«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

martes, 12 de mayo de 2015

El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía; Jim Washington; 1980

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«La razón por la que la Komintern consideró que era posible establecer acuerdos con los sectores de la burguesía en los países coloniales y semicoloniales era porque ciertos sectores de ella –la llamada comúnmente burguesía nacional–, en general, apoyaban al movimiento nacional. Por otro lado la misma razón de que estas alianzas fueran temporales y condicionadas era por la tendencia al compromiso y al reformismo de este mismo sector. Ellos no apoyaran la continuación de la revolución democrático-nacional hasta el final, esto significa que para lograr una ruptura total con el imperialismo sólo se puede tomando la senda del socialismo. Mientras el proletariado no establezca la dictadura del proletariado y se embarque en el socialismo, la burguesía «nacional» buscará por todos los medios establecer la dictadura burguesa, y buscará también consolidar las relaciones capitalistas e incluso manteniendo la dependencia del imperialismo para ello. Mientras los sectores de la burguesía nacional juegan un rol positivo durante la etapa democrático-nacional, ésta se rebelará contra la revolución, y el proletariado en alianza con el campesinado deberá continuar por el camino que la burguesía no quiso seguir. Las relaciones que fueron calificadas en un momento como alianzas, en ese momento serán transformadas en relaciones antagónicas desarrollándose una seria lucha a vida o muerte». (Jim Washington, El socialismo no puede construirse en alianza con la burguesía, 1980) 


Este documento escrito en 1980, a escasos cuatro años de que Hua Kuo-feng tomara el poder en China y a dos de que Deng Xiaoping fuera rehabilitado una vez más en el Partido Comunista de China y se hiciera con el poder definitivamente. El autor Jim Washington intenta analizar los errores de la dirección china para comprender la subida y caída de facciones dentro del Partido Comunista de China desde 1949.

Para contrastar la «vía china al socialismo», el autor,  cita documentos y críticas del Partido del Trabajo de Albania sobre la revolución albanesa, para que el lector pueda observar que a diferencia de los chinos, los albaneses no tuvieron contemplaciones a la hora de acabar con el poder económico y político de la burguesía, que desarrollaron una extensa labor contra las reminiscencias ideológicas que dejaba la misma, y demostrando la vasta tarea desarrollada por el Partido del Trabajo de Albania para combatir dichas reminiscencias en la sociedad socialista.

Para comparar la dos revoluciones y sus desarrollos, el autor lo primero que hace es analizar temas tan importantes como la teoría china antileninista de la «nueva democracia» de Mao Zedong, la cual llevaba en su seno el desarrollo prolongado de la propiedad privada, el multipartidismo, y la unión con la burguesía sellada en la coalición de gobierno con ella, tesis contrarias a las recomendadas por la Komintern tanto de la época de Lenin como la de Stalin.

Para el autor esta teoría es la piedra angular que permite la comprensión del oportunismo chino, la teoría aceptaba en el seno del partido que hizo que revisionistas descarados como Liu Shao-chi o Deng Xiaoping amarraran el poder con mayor o menor intensidad durante varias épocas, revisionistas que siempre estuvieron en armonía con las tesis del jefe de partido Mao Zedong quién fue autor de la inclusión de otros conceptos liberales ajenos al marxismo-leninismo como la teoría menchevique de la «necesidad de desarrollar la propiedad privada durante y largo periodo de tiempo» para desarrollar las fuerzas productivas, considerar a la burguesía nacional como parte del «pueblo», tomar las disputas de partido con los oportunistas sin «luchas despiadadas» sino bajo la «unidad-crítica-unidad» o la idea de una futura «transición pacífica de las clases explotadoras al socialismo»: teorías que fueron el caldo de cultivo para la degeneración ideológica del Partido Comunista de China como se tipificó en el VIIº Congreso de 1945. Después, la identificación de las empresas mixtas estatal-privadas capitalistas de Estado como «propiedad socialista», la «coexistencia pacífica y supervisión mutua» con los demás partidos burgueses y pequeño burgueses, la aceptación de  la «lucha de dos o más líneas» en el partido comunista como algo normal o la teoría de las «cien flores y cien escuelas de pensamiento» en la cultura, que según Mao Zedong debía de ser extendida a todos los ámbito de la sociedad, etc. Todas estas formas de pensar quedaron patente en el VIIIº Congreso celebrado en 1956, donde ya en el poder se exponía y defendía de modo programático que la burguesía debería seguir siendo un aliado en la construcción del socialismo y donde se implementara la política económica desarrollada por el revisionismo titoista y jruschovista en cuestión de descentralización, autogestión, diferencias salariales, abolición de las directrices del plan como obligatorias, usar la ley del valor para la producción y distribución de productos, renunciar al rol de la industria pesada, todo ello aprobado por Mao Zedong y Liu Shao-chi. Dentro del Partido Comunista de China nunca se hizo autocrítica al respecto de la autoridad de Mao en dichos errores, pese a que quedaron plasmados en sus obras oficiales y no oficiales, y años después se limitaron a adjudicar la culpa de todos estos desarrollos a terceros, cuando los hechos teóricos y prácticos demostraban que Mao fue la piedra angular de dichos desarrollos oportunistas como demuestra Jim Washington.

Así mismo, se analiza brevemente el espontaneísmo y la poca relación con el marxismo-leninismo de las tácticas utilizadas en China durante la llamada «revolución cultural» que fue un completo bluf por mucho que la propaganda china decorara lo contrario, pero el análisis de dicho movimiento es tocado de modo muy superficial, por lo que quién esté interesado en este tema concreto recomendamos otros documentos que ya hemos publicado.

En realidad como decíamos esta obra es una comparación entre las dos revoluciones albanesa y china y como tomaron la cuestión de la burguesía nacional. Dos vías respecto a las clases explotadoras: la vía la revolucionaria y la revisionista y conciliadora.

Pero en sí es un repaso a la visión marxista-leninista albanesa de la revolución china de 1949 hasta 1976 al igual que del propio revisionismo del pensamiento Mao Zedong. Téngase en cuenta eso sí, que el autor no tuvo en sus manos todo el material disponible hoy día sobre los desarrollos del revisionismo chino tanto de sus inicios como de los años posteriores, entiéndase que algunas de las críticas de Jim Washington no son completas o no son exactas como es normal, pero sin duda este documento contribuye a demostrar que el desarrollo político, económico y cultural de la burguesía nacional china se consolidó gracias a las teorías liberales y revisionistas de los revisionistas chinos del Partido Comunista de China, escrito en 1980 lo que tiene gran mérito precisamente por la ocultación de datos de los revisionistas chinos.

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Si el lector desea leer otras críticas más amplias o desde otra óptica al revisionismo chino, recomendamos:
Notas

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