«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848)

lunes, 31 de agosto de 2015

Agim Popa hablando de las causas del repunte del trotskismo en los 70


«El renacimiento del trotskismo y sus causas


Después del XXº Congreso del PCUS de 1956, y especialmente después del XXIIº Congreso del PCUS de 1961, donde el renegado de Jruschov lanzó la salvaje campaña antistalinista, el trotskismo que había recibido duros golpes y había perdido toda influencia en las masas levantó la cabeza, reanudó su actividad a gran escala, y extendió sus venenosas raíces a muchas áreas y países del mundo. Como hongos después de una lluvia, los grupos y organizaciones trotskistas comenzaron a surgir en gran número en Europa, América y otras áreas.

En la actualidad, desde los años 60 en adelante, los trotskistas  han agrupado en torno a cuatro centros principales: el «Secretariado Internacional», la denominada «Corriente Marxista Internacional», la «Secretaría de Latinoamérica», y el «Comité Internacional», en Londres, que reúne principalmente a los grupos trotskistas británicos, estadounidenses y canadienses.

Los grupos trotskistas en Europa Occidental son especialmente numerosos. Así, por ejemplo, varios de estos grupos han aparecido en Francia y llevan a cabo su perniciosa actividad: el Partido Comunista Internacionalista (PCI), que es la rama francesa de la IV Internacional; la Organización Comunista Internacionalista (OCI), una facción rival que no pertenece a la IV Internacional; la Alianza de Jóvenes por el Socialismo (AJS), la Alianza Revolucionaria Marxista (ARM); la Liga de los Comunistas (LC), el grupo Lucha Obrera (LO), etc. En España, también, varias organizaciones trotskistas están activas: el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), la organización Acción Comunista (AC), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En Gran Bretaña la organización trotskista conocida como la Liga Socialista del Trabajo (LST) sigue activa. Varias agrupaciones trotskistas también han levantado la cabeza en muchos otros países como Alemania Occidental, Suecia, Bélgica, etc., y otros por toda Europa, y también en otros países como Ceilán y Japón en Asia.

¿Cuáles son las causas de la reactivación del trotskismo en la actualidad?

Las principales causas son las siguientes:

Por una parte la resurrección del trotskismo está conectada a la involucración, en el movimiento actual del día de hoy, de estratos «intermedios», de la pequeña burguesía urbana, como los pequeños comerciantes, trabajadores no manuales, intelectuales, estudiantes, etc. quienes traen consigo en el movimiento la vacilación típica de la pequeña burguesía. Precisamente estas vacilaciones, esta inestabilidad pequeño burguesa, tiene inclinaciones que van de un extremo a otro, desde el anarquismo y el aventurismo, a un desenfrenado oportunismo de extrema derecha y el derrotismo, lo que constituye un terreno favorable para que el trotskismo florezca y especule con sus propios fines contrarrevolucionarios.

Finalmente, en el período actual, cuando la ola del movimiento revolucionario está en constante aumento, la burguesía instiga y apoya por todos los medios y caminos la extensión del trotskismo, aprovechandose de los sentimientos de protesta de las grandes masas trabajadoras y en particular de las masas de la juventud y los estudiantes contra el orden capitalista y de sus sinceras pero espontáneas inclinaciones revolucionarias, busca desorientarlos bajo fraseología ultrarevolucionaria, para desviarlos del verdadero camino de la revolución, para despistarlos en aventuras que no son perjudiciales para la burguesía, y les llevará a la desilusión. Esta es la razón por la que las editoriales financiadas por la burguesía, hoy distribuyen los trabajos trotskistas y la literatura trotskista ocupa grandes espacios». (Agim Popa; El movimiento revolucionario actual y el trotskismo, 1972)

El FSLN y su posición ecléctica respecto al Frente Amplio Opositor (FAO); Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Humberto Ortega, uno de los líderes de la tendencia del FSLN (Tercerista)

«El Frente Sandinista de Liberación Nacional como hemos podido estudiar a lo largo de este documento, se estructura como una organización multiclasista, sin unidad organizativa ni unidad ideológica.

Es decir, se comportaba como una alianza de elementos dispares para un objetivo común inmediato –un frente–, pero se dio la casualidad de que este frente también participaría en tácticas de frente con otras agrupaciones, ¡imagínense el caos y los peligros que fraguaba tal paradoja y despropósito!

Durante los meses de marzo a agosto de 1978 se formarían frentes –agrupaciones de organizaciones y alianzas entre ellas– de diferentes sectores de la población nicaragüense antisomocista. Expliquemos los dos más significativos.

Por un lado el frente del Frente Amplio Opositor (FAO), formado por las siguientes formaciones:

«Unión Democrática de Liberación (UDEL): Rafael Córdova Rivas, presidente Rodolfo Robelo Herrera, secretario general, Juan Manuel Gutiérrez, Partido Liberal Independiente, Ramiro Sacasa Guerrero, Movimiento Liberal Constitucionalista. Héctor Sánchez Argüello, Acción Nacional Conservadora, Gustavo Tablada, Partido socialista Nicaragüense, Julio Briceño Dávila, Partido Socialista Nicaragüense, Domingo A. Sánchez Salgado, Confederación General del Trabajo independiente, Adolfo Bonilla, Central de Trabajadores de Nicaragua. Partido Conservador de Nicaragua: Julio Icaza Tijerino, Partido Conservador Auténtico; Adolfo Calero Portocarrero, Partido Social Cristiano Nicaragüense: Róger Miranda Gómez, José Esteban González, Partido conservador de Nicaragua. Enrique Sotelo Borgen, Julio Cesar Avilez, Grupo de Los Doce: Emilio Baltodano, Sergio Ramírez Mercado, Confederación de Unificación: Luía Medrano, movimiento democrático nicaragüense, Adolfo Callejas, Ramiro Cardenal». (Revista Envió; Partidos y Movimientos Políticos en Nicaragua, 1984)

Su historia y objetivos podrían describirse de la siguiente forma:

«Lo forma el sector de la burguesía no vinculado a la familia Somoza. Tiene bastante poder económico y limitado poder políticos. Se puede distinguir en él una gran burguesía –finanzas, agro-exportación de café, azúcar y algodón– y una burguesía media –negocios de menor envergadura–. Juntas suman el 0.5% de la población de Nicaragua. Las intervenciones militares norteamericanas, con las que colaboró la oligarquía criolla –liberal o conservadora– frustraron el proyecto nacionalista de Zelaya y determinaron que ya fuera posible el surgimiento de una burguesía nacional con un proyecto político y económico coherente. El somocismo, por su parte, hizo imposible el establecimiento de una democracia burguesa de consenso social. Sólo quedó espacio para la dictadura. La dictadura somocista, a lo largo de su prolongada dominación, desarrolló intereses propios, que entraron en creciente conflicto con los de la burguesía. Y si en los años 50 ésta llegó a sentirse representada en sus intereses por Somoza, en los últimos 7 años somocistas –desde el terremoto de Managua– los intereses de ambos bloques se fueron haciendo más y más irreconciliables. Frente al compacto y poderoso bloque somocista, la burguesía opositora aparece fraccionada en muchos partidos y débil en el planteamiento de su alternativa antisomocista y reformista. La crisis irreversible en que entró la dictadura en los dos últimos años canalizará una mayor unión en este bloque, que empezará a tener en las coaliciones de (UDEL primeramente y posteriormente del FAO, un órgano de expresión política más propio y unificado. Pero para entonces ya había pasado su «tiempo» histórico: llegaba tarde la unidad». (Revista Envío; Partidos y Movimientos Políticos en Nicaragua, 1984)

Por otro lado estaba el frente del Movimiento Pueblo Unido (MPU), formado por:

«El Comité de Lucha de los Trabajadores (CLT): Central de Acción y Unidad Sindical (CAUS); Movimiento Sindical Pueblo Trabajador (MSTP); Confederación General de Trabajo (CGT); Unión Nacional de Empleados -UNE-; Asociación de Trabajadores del Campo (ATC); Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN); Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES); Movimiento Estudiantil de Secundaria (MES); Centro Estudiantil de la Universidad Privada (CEUPA); Frente Estudiantil Revolucionario (FER); Asociación de Mujeres ante la Problemática Nacional (AMPRONAC); Federación de Movimientos Juveniles de Managua (FMJM); Frente Estudiantil Revolucionario Socialista Nicaragüense (JSN); Partido Socialista Nicaragüense (PSN); Movimiento Obrero Revolucionario (MORE); Partido Comunista de Nicaragua (PC de N); Partido Liberal Independiente (PLI); Agrupación de los Doce; Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN); Partido Popular Socialcristiano (PPSC); Sindicato de Radio periodistas de Managua; Frente Obrero». (Revista Envío; Partidos y Movimientos Políticos en Nicaragua, 1984)

La fisonomía ecléctica y caótica del propio FSLN haría que entre sus tres tendencias se crearan riñas debido a que cada tendencia tenía una posición sobre las alianzas a entablar en la lucha contra el somocismo. Mientras el FSLN (Proletario) y el FSLN (GPP) preferían entablar las tácticas de frente con las agrupaciones «populares» del Movimiento Pueblo Unido (MPU), el FSLN (Tercerista) prefería integrarse y combatir desde el frente de las agrupaciones de la burguesía antisomocista del Frente Amplio Opositor (FAO). Una posición del FSLN que solo parece que cambiaría cuando comenzaron las conversaciones para la reunificación de las tendencias, que incluían que las tres tendencias se integraran en el MPU y no en el FAO. Años después lo relataba Wheelock:

«Nosotros promovimos la formación del Movimiento Pueblo Unido (MPU) en el que, además de los partidos de izquierda, participaban como 30 organizaciones populares. Los terceristas no estaban participando en este movimiento porque, por su táctica, y por el tipo de alianzas que conformaron se decidieron a participar en un frente de oposición organizado por la burguesía, el Frente Amplio Opositor (FAO). (...) Hay que agregar que el MPU estaba sostenido por dos tendencias del FSLN: la GPP y los Proletarios, que sumaron allí sus organizaciones más combativas y ambos trabajaron para llevar allí a los otros partidos. (...) Finalmente las tres tendencias nos pusimos de acuerdo en integrar el MPU y sin muchos tropiezos elaboramos ya toda una estrategia unitaria». (Jaime Wheelock; Vanguardia y revolución en las sociedades periféricas; Entrevista de Marta Harnecker, 1986)

La evolución del FAO puede describirse así:

«Ante el empuje de la guerra popular de liberación, el bloque opositor burgués tratará de volver a ocupar espacios ya imposibles de oposición cívica. Y así plantea una mediación entre el FAO y Somoza. Las gestiones se extienden desde agosto de 78 a enero de 79. La Comisión Mediadora la integran representantes de República Dominicana, Guatemala y Estados Unidos. Por parte del FAO, la hegemonía de la mediación se le quiso dar a la jerarquía eclesiástica. De hecho, la tuvo el INDE.

El gobierno norteamericano aspiraba a que la mediación sirviera para quitar a la dictadura su signo dinástico, para ir borrando gradualmente el sello somocista del Estado y para eliminar la corrupción administrativa, de tal manera que una mayor racionalidad aumentara los beneficios de la empresa privada. El bloque opositor burgués presentaba la mediación como un «puente necesario» para poder implementar después las reformas democráticas. Un sector de este bloque ponía gran confianza en la presencia de Estados Unidos en la mediación.

En octubre, cuando el FAO llega incluso a presentar a la Comisión Mediadora un Esquema de Gobierno Provisional, los Doce declaran que «la mediación se ha descarado en intervención» denunciando la creciente influencia que tienen en ella los planteamientos norteamericanos, y manifiestan al representante de Estados Unidos que la única solución es la salida inmediata de Somoza y de su familia del país. Después, los Doce abandonan el FAO.

Somoza y el PLN no aceptan la propuesta de Gobierno Provisional y ante lo irreconciliable de las posiciones, la comisión propone que en 60 días se celebre un plebiscito para que el pueblo decida si Somoza debe irse o quedarse. El FAO comienza entonces a ponerle algunas condiciones al plebiscito plegándose cada vez más a las presiones norteamericanas, que apoyan esta salida. En diciembre, el PLI propone a la FAO que rompa con el «Plan Washington» y que juntos inicien conversaciones con el FSLN y el MPU para formar el Frente Patriótico Nacional (FPN). El PLI abandona la FAO. Ese mismo día el PPSC hace lo mismo. Se produce una reacción en cadena. Los partidos más progresistas que integraban el FAO, los más sensibles a los intereses del bloque popular, lo abandonan. Los doce los aglutinan a todos y en febrero de 79 se crea el FPN con el Grupo de los Doce, las 22 organizaciones del MPU, el PLI, el PC de N, y una fracción de la CTN. Llevando adelante la política de unidad nacional, que se traduce en flexible política de alianzas, el FPN propone al FAO la formación de una nueva Alianza Patriótica, pero el FAO ya no acepta unirse al bloque popular, cuya fortaleza no llega a estimar suficientemente.

Fracasada la mediación que conducían a los estadounidenses, los partidos que quedaron en el FAO promueven en abril una «mediación criolla», que apoya esencialmente la empresa privada. Se llama Comité de Reflexión Patriótica propone un diálogo con todas las fuerzas políticas: FAO y FPN y que incluya al PLN y la GN. El comité lo encabeza el Mons. Obando y resultó otro fracaso». (Revista Envío; Partidos y Movimientos Políticos en Nicaragua, 1984)

Y esto dará como resultado:

«Las fuerzas del bloque opositor burgués –partidos y sectores de la empresa privada– que quedaron en los residuos de la FAO y no integraron el FPN están aún agrupadas en la Coordinadora Democrática (CDN) o en la contrarrevolución armada. Parte de la CTN, formó parte del FPN pasó a la CDN, en la que también está ahora el partido de reciente creación PSD). Como sucedía ya en el pasado somocista, es el COSEP la verdadera fuerza de este bloque. Son los empresarios quienes intentan conducir a los partidos y recrear así el rol político capital privado». (Revista Envió; Partidos y Movimientos Políticos en Nicaragua, 1984)

Es decir, que los desechos del FAO serían parte integrante de la llamada Contra, otra parte de la burguesía antisomocista integrada en el FAO iría desertando para unirse al frente MPU, y a su cabeza dirigente el FSLN, donde tiene su representación en la tendencia del FSLN (Tercerista) que abiertamente hacía proclamas en su favor. Unos años después, con el FSLN ya en el poder, la burguesía antisomocista sería descrita por la propaganda del gobierno como «burguesía sandinista»: como describían sus propios amigos eurocomunistas en 1984»(Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

domingo, 30 de agosto de 2015

La importancia del bloque popular antifascista en España


«¿Cuál es la importancia del bloque popular antifascista? Voy recurrir otra vez a la autoridad del camarada Dimitrov, a sus palabras en el VIIº Congreso de la Komintern:

«En la movilización de las masas trabajadoras para la lucha contra el fascismo, tenemos como tarea especialmente importante la creación de un extenso frente popular antifascista sobre la base del frente único proletario. El éxito de toda la lucha del proletariado va íntimamente unido a la creación de la alianza de lucha del proletariado con el campesinado trabajador y con las masas más importantes de la pequeña burguesía urbana, que forman la mayoría de la población incluso en los países industrialmente desarrollados. El fascismo, en sus campañas de agitación encaminadas a conquistarse esas masas, intenta contraponer las masas trabajadoras de la ciudad y del campo al proletariado revolucionario y asustar a los pequeño burgueses con el fantasma del «peligro rojo». Nosotros tenemos que volver las lanzas y señalar a los campesinos trabajadores, a los artesanos y a los trabajadores intelectuales, de dónde les amenaza el verdadero peligro, tenemos que hacerles ver concretamente quién echa sobre los campesinos la carga de las contribuciones e impuestos, quién les estruja mediante intereses usurarios, quién, a pesar de poseer las mejores tierras y todas sus riquezas, expulsa de su terruño al campesino y a su familia y le condena al paro y a la mendicidad. Tenemos que poner en claro concretamente, explicar paciente y tenazmente, quién arruina a los artesanos a fuerza de impuestos y gabelas de todo género, rentas gravosas y de una competencia insoportable para ellos, quién lanza a la calle y priva de trabajo a las amplias masas de los trabajadores intelectuales. Pero esto no basta. Lo fundamental, lo más decisivo, para establecer el frente popular antifascista es la acción decidida del proletariado revolucionario en defensa de las reivindicaciones de estos sectores y, en particular, del campesinado trabajador, de reivindicaciones que corresponden a los intereses cardinales del proletariado, combinando en el transcurso de la lucha las aspiraciones de la clase obrera con estas reivindicaciones». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

Después de estas palabras tan certeras, pocas he de pronunciar yo para destacar la importancia y el significado del bloque popular antifascista. Ahora bien; nosotros hemos de dejar bien sentado que el bloque popular no debe ser creado exclusivamente con finalidades y funciones electorales. El bloque popular antifascista tiene otras tareas muy esenciales que realizar, otros deberes que cumplir. Sobre todo, en España. No se trata de volver al bloque del 14 de abril, para luego desembocar en noviembre del 1933. Se trata de una amplia lucha de masas contra la reacción y el fascismo, para poder destruir su base material e influencia política y abrir ancho cauce a un régimen democrático, en la senda hacia el poder obrero y campesino». (José Díaz; El VIIº Congreso de la Komintern señala el camino; Discurso pronunciado en el Coliseo Pardiñas de Madrid, 3 de noviembre de 1935)

Las graves consecuencias de las desviaciones en la línea estratégico-militar; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«En los casos respectivos de limitación a un actividad rural a los que hemos visto que se refiere Stalin, como en el caso de Yugoslavia y China, se añadía el problema de que a causa de la ideología pequeño burguesa de los líderes de estos partidos comunistas, la línea de tales partidos obligaba a los cuadros a evitar el trabajo en las ciudades y concentrarse en los campos, por lo que cuando en estos dos casos particulares estos partidos se encontraron con el poder político en sus manos –en gran parte, como dice Stalin, por factores externos como la asistencia externa y los acontecimientos internacionales–, no tenían nexos con el proletariado de las ciudades, y esto se traducía en que este poder político estaba aislado del proletariado al cual habían ignorando durante el ejercicio de la lucha armada y que el proletariado no estaba templado en la ideología comunista. Esto quería decir que no se instruía a los trabajadores con la literatura marxista-leninista, y eso redundaba en que sobre todo las masas populares de la ciudad, al no participar en los eventos hasta las etapas finales de la lucha, tampoco podían corroborar la justeza de la teoría marxista en la práctica, no podían aprender de sus propios errores, corregirse y avanzar en su trabajo y mentalidad. También esta línea militar daba paso a un apoyo a las teorizaciones revisionistas que instigaban la teoría de que el campesinado era la fuerza más revolucionaria, y que era dicha clase social que debía hegemonizar el próximo régimen político a establecer.

Estos ejemplos contrastaban con la correcta línea de los comunistas en Checoslovaquia, Bulgaria, Albania, y otros, donde pese a los periodos de ocupación de las ciudades por el enemigo, se tenía un vasto campo de actividad en ellas, y en el momento de su liberación contaban con un apoyo y conciencia avanzada de un proletariado curtido en la lucha y que estaba versado en la conciencia marxista-leninista que impartía el partido. En otros casos de análoga situación a la sino-yugoslava –guerra de guerrillas con asistencia de Estados vecinos que por factores internos y externos se corona con el triunfo de los guerrilleros– como Vietnam o Camboya, la misma carencia de formación ideológica de sus líderes sobre el tema del trabajo en las ciudades y el campo, legó al nuevo poder unos partidos sin contacto con el proletariado bastante evidente y problemas de similar calado.

En el caso de Nicaragua pese a que el FSLN hubiera apostado desde finalmente desde 1977, por una táctica insurreccionalista, las iniciales líneas foquistas y la posterior de la «guerra popular prolongada» (GPP), hicieron que a la postre, a la toma de poder del FSLN en 1979 los nexos con la clase obrera estuvieran pobremente establecidos, además no debemos de ignorar que el poco trabajo ideológico de educación marxista que el FSLN desarrolló sobre las masas no estaba libre de manipulaciones y alteraciones premeditadas.

Pero eso no debemos engañarnos, lo aquí expresado sobre los errores militares no es un factor decisivo, las desviaciones y causas de que Nicaragua jamás transitara hacia el socialismo tienen raíces más profundas como ya hemos visto con anterioridad. No obstante, los errores de la organización político-militar del FSLN: cambiando tanto de línea oficial estratégico-militar –pasando del foquismo, a la «guerra popular prolongada», y luego a un insurreccionalismo– o la existencia de varios cuerpos militares autónomos y descoordinados, solo fueron la consecuencia de viejas y mayores desviaciones como es el caso de la inexistencia de un partido proletario que dejara claro: 

1) Qué clase debía hegemonizar la revolución –que hubiera acabado con las ideas de que el campesinado es la vanguardia de la revolución y el campo el único área de actuación–; 

2) Que cerrara filas y prohibiera el fraccionalismo –y eso hubiera incluido los brazos militares de las tres tendencias–; 

3) Que tuviera una unidad ideológica que incluyera una educación marxista-leninista como elemento esencial para la derrota en el interior de la organización de teorías militares revisionistas como el foquismo o la GPP»(Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Qué nos enseña una vez más las experiencias históricas sobre la «guerra popular prolongada» maoísta y el «foco» guevarista?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Soldados sandinistas controlando tras tomar Sapoa

«Para el lector que no conoce bien estas teorías, expliquémoslas resumidamente.

Foquismo:

¿Qué fenómenos se pueden observar en el famoso foquismo? Ya mencionados anteriormente; recapitulemos: 1) no se toma en cuenta las condiciones objetivas ni subjetivas para el desencadenamiento de la toma de poder; 2) la repetición de la tesis anarquista de que «la historia la hacen los héroes»; 3) se incita a la pasividad de las masas, que deben esperar a las prácticas terroristas de estos «grupos de héroes», para que la masa, la «muchedumbre» no sufra las consecuencias de la contrarrevolución; 4) niega al proletariado como clase de vanguardia, fundiéndolo con la llamada masa, ya que tampoco le encuentran como a otras clases sociales, potencial para iniciar la revolución, a diferencia de los llamados «héroes» de distintas clases sociales que conforman la guerrilla; 5) relega a la ciudad a ser en la práctica mero espectador de los acontecimientos o en el mejor de los casos el furgón de cola de los acontecimientos de pugna por el poder, que se desarrollarían según el guevarismo en zonas más favorables para la guerrilla como la montaña, la selva o el campo.

Con estas tesis se ha causado una larga lista de estrepitosos fracasos en Latinoamérica durante los 60 y 70. Ejemplo de grupos armados que se fijaron a la hora de actuar en la revolución cubana de 1959 y sus métodos antimarxistas: las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional en Venezuela, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros en Uruguay, el Ejército Revolucionario del Pueblo en Argentina, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Chile. Todos ellos tuvieron una fuerte inspiración en las tesis guerrilleras de Castro-Guevara, todos ellos crearon guerrillas de diversa índole, algunos apoyándose en el campo, otros queriendo adaptar las tesis de Guevara a la ciudad, algunos apoyándose en partidos detrás de la guerrilla, otros sin ellos, eso ya respondía a ciertas particularidades pero todos tenían un nexo común: el revisionismo cubano y en especial el guevarismo. 

Desmontemos el rasgo principal característico del foquismo: su aventurismo y el voluntarismo.

Lenin, explicaba así las condiciones objetivas –que no dependen de la voluntad de las personas– y subjetivas –las que si dependen de la voluntad de las personas– que se tienen que dar para que una situación revolucionaria desemboque en una revolución:

«A un marxista no le cabe duda de que la revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Seguramente no incurrimos en error si señalamos estos tres síntomas principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las «alturas», una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que «los de abajo no quieran», sino que hace falta, además, que «los de arriba no puedan» seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de «paz» se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de  crisis, como por los mismos «de arriba», a una acción histórica  independiente». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1915)

Y añadía:

«Sin estos cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria. Esta situación se dio en 1905 en Rusia y en todas las épocas revolucionarias en Occidente; pero también existió en la década del 60 del siglo pasado en Alemania, en 1859-1861 y en 1879-1880 en Rusia, a pesar de lo cual no hubo revolución en esos casos. ¿Por qué? Porque no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper –o quebrantar– el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, «caerá» si no se le «hace caer». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; La bancarrota de la II Internacional, 1915)

Esto es algo, a lo que se han apegado todos los marxista-leninistas a la hora de aplicar la lucha de clases que es el motor de la historia, eso incluye, que dentro de esta lucha de clases se de por supuesto la toma de poder, que es el derrocamiento de una clase por otra en el Estado:

«¿Cuál debería ser la relación entre el factor subjetivo y el factor objetivo en la lucha de clases? El partido debe seguir una política revolucionaria en una lucha de clases construida sobre la base de su profundo conocimiento y aplicación de las leyes y las condiciones objetivas de esta lucha, debemos educar a las masas en una elevada conciencia socialista debemos preparar y organizar la lucha de clases en el nivel más alto posible, debemos librar la lucha con métodos revolucionarios, siempre junto con las masas, y mediante la autoridad de nuestro liderazgo aplicar sobre la base de las leyes y las condiciones objetivas. Cualquier soporte y acto no conforme con las leyes y condiciones objetivas derivarán inevitablemente, en actos de terrorismo o aventurerismo, en confusión o miedo, hay que tener siempre presente que la pérdida del rumbo en la lucha, la pasividad, o peor aún, la capitulación frente a la presión de los enemigos o las dificultades impuestas por las condiciones naturales de ese momento y sus directos obstáculos, son golpes mortales a la revolución, porque la derrota en la lucha de clases y la revolución, hacen posible que las fuerzas reaccionarias imperialistas, y el revisionismo ganen esta lucha a muerte. Para evitar este aciago desenlace en la política de la lucha de clase, el liderazgo que abandera a ésta se debe elevar sobre la base científica de las leyes y las condiciones objetivas, deberá plantear la visión revolucionaria de futuro ante sus militantes con gran determinación y coraje, sabiendo maniobrar con la habilidad y la madurez del proletariado, manteniendo siempre la iniciativa en la lucha, esto es lo único que puede conducir a la victoria sobre los enemigos de clase y viejos reaccionarios de todo pelaje. La lucha de clases es una lucha a vida o muerte entre el socialismo y el capitalismo, y, como tal, se libra de manera objetiva y con fiereza durante todo el período de transición al comunismo». (Nexhmije Hoxha; Algunas cuestiones fundamentales de la política revolucionaria del Partido del Trabajo de Albania sobre el desarrollo de la lucha de clases, 27 de junio de 1977)

Pero en cambio, Guevara y sus futuros discípulos rompían con esta concepción marxista-leninista, y a la hora de crear su teoría del «foco» defiende que el foco guerrillero aislado, creado por un puñado de guerrilleros aventureros, puede crear una «chispa que incendie el prado» y produzca por tanto una reacción general de toda la población trabajadora, o sea puede estimular las condiciones objetivas pese a que estas no dependen de las voluntad de los propios guerrilleros:

«No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas». (Ernesto «Che» Guevara; La guerra de guerrillas, 1960)

lunes, 24 de agosto de 2015

Análisis de la estrategia militar del FSLN y su evolución; Equipo de Bitácora (M-L), 2015


«Si estudiamos la estrategia militar contenida en la organización político-militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional desde sus inicios en los 60 hasta su triunfo a finales de los 70, veremos que las ideas de sus líderes no son homogéneas y que con la aparición de las tendencias: en cada organización va primando una línea de pensamiento militar acorde a las características organizativas e ideológicas de cada tendencia.

Aclaremos como punto inicial: aquí vamos a analizar las posiciones estratégico-militares del FSLN en sus inicios y luego la posturas estratégico-militar de las tres tendencias, por lo tanto aunque veremos que el FSLN (Proletaria) o el FSLN (Tercerista) estuvieran más cercanos a la posición marxista-leninista de la toma de poder que el foquismo del FSLN inicial o el FSLN (GPP) no significa que eso se tradujera automáticamente en una sana ideología política, de hecho las desviaciones políticas de las tendencias son palpables en las tres, siendo más descaradas las del FSLN (Tercerista) como ya dijimos. Esto debe quedar claro para que no haya confusiones.

Cuando nace el FSLN aproximadamente en 1961, nace como una guerrilla inspirada en la revolución cubana de 1959 y por lo tanto es una guerrilla guevarista de tipología foquista. Carlos Fonseca en una entrevista de 1970 en la Habana, relató los inicios guerrilleros en 1959 como la acción del «Chaparral» cuando todavía no estaba constituida la organización, en estas primeras acciones y resultados se aprecia la clara inspiración foquista:

«EGB: ¿Había ya un comienzo de organización del movimiento guerrillero?

CFA: No, fue una acción aislada; se produjo en Yaule, al norte del país. Acciones aisladas se producen también en 1959. En una de ellas yo empuñé por primera vez un arma para combatir la tiranía; fue la acción de El Chaparral.

EGB: ¿Cómo fue esta acción?

CFA: Preparábamos la acción en territorio hondureño, próximo a la frontera con Nicaragua. Había compañeros estudiantes, obreros, artesanos, algún exmilitar, gente joven, en general. Éramos cincuenta y cuatro. Teníamos una inexperiencia total; sin movilidad, sin una seguridad adecuada, ni siquiera con un contacto mínimo con la población donde llevaríamos a cabo la acción; muchísimas limitaciones. Cuando estábamos próximos a entrar a Nicaragua fuimos detectados, todavía en territorio hondureño, en una región conocida como El Chaparral. Nos cercaron fuerzas militares hondureñas y la Guardia Nacional de Somoza (de esto no cabe duda porque, incluso, algunos compañeros sobrevivientes fueron interrogados por la Guardia Nacional). En algunos compañeros hay la actitud de resistir hasta el último tiro pero no hay nada que hacer: el terreno es desfavorable para defenderse: una quebrada, un crique, como le dicen también y las fuerzas militares llegan por arriba; las postas nuestras estaban mal ubicadas, tan cerca del campamento que prácticamente no había postas». (Carlos Fonseca Amador; Entrevista por Ernesto González Bermejo en la Habana, 11 de enero de 1970)

Después, con un FSLN ya en la escena como tal, se dio pie a otras intentonas guerrilleras similares en la zona del Río Coco y Bocay durante 1963:

«EGB: Se funda el Frente Sandinista y ¿qué ocurre?

CFA: Tropezamos con un grave problema: la influencia que todavía tenían los partidos tradicionales, muy fuertes en mi país, a diferencia de otros países de América Latina. Son dos partidos, liberales y conservadores que han sobrevivido siglo y medio.

EGB: ¿Con Somoza, qué vigencia tienen esos partidos?

CFA: Hicieron un contubernio total para sostener, junto con el imperialismo a la tiranía. Somoza se aprovechó directamente nada menos que del Partido Liberal (oficial) y el Partido Conservador hizo una oposición formal totalmente cómplice. Claro, en la etapa del viejo Somoza, cuando en el país no hay la mínima conciencia revolucionaria, esos partidos logran paralizar la lucha popular, las masas desesperadas, ansiosas de un cambio, se ven arrastradas por esos partidos. Entonces nos damos cuenta que cuanto mayores son esas dificultades, mayores nuestra obligación de enfrentarlas y multiplicar nuestros esfuerzos y damos los pasos preparatorios de una acción guerrillera; en 1962 armamos una expedición en el norte del país; la zona del Río Coco y del Río Bocay.

EGB: ¿Por qué eligen esa zona?

CFA: Hubo cierta improvisación, sin duda. Una serie de hechos más o menos casuales nos arrastró a esa zona con diversas desventajas, aislamiento –la parte más, aislada del norte del país, podríamos decir–, una población muy atrasada y escasa, una economía primitiva; la guerrilla sufrió un revés más. Cayeron valiosos compañeros de extracción universitaria: Jorge Navarro, Francisco Buitrago, Iván Sánchez Argüello, Mauricio Córdoba, Boanerges Santamaría, Faustino Ruiz, Modesto Duarte; todos murieron en esa intentona guerrillera.

EGB: La guerrilla ¿llega a perturbar a la oligarquía del país y a la dictadura?

CFA: No es fácil decir en qué medida. Lo cierto es que nuestro revés coincide con una maniobra de parte de la oligarquía que consiste en organizar una farsa electoral para imponer un elemento dócil como era René Schick, y tratar de crear ilusiones en algunos sectores del pueblo, dado que una persona que no pertenecía a la familia Somoza llegaría por primera vez al gobierno». (Carlos Fonseca Amador; Entrevista por Ernesto González Bermejo en la Habana, 11 de enero de 1970)

En 1966 y 1967 se intento por última vez en la zona de Pancasán este tipo de estrategia militar con mismos resultados:

«No obstante, entre 1966 y 1967, el FSLN inició una nueva acción armada en la zona montañosa de Pancasán –Departamento de Matagalpa–. Inspirados nuevamente en la teoría del foco, aunque con mejor preparación y con una fuerza que promediaba las 40 personas, esta organización retomó el accionar militar. Sin embargo, en 1967 el FSLN sufrió otro revés frente a la Guardia Nacional que asesinó a varios integrantes de la organización guerrillera, entre ellos a uno de sus fundadores, Silvio Mayorga». (Paula Fernández Hellmund; La fractura del movimiento revolucionario: tendencias dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1972-1979)

Esta línea foquista era la línea general de la organización antes de que cristalizaran las tendencias.

sábado, 22 de agosto de 2015

Sólo los marxista-leninistas enarbolan y llevan adelante la bandera de la revolución; Enver Hoxha, 1980


«La sociedad actual capitalista, burguesa y revisionista está preñada de la revolución, y la revolución siempre se ha guiado y se guiará sólo por las ideas de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Toda la gama de ideas que buscan revisar nuestra gran teoría, terminarán como siempre ha ocurrido en el basurero de la historia. Todas ellas junto al capitalismo, el imperialismo y el socialimperialismo, quedarán destruidas ante la gran fuerza del proletariado mundial que guía la revolución y se inspira en la inmortal doctrina del marxismo-leninismo.

Las tácticas y las maniobras de los eurocomunistas no pueden oscurecer nuestra gran doctrina y nunca podrá establecerse. Sólo los que están moldeados con esta doctrina –el marxismo-leninismo– y se atienen fielmente a ella, ven cuán peligrosos y astutos oportunistas tienen ante sí en la gigantesca luchar por el triunfo del mundo nuevo; del mundo socialista sin opresores, ni explotadores, sin el belicismo del imperialismo y el socialimperialismo belicistas, sin revisionistas, demagogos y traidores, ya sean viejos o nuevos.

En Francia, Italia, España y otros países capitalistas, depende en gran medida del proletariado y de su partido marxista-leninista el que fracasen las teorías que les son hostiles, las teorías antirrevolucionarias, antimarxistas, de los revisionistas. Sin un auténtico partido marxista-leninista que guíe al proletariado en las batallas de clase y en la revolución, no se puede combatir estas teorías antimarxistas que son propagadas por los partidos revisionistas, no se puede liquidar el poder de la burguesía.

Conscientes del gran daño que para la causa de la revolución y del comunismo ha supuesto el surgimiento y la propagación del revisionismo moderno, sobre todo el jruschovista, los revolucionarios marxistas-leninistas han sabido y podido oponer resistencia a esta gran embestida contrarrevolucionaria, han aprendido a organizarse y combatirla decididamente.

Con un elevado sentido de responsabilidad ante el proletariado de sus países y ante el proletariado mundial, se pusieron al frente de la encarnizada lucha de principios para desenmascarar la traición revisionista, y acometieron la tarea de crear nuevas organizaciones y partidos marxistas-leninistas.

En este gran proceso de diferenciación con el revisionismo moderno y de la lucha por la causa del comunismo, ha nacido y se ha desarrollado el movimiento marxista-leninista, que ha asumido la misión de enarbolar y llevar adelante la bandera de la revolución y del socialismo, traicionada y repudiada por los ex-partidos comunistas, a quienes la degeneración revisionista ha transformado en bomberos de la revolución proletaria y de las luchas de liberación de los pueblos. La formación de los nuevos partidos marxistas-leninistas constituyó una victoria de importancia histórica para la clase obrera de cada país, así como para la causa de la revolución a nivel mundial.

Los partidos en los que arraigó el revisionismo moderno de tipo: browderiano, titoista, eurocomunista, maoísta, fueron liquidados como partidos comunistas. El revisionismo les despojó de su espíritu marxista-leninista revolucionario, les transformó de destacamentos organizados de la clase obrera para llevar a cabo la revolución, en armas para la «extinción» de la lucha de clases la instauración de la «paz» de clases, el sabotaje de la revolución y la destrucción del socialismo.

No perdiendo de vista la lucha que los revisionistas modernos están desplegando contra la teoría y la práctica leninista sobre el partido, los auténticos revolucionarios comunistas combaten por la defensa, el reforzamiento y el desarrollo de los partidos proletarios, edificándose siempre desde la base de las enseñanzas del marxismo-leninismo. Son conscientes de que sin un partido de este tipo, sin un destacamento organizado y de vanguardia de la clase obrera, no se puede hacer la revolución, no se puede llevar a cabo correctamente y hasta sus últimas consecuencias la lucha de liberación nacional, no se puede hacer avanzar la revolución democrático-burguesa y pasar a la revolución proletaria.

No es por casualidad ni por un simple capricho que nace y se forma el partido marxista-leninista. Nace y se forma como resultado de algunos factores objetivos y subjetivos muy importantes. El partido marxista-leninista surge del seno de la clase obrera, representa sus elevadas aspiraciones, sus objetivos revolucionarios, desarrolla y lleva adelante la lucha de clases. Estando al margen de la clase obrera, al margen de sus objetivos revolucionarios, al margen de la teoría marxista-leninista –que es la teoría de la clase obrera–, jamás puede haber un partido marxista-leninista.

Un partido de la clase obrera se convierte realmente en un destacamento organizado de ésta, en su estado mayor, cuando se educa en la teoría marxista-leninista y la asimila, y cuando esta poderosa e insustituible arma la utiliza con habilidad y de manera creadora en la lucha de clases por el triunfo de la revolución, por la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo.

viernes, 21 de agosto de 2015

Las discrepancias y la creación de las tres tendencias; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

Nueve Comandantes del FSLN, tres de cada tendencia, integrantes Dirección Nacional Conjunta que comandaría el país de 1979 a 1984, durante la visita del Papa Juan Pablo II en 1983

«
Se estima que en 1974 surgen objetivamente a raíz del «asalto a la residencia de Chema Castillo», o más bien: debido al éxito del operativo se agudizan las discrepancias a causa de «celos» entre los miembros de la dirigencia. Estas existían ya desde antes de 1974, solo que no habían llegado al punto de ruptura como sí ocurre en 1975 que desemboca en la fractura que origina a tres tendencias; es decir tres organizaciones bien diferenciadas e independientes entre sí tanto en lo político como en lo militar: el FSLN Guerra Popular Prolongada (GPP), el FSLN Proletario, y el FSLN Insurreccional o Tercerista. Y aunque se ha escrito que esa fractura se debió a cuestiones de orden táctico y organizativo –una explicación pusilánime donde las haya–, lo cierto es que todo ello respondió esencialmente a diferencias de orden ideológico. Estas tres organizaciones es lo que se ha dado en llamar como las tres tendencias. Esto es uno de los rasgos que cualquier marxista-leninista puede utilizar para demostrar que el FSLN jamás ha sido una organización de tipo marxista-leninista, y en cambio perfectamente podríamos tipificar al FSLN como una organización trotskista, aunque su línea ideológica apenas tuvo influencia, su línea organizativa basada en la libre permisión de fracciones nos daría la razón, de igual modo la expresión práctica organizativa es un reflejo de la expresión teórica ideológica.

¿Cómo podríamos explicar al lector que es una fracción en un partido? Pues con las palabras del magnífico marxista-leninista español Pedro Checa:

«¿Qué es una fracción? Una fracción es un grupo que se organiza o funciona al margen de las normas establecidas en los estatutos del partido –célula, radio, asamblea, conferencia, etc.– a base de una plataforma propia y de una disciplina interior. Claro, que las fracciones no nacen como tales ya hechas. Se crean a través de los grupos, los núcleos militantes amigos, las tertulias, etc., que a través de coincidencias en la crítica o en la lucha contra determinados camaradas u organismos del partido van tomando forma y desarrollo». (Pedro Checa; Qué es y cómo funciona el partido comunista, 1937)

Una de las diferencias entre el trotskismo y el leninismo en el concepto organizativo de partido, es la cuestión de la permisión o no de fracciones en el partido, es de decir de plataformas paralelas al liderazgo legítimo y elegido por los órganos del propio partido como hemos visto en la definición anterior. Lenin explica su posición frente a este fenómeno:

«Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución. (...) Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma –a saber: «oposición obrera», «centralismo democrático», etc.–. El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreara la inmediata e incondicional expulsión del partido». (Vladimir Ilich Uliánov; Lenin; Informes en el Xº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia, 8 al 16 de marzo de 1921)

El trotskismo por medio de su líder declaraba sin embargo:

«La Cuarta Internacional nunca ha prohibido las fracciones y no tienen intención de hacerlo. Las fracciones han existido y seguirán existiendo entre nosotros». (Lev Trotski; Trotskismo y el PSOP, julio de 1939)

¿Cómo explicaríamos resumidamente al lector con prisa la cuestión de las tres tendencias del FSLN?

«Durante la década de 1960, la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) estaba discutiendo sobre la táctica y estrategia de la guerra revolucionaria en Nicaragua. Esto condujo a numerosas diferencias internas que se convirtieron en tres tendencias políticas y, posteriormente, en tres fracciones públicas en los años de 1970. Ellas son: la Tendencia Proletaria (TP), que adscribía a los postulados clásicos del marxismo, planteaba la necesidad de politizar prioritariamente a la clase trabajadora urbana y rural, constituyendo la vanguardia del proceso revolucionario. La TP, que fue la primera escisión que se produjo al interior del FSLN en 1975, buscó diferenciarse de lo que se conoció como Tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP). La GPP estaba influenciada por las teorizaciones de Mao Zedong y la guerra de resistencia anti-japonesa, creía en la movilización de las masas rurales y no priorizaba la insurrección en las ciudades. La última fracción surgió en 1976 y fue conocida como Tendencia Insurreccional o Tercerista (TI). La TI sostuvo la idea de la vía armada con centro en las ciudades para tomar el poder y pensaban que los trabajadores urbanos y rurales y el campesinado presentaban profundas debilidades para constituirse como sujetos revolucionarios, condición que les llevó a potenciar una mayor incorporación de la pequeña burguesía». (Paula Fernández Hellmund; La fractura del movimiento revolucionario: tendencias dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1972-1979)

Esto nos sabe a poco de cara a este ejercicio analítico así que ahondemos un poco en cada una de las tendencias del FSLN.

El FSLN (Guerra Popular Prolongada) o (GPP)

De inspiración guevarista-maoísta, practicaron el foquismo, en consecuencia  hicieron énfasis en la guerrilla campesina y confiaban en dicha clase como vanguardia. Es la primera tendencia en arraigar dentro de la organización, se cree que desde 1969, al menos de modo «oficial»:

«El FSLN ha analizado con seriedad y gran responsabilidad la realidad nacional y ha decidido enfrentarse a la dictadura con las armas en la mano, ya que hemos llegado a la conclusión de que el triunfo de la Revolución Popular Sandinista y el derrocamiento del régimen enemigo del pueblo, surgirá como consecuencia del desarrollo de una dura y prolongada guerra popular». (Frente Sandinista de Liberación Nacional; Programa Histórico del FSLN, 1969)

No obstante, en gran medida esa postura fue una evolución natural derivada tanto de la forma de organización, de la influencia teórico-práctica, como de la evolución práctica del conflicto al cosechar serías derrotas en las primeras experiencias armadas contra el somocismo en que se aplicaba el «foco» y que terminaron en desastres. Esos fracasos hicieron que paulatinamente se fuera adoptando la estrategia de Guerra Popular Prolongada, o dicho de otro modo, una estrategia más defensiva en contraste con la estrategia ofensiva del foquismo. Pero como sabrá el lector, ni el foquismo guevarista ni la GPP maoísta tienen puntos en común con las estrategias y tácticas marxista-leninista de la toma de poder.

La tendencia GPP asumía que el campesinado y la pequeña burguesía rural eran la clase revolucionaria que requería el proceso para el triunfo abandonando las ciudades, el trabajo político-ideológico en las ciudades era anecdótico. Esto fue justificado en la pequeña proporción de proletarios nicaragüense. En el mismo sentido, la vanguardia de esta facción tampoco tenía un componente de clase definido como efectivamente propone la teoría del foco y el maoísmo; es decir no consideraban al proletariado como la clase social revolucionaria. Las figuras más reconocidas una vez constituida la tendencia eran: Tomás Borge, Bayardo Arce, Henry Ruiz.

El FSLN (Proletaria)

De inspiración castro-guevarista, se distanciaron de las otras tendencias debido a que por un lado defendían que la clase obrera era la vanguardia proletaria del proceso que conduciría al socialismo en alianza con el campesinado, y por el otro consideraban que el movimiento era inmaduro al carecer de esa vanguardia proletaria. Desarrollaron su actividad sobre todo en la ciudad: esta iba desde infiltración en organizaciones civiles, pasando por atentados y sabotajes contra la dictadura. La actividad de esta tendencia sería la base de las organizaciones y movimientos sociales en las esferas del FSLN tras el triunfo. Pero también tenía vínculos con las zonas rurales como en Chontales, Chinandega o en Nueva Segovia.

Su formación está precedida de los reveses en la lucha armada y el fracaso del «foco» como estrategia, que originaron sucesivos enfrentamientos de orden teórico-práctico, que en un primer momento fueron comprendidos como parte del ejercicio de crítica y autocrítica del proceso, pero que con los desarrollos se demostró que se trataba de un conflicto por la hegemonía política del movimiento como expresión de las facciones, luego tendencias, que se estaban gestando. Para 1975, debido al enfrentamiento en lo sucesivo y al cuestionamiento de la Guerra Popular Prolongada. La Dirección del FSLN, a instancias de Tomás Borge, expulsan a los principales dirigentes de esta tendencia: Jaime Wheelock, Luis Carrión y Roberto Huembes. Esas expulsiones serían el origen concreto de la aparición objetiva de la tendencia conocida como FSLN (Proletaria), en tanto de su separación de la tendencia del FSLN (Guerra Popular Prolongada) como organización unitaria.

Sus líderes más reconocidos eran: Jaime Wheelock, Carlos Núñez, Luis Carrión, que pese a que mantenían un lenguaje más cercano al marxismo, no tenían nada ni de marxistas ni de proletarios.

El FSLN (Insurreccional o Tercerista)

Aparece como facción dentro del FSLN hacia 1974, y como tendencia en 1976.

Es un grupo abiertamente multiclasista, sin una ideológica definida. Se comportó como un «frente dentro del frente» que incluía a toda la masas antisomocistas de cualquier identidad político-religiosa. Por esta característica sería la tendencia con mayores recursos económicos y logísticos, y mayor apoyo internacional. Sus células operaron tanto en la ciudad como en el campo –en un intento de unificar la táctica de la tendencia FSLN (GPP) y de la tendencia FSLN (Proletaria)– y su objetivo era poner fin a la dictadura somocista y en su lugar establecer un gobierno democrático-burgués, esta tendencia se impuso tras el triunfo debido a que en ella se encontraban concentrado los elementos más preparados educativamente hablando que pasarían a ocupar los puestos claves del Estado, además de que poseía un mayor número de miembros y simpatía por su heterodoxia y «flexibilidad».

Se ha dicho –historiográficamente hablando– que fueron quienes asestaron los golpes más graves a la dictadura, pero no es correcto, esos golpes solo fueron posible gracias a la actividad de todas las tendencias, a la colaboración entre ellas, y en última instancia a la creación del mando unificado. Era criticada enormemente desde la tendencia del FSLN (Proletaria) por el carácter aventurero de sus acciones.

Se apoyó abiertamente en la pequeña burguesía y en factores de la burguesía antisomocista; aludía que dada la realidad del país había una enorme incapacidad de los obreros y del campesinado para organizarse, para comprender el proceso, para constituir su alianza natural. Esta política de alianza fue duramente criticada por las otras dos tendencias que la acusaban de haber abandonado las posiciones «marxistas» en favor de un proyecto burgués reformista; de hecho Humberto Ortega, fundador de esta tendencia y quien se reclamaba marxista-leninista, fruto de las alianzas de la tendencia fue modificando su postura para hacerla asumible a sus aliados.

Las figuras más destacables eran: Daniel Ortega, Humberto Ortega, Víctor Tirado López.

***

Una vez caracterizadas cada tendencia en su conjunto: teoría, praxis, estrategia, sus sujetos revolucionarios, etc.; podemos concluir categóricamente que las tendencias surgen por diferencias de orden ideológico a la luz de las cuales florecen facciones que llevan a la formación de las tendencias. En el mismo sentido, y al ser una acción militar la que acelera el proceso de disgregación, se puede inferir que también hubo luchas de poder al interior de la organización que se apoyaron en las contradicciones existentes.

Los tres dirigentes que hemos nombrado en cada tendencia pasaron a tomar parte en las conversaciones de mayo de 1978, y de ahí formaron parte  del «mando unificado»; dicho de otra manera, las tendencias siguen existiendo como organizaciones independientes pero colaborando estrechamente bajo una estrategia militar conjunta:

«Si bien estas diferencias emergieron a principios de los años de 1970, la aparición «oficial» de varias tendencias se produjo casi en paralelo con el asesinato en 1976 de uno de los principales líderes y fundadores del FSLN: Carlos Fonseca Amador. Pese a su muerte y a las divisiones internas, cada tendencia continuó ligada al Frente Sandinista y, a fines de 1978, iniciaron un proceso de reunificación que se hizo público cuando las tres fracciones lanzaron un comunicado donde daban a conocer la formación de una Dirección Nacional Conjunta (DNC) integrada por tres representantes de cada tendencia: Tomás Borge, Henry Ruiz y Bayardo Arce por la GPP; Daniel Ortega, Humberto Ortega y Víctor Tirado por la TI; y Jaime Wheelock Román, Luis Carrión y Carlos Núñez por la TP». (Paula Fernández Hellmund; La fractura del movimiento revolucionario: tendencias dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1972-1979)

Como se ha dicho, el 8 de marzo de 1979 se formalizó la colaboración entre las tendencias bajo la creación de la llamada «Dirección Nacional» conjunta del FSLN, se trató de un órgano dirigente nacido de la fusión de las tres tendencias cuyos miembros fueron completamente cooptados. Y aunque es cierto que fruto de ello el FSLN se mantuvo unificado, al menos en el puesto de mando, la diferenciación subsistió, y de ahí ocurrió que la Tendencia Tercerista tomaría poco a poco las riendas de la Dirección Nacional, y en su momento del Estado y del FSLN convertido en partido, frente a sus adversarios. Y aunque en este caso concreto, este accionar es hasta cierto punto comprensible pues se trataba de un situación de guerra y la dirigencia requería a sus dirigentes más experimentados al tiempo se asienta sobre el viejo problema de la organización, la dirección guerrillera no estaba subordinada a ningún partido de vanguardia, lo que al final terminaría determinando que una vez alcanzado el triunfo se impusieran en el partido los métodos militares de organización». (Equipo de Bitácora (M-L)¿Qué fue de la «Revolución Popular Sandinista»?: Un análisis de la historia del FSLN y sus procesos, 19 de julio del 2015)

miércoles, 19 de agosto de 2015

Unas reflexiones sobre factores internos y externos que hicieron posible la degeneración del PSUC y su captura por los carrillistas en la posguerra

El periódico «Lluita» anunciado la ejecución por el franquismo en 1949 de Puig Pidemunt –director del órgano del PSUC, «Treball»–, Numen Mestres –responsable de las JSU–, Ángel Carrero –responsable político del movimiento guerrillero en Cataluña– y Pere Valverde –responsable militar– 

«Entendemos que a estas alturas todo marxista-leninista sabe lo que supuso para el PSUC que Joan Comorera polemizara contra los carrillistas del PSUC en 1949. Los resultados pueden ser condensados en:

1) La injusta expulsión de Comorera del PSUC y el posterior vergonzoso y criminal vilipendio público acusándolo de agente del franquismo-titoismo-imperialismo, mientras Comorera consumía precisamente sus últimos días en las cárceles franquistas;

2) Decapitar al PSUC de su mejor líder, pudiendo así, promocionar a los carrillistas y rehabilitar a los expulsados por Comorera y el partido años antes, consolidando con ello poco a poco la conversión del PSUC en una sucursal catalana del PCE lo que fue oficializado en 1954; asegurándose con ello que el PSUC fuera un mero seguidor-validador de la teoría política revisionista de la «reconciliación nacional» defendida por el binomio Carrillo-Ibárruri, una teoría que es un crimen histórico contra la lucha de clases y especialmente un insulto para todos los combatientes tanto españoles como no españoles que lucharon en la Guerra Civil contra el fascismo español y extranjero.

Una vez expulsado del PSUC, Joan Comorera pese a todas las dificultades intentó reorganizar al PSUC en el interior de Cataluña en los 50 con la ayuda de Miquel Valdés, José Marlès, Amadeu Bernardó, Emili Garnier y Barrera, Pablo Cereza, Joaquim Pou, Tomás Molinero, Evarist Massip, y otras de las caras conocidas del PSUC que apoyaron sus posiciones, en sus números de «Treball» (Comorerista) dejaría patente su fidelidad al marxismo-leninismo pese incluso a que gran parte del mundo marxista-leninista de entonces le diera la espalda en detrimento de la camarilla de Carrillo-Ibárruri en el PCE y sus peones en el PSUC. Pero en tan poco tiempo, y en tan duras condiciones, no fue posible la consolidación de los restos comoreristas del PSUC reagrupados por Comorera en el interior desde 1949 hasta su muerte en 1958, quedando la clase obrera y las masas populares catalanas huérfanas de su partido.

Ahora, pese a que el movimiento comunista marxista-leninista sufriera tales reveses con la usurpación del partido por la pandilla de revisionistas, lo cierto es que la época gloriosa durante la cual Comorera comanda el PSUC es una que está llena de lecciones y de dedicación, tanto del PCE como del PSUC, a la causa de la clase obrera y su recompensa se vio en la influencia entre las masas populares. Época dorada que ningún periodo posterior de estos mismos partidos, bajo las mismas siglas pero bajo mando revisionista, pudo emular, y que reafirma la justa línea política de los marxista-leninistas de esta época:

«La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo. Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la guerra civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Santiago Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el digno Partido Comunista de España durante el período de la guerra civil». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Enver Hoxha, destacado marxista-leninista, internacionalista, siempre amistoso y simpatizante con el pueblo español y su heroica lucha, explicaría a los lectores que no se explicaban la degeneración del Partido Comunista de España, las grandes pérdidas del partido durante la guerra y el derrotismo que se imprimiría desde entonces, las duras condiciones para operar dentro de la España franquista, la dificultad de organizarse también desde el exilio muchas veces también en condiciones forzadas de absoluta clandestinidad; en resumen, de como a raíz de la pérdida de la guerra civil española los elementos como Carrillo-Ibárruri se aprovecharon para imponer su dominio revisionista en tal panorama difícil y confuso:

«La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional. En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capitulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas. Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la guerra civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror. Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del ejército rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo. Pese a las condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte. Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, del Partido Comunista de España, cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeño burgués e intelectual como son Santiago Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Esta última cita indirectamente explicaba también el «Caso Comorera»; es decir como los carrillistas catalanes y españoles tuvieron ante sí unas condiciones objetivas favorables para poder eliminar a Joan Comorera del PSUC. El PSUC sufriría de igual forma que el PCE en este periodo convulso duras pruebas no ya para desarrollar el partido, sino para evitar su liquidación tanto en el interior de Cataluña como en el exilio: gran pérdida de los militantes durante la guerra civil; el factor desmoralizador de la pérdida de la guerra; la represión del gobierno francés al cruzar la frontera en 1939 que incluía el desarme del los combatientes y su reclusión en campos de concentración; la presión del surgimiento de nuevas corrientes revisionistas en el seno del movimiento comunista como el browderismo en 1943-1944; el resurgimiento de la demagogia nacionalista burguesa y pequeño burguesa en los centros neurálgicos de exiliados catalanes como México o Francia; la ilegalización y represión contra todo lo comunista tras el Pacto Ribbentrop-Mólotov en Francia en 1939 y el posterior régimen filohitleriano de Vichy en Francia entre 1940-1944; la presión anticomunista y antisoviética del cenetismo-faísmo, el prietismo socialdemócrata, o el trotskismo; la fallida incursión antifascista de los 4.000 combatientes antifascistas en el Valle de Arán en 1944; la caída de militantes del PSUC como «la caída de los 80» en 1947; la desviación nacionalista-derechista del titoismo en 1948.

Si a estas condiciones extremas, que el PSUC con Joan Comorera a la cabeza sorteó eficazmente de 1939 a 1949, le sumamos el gran factor de presión como era el caso de que el PCE hacia finales de los 40 estaba liderado por sujetos revisionistas, como Santiago Carrillo, que deseaban hacer del PSUC la sección catalana del PCE para así poder controlar su línea política; encontramos pues un cúmulo de circunstancias y momento en que no se podía postergar la polémica entre los marxista-leninistas del PSUC como Joan Comorera y los líderes revisionistas del PCE como Santiago Carrillo que pretendían absorber el partido e igualar la línea del PSUC a su línea». (Introducción de Bitácora (M-L) a la obra de Joan Comorera: «Declaración de Joan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña» de 1949, 5 de septiembre de 2015)

martes, 18 de agosto de 2015

Comorera hablando del derecho preeminente de la clase obrera en nuestra época

Josep Marlés junto a Joan Comorera a inicios de los 50

«En las naciones no liberadas del yugo capitalista existen dos clases antagónicas: la burguesía y la clase obrera. Y, por consiguiente, el Estado nacional solo puede ser dirigido por la burguesía o por la clase obrera: no hay ningún tercer dirigente.

La burguesía camaleónica: toma el color y la forma ambiental que le conviene: es liberal en Gran Bretaña, republicana en Francia, inquisitorial en los Estados Unidos, hitleriana en Alemania, mussoliana en Italia, justicialista en Argentina, aprista en Perú, nacionalista en Formosa, militarista en Japón, franquista en España. La burguesía desarrolla al máximo el principio [camboniá]: República, monarquía, democracia, fascismo, nazismo, franquismo, militarismo, paz, guerra? capitalismo!» Y con esta u otra forma o color, la burguesía monopoliza el Estado, explota a la clase obrera y la nación.

A la nación la burguesía es una cosa que no se resigna a morir, pese a haber realizado su misión histórica y que su destino ineluctable es el de desaparecer y morir, como fueron desapareciendo la monarquía absoluta y la clerecía de antes de la Revolución Francesa.

A la nación, la clase obrera es la forma más viva, ascendente y que ha de realizar su misión histórica: construir una sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre o de un pueblo por otro pueblo. Y el destino ineluctable de la clase obrera es el de ascender, el de tomar el Estado de las manos de una clase caducada.

La burguesía es la clase descendente y el proletariado la clase ascendente. La burguesía no puede prescindir de los trabajadores, porque de su trabajo extrae poder y riqueza, y esta necesidad es su talón de Aquiles. En cambio, la clase obrera, no solamente puede prescindir, sino que ha de prescindir de la burguesía porque ha de aniquilar todo tipo de explotación humana, y esta necesidad la convierte en la clase ascendente invencible. Estas dos clases, son dos clases antagónicas, y de destino contrario». (Joan Comorera; El derecho preeminente de la clase obrera; Publicado en «Treball» (Comorertista), 1952)