarias, a la vez que sueltan datos con orgullo generalmente manipulados. El objetivo de unos y otros es mantener a las masas trabajadoras en la inopia y movilizadas según los intereses de clases del que pronuncia tales discursos. Sépase pues que:

«Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase». (Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, 1919)

2) En ella dentro de los bonitos discursos se detecta la enorme contradicción con la práctica. Se habla de una búsqueda del fin del modo de resolver las divergencias políticas, económicas y culturales, y de buscar la unidad regional común «basada en la cooperación» como dice Raúl Castro –sin considerar los antagonismo de clase existentes–:

«Las relaciones hemisféricas, en mi opinión, han de cambiar profundamente, en particular en los ámbitos político, económico y cultural; para que, basadas en el Derecho Internacional y en el ejercicio de la autodeterminación y la igualdad soberana, se centren en el desarrollo de vínculos mutuamente provechosos y en la cooperación para servir a los intereses de todas nuestras naciones y a los objetivos que se proclaman. Vivir en paz, cooperando unos con otros para enfrentar los retos y solucionar los problemas que, en fin de cuentas, nos afectan y afectarán a todos, es hoy una necesidad imperiosa». (Raúl Castro; Discurso en la VI Cumbre de las Américas, 11 de abril de 2015)

O la petición de que el imperialismo realice una especie altruismo tecnológico en aras de la amistad de los pueblos como reclama el discurso de Evo Morales:

«La información que tengo desde mi Cancillería, no acepta, por ejemplo, no acepta Estados Unidos la transferencia de tecnología si condicionamiento de los países de menor grado, de desarrollo científico de nuestra América. (...) El acceso, por ejemplo, equitativo, amplio, seguro y confiable a las nuevas tecnologías de información y comunicación, respetando el derecho a la privacidad». (Evo Morales; Discurso en la VI Cumbre de las Américas, 11 de abril de 2015)

Pero no existe ni una unidad, ni una cooperación ni un altruismo, pues como en cualquier conferencia burguesa de este tipo se han destapado las suertes de «bloques» guiados por el «practicismo oportunista» que históricamente les ha caracterizado y que lejos de existir una cooperación y unidad y deseos de un bien común es un «sálvese de hundirse quién pueda bajo la boya del imperialismo que más a mano tengan». Un ejemplo muy sencillo de conferencias similares donde ocurría esto eran y son las conferencias del «Movimiento de los No Alineados»; se aludía a la misma unidad que era poco menos que ficticia puesto que cada país sufría del compadrazgo y dependencia imperialista. Veamos un comentario de la Conferencia del Movimiento de Países No Alineados celebrada precisamente en la Habana durante 1979:

«Quien más quien menos, unos sin querer y otros queriendo, son satélites del imperialismo estadounidense y de las demás potencias capitalistas, era una política «independiente y al margen de los bloques». La política americana ha sufrido reveses y esto ha tenido repercusiones en la llamada política de los países «no alineados». Así, en la Conferencia de la Habana se pusieron de manifiesto las contradicciones entre los países participantes. (...) Toda esta reunión, como todas las anteriores, era una mascarada, y así serán las que se celebren en el futuro, por la razón de que cada Estado capitalista, grande o pequeño, que forma parte del mundo de los «no alineados», aplica una política exterior acorde con lo que recibe del que le financia, del que le apoya y al que ha atado sus destinos». (Enver Hoxha; La política del no alineamiento, un castillo edificado sobre arena; Las superpotencias, 16 de marzo de 1980)

jueves, 23 de abril de 2015

El discurso unitarista en el partido y el Estado; Equipo de Bitácora (M-L), 2013


«He aquí otra de las características fundamentales de las organizaciones bajo la estela del «socialismo del siglo XXI» en donde caen y recaen en errores básicos; resulta absurdo que una organización multiclasista pretenda abanderar el proceso al socialismo negando la lucha de clases y negando la necesidad de una unidad ideológica marxista-leninista,  pero muchas de estas organizaciones así lo piensan también para el conjunto de la sociedad. Es más para disipar cualquier duda tanto en la militancia más combativa como en los burgueses de dentro de la organización, para dejar de facto claro su proyecto «nacional y progresista»; se acude a la unidad como la quinta esencia del proceso, citemos un ejemplo de este esperpento del que hablamos:

«La victoria de Chávez, que es la de la mayoría, nuestra victoria le conviene a los dueños de las grandes empresas privadas, a la gran burguesía». (...) La clase media alta debería votar por Chávez porque somos garantía de tranquilidad familiar». (Hugo Chávez; Declaraciones, 7 de octubre del 2012)

Este supuesto «descubrimiento» se llega a declarar como una superación del marxismo-leninismo, y se niega las experiencias históricas del socialismo científico:

«El socialismo bolivariano nosotros tenemos que construirlo en el marco de la constitución bolivariana, nosotros no tenemos previsto la eliminación de la propiedad privada, ni la grande ni la pequeña. (...) El socialismo del siglo XXI es la democracia, nosotros no estamos hablando de la dictadura del proletariado, eso fue hace 100 años y miren en lo que terminó la Unión Soviética, ahí no hubo socialismo ni hubo nada». (Hugo Chávez; Entrevista realizada al candidato Hugo Chávez por los periodistas Vanessa Davies, Vanessa Sánchez y Ernesto Villegas, 4 de octubre del 2012)

Sólo un iluso, un antimarxista como Mao Zedong, o estos ideólogos neo-revisionistas, podrían plantear un Estado socialista en alianza con la burguesía nacional:

«¿El poder político puede ser compartido en pie de igualdad por «varias clases revolucionarias», si una de estas clases tiene en poder los medios de producción y de reproducción de su existencia cuando estos medios les faltan a las clases que producen la riqueza, la clase obrera y el campesinado trabajador en este caso? Los marxistas sólo pueden responder a esta pregunta negativamente». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007) 

Vincent Gouysse declararía algo bastante obvio sobre la sociedad revisionista-burguesa china, que es igualmente aplicable hoy para las sociedades revisionistas-burguesas del «socialismo del siglo XXI»:

«La concepción marxista de la sociedad humana nos enseña que la base económica material de la sociedad determina la superestructura ideológica, jurídica y política. No se puede apartar del ejercicio de poder político por mucho tiempo a una clase social que tiene el poder económico y desempeña un rol social mayor». (Vincent Gouysse; Imperialismo y antiimperialismo, 2007)

Sobre las distorsiones históricas de los revisionistas sobre las políticas marxista-leninistas del partido y el frente

Palmiro Togliatti y Enrico Berlinguer durante 1947

«Actualmente tanto algunos revisionistas como los propios seguidores del «socialismo del siglo XXI» hablan de la utilización de frentes en sus estrategias y tácticas políticas, se llenan la boca hablando de la necesidad de apoyarse en frentes, aunque poco saben explicar que son o cuáles son sus objetivos. Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características y objetivos antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, y otros– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo [1]. Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante, es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo.


Erróneamente se ha creado el mito de que los frentes solo sirven para estrategias y tácticas de carácter defensivo, pero la historia ha demostrado que los frentes pueden tener dos funciones: tanto defensivo como ofensivo. Del mismo modo que un tipo de frente –uno anticapitalista por ejemplo– puede ser usado a veces como frente defensivo y otras como frente ofensivo El frente usado los comunistas en Bulgaria mismamente durante los años 20 fue un frente anticapitalista defensivo, después durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó un frente defensivo antiimperialista y antifascista, pero poco después tras la finalización de la guerra se uso un frente ofensivo anticapitalista para la construcción del socialismo. Hay que tener en cuenta que los frentes no tienen la misma función antes que después de la toma de poder por el partido comunista, una vez instaurada la dictadura del proletariado el frente sirve como correa de transmisión entre el partido y las organizaciones de masas bajo la regla del centralismo democrático, mientras que en el periodo previo servía más bien como una coalición de capas populares donde sus organizaciones no estaban sujetos a normas tan claras, ha de comprenderse que el rol, las normas, y carácter del frente cambian de una etapa a otra.

Sobra comentar que tan inútil es el frente en el que el partido comunista no gane influencia y lo comande, como la teoría de construir un frente sin la existencia de un partido comunista. También es obvio que la crítica al reformismo, al anarquismo, y otras tendencias no puede cesar durante la estancia de los comunistas en estos frentes; de hecho, uno de los objetivo del partido comunista en los frentes es persuadir a su militancia, y a todo elemento revolucionario, de los errores de las dirigencia reaccionaria mediante las acciones conjuntas del día a día, demostrando que su dirigencia reaccionaria no tiene el arsenal teórico ni la valentía práctica de saber dirigir la lucha contra el fascismo, la burguesía, o el imperialismo:

«Las acciones conjuntas con los partidos y las organizaciones socialdemócratas no sólo no excluyen, sino que, por el contrario, hacen aún más necesaria la crítica seria y razonada del reformismo, del socialdemocratismo, como ideología y como práctica de la colaboración de clase, con la burguesía y la explicación paciente a los obreros socialdemócratas acerca de los principios del programa del comunismo. (...) Poniendo al desnudo ante las masas el sentido de los argumentos demagógicos de los jefes socialdemócratas derechistas contra el frente único; redoblando la lucha contra la parte reaccionaria de la socialdemocracia, los comunistas deben establecer la colaboración más estrecha con los obreros, militantes, responsables, y organizaciones socialdemócratas de izquierda que luchen contra la política reformista y aboguen por el frente único con el partido comunista». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

En lo referente a los países coloniales y semicoloniales y su etapa de liberación nacional; casi siempre se ha utilizado el frente popular por las condiciones de la etapa correspondiente en estos países, y por la debilidad del proletariado y su aún más necesario acercamiento a otras clases trabajadoras. En estos países los frentes tenían características antifascistas, antiimperialistas y anticoloniales, por lo que incluso la burguesía nacional podía ser de utilidad contra el imperialismo extranjero, dentro o fuera del frente, esto es factible en esta etapa aunque no es siempre necesaria la colaboración de la burguesía durante la misma. Pero si finalmente la burguesía nacional colabora con las fuerzas progresistas en esta primera etapa, no se debe prolongar su colaboración en la segunda etapa, la de construcción socialista, si se mantiene esa alianza interclasista pasado el periodo inicial, cuando ya se ha liberado a la nación del país que le oprimía por activo –a través fuerza militar de ocupación–, o por pasivo –cuando la «ocupación» se da a través de fuerzas autóctonas–, cuando la burguesía nacional no tiene más rol progresista que jugar, y continua siendo una clase explotadora, si estos síntomas de alianza con la burguesía nacional siguen en esta revolución, es indicativo de que esa revolución en marcha no concluirá en revolución proletaria y socialista, sino que se dirige a la simple realización de una revolución de carácter liberal burgués o pequeño burgués; de hecho, hemos sido testigos de múltiples «revoluciones» de este tipo a lo largo de la historia reciente, en donde se observa claramente que por no poder superar el amor a la burguesía nacional, a la intelectualidad burguesa y al capitalismo se quedan atrapadas en la lógica de producción capitalista.

Tampoco es raro ver las experiencias de la incorrecta puesta en práctica de un frente único proletariado –se presupone que con partidos con alta afiliación de obreros–, donde en vez de persuadir a la base socialdemócrata de lo erróneo de su dirigencia y la política de colaboración de clases con la burguesía, se finaliza en que el propio partido comunista postula pensamientos y acciones típicas del socialdemocratismo, incluyendo el colaboracionismo de clase con la burguesía. Es común observar estos mismos fallos en la distorsión de la práctica del frente –tanto a la hora de lidiar con las masas y organizaciones no obreras en un frente popular como con las masas y organizaciones obreras del frente único del proletariado–. Conocemos históricamente a partidos como el Partido Comunista Francés de Maurice Thorez y el Partido Comunista Italiano de Palmiro Togliatti, que temieron durante varios años «quebrar la alianza entre los partidos antifascistas» y dirigir al partido hacia una revolución socialista tras el fin del poder fascista pese a tener gran influencia y grandes posibilidades de éxito, pero ellos, abogaron en cambio por una «unión nacional» bajo una democracia burguesa y una etapa antifascista que en sus mentes se haría eterna, se empezaría a decir que era posible el «tránsito pacífico al socialismo» con el apoyo de todas las fuerzas que habían luchado contra el fascismo –incluido los partidos burgueses anti hitlerianos y anti mussolinianos–, y también se empezó a teorizar que no era necesario el partido comunista como tal para transitar al socialismo en cada país, que cualquier partido podía hacerlo. Años después se dijo que no eran necesarios los partidos para transitar al socialismo. Sobra decir que estas desviaciones serían criticadas como ilusiones reformistas por la Kominform durante 1947, y que la amplificación de estas ilusiones en estos y otros partidos años después daría pie a muchos revisionismos, y en particular en algunos de estos partidos occidentales como el italiano, español o el francés desembocarían en el revisionismo eurocomunista en los años 70. Esto, no tiene nada que ver con las tácticas marxista-leninistas de frente:


«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias entre de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de 1935)

Todo este tipo de distorsiones de la correcta aplicación de la teoría y práctica de frente hará actualmente una vez más, que los partidos comunistas se queden estancados en el abismo de la vacilación, mientras que la burguesía corroe su poder y finalmente lo acaba recuperando.

Compréndase que la lucha de clases que debe desarrollar el partido no se puede detener a medio camino, si se hace, como hemos mencionado ahora mismo, la burguesía retomara su poder, pues esta nunca duda de cuáles son sus objetivos y qué acciones tienen que hacer para defender sus intereses de clase, pues sabe que en una sociedad realmente socialista jamás tendrá cabida ni su influencia económica ni política ni ideológica. Hay que medir las etapas, no caer en el aventurerismo, pero tampoco adormecerse en las tareas de cada etapa, siempre hay que intercalar lo antes posible las tareas de la etapa democrático-burguesa anticolonial, antiimperialista, antifeudal o antifascista con las de la etapa socialista, como dijo Lenin, lo que nunca se puede hacer es pretender que existe una «muralla china» entre la etapa democrático-burguesa y la etapa socialista y estancarse. No tendría que hacer falta decir que el deber de la organización proletaria es liderar el proceso en cualquiera de las etapas que se encuentre, nunca delegar a otra clase, mucho menos explotadora, el liderazgo. Entendido esto es fácil comprender que denunciemos que sea una utopía de meros pacifistas y reformistas demagogos el intentar hacer creer al pueblo llano que la burguesía cambiará de parecer ante la perspectiva del socialismo una vez acabadas las tareas iniciales antifeudales, anticoloniales o antifascistas; si el socialismo que se aplica es real y se lleva sus tareas hasta sus últimas consecuencias, no se harán concesiones que permitan la supervivencia de la burguesía como clase social, y entonces en esa sociedad en su desarrollo al socialismo, la burguesía huirá sí o sí del proyecto socialista». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)